1. Si estás dispuesto a reconocer tus problemas, reconocerás que no tienes ninguno. 2Tu problema central se ha resuelto y no tienes ningún otro. 3Por lo tanto, debes sentirte en paz. 4La salvación, pues, depende de que reconozcas que ése es el único problema y de que entiendas que ya se ha resuelto. 5Un solo problema, una sola solución. 6La salvación se ha consumado. 7Se te ha liberado de todo conflicto. 8Acepta este hecho, y estarás listo para ocupar el puesto que te corresponde en el plan de Dios para la salvación.¿Qué me enseña esta lección?
Esta lección me conduce a una afirmación fundamental de la conciencia: el reconocimiento de la verdadera realidad del Ser. Reconozco que soy una Unidad con todo lo creado, que soy Hijo de Dios, perfecto e íntegro, una Entidad puramente espiritual.
Desde esta comprensión, el único problema que parecía existir —la creencia en la separación— deja de tener sentido. Ese “problema” no es real, pues no es más que un error de la mente, nacido del intento del ego por experimentarse como un creador independiente y alcanzar el autoconocimiento por vías ilusorias.
El ego, al creerse autor de sí mismo y negar toda otra Fuente, da lugar a la percepción de separación. De esa creencia surgen el conflicto, el juicio y el miedo. Pero cuando tomo conciencia de que es imposible actuar separado de mis hermanos, se abre ante mí la oportunidad de vivir desde la visión de la Unidad, reconociéndome como parte inseparable del Todo.
Todo problema tiene su origen en el juicio. Mientras perciba al otro como distinto de mí, seguiré juzgando y condenando, y cada experiencia será interpretada como un conflicto que debo resolver. Pero cuando reconozco que mi hermano es parte de mí, el juicio pierde su fundamento y el problema se disuelve por sí mismo.
Ser Hijo de Dios es compartir un mismo Plan Creador, en el que no hay intereses opuestos ni voluntades enfrentadas. En ese Plan, solo puede imperar el pensamiento de Unidad y de Filiación. Al aceptar esta verdad, reconozco que mis problemas ya han sido resueltos, pues nunca fueron reales.
Propósito y sentido
de la lección:
- identificar
correctamente el problema (78),
- soltar el
intento de resolverlo por cuenta propia (79),
hasta
la aceptación final: La solución ya está dada.
Esta
lección no añade nada nuevo. Sella lo que ya se ha reconocido.
El
ego mantiene la mente ocupada buscando soluciones, porque teme el descanso que
trae la certeza.
La
Lección 80 enseña que la paz aparece cuando dejas de buscar.
Instrucciones
prácticas:
La práctica es
profundamente receptiva:
• No analizar problemas.
• No evaluar resultados.
• No anticipar consecuencias.
Durante el día: Aplicar
la idea cuando:
- aparezca preocupación,
- surja duda recurrente,
- la mente quiera “revisar”,
- regresen viejos patrones de control.
La
práctica consiste en aceptar una respuesta ya dada, no en producir una nueva.
Aspectos psicológicos
y espirituales:
En
el terreno psicológico, esta lección confronta una creencia muy extendida: “Si
no me preocupo, algo se me escapará.”
Psicológicamente,
la preocupación constante mantiene la ansiedad, refuerza la ilusión de control,
impide el descanso mental y perpetúa la sensación de amenaza.
Aceptar que mis
problemas se han resuelto produce efectos claros:
• reduce la rumiación,
• permite el descanso cognitivo,
• debilita la ansiedad anticipatoria,
• introduce una sensación de alivio profundo.
No
porque “todo esté arreglado” externamente, sino porque la mente deja de
sostener el conflicto.
Espiritualmente,
esta lección afirma: Dios no responde a los problemas; responde a la confusión
que los produjo.
La
solución no ocurre en el tiempo. No es progresiva. No es condicional.
La
separación nunca ocurrió realmente, por lo tanto, su corrección no necesita
proceso.
Aquí
el Curso enseña que la salvación es un hecho aceptado, no una meta alcanzada.
Relación con la
progresión del Curso:
Las lecciones 78–80
forman un bloque completo y cerrado:
• 78 → Reconocer el
problema correctamente
• 79 → Soltar el intento de resolverlo
• 80 → Aceptar que ya está resuelto
Este
bloque marca un cambio decisivo: de la búsqueda a la aceptación, del esfuerzo
al descanso.
A
partir de aquí, el Curso se adentra más profundamente en la experiencia de paz
sostenida.
Consejos para la
práctica:
• No usar la idea para
negar emociones humanas.
• No exigir sentir paz inmediata.
• No convertirla en una afirmación rígida.
Aplicarla cuando surjan
pensamientos como:
• “¿Y si esto vuelve?”
• “Todavía no está claro.”
• “Tengo que revisar esto otra vez.”
• “No puedo relajarme aún.”
Y repetir suavemente: “Permítanme
reconocer que mis problemas se han resuelto.”
Como acto de confi:anza,
no de convencimiento forzado.
Conclusión final
La
Lección 80 enseña que la paz no llega cuando todo se arregla, sino cuando
aceptas que nunca estuvo roto.
No
necesitas vigilar la solución. No necesitas comprenderla. No necesitas
defenderla.
El
Curso afirma aquí una verdad profundamente consoladora: No estoy esperando que
la paz llegue. Estoy aprendiendo a no rechazarla.
Frase
inspiradora final: “Cuando dejo
de buscar soluciones, descubro que ya estaba a salvo.”
Ejemplo-Guía: "Estoy sin trabajo, mi matrimonio se resiente y vivo en una permanente depresión".
En la lección
de hoy damos continuidad al ejemplo-guía trabajado en el día anterior.
Recordemos que,
en el análisis previo, nos centramos en reconocer cuál es el problema
para poder resolverlo. Se puso de manifiesto que solemos percibir múltiples
problemas y, como consecuencia, buscamos múltiples soluciones, cuando en verdad
solo existe un único problema, lo que implica que solo hay una única
solución.
Hoy avanzamos
un paso más en la comprensión de cómo debemos ver ese problema. La pregunta que
utilizamos como punto de partida es sencilla, pero decisiva: ¿deseamos el problema o deseamos la solución?
Es una pregunta
legítima, pues solo nosotros podemos negarnos a la verdad. Según hacia dónde
orientemos nuestra voluntad, veremos la realidad o seguiremos viendo la
ilusión.
Supongamos,
entonces, que elegimos la solución. Un Curso de Milagros nos enseña que,
si decidimos por la solución, la tendremos, porque la veremos tal como
es, ya que siempre ha estado en nosotros.
Esta afirmación puede resultar desconcertante al principio. Durante mucho tiempo he creído que tenía muchos problemas distintos. Ahora reconozco que solo existe uno y elijo su solución. ¿Basta con elegirla para verla?
La respuesta es sí.
Expresado de
este modo, parece que la tarea consiste únicamente en recolocar las piezas del
puzle en su lugar correcto. Ya no creo en la multiplicidad de problemas, sino
que reconozco que el único problema ha sido creerme separado de mi Creador y de
Su Creación. Y esta comprensión es, en sí misma, profundamente específica.
Así nos lo
recuerda el Curso cuando afirma que no se trata de una enseñanza teórica, sino
de una práctica concreta. Pedir y recibir no es una metáfora, sino una ley
espiritual. Mientras sigamos creyendo que los problemas son específicos, el
Espíritu Santo nos dará respuestas específicas. Pero Su respuesta es siempre
una, aunque se manifieste de muchas formas, mientras sigamos creyendo que lo
Uno es muchos.
A menudo
tememos esta especificidad porque creemos que nos exigirá sacrificios. Sin
embargo, pedir nos enseña que lo que procede de Dios no exige nada. Dios
solo da, nunca quita. Cuando nos resistimos a pedir, es porque creemos
erróneamente que pedir implica perder en lugar de compartir.
Llegados a este
punto, surge otra cuestión esencial: ¿nos está pidiendo el Curso un acto de fe?
Sí, pero no en
el sentido tradicional. La fe, tal como la entiende el Curso, no es creer sin
pruebas, sino confianza, perseverancia y compromiso con la verdad. Es la
certeza de que lo que Dios ha dispuesto ya se ha cumplido, aunque aún no lo
estemos percibiendo.
Mientras
permanezcamos en conflicto, es evidente que no podremos resolver nada. Pero si
confiamos en que Dios ya nos ha dado la solución, entonces nuestros problemas tienen
que haberse resuelto, aunque nuestra percepción todavía no lo refleje.
Para que esto
sea posible, debe existir un estado mental donde la solución sea accesible. Ese
estado es el que el Curso denomina el instante santo.
El instante
santo es el lugar interior donde deben llevarse todos los problemas, porque ahí
se encuentra su solución. Si la solución está ahí, el problema no puede ser
complejo ni difícil. No tiene sentido intentar resolver un problema donde su
solución no puede encontrarse. Pero es seguro que se resolverá cuando se lleve
al lugar que le corresponde.
Fuera del
instante santo no hay solución posible, porque fuera de él no hay respuesta. En
cambio, en ese instante de quietud y entrega, el problema queda resuelto, no
porque lo hayamos comprendido intelectualmente, sino porque hemos dejado de
sostenerlo.
En el instante
santo, cuando me reconozco resplandeciendo con la luz de la libertad, recuerdo
a Dios. Y al recordarlo, recuerdo quién soy. En ese recuerdo, los problemas
no desaparecen porque se solucionen, sino porque se revela que nunca fueron
reales.
Eso es lo que
esta lección nos invita a reconocer.
Reflexión: ¿Cómo sueles actuar cuando tienes un problema?

woow comenzare a tranquilizarme un poco, ya que aquí en Vzla hay cantidad de problemas que nos atañen a todos .creo que paso a paso se resolverán..para el bien de todos .Estamos al mando del Espíritu santo..gracias por todo
ResponderEliminarGraciasss. Me encantó....
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarTodo es cuestión de fe. Gracias
ResponderEliminarGracias, por todo lo que compartes día tras día.
ResponderEliminarTu trabajo cada día llega a mas gente. Espero conocerte en persona algún día
Bendiciones y Paz infinitas
Gracias J.J
ResponderEliminarEsta lección es maravillosa y cada vez que llego a este punto del curso mi mente reconoce la realidad sólo hay un problema creerme separada de la fuente, le he dado tantos nombres a ese problema y tantas soluciones que he olvidado que el verdadero problema es la desconexión y la única solución es volverme a conectar con el espíritu de Dios que es el Espíritu Santo y tener fe en que todo me será resuelto, se trata de tener fe del tamaño de un granito de mostaza cómo dice en las sagradas escrituras, Padre en ti confío, segura de que tu plan es mi perfecta felicidad, me perdono por desconectarme de la fuente, se que mientras siga encarnada en un cuerpos físico estaré transitando la dualidad y pasaré momentos de sombra que me indican desconexión, Gracias a Dios y al Curso de Milagros mis paseos por el ego son cada día son más conscientes, los puedo reconocer y salir a la Luz.
ResponderEliminarGracias Juan José un gran abrazo.
Estoy junto a Dios y a mis hermanos de la mano del Espíritu Santo....todo queda resuelto y perfecto así como Es......Amén🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
ResponderEliminarQue belleza poder leer de nuevo está lección y encontrarme con lo que yo comentaba el año pasado, realmente lo veo tan claro que no resiste un análisis, hay un sólo problemas y una sola solución, me ha sido tan útil en la práctica diaria recordarme y recordar a mis hermanos que la solución a todos sus problemas está en dejar todo en manos del espíritu Santo para qué interceda a favor de nuestra felicidad plena y perfecta, eso nos permite tener mente neutral quitar el significado a todo y confiar en el orden Divino. Gracias Juan José.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo contigo Dalia. Es maravilloso recordar que estamos en manos del Espíritu Santo y que como dices, la solución está en dejar todo en sus manos.
EliminarHermosa lección...gracias por un claro resumen.✨🙏🏼
ResponderEliminarGracias por tan maravilloso mensaje y explicacion de UCDM.
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