III. La irrealidad del pecado (2ª parte).
3. Un error, en cambio, no es algo atractivo. 2Lo que ves claramente como una equivocación deseas que se corrija. 3A veces un pecado se comete una y otra vez, con resultados obviamente angustiosos, pero sin perder su atractivo. 4Mas de pronto cambias su condición, de modo que de ser un pecado pasa a ser simplemente un error. 5Ahora ya no lo seguirás cometiendo, simplemente no lo volverás a hacer y te desprenderás de él, a menos que todavía te sigas sintiendo culpable. 6Pues en ese caso no harás sino cambiar una forma de pecado por otra, reconociendo que era un error pero impidiendo su corrección. 7Eso no supone realmente un cambio en tu percepción, pues es el pecado y no el error el que exige castigo.
Los Textos Sagrados, como la Biblia, recogen en sus escritos, como en el Antiguo Testamento, información que se vincula claramente al sistema de pensamiento del ego, pues nos describen cómo el castigo es la respuesta adecuada cuando hemos cometido una acción considerada pecado. La ley del Talión se basa en la aplicación de "ojo por ojo y diente por diente", dando muestras evidentes de una mentalidad carente de amor. Sería Jesús quien aportara una nueva visión sobre el tratamiento de la justicia aplicada en el Antiguo Testamento, enseñando que debemos poner la otra mejilla y no vengarnos por nosotros mismos.
4. El Espíritu Santo no puede castigar el pecado. 2Reconoce los errores y Su deseo es corregirlos todos tal como Dios le encargó que hiciese. 3Pero no conoce el pecado, ni tampoco puede ver errores que no puedan ser corregidos. 4Pues la idea de un error incorregible no tiene sentido para Él. 5Lo único que el error pide es corrección, y eso es todo. 6Lo que pide castigo no está realmente pidiendo nada. 7Todo error es necesariamente una petición de amor. 8¿Qué es, entonces, el pecado? 9¿Qué otra cosa podría ser, sino una equivocación que quieres mantener oculta, una petición de ayuda que no quieres que sea oída, y que, por lo tanto, se queda sin contestar?
El sistema de pensamiento del ego debe ser corregido, pues su origen responde a un error de la mente, a una falsa creencia basada en la separación. Si su causa hubiese sido un pecado, estaría haciendo real lo que fue un error y ello reafirmaría su falsa creencia.
Así es como lo ve el Espíritu Santo, como un error, y todo error puede ser corregido en el nivel de donde ha emanado, esto es, en el nivel de las ideas, de la mente. No es el cuerpo el que comete errores, sino la mente, llevándonos a creencias falsas e ilusorias. Todas estas creencias son fácilmente identificables, pues todas ellas son carentes de amor.
5. En el tiempo, el Espíritu Santo ve claramente que el Hijo de Dios puede cometer errores. 2En esto compartes Su visión. 3Mas no compartes Su criterio con respecto a la diferencia que existe entre el tiempo y la eternidad. 4Y cuando la corrección se completa, el tiempo se convierte en eternidad. 5El Espíritu Santo puede enseñarte a ver el tiempo de manera diferente y a ver más allá de él, pero no podrá hacerlo mientras sigas creyendo en el pecado. 6En el error sí puedes creer, pues éste puede ser corregido por la mente. 7Pero el pecado es la creencia de que tu percepción es inalterable y de que la mente tiene que aceptar como verdadero lo que le dicta la percepción. 8Si la mente no obedece, se la juzga como desquiciada. 9De ese modo la mente, que es el único poder que podría cambiar la percepción, se mantiene en un estado de impotencia y restringida al cuerpo por miedo al cambio de percepción que su Maestro, que es uno con ella, le brindaría.
La visión del Espíritu Santo, al interpretar correctamente el acto del error y al aplicar su correctivo a través de la Expiación, nos aporta una nueva interpretación del tiempo, ya que esa corrección solo es posible en el instante santo, en el eterno presente. En ese instante, la impecabilidad emana en nuestra mente, llevándonos a la visión de la pureza que siempre ha formado parte de la Mente que compartimos con Dios.
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