Si tengo miedo, no estoy pensando con la Mente de
Dios. Reflexión desde la Lección 48.
La afirmación
puede resultar fuerte al leerla por primera vez. Puede parecer una acusación. Puede
incluso sonar a reproche espiritual. Pero en realidad, el Curso no la presenta
como juicio, sino como diagnóstico amable.
El Curso no
niega que experimentemos miedo. Sería absurdo hacerlo. Lo que afirma es que el
miedo no pertenece a nuestra naturaleza real.
Si Dios es
Amor, y si somos extensión de ese Amor, entonces el miedo no puede proceder de
esa Mente. Por tanto, el miedo no es esencia, no es identidad, no es verdad
última, es un pensamiento aprendido. Y lo que se aprende, puede desaprenderse.
Desde la
perspectiva de UCDM, existen dos sistemas de pensamiento:
- El sistema del ego: basado en la separación, sostenido por el miedo, orientado a la defensa, centrado en la culpa y el juicio.
- La Mente de Dios (o Mente Recta): basada en la unidad, sostenida por el Amor, libre de amenaza y fundada en la inocencia.
El miedo
aparece cuando la mente se alinea con el primer sistema. No porque “haya
peligro real”, sino porque la mente está interpretando desde la separación.
¿Significa esto que el miedo es falso? Aquí hay
un matiz importante. El miedo se siente real. No se trata de negarlo ni
reprimirlo.
El Curso no
dice: “No deberías sentir miedo”. Dice: “El miedo no procede de la verdad de lo
que eres”.
Eso cambia
completamente el enfoque. El miedo deja de ser algo que define mi identidad y
se convierte en una señal de que estoy pensando desde un lugar equivocado.
En la Lección
48, el Curso nos invita a observar el miedo como un indicador.
Si tengo miedo,
estoy anticipando pérdida, estoy defendiendo una imagen, estoy creyendo en
vulnerabilidad y estoy identificándome con el cuerpo.
Es decir,
estoy creyendo que soy algo que puede ser dañado.
Desde la Mente
de Dios, nada real puede ser amenazado. Por eso el miedo es incompatible con
esa Mente.
El propósito de esta lección no es eliminar el miedo
por fuerza de voluntad.
Es reconocer que el miedo no es inevitable. Es una elección inconsciente.
Y si es una
elección, puede revisarse.
El Curso no
nos pide que nos sintamos valientes. Nos pide que estemos dispuestos a
cuestionar la interpretación que genera miedo.
Aplicación práctica:
Cuando aparece
el miedo, en lugar de reaccionar automáticamente, podemos preguntarnos:
- ¿Qué estoy creyendo que
puedo perder?
- ¿Qué identidad estoy
intentando proteger?
- ¿Desde qué sistema estoy
interpretando esto?
No para
castigarnos, sino para recordar: “Este pensamiento no proviene de la Mente de
Dios. Y si no proviene de ahí, no es lo que soy”. Ese simple reconocimiento
abre un espacio.
La Lección 48
no niega que aún experimentemos miedo. Reconoce que estamos entrenando la
mente.
El miedo puede
seguir apareciendo, pero ya no tiene el mismo estatus. Ya no es “mi
naturaleza”. Es una interpretación que puede ser corregida. Y esa corrección no
es esfuerzo. Es disposición.
“Si tengo
miedo, no estoy pensando con la Mente de Dios” no es una condena. Es un
recordatorio suave: El miedo no es tu hogar. No es tu origen. No es tu verdad. Es
simplemente el eco de una idea equivocada.
Y cada vez que lo reconoces como tal, aunque solo sea por un instante, la mente comienza a recordar otra manera de pensar. Una manera en la que el Amor no necesita defensa.

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