domingo, 10 de agosto de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 222

LECCIÓN 222

Dios está conmigo. Vivo y me muevo en Él.

1. Dios está conmigo. 2Él es mi Fuente de vida, la vida interior, el aire que respiro, el alimento que me sustenta y el agua que me renueva y me purifica. 3Él es mi hogar, en el que vivo y me muevo; el Espíritu que dirige todos mis actos, me ofrece Sus Pen­samientos y garantiza mi perfecta inmunidad contra todo dolor. 4Él me prodiga bondad y cuidado, y contempla con amor al Hijo sobre el que resplandece, el cual a su vez resplandece sobre Él. 5¡Qué serenidad la de aquel que conoce la verdad de lo que Él dice hoy!

2. Padre, no tenemos en nuestros labios ni en nuestras mentes otras palabras que Tu Nombre, cuando acudimos silenciosamente ante Tu Pre­sencia, pidiendo que se nos conceda poder descansar Contigo por un rato en paz.

¿Qué me enseña esta lección?

¿Acaso puede el hijo negar la paternidad de su padre? No, no puede.

El hijo tiene libertad para expresar el potencial del que es portador. Puede pensar, sentir y actuar con plena libertad. Puede, incluso, pensar que sus acciones creadoras tienen el poder suficiente para vivir una realidad distinta a la de su padre.

¿Acaso el padre abandona al hijo por decidir hacer uso de su libertad? No, no lo abandona.

Ningún padre que esté en su sano juicio reniega de su hijo y le castiga por el hecho de hacer uso de las potencialidades que ha heredado de su propio padre.
Un padre amoroso se engrandece cuando su hijo ejerce su función creadora, pues tiene la certeza de que ha elegido el camino del aprendizaje.

El padre siempre está con su hijo. Le inspira, le acompaña, le arropa y le protege.

Nuestro Padre siempre está con nosotros. Somos Esencia de Su Propia Esencia. Toda nuestra vida está impregnada de su Ser y todas nuestras expresiones, sean mentales, emocionales o físicas, tienen como único fin dar testimonio de su Voluntad.

Mi mente es una parte de la Mente de Dios. Mi mente está en paz cuando habito la Morada de mi Padre, cuando soy expresión de la Unidad que me mantiene unido a todos mis hermanos de Filiación.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 222 enseña que:

• Dios es la Fuente constante de nuestra vida.
• Vivimos dentro de Su Presencia.
• Nunca estamos separados de Él.
• Todo lo que somos se sostiene en Él.
• Reconocer esto trae profunda serenidad.

No es una idea simbólica. Es una verdad que la mente puede experimentar.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Dios está conmigo. Vivo y me muevo en Él”.

Y luego acercarse a Dios con una actitud interior de silencio.

La oración final expresa esta intención: Acudir ante Su Presencia sin otras palabras que Su Nombre.

Es una invitación a descansar por un momento en la conciencia de Dios.

Cada práctica:

• Fortalece la sensación de presencia divina.
• Calma la mente.
• Profundiza la confianza.
• Recuerda la unidad con la Fuente.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta práctica transforma profundamente la experiencia mental.

Cuando la mente acepta que la vida está sostenida por algo mayor:

• Disminuye la sensación de soledad.
• Se reduce la ansiedad existencial.
• Aumenta la seguridad interior.
• Aparece una sensación de cuidado constante.
• Se fortalece la confianza en la vida.

Es un cambio desde el sentimiento de aislamiento psicológico hacia una percepción de sostén interior.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente la lección afirma:

• Dios es la Fuente de toda vida.
• La existencia verdadera ocurre dentro de Él.
• La separación es imposible en realidad.
• El Hijo de Dios vive eternamente en Su Presencia.

Esto refleja una idea central del Curso: la unión con Dios nunca se rompió.

Solo fue olvidada. La práctica espiritual consiste en recordarla.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy puedes practicar así:

  1. Repite lentamente la idea de la lección.
  2. Imagina que toda tu vida ocurre dentro de la Presencia de Dios.
  3. Respira con calma.
  4. Permite sentir que estás sostenido.
  5. Descansa unos momentos en silencio.

No necesitas visualizar nada complejo. Solo sentir que la vida está sostenida por algo infinito.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES: 

No intentar forzar una experiencia espiritual.
No convertir la idea en mera repetición mental.
No esperar sensaciones extraordinarias.

Practicar con calma y apertura.
✔ Permitir que la sensación de presencia crezca naturalmente.
Recordar que la experiencia llega con el tiempo.

La paz surge cuando la mente confía en la Presencia que siempre está aquí.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Si la lección 221 enseñaba silencio interior, la 222 enseña presencia divina.

Primero la mente se aquieta. Luego descubre algo sorprendente: En el silencio no hay vacío. Hay Presencia.

Este es uno de los descubrimientos fundamentales de la práctica contemplativa del Curso.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 222 nos recuerda una verdad sencilla y profunda: Nunca hemos estado solos.

La vida no es algo que tengamos que sostener por nosotros mismos. Está sostenida por Dios.

Cuando la mente acepta esto, aparece una serenidad natural. Porque comprendemos que cada instante de existencia ocurre dentro de la Presencia divina. Y entonces la mente puede descansar.

FRASE INSPIRADORA: "No camino hacia Dios; camino dentro de Él”.



Ejemplo-guía: "No te sientas culpable por lo que hagas, Dios no ve tu pecado".

Entonces, ¿puedo hacer lo que quiera? ¿Puedo matar, hacer daño, robar, mentir, sin que ello haga de mí un ser despreciable y necesitado de disciplina? ¿Qué valor tienen entonces las Tablas de la Ley de Moisés? ¿Qué valor tienen los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia?

No diréis que no es interesante el tema de reflexión elegido para profundizar en las enseñanzas de la lección de hoy.

En la presentación de dicha reflexión, he querido utilizar términos y conceptos que son parte de las verdades que la religión adora en sus púlpitos sagrados. Son leyes inventadas y fabricadas por el ego y para el ego. Han sido útiles y lo siguen siendo, mientras que nuestra conciencia esté identificada con el cuerpo y con sus leyes y normas. 

Ahora bien, las leyes y verdades de este mundo no reflejan necesariamente la Verdad divina. Si nos detuviéramos a reflexionar sinceramente, o si escucháramos la voz profunda de nuestro corazón, podríamos cuestionar si esas normas provienen genuinamente de Dios; en lo personal, siento que no es así. Como mencioné al principio, el amor de un padre hacia sus hijos se expresa en el perdón de sus errores y faltas, pues ese perdón nace de la certeza de que el vínculo entre ambos no es solo de sangre, sino que procede de la misma Fuente espiritual y divina que los une en lo más profundo del ser. 

Si pensamos que podemos hacer lo que queramos con nuestras elecciones y lo hacemos con la visión de quedar exento del castigo de las mismas, no estamos enfocando la vida desde la visión de la Verdad. No es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos, lo que certifica la calidad de nuestros actos. Ya sabemos que este mundo no es real; por lo tanto, no es lo que hacemos lo importante. En cambio, de la condición de nuestro verdadero Ser, de nuestra Consciencia, emana una vibración que certifica la energía que estamos expandiendo. Si esa energía expande amor, la vibración creará un mundo de amor. Si esa energía expande miedo, entonces es señal de que estamos utilizando la mente para servir al ego, lo que pondrá de manifiesto la fabricación de un mundo ilusorio e irreal.

Cuando alcancemos la visión de la unidad, del Espíritu, podremos decir desde la certeza que podemos hacer lo que queramos sin miedo al castigo, por una sencilla razón: mi mente tiene la creencia de que cuando condeno a otro, es a mí a quien únicamente estoy condenando. Esto significa que tengo la creencia de que no existe nada externo a mí.


Dios tiene un solo Hijo, pues de su Fuente ha emanado un solo Pensamiento Creador. Ese Pensamiento tiene la capacidad de expandirse e igualmente tiene la capacidad de proyectarse. La expansión permite la continuidad de la unidad, mientras que la proyección tiene la propiedad de la división y de la multiplicación.


La ilusión que estamos soñando nos lleva a creer que somos una multiplicidad. Pero la realidad es que somos como Dios nos ha creado: Uno.
 

Reflexión: ¿Estamos preparados para aceptar en nuestra mente el hecho de que todo lo que percibimos forma parte de nosotros mismos, y que el ahí afuera que percibimos no existe salvo que nosotros lo hagamos real?

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