martes, 17 de febrero de 2026

Si tengo miedo, no estoy pensando con la Mente de Dios. Reflexión desde la Lección 48.

Si tengo miedo, no estoy pensando con la Mente de Dios. Reflexión desde la Lección 48.

La afirmación puede resultar fuerte al leerla por primera vez. Puede parecer una acusación. Puede incluso sonar a reproche espiritual. Pero en realidad, el Curso no la presenta como juicio, sino como diagnóstico amable.

No dice: “Si tienes miedo, estás mal”. Dice algo mucho más liberador: El miedo no proviene de tu Fuente.

El Curso no niega que experimentemos miedo. Sería absurdo hacerlo. Lo que afirma es que el miedo no pertenece a nuestra naturaleza real.

Si Dios es Amor, y si somos extensión de ese Amor, entonces el miedo no puede proceder de esa Mente. Por tanto, el miedo no es esencia, no es identidad, no es verdad última, es un pensamiento aprendido. Y lo que se aprende, puede desaprenderse.

Desde la perspectiva de UCDM, existen dos sistemas de pensamiento:

  • El sistema del ego: basado en la separación, sostenido por el miedo, orientado a la defensa, centrado en la culpa y el juicio.
  • La Mente de Dios (o Mente Recta): basada en la unidad, sostenida por el Amor, libre de amenaza y fundada en la inocencia.

El miedo aparece cuando la mente se alinea con el primer sistema. No porque “haya peligro real”, sino porque la mente está interpretando desde la separación.

¿Significa esto que el miedo es falso? Aquí hay un matiz importante. El miedo se siente real. No se trata de negarlo ni reprimirlo.

El Curso no dice: “No deberías sentir miedo”. Dice: “El miedo no procede de la verdad de lo que eres”.

Eso cambia completamente el enfoque. El miedo deja de ser algo que define mi identidad y se convierte en una señal de que estoy pensando desde un lugar equivocado.

En la Lección 48, el Curso nos invita a observar el miedo como un indicador.

Si tengo miedo, estoy anticipando pérdida, estoy defendiendo una imagen, estoy creyendo en vulnerabilidad y estoy identificándome con el cuerpo.

Es decir, estoy creyendo que soy algo que puede ser dañado.

Desde la Mente de Dios, nada real puede ser amenazado. Por eso el miedo es incompatible con esa Mente.

El propósito de esta lección no es eliminar el miedo por fuerza de voluntad.
Es reconocer que el miedo no es inevitable. Es una elección inconsciente.

Y si es una elección, puede revisarse.

El Curso no nos pide que nos sintamos valientes. Nos pide que estemos dispuestos a cuestionar la interpretación que genera miedo.

Aplicación práctica:

Cuando aparece el miedo, en lugar de reaccionar automáticamente, podemos preguntarnos:

  • ¿Qué estoy creyendo que puedo perder?
  • ¿Qué identidad estoy intentando proteger?
  • ¿Desde qué sistema estoy interpretando esto?

No para castigarnos, sino para recordar: “Este pensamiento no proviene de la Mente de Dios. Y si no proviene de ahí, no es lo que soy”. Ese simple reconocimiento abre un espacio.

La Lección 48 no niega que aún experimentemos miedo. Reconoce que estamos entrenando la mente.

El miedo puede seguir apareciendo, pero ya no tiene el mismo estatus. Ya no es “mi naturaleza”. Es una interpretación que puede ser corregida. Y esa corrección no es esfuerzo. Es disposición.

“Si tengo miedo, no estoy pensando con la Mente de Dios” no es una condena. Es un recordatorio suave: El miedo no es tu hogar. No es tu origen. No es tu verdad. Es simplemente el eco de una idea equivocada.

Y cada vez que lo reconoces como tal, aunque solo sea por un instante, la mente comienza a recordar otra manera de pensar. Una manera en la que el Amor no necesita defensa.

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