lunes, 10 de agosto de 2026

Dios no es la forma, sino la Vida que la inspira.

Dios no es la forma, sino la Vida que la inspira.

Según la lección 222 del libro de ejercicios de UCDM, Dios es el aire que respiro, el alimento que me sustenta y el agua que me renueva y me purifica. Debemos entender esto como una metáfora, pues si el mundo físico no existe, los alimentos, el aire y el agua, tampoco son reales. ¿Cómo debemos entender esta paradoja?

Sí, debemos entenderlo como lenguaje simbólico y pedagógico, no como una afirmación de que el aire, el alimento o el agua sean realidades eternas en sí mismas.

La aparente paradoja se aclara si distinguimos los dos niveles en los que habla UCDM.

En el nivel de la verdad, sólo Dios es real. Sólo el Amor, la Vida y el Espíritu tienen realidad eterna. Desde ese nivel, el mundo físico, el cuerpo, el alimento, el aire y el agua no son creaciones de Dios en sentido absoluto, porque pertenecen al ámbito de la percepción, del tiempo y de la forma.

Pero el Curso también nos habla dentro del sueño, usando símbolos que podamos comprender. Y ahí emplea palabras como aire, alimento, agua, hogar o camino para señalar una experiencia interior: Dios es aquello de lo que realmente vivimos.

Cuando la lección dice que Dios es “el aire que respiro”, no quiere decir que Dios sea oxígeno físico. Quiere decir que mi verdadera vida depende de Él, no del cuerpo.

Cuando dice que es “el alimento que me sustenta”, no se refiere al alimento material, sino a que sólo el Amor de Dios nutre verdaderamente mi ser.

Cuando dice que es “el agua que me renueva y me purifica”, habla de la renovación de la mente, de la limpieza de la culpa, del miedo y de las falsas creencias.

Por tanto, el Curso usa imágenes del mundo para llevarnos más allá del mundo. Usa símbolos físicos para recordarnos una realidad no física.

No está diciendo: “el mundo físico es real porque Dios está en el aire, el pan y el agua”. Está diciendo: “mientras todavía crees vivir en un cuerpo, recuerda que tu verdadera vida no procede del cuerpo ni del mundo, sino de Dios”.

La paradoja se resuelve así: las formas no son reales en sí mismas, pero pueden ser utilizadas por el Espíritu Santo como símbolos para recordar la verdad.

En síntesis: Dios no es literalmente el aire, el alimento o el agua materiales. Dios es la Vida que esos símbolos intentan representar. El cuerpo parece respirar, comer y beber; pero el Hijo de Dios vive, se mueve y descansa únicamente en su Fuente.

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