martes, 18 de marzo de 2025

Capítulo 19. III. La irrealidad del pecado (1ª parte).

III. La irrealidad del pecado (1ª parte).

1. La atracción de la culpabilidad reside en el pecado, no en el error. 2El pecado volverá a repetirse por razón de esta atracción. 3El miedo puede hacerse tan agudo que al pecado se le ruega su expresión. 4Pero mientras la culpabilidad continúe siendo atrac­tiva, la mente sufrirá y no abandonará la idea del pecado. 5Pues la culpabilidad todavía la llama, y la mente la oye y la desea ardientemente, y se deja cautivar voluntariamente por su enfer­miza atracción. 6El pecado es una idea de perversidad que no puede ser corregida, pero que, sin embargo, será siempre desea­ble. 7AI ser parte esencial de lo que el ego cree que eres, siempre la desearás. 8Y sólo un vengador, con una mente diferente de la tuya, podría acabar con ella valiéndose del miedo.

Cuando la mente da cobijo al miedo, deja de ser una mente piadosa, deja de ser una mente amorosa. El tipo de pensamientos que emanan de una mente temerosa son oscuros y dementes, dando lugar a situaciones de dolor y sufrimiento. A pesar de ello, no permitimos que la luz penetre la mente para que nos permita comprender que tan solo el amor puede llevarnos a la felicidad, pues amor y felicidad proceden de la misma fuente.

Si nos preguntamos cuál es el motivo que nos impide sustituir los pensamientos temerosos y nocivos por pensamientos amorosos, tendremos que mirar detenidamente los intereses que alberga el sistema de pensamiento del ego. Descubriremos que su estrategia para defender su autoría, su credibilidad, su razón de ser, no es otra que potenciar y multiplicar su armamento, el cual encuentra su principal poder en la creencia en el miedo, donde su causa es creer en el pecado y donde su efecto da lugar a la culpabilidad.

El ego tiene miedo del amor porque sabe que el amor es luz y el miedo es oscuridad. Si elige la luz, su identidad desaparece, no se verá, pues lo que no es real, no es nada. El miedo, el pecado y la culpa son necesarios para el ego, pues esas falsas ideas siguen a su fuente, es decir, siguen la estela de la creencia en la separación que se alberga en la mente falsa.

2. El ego no cree que sea posible que lo que el pecado realmente invoca, y a lo que el amor siempre responde, es al amor y no al miedo. 2Pues el ego lleva el pecado ante el miedo, exigiendo cas­tigo. 3Mas el castigo no es sino otra forma de proteger la culpabi­lidad, pues lo que merece castigo tuvo que haber sucedido realmente. 4El castigo es siempre el gran protector del pecado, al que trata con respeto y a quien honra por su perversidad. 5Lo que clama por castigo, tiene que ser verdad. 6Y lo que es verdad no puede sino ser eterno, y se seguirá repitiendo sin cesar. 7Pues deseas lo que consideras real, y no lo abandonas.

El ego confunde el efecto con la causa, pues desconoce la fuente de donde procede toda causa. Para el ego, el cuerpo es el único causante de todo cuanto le ocurre. Es el cuerpo quien da lugar a sus actos de voluntad y deseos. Es el responsable de todos sus estados emocionales. Al cuerpo se le adjudica la capacidad para crear, para enfermar y sanar. Siendo el principal agente activo en su sistema de pensamiento, el cuerpo es la principal causa del miedo, de la separación, del pecado y de la culpa. Su percepción es tan real que nos reta con el siguiente planteamiento: A ver quién me demuestra que el cuerpo no es real.

Con estos argumentos, para el ego es fácil confundir el error con el pecado, lo que le lleva a interpretar que tanto el uno como el otro son motivadores de la culpabilidad.

Analiza cualquier experiencia personal en la que hayas sido consciente de cometer un error. De forma instintiva, de forma inmediata, se despierta en nuestra mente el sentimiento de culpa por haber cometido ese fallo. Dependiendo del rigor de nuestra consciencia, nos atormentaremos más o menor tiempo, pero lo que es evidente es que no aplicamos el amor en esa percepción; en su lugar elegimos aplicar el correctivo universal para todo, el castigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 93

LECCIÓN 93 La luz, la dicha y la paz moran en mí. 1.  Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado.  2 Piensas que si alguien ...