domingo, 5 de marzo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 64

LECCIÓN 64

No dejes que me olvide de mi función.


1. La idea de hoy es simplemente otra manera de decir: "No me dejes caer en la tentación". 2El propósito del mundo que ves es nublar tu función de perdonar y proveerte de una justificación por haberte olvidado de ella. 3Es asimismo la tentación de aban­donar a Dios y a Su Hijo adquiriendo una apariencia física. 4Esto es lo que los ojos del cuerpo ven.

2. Nada de lo que los ojos del cuerpo parecen ver puede ser otra cosa que una forma de tentación, ya que ése fue el propósito del cuerpo en sí. 2Hemos aprendido, no obstante, que el Espíritu Santo tiene otro uso para todas las ilusiones que tú has forjado, y, por lo tanto, ve en ellas otro propósito. 3Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras son tus pecados. 4De acuerdo con esta percepción, la apariencia física de la tentación se convierte en el reconocimiento espiritual de la salvación.

3. Al repasar nuestras últimas lecciones, vemos que tu función aquí es ser la luz del mundo, y que es una función que Dios Mismo te dio. 2La arrogancia del ego es lo único que te hace poner esto en duda, y el miedo del ego lo único que te induce a considerarte a ti mismo indigno de la tarea que Dios Mismo te enco­mendó. 3La salvación del mundo aguarda tu perdón porque a través de él el Hijo de Dios se libera de todas las ilusiones y, por ende, de toda tentación. 4El Hijo de Dios eres tú.

4. Sólo desempeñando la función que Dios te dio podrás ser feliz. 2Esto se debe a que tu función es ser feliz valiéndote de los medios mediante los cuales la felicidad se vuelve inevitable. 3No hay otra manera. 4Por lo tanto, cada vez que eliges entre si desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo.

5. Recordemos esto hoy. 2Tengámoslo presente por la mañana, por la noche, y también a lo largo del día. 3Prepárate de antemano para todas las decisiones que tengas que tomar hoy, recordando que todas ellas son en realidad muy simples. 4Cada una te condu­cirá ya sea a la felicidad o a la infelicidad. 5¿Puede ser acaso difícil tomar una decisión tan simple? 6No permitas que la forma de la decisión te engañe. 7Complejidad en lo relativo a la forma no implica complejidad en lo relativo al contenido. 8Es imposible que el contenido de cualquier decisión aquí en la tierra se componga de cualquier otra cosa que no sea esta simple elección. 9Ésta es la única elección que el Espíritu Santo ve. 10Por lo tanto, es la única elección que existe.

6. Practiquemos hoy, pues, con estos pensamientos:

2No dejes que me olvide de mi función.
3No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía.
4Déjame perdonar y ser feliz.

5Por lo menos una vez hoy, dedica diez o quince minutos a refle­xionar acerca de esto con los ojos cerrados. 6Pensamientos afines acudirán en tu ayuda si recuerdas cuán crucial es tu función para ti y para el mundo.

7. En las aplicaciones frecuentes de la idea de hoy a lo largo del día, dedica varios minutos a repasar estos pensamientos y luego a pensar en ellos y en nada más. 2Esto te resultará difícil, sobre todo al principio, ya que aún no tienes la disciplina mental que ello requiere. 3Tal vez necesites repetir: "No dejes que me olvide de mi función" con bastante frecuencia para que te ayude a con­centrarte.

8Hoy se requieren dos variaciones de las sesiones de práctica más cortas. 2Haz los ejercicios con los ojos cerrados algunas veces, tratando de concentrarte en los pensamientos que estés usando. 3En otras, mantén los ojos abiertos una vez que hayas repasado los pensamientos, y luego mira a tu alrededor lenta e imparcialmente, repitiendo para tus adentros:

4Éste es el mundo que es mi función salvar.


¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me recuerda, que mi salvación está en manos de que asuma totalmente mi verdadero papel, perdonar.

Desde el punto de vista de la Eternidad, el perdón no es necesario, pues realmente, el Ser no cree en la culpa. Sin embargo, la percepción del ego, basada en la temporalidad, en la división y en la separación, en la culpabilidad, sí necesita ejercitar el valor del perdón, pues es la única vía que le lleva a la salvación.

En la medida en que nos perdonamos a nosotros mismos, estamos capacitados para extender ese perdón a los demás. Es en el camino y en la práctica del perdón, que los objetivos de todos y cada uno de nosotros se unifican, se dan la mano, pues ¿quién no desea ser feliz eternamente?


Así nos lo cuenta Un Curso de Milagros: "La Voluntad de Dios es que tú encuentres la salvación. ¿Cómo, entonces, no te iba a haber proporcionado los medios para encon­trarla? Si Su Voluntad es que te salves, tiene que haber dispuesto que alcanzar la salvación fuese posible y fácil. Tienes hermanos por todas partes. No tienes que buscar la salvación en parajes remotos. Cada minuto y cada segundo te brinda una oportunidad más para salvarte. No dejes pasar esas oportunidades, no porque no vayan a repetirse, sino porque demorar la dicha es innecesario. La Voluntad de Dios es que seas completamente feliz ahora. ¿Cómo podría ser que ésa no fuese también tu voluntad? ¿Y sería posible asimismo que ésa no fuese también la voluntad de tus hermanos?"


No podemos olvidar que la Filiación es nuestra salvación, pues la Filiación es nuestro Ser. Al ser la creación de Dios, es nuestra, y al pertenecernos, es Suya. Nuestro Ser no necesita salvación, pero nuestra mente necesita aprender lo que es la salvación. 


Ejemplo-Guía: ¿Cómo atender una petición de ayuda de los demás?

Un Curso de Milagros nos enseña que en nuestro hermano reside nuestra salvación. Mi experiencia me ha inspirado el tema que he elegido hoy como ejemplo-guía, pues en más de una ocasión no he sabido como responder a las peticiones que me plantean mis hermanos.

Reflexionar sobre esta cuestión, me ha llevado al encuentro con el principal argumento que me ha llevado a elegir una respuesta afirmativa o negativa. Cuando la elección me ha llevado a apostar por el "sí", lo que significa atender la petición de ayuda, siempre he encontrado en dicha decisión al amor. En cambio, cuando la elección tomada me ha llevado a apostar por el "no", lo que ha significado mi negativa a atender la petición de ayuda, siempre he encontrado en dicha decisión al miedo.

Miedo a perder lo que se tiene. Miedo al ridículo. Miedo a no estar a la altura. Miedo a no agradar, etc.

Quiero compartir con vosotros una información encontrada en el Texto del Curso, concretamente en el Capítulo 12, apartado III, titulado "Cómo invertir en la realidad", que nos ayudará a encontrar una respuesta a la cuestión que estamos analizando:
    "Te pedí una vez que vendieses todo cuanto tuvieses, que se lo dieses a los pobres y que me siguieras. Esto es lo que quise decir: si no inviertes tu atención en ninguna de las cosas de este mundo, puedes enseñarle a los pobres dónde está su tesoro. Los pobres son sencillamente los que han invertido mal, ¡y vaya que son pobres! Puesto que están necesitados, se te ha encomendado que los ayudes, pues te cuentas entre ellos. Observa lo bien que aprenderías tu lección si te negases a compartir su pobreza, pues la pobreza no es otra cosa que insuficiencia, y sólo hay una insuficiencia, ya que sólo hay una necesidad.

    Suponte que un hermano insiste en que hagas algo que tú crees que no quieres hacer. Su misma insistencia debería indicarte que él cree que su salvación depende de que tú hagas lo que te pide. Si insistes en que no puedes satisfacer su deseo y experimentas de inmediato una reacción de oposición, es que crees que tu salvación depende de no hacerlo. Estás, por lo tanto, cometiendo el mismo error que él, y haciendo que su error sea real para ambos. Insistir significa invertir, y aquello en lo que inviertes está siempre relacionado con tu idea de lo que es la salvación. La pregunta se compone de dos partes: primera, ¿qué es lo que hay que salvar? y segunda, ¿cómo se puede salvar?

    Cada vez que te enfadas con un hermano, por la razón que sea, crees que tienes que proteger al ego, y que tienes que protegerlo atacando. Si es tu hermano el que ataca, estás de acuerdo con esta creencia; si eres tú el que ataca, no haces sino reforzarla. Recuerda que los que atacan son pobres. Su pobreza pide regalos, no mayor empobrecimiento. Tú que podrías ayudarles estás ciertamente actuando en forma destructiva si aceptas su pobreza como propia. Si no hubieses invertido de la manera en que ellos lo hicieron, jamás se te hubiese ocurrido pasar por alto su necesidad. 

    Reconoce lo que no importa, y si tus hermanos te piden algo "descabellado", hazlo precisamente porque no importa. Niégate, y tu oposición demuestra que sí te importa. Eres únicamente tú, por lo tanto, el que determina si la petición es descabellada o no, y toda petición de un hermano es tu propia petición. ¿Por qué te empeñas en negarle lo que pide? Pues negárselo es negártelo a ti mismo, y empobrecerte a ti y a él. Él está pidiendo la salvación, al igual que tú. La pobreza es siempre cosa del ego y nunca de Dios. Ninguna petición es "descabellada” para el que reconoce lo que es valioso y no acepta nada más. 

    La salvación es para la mente, y se alcanza por medio de la paz. La mente es lo único que se puede salvar, y sólo se puede salvar a través de la paz. Cualquier otra respuesta que no sea amor, surge como resultado de una confusión con respecto a "qué" es la salvación y a "cómo" se alcanza, y el amor es la única respuesta. Nunca te olvides de esto, y nunca te permitas creer, ni por un solo instante, que existe otra respuesta, pues de otro modo te contarás forzosamente entre los pobres, quienes no han entendido que moran en la abundancia y que la salvación ha llegado". (T.12.III.1:5)

    Reflexión: ¿Qué ocurre en tu vida cuando decides no perdonar?

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