Diálogos entre Psique y Lumen
Diálogo 2: ¿Es el mundo una ilusión… o estoy negando
el sufrimiento?
Psique: Si el Curso dice que el mundo es una ilusión, ¿no
estoy negando el sufrimiento real? ¿No es eso una forma de evasión espiritual?
Pero eso no es lo que se está señalando. Cuando el Curso habla del mundo como ilusión, no está negando la experiencia del dolor. Está cuestionando la interpretación que hacemos de esa experiencia.
Psique: ¿Interpretación en qué sentido?
Lumen: En el sentido de significado.
El dolor
físico o emocional puede aparecer. Eso es experiencia.
Pero el significado que le atribuimos —abandono, castigo, injusticia cósmica,
culpa eterna— eso pertenece al sistema de pensamiento desde el que lo miramos.
La ilusión no
es que sientas. La ilusión es que lo que sientes define lo que eres.
Psique: Pero cuando alguien pierde a un ser querido o
atraviesa una enfermedad grave, ¿cómo puede decirse que eso es ilusorio sin
caer en frialdad?
Lumen: No se trata de minimizar la vivencia humana. El Curso
no pide represión emocional. No pide fingir serenidad.
La ilusión no
está en la emoción. Está en la creencia de separación que la convierte en
identidad.
Cuando el
dolor se convierte en “esto demuestra que estoy solo”, “esto confirma que el
mundo es cruel”, ahí se consolida la ilusión.
El sufrimiento
no se niega. Se deshace la narrativa que lo eterniza.
Psique: Entonces el mundo no es ilusorio en el sentido de
inexistente.
Lumen: Exacto. No es inexistente como experiencia, sino como
fundamento último.
Piensa en un sueño nocturno. Mientras lo sueñas, las emociones son reales. El miedo se siente. La tristeza se siente. La alegría se siente. Pero al despertar comprendes que lo que parecía absoluto no tenía la solidez que asumías.
El Curso usa
la palabra “ilusión” en ese sentido: no como desprecio, sino como
relativización.
Psique: Pero si lo tomo así, ¿no corro el riesgo de
desconectarme de los demás?
Lumen: Solo si confundes desapego con indiferencia.
Si ves el
mundo como un sistema de miedo, puedes elegir no alimentarlo. Eso no implica dejar
de amar. De hecho, lo contrario: amar sin miedo exige no tomar el sistema como
definitivo.
El sufrimiento
compartido no se niega; se acompaña sin reforzar la idea de condenación.
Psique: A veces temo que decir “esto es una ilusión” sea una
forma de no mirar la injusticia.
Lumen: La evasión espiritual ocurre cuando se usa la
metafísica para evitar sentir.
Pero la
enseñanza no propone eso. Propone mirar de frente, sin convertir la experiencia
en identidad permanente.
El problema no
es reconocer el dolor. Es creer que el dolor es la verdad última sobre ti o
sobre el mundo.
Cuando el
dolor se interpreta como prueba de separación, se consolida la ilusión.
Cuando se mira como experiencia transitoria dentro de una conciencia más
amplia, empieza a perder poder.
Psique: Entonces, ¿la ilusión es la separación?
Lumen: Sí. Esa es la raíz.
El mundo como
lo percibimos está construido sobre la idea de que somos entidades aisladas,
vulnerables y enfrentadas. Desde esa base, el sufrimiento se vive como amenaza
absoluta.
Pero si la
identidad no es el cuerpo ni la historia personal, entonces el dolor no tiene
la última palabra. No se niega. Se desdramatiza.
Psique: ¿Y cómo se desdramatiza algo tan intenso como una
pérdida?
Lumen: No con frases. Con visión.
Cuando se
comprende que la vida no es el cuerpo y que la conciencia no está confinada a
una forma, la pérdida cambia de significado.
La tristeza
puede aparecer. Pero no como condena ontológica.
El Curso no
elimina el proceso humano. Lo reinterpreta.
Psique: Me preocupa que esta reinterpretación suene fría.
Lumen: Solo suena fría si se entiende como negación
emocional.
Pero la enseñanza apunta a algo profundamente compasivo: liberar al otro de la
etiqueta de “víctima definitiva”.
Ver el mundo
como ilusión no significa decirle a alguien “tu dolor no existe”.
Significa decir: “Tu identidad no está reducida a este dolor”. Es una diferencia
radical.
Psique: Entonces la ilusión no es el sufrimiento en sí, sino
la creencia de que el sufrimiento es lo que somos.
Lumen: Exactamente.
La ilusión es
pensar que lo que ocurre en la superficie define el fondo.
Imagina el
océano. En la superficie puede haber tormenta. Olas intensas, choque, ruido.
Pero la profundidad permanece intacta.
Si solo miras
la superficie, dirás: “El océano es caos”. Si reconoces la profundidad,
entenderás que la tormenta no agota la realidad.
El mundo, tal
como lo percibimos, es superficie agitada. La conciencia que lo contiene es
profundidad.
Psique: Entonces, cuando el Curso dice que el mundo es una
ilusión, ¿está diciendo que solo vemos la superficie?
Lumen: Que vemos la superficie interpretada desde el miedo.
La ilusión no
es la percepción en sí. Es la interpretación basada en separación, culpa y
ataque.
Cambiar de
percepción no elimina el mundo; cambia el significado que le atribuimos. Y el
significado es lo que produce sufrimiento psicológico.
Psique: ¿Podría decirse entonces que el mundo no es negado,
sino reinterpretado?
Lumen: Sí. Y esa palabra es más precisa.
El mundo como
escenario de ataque es ilusión. El mundo como oportunidad de recordar unidad es
aula.
El mismo
paisaje. Dos significados distintos.
Psique: Entonces, si veo el mundo como ilusión, no estoy
negando el sufrimiento, sino cuestionando su interpretación absoluta.
Lumen: Eso es.
No estás
diciendo “nada duele”. Estás diciendo “el dolor no define lo que soy”. Y esa
distinción libera.
Conclusión de Lumen:
El mundo puede
ser ilusorio como sistema de separación sin que tu experiencia de dolor sea despreciada.
La ilusión no
es sentir. Es creer que lo que sientes es tu identidad última.
No eres el
sufrimiento que atraviesas. Eres la conciencia en la que el sufrimiento
aparece… y puede transformarse.
Y esa conciencia no está herida.

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