VIII. La restitución de la justicia al amor (5ª parte).
5. ¿Cómo iba a ser eso justicia? 2Dios no sabe de eso. 3Pero sí sabe lo que es la justicia, y lo sabe muy bien. 4Pues Él es totalmente justo con todo el mundo. 5La venganza es algo ajeno a
La respuesta es inmediata y tajante: Dios no sabe de eso. No porque lo
ignore, sino porque no forma parte de Su Mente. La venganza no es una versión
defectuosa de la justicia divina; es algo completamente ajeno a ella.
Dios sí conoce la justicia —y la conoce perfectamente— porque Él es justo
con todos por igual. Aquí se reafirma una idea clave: la justicia no es una
respuesta al pecado, sino una expresión de igualdad ontológica.
Ser justo no es equilibrar daños ni castigar errores, sino ser equitativo.
Y la equidad excluye la venganza de manera absoluta. No pueden coexistir porque
se basan en premisas opuestas:
- La equidad
afirma la igualdad.
- La venganza
afirma la diferencia y la culpa.
El texto introduce entonces un punto crucial: la idea de especialismo.
Mientras la mente pueda concebirse como especial —más inocente, más culpable,
más merecedora, más castigable—, no puede compartir la justicia del Espíritu
Santo. El especialismo es el último refugio de la injusticia.
Las dos preguntas finales son devastadoras en su lógica. Plantean el
absurdo de un Dios que condenara por crímenes inexistentes solo porque alguien
cree haberlos cometido. Eso no sería justicia, sería crueldad basada en
ilusión.
Y aún más: ¿qué clase de justicia sería exigir a una mente obsesionada con
el castigo que, sin ayuda, abandone esa obsesión y vea la verdad? Eso sería
exigir claridad a la confusión, cordura a la locura, sin mediación alguna.
La justicia divina no abandona, no exige imposibles y no castiga ilusiones.
Asiste, corrige y libera.
Mensaje central del
punto:
- La venganza no existe en Dios.
- Dios conoce la justicia porque es
equitativo con todos.
- Justicia y venganza se excluyen
mutuamente.
- La equidad niega toda forma de
especialismo.
- No se puede castigar lo que no ocurrió.
- Dios no exige que la mente se sane sola.
- La justicia verdadera siempre incluye
ayuda.
Claves de
comprensión:
- La justicia divina no responde al error,
lo corrige.
- La culpa creída no justifica condena.
- El especialismo es incompatible con la
equidad.
- La venganza depende de la percepción de
diferencia.
- La ayuda es parte esencial de la justicia.
- Dios no exige despertar sin guía.
Aplicación práctica
en la vida cotidiana:
- Observa dónde asocias justicia con castigo
“merecido”.
- Detecta formas sutiles de sentirte
especial (para bien o para mal).
- Cuestiona la idea de que alguien deba
“arreglárselas solo”.
- Practica ofrecer ayuda en lugar de juicio,
incluso internamente.
- Recuerda que creer en la culpa no la hace
real.
Preguntas para la
reflexión personal:
- ¿Dónde sigo creyendo que el castigo es
justo?
- ¿En qué aspectos me considero especial?
- ¿Confundo equidad con severidad?
- ¿Me exijo ver la verdad sin ayuda?
- ¿Puedo aceptar una justicia que no condena
ilusiones?
Conclusión:
Este párrafo sella la
restitución de la justicia al amor mostrando que la venganza es incompatible
con la realidad de Dios. La justicia divina no castiga errores inexistentes ni
exige lucidez inmediata a una mente confundida.
La equidad verdadera
elimina toda forma de especialismo y se expresa como ayuda constante, no como
exigencia cruel. Dios no condena por creencias falsas ni abandona a quien aún
cree en ellas.
La justicia del amor
no corrige castigando, sino acompañando hasta que la ilusión se disuelve.
Frase inspiradora: “La justicia no castiga ilusiones; las
disuelve con ayuda.”

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