lunes, 17 de marzo de 2025

Capítulo 19. II. El pecado en contraposición al error (3ª parte).

II. El pecado en contraposición al error (3ª parte).

6. Puede ciertamente afirmarse que el ego edificó su mundo sobre el pecado. 2Únicamente en un mundo así podría todo ser a la inversa. 3Ésta es la extraña ilusión que hace que las nubes de la culpabilidad parezcan densas e impenetrables. 4La solidez que los cimientos de este mundo parecen tener descansa en ello. 5Pues el pecado ha hecho que la creación, de ser una Idea de Dios, pase a ser un ideal del ego: un mundo que él rige, compuesto de cuerpos inconscientes y capaces de caer presa de la corrupción y decaden­cia más absolutas. 6Si esto es un error, la verdad puede deshacerlo fácilmente, 7pues todo error puede ser corregido sólo con que se le permita a la verdad juzgarlo. 8Pero si al error se le otorga el rango de verdad, ¿ante qué se podría llevar? 9La "santidad" del pecado se mantiene intacta debido únicamente a este extraño mecanismo. 10En cuanto que verdad, el pecado es inviolable, y todo se lleva ante él para ser juzgado. 11Mas si es un error, es él el que tiene que ser llevado ante la verdad. 12Es imposible tener fe en el pecado, pues el pecado es falta de fe. 13Mas es posible tener fe en el hecho de que cualquier error puede ser corregido.

Como os compartía al principio, este apartado nos aportará mucha luz y entendimiento para ayudarnos a ver y conocer el significado de la causa que ha dado origen al sistema de pensamiento del ego, el cual se ha convertido en nuestro maestro principal y no lo sabíamos. 

Jesús nos está ofreciendo un nuevo sistema de pensamiento basado en la verdad y no en la ilusión. Nos enseña que el pecado no existe y que el significado que le hemos dado, en realidad, es un error. Nos enseña que es un error, pues la verdad es inalterable y eterna. De otro modo no sería verdad. Nos enseña que, si lo que creemos no es verdad, entonces tenemos que darle el significado de error, y si lo hacemos, lo que estamos haciendo es reconocer el error y corregirlo. Esta visión pone fin a la ilusoria invulnerabilidad que le habíamos otorgado al significado del pecado.

El sistema de pensamiento del ego es un error, no un pecado; por tal motivo se puede corregir cambiando nuestra manera de pensar, nuestra manera de verlo.

7. No hay un solo baluarte en toda la ciudadela fortificada del ego más celosamente defendido que la idea de que el pecado es real, y de que es la expresión natural de lo que el Hijo de Dios ha hecho de sí mismo y de lo que es. 2Para el ego eso no es un error. 3Pues ésa es su realidad: la "verdad" de la que nunca se podrá escapar. 4Ése es su pasado, su presente y su futuro. 5Pues de alguna manera se las ha arreglado para corromper a su Padre y hacerle cambiar de parecer por completo. 6¡Llora, pues, la muerte de Dios, a Quien el pecado asesinó! 7Este sería el deseo del ego, que en su demencia cree haberlo logrado.

La resistencia del ego se convierte en el principal obstáculo con el que nos vamos a encontrar cuando hayamos decidido cambiar nuestro sistema de pensamiento. Es lógico que esto sea así, pues se trata de deshacer las falsas creencias y sustituirlas por las verdaderas. Nos producirá temor el pensar que dejaremos de existir si nuestra mente visualiza el mundo real en sustitución del ilusorio. Es el principal argumento del ego el pensar de tal modo. Si creemos que vamos a dejar de existir con el cambio de pensamiento que ha fabricado al ego, estaremos reconociendo que somos lo que percibimos que somos, esto es un cuerpo. Pero estamos olvidando lo principal, estamos dando prioridad al cuerpo sobre nuestra mente, es decir, el error no es lo que somos, sino lo que creemos que somos. Si nos vemos separados del mundo que nos rodea, estaremos admitiendo que estamos separados de la Mente de nuestro Creador. Ese es el error que debemos corregir. Los pensamientos siguen a su fuente. Somos el Hijo de Dios. Somos su obra creadora y no podemos separarnos de Él.

8. ¿No preferirías que todo esto no fuese más que una equivoca­ción, completamente corregible, y de la que fuese tan fácil esca­par que rectificarla totalmente sería tan sencillo como atravesar la neblina y llegar hasta al sol? 2Pues eso es todo lo que es. 3Quizá te sientas tentado de coincidir con el ego en que es mucho mejor ser pecador que estar equivocado. 4Mas piensa detenidamente antes de permitirte a ti mismo tomar esa decisión. 5No la tomes a la ligera, pues es la elección entre el Cielo y el infierno.

Sí, me encuentro entre los que prefieren creer en el error, en la equivocación, pues, por encima de todo, creo en la felicidad, que es el estado de bienestar propio de la mente que comparte su procedencia con la del Creador.

Elijo el Cielo en lugar del infierno. Elijo el amor en lugar del miedo. Elijo la paz en lugar de la guerra. Elijo la unidad, en lugar de la separación. Elijo a mi hermano en Cristo en lugar del ego.

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