viernes, 17 de marzo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 76

LECCIÓN 76

No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

1. Hemos visto antes cuántas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. 2Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas. 3Sin embargo, no estás aprisionado por ninguna de esas cosas. 4Mas para comprender que esto es cierto, primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. 5Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. 6Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.

2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo. 2Pues si pudieses, buscarías la salvación eternamente donde no está, y jamás la hallarías. 3La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación. 4Búscala allí donde te espera y allí la halla­rás. 5No la busques en ninguna otra parte, pues no está en nin­guna otra parte.

3. Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promul­gado para que te salven. 2Crees realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tiras de papel moneda y montones de discos de metal. 3Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido inyectado en tus venas con una fina aguja te resguardará de las enfermedades y de la muerte. 4Crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo.

4. La demencia es la que piensa estas cosas. 2Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito. 3Crees que debes obedecer las "leyes" de la medicina, de la econo­mía y de la salud. 4Protege el cuerpo y te salvarás.

5. Eso no son leyes, sino locura. 2EI cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma. 3El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma. 4El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre. 5No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir. 6De esto es de lo que tus "leyes" quieren salvar al cuerpo. 7Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.

6. No hay más leyes que las de Dios. 2Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la Voluntad de Dios. 3Tu magia no tiene sentido. 4Lo que pretende salvar no existe. 5Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.

7. Las leyes de Dios jamás pueden ser reemplazadas. 2Dedicare­mos el día de hoy a regocijarnos de que así sea. 3No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando. 4En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre. 5La magia aprisiona, pero las leyes de Dios liberan. 6La luz ha llegado porque no hay más leyes que las de Él.

8. Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las diferentes clases de "leyes" que hemos creído necesario acatar. 2Éstas incluyen, por ejemplo, las "leyes" de la nutrición, de la inmunización, de los medicamentos y de la pro­tección del cuerpo en las innumerables maneras en que ésta se lleva a cabo. 3Crees también en las "leyes" de la amistad, de las "buenas" relaciones y de la reciprocidad. 4Puede que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo. 5Muchas "religiones" se han basado en eso. 6Dichas reli­giones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo. 7En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otras "leyes" que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.

9. No hay más leyes que las de Dios. 2Deshecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad. 3Estarás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las leyes de Dios las pérdidas no existen. 4No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios; 5no hay sustitutos y ninguna cosa es reemplazada por otra. 6Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada.

10. Escucha a Aquél que te dice esto y date cuenta de cuán insensa­tas son las "leyes" que tú pensabas regían el mundo que creías ver. 2Sigue prestando atención. 3Él te dirá más. 4Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, 5de la infinita dicha que te ofrece, 6de la ardiente añoranza que siente por Su único Hijo, creado como Su canal de creación, pero que éste le niega debido a su creencia en el infierno.

11. Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Volun­tad se extienda a través de nosotros hasta Él. 2De esa manera es como la creación se expande infinitamente. 3Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus leyes mantienen por siempre ilimitados. 4Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios. 5Después nos diremos a nosotros mismos, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica:

6No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

12. Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posi­ble; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día. 2Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y de toda tiranía. 3Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que Su Hijo se ha salvado.


¿Qué me enseña esta lección?

Una nueva certeza que ilumina la consciencia cuando se ha producido el despertar y dejamos de estar dormidos a la verdadera realidad.

Mientras que nos encontramos identificados con el ego, nuestro mundo está gobernado por una serie de leyes que tratan de dar sentido a nuestra existencia y de velar para que nuestro comportamiento se ajuste a una realidad constructiva. En verdad, todas estas leyes, tratan de preservar el mundo ilusorio en el que el ego encuentra su identidad. Todo debe responder a un espacio, a un tiempo, a un ritmo organizado que me aporte la percepción de estar viviendo una realidad. Sin embargo, esa realidad, al estar sujeta a la ley del cambio, deja de ser real bajo la visión espiritual del verdadero Ser.

Ese conjunto de leyes, son las falsas creencias que se convierten en el único sustento de la identidad del ego. Sin ellas, no podría subsistir. Es por ello, que nuestra labor en el día de hoy, será examinar nuestras creencias y descubrir su inoperante valor. Ninguna de estas creencias nos conduce a la salvación; ninguna de ellas, nos lleva hasta las puertas de la verdadera felicidad; ninguna de ellas, es capaz de aportarnos un solo instante de paz.

La manifestación de ese conglomerado de leyes, tratan de aportar sentido a la existencia efímera y transitoria del ego; tratan de llevarle a la consecución y al logro ilusorio de la felicidad, cuando en verdad, la única vía de salvación radica en trascender esas leyes y vivir según la única Ley verdadera, la del Amor, la que Dios nos insufla permanentemente.

Mientras que pensemos que la felicidad nos la aporta el bien-estar, por muchas leyes que nos inventemos para asegurar esa creencia, no evitarán que, lo que llamamos bien-estar sea tan efímero que no nos garantiza el permanente estado de dicha y de gozo. Esas sensaciones placenteras, al estar radicadas en lo temporal, no son eternas. 

Tan solo la verdad es real y es eterna. Cuando nuestra felicidad la basamos en la expansión de lo que somos, entonces el gozo y la dicha percibida se llama bien-ser, es decir, la manifestación consciente de nuestra divinidad.

Ejemplo-Guía: ¿Qué leyes rigen tu vida?

Instituimos leyes, para asegurar el poder de nuestras creencias. Todos, sin ser conscientes de ello, vamos por la vida cargados de leyes que condicionan nuestra respuesta.

El origen de esas leyes-creencias, se remontan al génesis de la humanidad, cuando Adan y Eva, fueron expulsados del Paraíso Terrenal y sentenciados a trabajar para ganar el sustento con el sudor de la frente.

Esa primera creencia, se ha convertido en una pesada ley que nos lleva a instituir la "necesidad" en nuestras vidas. Si antes de la expulsión de Paraíso, gozábamos de la Abundancia de nuestro Hacedor, a partir de caer en la seducción de la suculenta tentación de la serpiente, es decir, a partir de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, nuestra visión comenzó a percibir un mundo en el que los alimentos, esto es, la conciencia había que adquirirla a través de la experiencia. La Abundancia, la Plenitud del Conocimiento, fue sustituido por la escasez, por la necesidad, de adquirir el entendimiento del mundo que habíamos inventado y cuya vía de aprendizaje era la percepción.

Esa creencia-ley nos lleva a establecer como principio de vida, el ataque. Esa elección está basada en el miedo. Cuando obtenemos aquello que deseamos, el miedo hace acto de presencia de forma inmediata y ese temor, por protegerse para que nadie nos quite lo que poseemos, nos lleva a atacar.

Prestemos atención a nuestras vidas. Hagamos un ejercicio de restrospección con el propósito de establecer la relación causa-efecto a lo largo de los años de vivencias. Si logramos identificar el efecto, es decir, si logramos identificar la experiencia, y vamos retrocediendo en el tiempo, veremos como ese efecto está estrechamente relacionada a una causa. Por ejemplo, acabamos de tener una experiencia de conflicto en nuestra relación de pareja. Si nos quedamos con esa visión aislada, juzgaremos la situación y dependiendo de nuestro juicio, condenaremos las decisiones del otro, o condenaremos  las nuestras propias. Sin embargo, si buscamos más atrás, descubriremos que esa experiencia ocurrió porque hace unos días, recibimos una propuesta de un amigo, que nos invitó a acompañarle a una fiesta de despedida. En ese momento, tuviste que elegir, entre rechazar la propuesta, porque ya tenías otro compromiso con tu pareja o aceptarla, porque realmente te apetecía estar una vez más con tus amigos. Decidiste ir a esa fiesta, pero no le dijiste nada a tu pareja, es más le pusiste una excusa para ocultar tus intenciones. Pero, la vida a veces, casi siempre, es nuestra aliada y nos ofrece oportunidades para que tomemos consciencia de cómo debemos hacer las cosas desde la unidad y no desde la separación. Una amiga común de ambos, contó a tu pareja que te había visto en la fiesta y esa información fue el detonante del conflicto.

La relación causa y efecto tratada desde la restrospección nos ayuda a establecer relaciones en el por qué nos ocurren las cosas que nos ocurren. La he puesto de ejemplo, pues para el ejercicio que vamos a proponer, puede ser una técnica que propicie el entendimiento de lo que queremos encontrar: ¿cuáles son las leyes-creencias que gobiernan nuestras vidas?

Tomamos decisiones y muchas de ellas son automáticas. Es como si nuestra mente fuese autómata. Vamos conduciendo, pensando en las muchas cosas que tenemos pendiente. LLegamos a la altura de un semáforo que de inmediato se pone rojo. Sin saber cómo, frenamos, reducimos la marcha y paramos, pero nuestra mente no se ha percatado de los gestos, nuestra mente, sigue pensando en las cosas pendiente.

En la vida, muchas de las decisiones que tomamos son automáticas. Es como si tuviésemos un código interno que nos lleva a decidir cómo actuar. Tan solo, cuando vemos sus efectos, podemos determinar que nuestros actos nos han llevado a una situación feliz o desafortunada. Esas reacciones tienen mucho que ver con las leyes-creencias que hemos adquirido desde muy pequeño y a veces, las que nos afectan colectivamente, desde tiempo ancestrales.

El ejercicio que os propongo, es una invitación a reflexionar sobre la creencia que se encuentra oculta detrás de nuestro comportamiento. Si aplicamos el método de la restrospección, sabremos encontrar la ley que nos condiciona, es decir, la creencia que nos lleva a actuar de una manera u otra. A lo mejor, nos encontramos con creencias que ni tan siquiera somos conscientes de que las tenemos. Por ejemplo, vamos por la calle y observamos que un grupo de personas de raza gitana caminan en sentido contrario al nuestro. Sabemos que nos vamos a cruzar con ellos, pero de forma instantánea, decidimos bajar la acera y cruzar al frente para evitar la presencia del grupo. En ese gesto, se ha puesto de manifiesto una reacción que nos condiciona. La cuestión es: ¿que creencia-ley te ha llevado a tener ese gesto? Si indagas en tu mente, tal vez descubras que cuando eras pequeño, tus padres tuvieron un enfrentamiento con una familia gitana, del cual fuiste testigo, Aun recuerda como tus padres te advertían para que tuvieses muy presente que con los gitanos no hay que tener tratos. Esa fue la causa que originó que tomásemos la decisión de no cruzarnos con el grupo de raza gitana. En verdad, la causa está en la creencia que permitimos convertirla en ley.

Reflexión: ¿Que ley o norma de este mundo te ha llevado a encontrar la salvación?

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