jueves, 19 de febrero de 2026

Diálogos entre Psique y Lumen: ¿Es el mundo una ilusión… o estoy negando el sufrimiento?

Diálogos entre Psique y Lumen

Diálogo 2: ¿Es el mundo una ilusión… o estoy negando el sufrimiento?

Psique: Si el Curso dice que el mundo es una ilusión, ¿no estoy negando el sufrimiento real? ¿No es eso una forma de evasión espiritual?

Lumen: La pregunta es legítima. Y es una de las más delicadas.  Porque si “ilusión” significa “nada importa”, entonces sería una enseñanza peligrosa.

Pero eso no es lo que se está señalando.  Cuando el Curso habla del mundo como ilusión, no está negando la experiencia del dolor. Está cuestionando la interpretación que hacemos de esa experiencia.

Psique: ¿Interpretación en qué sentido?

Lumen: En el sentido de significado.

El dolor físico o emocional puede aparecer. Eso es experiencia.
Pero el significado que le atribuimos —abandono, castigo, injusticia cósmica, culpa eterna— eso pertenece al sistema de pensamiento desde el que lo miramos.

La ilusión no es que sientas. La ilusión es que lo que sientes define lo que eres.

Psique: Pero cuando alguien pierde a un ser querido o atraviesa una enfermedad grave, ¿cómo puede decirse que eso es ilusorio sin caer en frialdad?

Lumen: No se trata de minimizar la vivencia humana. El Curso no pide represión emocional. No pide fingir serenidad.

La ilusión no está en la emoción. Está en la creencia de separación que la convierte en identidad.

Cuando el dolor se convierte en “esto demuestra que estoy solo”, “esto confirma que el mundo es cruel”, ahí se consolida la ilusión.

El sufrimiento no se niega. Se deshace la narrativa que lo eterniza.

Psique: Entonces el mundo no es ilusorio en el sentido de inexistente.

Lumen: Exacto. No es inexistente como experiencia, sino como fundamento último.

Piensa en un sueño nocturno. Mientras lo sueñas, las emociones son reales. El miedo se siente. La tristeza se siente. La alegría se siente.  Pero al despertar comprendes que lo que parecía absoluto no tenía la solidez que asumías.

El Curso usa la palabra “ilusión” en ese sentido: no como desprecio, sino como relativización.

Psique: Pero si lo tomo así, ¿no corro el riesgo de desconectarme de los demás?

Lumen: Solo si confundes desapego con indiferencia.

Si ves el mundo como un sistema de miedo, puedes elegir no alimentarlo. Eso no implica dejar de amar. De hecho, lo contrario: amar sin miedo exige no tomar el sistema como definitivo.

El sufrimiento compartido no se niega; se acompaña sin reforzar la idea de condenación.

Psique: A veces temo que decir “esto es una ilusión” sea una forma de no mirar la injusticia.

Lumen: La evasión espiritual ocurre cuando se usa la metafísica para evitar sentir.

Pero la enseñanza no propone eso. Propone mirar de frente, sin convertir la experiencia en identidad permanente.

El problema no es reconocer el dolor. Es creer que el dolor es la verdad última sobre ti o sobre el mundo.

Cuando el dolor se interpreta como prueba de separación, se consolida la ilusión.
Cuando se mira como experiencia transitoria dentro de una conciencia más amplia, empieza a perder poder.

Psique: Entonces, ¿la ilusión es la separación?

Lumen:  Sí. Esa es la raíz.

El mundo como lo percibimos está construido sobre la idea de que somos entidades aisladas, vulnerables y enfrentadas. Desde esa base, el sufrimiento se vive como amenaza absoluta.

Pero si la identidad no es el cuerpo ni la historia personal, entonces el dolor no tiene la última palabra. No se niega. Se desdramatiza.

Psique: ¿Y cómo se desdramatiza algo tan intenso como una pérdida?

Lumen: No con frases. Con visión.

Cuando se comprende que la vida no es el cuerpo y que la conciencia no está confinada a una forma, la pérdida cambia de significado.

La tristeza puede aparecer. Pero no como condena ontológica.

El Curso no elimina el proceso humano. Lo reinterpreta.

Psique: Me preocupa que esta reinterpretación suene fría.

Lumen: Solo suena fría si se entiende como negación emocional.
Pero la enseñanza apunta a algo profundamente compasivo: liberar al otro de la etiqueta de “víctima definitiva”.

Ver el mundo como ilusión no significa decirle a alguien “tu dolor no existe”.
Significa decir: “Tu identidad no está reducida a este dolor”. Es una diferencia radical.

Psique: Entonces la ilusión no es el sufrimiento en sí, sino la creencia de que el sufrimiento es lo que somos.

Lumen: Exactamente.

La ilusión es pensar que lo que ocurre en la superficie define el fondo.

Imagina el océano. En la superficie puede haber tormenta. Olas intensas, choque, ruido. Pero la profundidad permanece intacta.

Si solo miras la superficie, dirás: “El océano es caos”. Si reconoces la profundidad, entenderás que la tormenta no agota la realidad.

El mundo, tal como lo percibimos, es superficie agitada. La conciencia que lo contiene es profundidad.

Psique: Entonces, cuando el Curso dice que el mundo es una ilusión, ¿está diciendo que solo vemos la superficie?

Lumen: Que vemos la superficie interpretada desde el miedo.

La ilusión no es la percepción en sí. Es la interpretación basada en separación, culpa y ataque.

Cambiar de percepción no elimina el mundo; cambia el significado que le atribuimos. Y el significado es lo que produce sufrimiento psicológico.

Psique: ¿Podría decirse entonces que el mundo no es negado, sino reinterpretado?

Lumen: Sí. Y esa palabra es más precisa.

El mundo como escenario de ataque es ilusión. El mundo como oportunidad de recordar unidad es aula.

El mismo paisaje. Dos significados distintos.

Psique: Entonces, si veo el mundo como ilusión, no estoy negando el sufrimiento, sino cuestionando su interpretación absoluta.

Lumen: Eso es.

No estás diciendo “nada duele”. Estás diciendo “el dolor no define lo que soy”. Y esa distinción libera.

Conclusión de Lumen:

El mundo puede ser ilusorio como sistema de separación sin que tu experiencia de dolor sea despreciada.

La ilusión no es sentir. Es creer que lo que sientes es tu identidad última.

No eres el sufrimiento que atraviesas. Eres la conciencia en la que el sufrimiento aparece… y puede transformarse.

Y esa conciencia no está herida. 

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