viernes, 28 de marzo de 2025

Capítulo 19. A-i. La atracción de la culpabilidad (1ª parte).

i. La atracción de la culpabilidad (1ª parte).

10.  La atracción de la culpabilidad hace que se le tenga miedo al amor, pues el amor nunca se fijaría en la culpabilidad en absoluto. 2La naturaleza del amor es contemplar solamente la verdad ­-donde se ve a sí mismo- y fundirse con ella en santa unión y en compleción. 3De la misma forma en que el amor no puede sino mirar más allá del miedo, así el miedo no puede ver el amor. 4Pues en el amor reside el fin de la culpabilidad tan inequívocamente como que el miedo depende de ella. 5El amor sólo se siente atraí­do por el amor. 6Al pasar por alto completamente a la culpabili­dad, el amor no ve el miedo. 7Al estar totalmente desprovisto de ataque es imposible que pueda temer. 8El miedo se siente atraído por lo que el amor no ve, y ambos creen que lo que el otro ve, no existe. 9El miedo contempla la culpabilidad con la misma devo­ción con la que el amor se contempla a sí mismo. 10Y cada uno de ellos envía sus mensajeros, que retornan con mensajes escritos en el mismo lenguaje que se utilizó al enviarlos.

Una reflexión lógica es una reflexión sencilla de comprender por la claridad de su contenido. Compartiré con vosotros dicha reflexión.

Dios es Amor. De esta afirmación verdadera se deduce mucha información sobre la naturaleza de Dios-Amor: vida, inocencia, pureza, impecabilidad, unidad; compleción, abundancia, gracia, dicha, generosidad, paz, felicidad, alegría, etc.

Dios es Creación. De esta afirmación verdadera se deduce mucha información sobre la cualidad de los poderes de Dios-Creación: voluntad, sabiduría, conocimiento, inteligencia, expansión, eternidad, etc.

Dios crea expandiendo el Amor; luego, su creación, la Filiación, ha sido creada a su imagen y semejanza, es decir, todos sus Hijos son de naturaleza divina y portadores de sus mismas cualidades y atributos. 

Como os adelantaba, el contenido de la reflexión es sencillo de comprender, pues su lógica es evidente. Dicha evidencia nos lleva a plantear la siguiente cuestión: Si el Hijo de Dios es Hijo del Amor, ¿por qué se identifica con el miedo?

Este punto nos aporta la respuesta. Porque hemos elegido dejar de ver el mundo de Dios y en su lugar vemos un mundo diferente, donde la vibración de la verdad es más densa y da lugar a la ilusión, donde dicha visión sustituye el conocimiento por la percepción; donde dicha visión se identifica con el cuerpo denso y se desconecta de su verdadero ser espiritual.

11. El amor envía a sus mensajeros tiernamente, y éstos retornan con mensajes de amor y de ternura. 2A los mensajeros del miedo se les ordena con aspereza que vayan en busca de culpabilidad, que hagan acopio de cualquier retazo de maldad y de pecado que puedan encontrar sin que se les escape ninguno so pena de muerte, y que los depositen ante su señor y amo respetuosa­mente. 3La percepción no puede obedecer a dos amos que piden distintos mensajes en lenguajes diferentes. 4El amor pasa por alto aquello en lo que el miedo se cebaría. 5Lo que el miedo exige, el amor ni siquiera lo puede ver. 6La intensa atracción que la culpa­bilidad siente por el miedo está completamente ausente de la tierna percepción del amor. 7Lo que el amor contempla no signi­fica nada para el miedo y es completamente invisible.

Desde que la mente elige ver un mundo distinto al de Dios, está proclamando su deseo de ser diferente a su creador, erigiéndose como su propio hacedor. Esa visión le lleva a la creencia en la separación y, con base en esta creencia, fabrica un sistema de pensamiento que dé sentido y significado a su conciencia perceptiva. 

La separación es una idea errónea que se convierte en el origen de la creencia en el pecado y en su efecto más condicional, la culpabilidad. De este modo, la mente se habitúa a creer en lo que percibe y determina que la información que recibe desde sus sentidos físicos es lo que interpreta como real. El cuerpo se convierte en el argumento más importante para reforzar su sistema de pensamiento falso y lo eleva a la condición de su verdadera identidad. 

Dado que el cuerpo es el centro de donde emanan todos sus pensamientos, le otorga la facultad de ser el máximo responsable de todas sus creencias. De este modo, el cuerpo se convierte en el agente pecador, en el agente del miedo, en el representante de la individualidad y de la separación, en el principal causante de nuestras desgracias y alegrías. Todo en nuestra vida depende del estado del cuerpo y lo nombramos el rey de nuestro feudo.

Si utilizamos toda la información vertida anteriormente, diremos que el cuerpo no tiene la capacidad de amar, pues carece de la visión de unidad. No puede crear, dado que no es capaz de ver el amor. No es capaz de aportarnos vida, pues no visiona la eternidad. 

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