viernes, 7 de marzo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 66


LECCIÓN 66

Mi función y mi felicidad son una.

1. Seguramente habrás notado que en nuestras lecciones más recientes hemos hecho hincapié en la conexión que existe entre desempeñar tu función y alcanzar la felicidad. 2Esto ha sido así porque realmente tú no ves la conexión. 3Sin embargo, se trata de algo más que una simple conexión: son una misma cosa. 4La manera en que cada una se manifiesta es distinta, pero el conte­nido es exactamente el mismo.

2. El ego está batallando constantemente con el Espíritu Santo en torno a la cuestión fundamental de cuál es tu función. 2También batalla con Él constantemente con respecto a qué es tu felicidad. 3No es ésta una batalla que tenga dos contendientes. 4El ego ataca y el Espíritu Santo no responde. 5Él sabe cuál es tu función. 6Él sabe que es tu felicidad.

3. Hoy intentaremos ir más allá de esta batalla completamente absurda y arribar a la verdad con respecto a tu función. 2No nos vamos a enfrascar en argumentos fútiles con respecto a lo que es tu función. 3No vamos a tratar inútilmente de definir lo que es la felicidad ni de determinar los medios para alcanzarla. 4No vamos a gratificar al ego escuchando sus ataques contra la verdad. 5Sen­cillamente nos alegraremos de que podemos descubrir lo que ésta es.

4. El propósito de la sesión de práctica larga de hoy es que acep­tes el hecho de que no sólo existe una conexión muy real entre la función que Dios te dio y tu felicidad, sino que ambas cosas son, de hecho, lo mismo. 2Dios te da únicamente felicidad. 3Por lo tanto, la función que Él te dio tiene que ser la felicidad, aunque parezca ser otra cosa. 4Los ejercicios de hoy son un intento de ir más allá de estas diferencias de aspecto y de reconocer un conte­nido común allí donde en verdad lo hay.

5. Comienza la sesión de práctica de diez o quince minutos refle­xionando sobre estos pensamientos:

2Dios me da únicamente felicidad. 3Él me ha dado mi función.
4Por lo tanto, mi función tiene que ser la felicidad.

5Trata de ver la lógica en esta secuencia, incluso si aún no aceptas la conclusión. 6Únicamente si los dos primeros pensamientos son erróneos, podría ser falsa la conclusión. 7Reflexionemos, enton­ces, por un rato sobre estas premisas según practicamos.

6. La primera premisa es que Dios te da únicamente felicidad. 2Esto, desde luego, podría ser falso, pero para que fuese falso sería preciso definir a Dios como algo que Él no es. 3El Amor no puede dispensar maldad, y lo que no es felicidad es maldad. 4Dios no puede dar lo que no tiene, ni puede tener lo que Él no es. 5Si Dios no te diese únicamente felicidad, ciertamente sería mal­vado. 6ésa es la definición que crees acerca de Él si no aceptas la primera premisa.

7. La segunda premisa afirma que Dios te ha dado tu función. 2Hemos visto que tu mente sólo tiene dos partes. 3Una de ellas la gobierna el ego y se compone de ilusiones. 4La otra es la morada del Espíritu Santo, donde reside la verdad. 5Sólo puedes escoger entre estos dos guías, y los únicos resultados que pueden proce­der de tu elección son el miedo que el ego siempre engendra o el amor que el Espíritu Santo siempre ofrece para reemplazarlo.

8. Así pues, o bien fue Dios Quien estableció tu función a través de Su Voz, o bien fue el ego, que tú inventaste para reemplazarlo a Él. 2¿Cuál de estas posibilidades es verdad? 3A menos que hubiese sido Dios Quien te dio tu función, ésta sólo podría ser un regalo del ego. 4Mas ¿qué regalos puede dar el ego, cuando él mismo es una ilusión y lo único que puede ofrecer son regalos ilusorios?

9. Piensa en esto durante tu sesión de práctica más larga de hoy. 2Piensa asimismo en las múltiples formas que tu ilusoria función ha adoptado en tu mente, y en las muchas maneras por las que, guiado por el ego, trataste de encontrar la salvación. 3¿La encon­traste? 4¿Te sentiste feliz? 5¿Te brindaron paz? 6Hoy necesitamos ser muy honestos. 7Recuerda objetivamente los resultados que lograste y examina si en algún momento fue razonable pensar que podías encontrar felicidad en nada que el ego jamás propu­siera. 8Con todo, la única alternativa para la Voz del Espíritu Santo es el ego.


10
Prestarás oídos a la locura, o bien oirás la verdad. 2Trata de hacer tu elección mientras reflexionas sobre las premisas en las que se basa nuestra conclusión. 3Podemos concurrir con esta con­clusión, pero no con ninguna otra, toda vez que Dios Mismo con­curre con nosotros al respecto. 4La idea de hoy es otro paso gigantesco hacia la percepción de lo que es lo mismo como lo mismo y de lo que es diferente como diferente. 5un lado están las ilusiones. 6Al otro, la verdad. 7Tratemos hoy de darnos cuenta de que sólo la verdad es verdad.

11. Para las sesiones de práctica más cortas, que hoy te resultarán muy beneficiosas si las llevas a cabo dos veces por hora, sugeri­mos la siguiente forma de aplicación:

2Mi función y mi felicidad son una porque Dios me dio las dos.

3No te tomará más de un minuto, y probablemente menos, repe­tir estas palabras lentamente y pensar en ellas por un rato mien­tras las dices.

Hoy se nos enseña algo que todos podemos reconocer, porque la verdad forma parte de nosotros. El Creador así lo dispuso al crearnos. Hoy recordamos que el ego no puede ofrecernos la felicidad. Lo hemos intentado de muchas maneras; incluso, en ocasiones, hemos creído haberla alcanzado. Pero ese aparente estado de bienestar siempre acaba desmoronándose, como un castillo de arena cuando es alcanzado por la fuerza del agua. La ilusión solo puede dar lo que tiene: un instante de ilusión.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me enseña que hacer la Voluntad de Dios —es decir, llevar a cabo la función para la que he venido al mundo— es el verdadero sentido de mi existencia. No solo es mi función, sino también mi felicidad. Ambas son inseparables.

Con frecuencia nos quejamos de la vida que nos ha tocado vivir. Nos sentimos inquietos y sin paz cuando no logramos satisfacer las apetencias del ego. Sin embargo, esta lección me recuerda que, en cualquier circunstancia y en cualquier ámbito en el que participe, mi función es siempre la misma: ser portador de amor y de perdón. No existe otro camino que conduzca a la plenitud y a la verdadera felicidad.

Si en nuestra experiencia humana pudiéramos señalar un solo momento en el que la felicidad, una vez alcanzada, hubiera permanecido, podríamos afirmar que es real. Pero ese estado no pertenece al mundo que fabrica el ego. La felicidad no es algo que se consigue, sino nuestro estado natural. Pertenece a la mente recta, a la mente sana, a la mente que se expande amorosamente en virtud de su condición divina. Es la mente donde mora el Espíritu Santo. Es la mente que reconoce la unicidad y niega la ilusión de la separación.

Cuando actuamos desde esta visión, reconocemos en el mundo que nos rodea la oportunidad perfecta para cumplir la función que Dios nos ha encomendado: perdonar y amar. Cada acto de perdón y de amor aporta luz, nos une a nuestros hermanos y restablece los lazos que nos recuerdan que somos una sola Filiación.

Esta lección me muestra que siempre estoy eligiendo: ver con los ojos del cuerpo o ver con los ojos del Espíritu.

Si elijo ver con los ojos del cuerpo, no puedo alcanzar la felicidad.
Si elijo ver con los ojos del Espíritu, reconozco mi verdadera realidad, que no es otra que ser portador de felicidad.

Dar y recibir son lo mismo. Lo que doy, lo recibo.

Por eso, hoy comprendo con claridad que mi felicidad y mi función son una, y que al aceptar esta verdad, descanso en la paz que siempre me ha pertenecido.


Propósito y sentido de la lección:

El propósito de esta lección es deshacer la última gran separación que sostiene el ego: la separación entre función y felicidad.

El ego afirma:
  • “cumplir mi función es sacrificio”
  • “la felicidad viene después”
  • “primero debo resolver mi vida”

El Curso responde con una corrección radical: No hay felicidad fuera de la función, ni función que no sea felicidad.

Esta lección no moraliza el sufrimiento, lo explica: la infelicidad no es castigo, es señal de desalineación.

Instrucciones prácticas:

La práctica mantiene la simplicidad profunda del Curso:
  • Repetir la idea durante el día.
  • Aplicarla especialmente cuando aparezcan: insatisfacción, sensación de vacío, frustración sin causa clara, búsqueda compulsiva de algo “más”.
No se pide analizar por qué no eres feliz.
Se pide recordar dónde estás buscando la felicidad.

La práctica consiste en reunificar lo que el ego separó.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección confronta una creencia muy extendida: “Puedo postergar mi función y aun así estar bien”.

Desde esa creencia surgen:
  • la procrastinación existencial,
  • la búsqueda constante de gratificación,
  • la sensación de insatisfacción crónica,
  • el cansancio sin causa aparente.
Aceptar que felicidad y función son una produce efectos claros:
  • disuelve la culpa por no “sentirse bien”,
  • reduce la búsqueda externa compulsiva,
  • devuelve sentido interno,
  • alinea motivación y paz.
No porque todo se resuelva, sino porque la mente deja de ir contra sí misma.

Espiritualmente, esta lección afirma: Dios no separa lo que crea.

La función que Dios da:
  • no exige sacrificio,
  • no compite con la felicidad,
  • no posterga la paz.
Cumplir la función no es “hacer algo más”, sino dejar de resistirse a lo que eres.

Aquí el Curso revela que la alegría no es un premio espiritual, sino un indicador de coherencia ontológica.

Relación con la progresión del Curso:

La secuencia se completa de forma magistral:

• 61 → Identidad (soy la luz)
• 62 → Función (perdonar)
• 63 → Efecto (paz universal)
• 64 → Continuidad (no olvidar)
• 65 → Exclusividad (una sola función)
• 66 → Unificación (función = felicidad)

Aquí el Curso cierra definitivamente el arco: identidad → función → paz → alegría.

Consejos para la práctica:

• No usar la idea para culparte si no te sientes feliz.
• No forzar estados emocionales elevados.
• No confundir felicidad con euforia.

Aplicarla cuando surjan pensamientos como:

• “Nada de esto me llena”.
• “Haga lo que haga, algo falta”.
• “Cuando consiga X estaré bien”.
• “No sé qué me pasa”.

Y repetir suavemente: “Mi felicidad y mi función son una”.

Como recordatorio de alineación, no como exigencia emocional.

Conclusión final:

La Lección 66 enseña que la felicidad no se encuentra: se recuerda.

No aparece cuando la vida encaja, sino cuando yo encajo con lo que soy.

Aquí el Curso ofrece una corrección profundamente compasiva: No estás fallando en ser feliz.
Sólo te has alejado momentáneamente de tu función.

Frase inspiradora final: “Cuando dejo de buscar felicidad fuera de mi función, descubro que siempre estuvo conmigo”.

Ejemplo-Guía: ¿Qué te impide alcanzar la salvación y la felicidad?

Hoy damos continuidad a la metodología empleada en la lección anterior. Nos proponemos identificar aquellas experiencias que percibimos como obstáculos y que creemos que nos impiden gozar de la felicidad y de la salvación. Ambas son, en realidad, lo mismo, pues tienen una única Fuente: el regalo que Dios nos comparte.

Nuestra mente puede presentar múltiples situaciones que parecen muy distintas entre sí, por ejemplo:

  • Soy infeliz en mi matrimonio o en mi relación de pareja.
  • ¿Por qué experimento pobreza?
  • ¿Por qué siento tanto miedo?
  • Tengo muchos problemas; nada me sale bien.
  • Soy incapaz de perdonar el daño que me causaron mis padres.
  • Me invaden pensamientos oscuros.
  • Por mucho que intento cambiar el mundo, no consigo cambiar nada.
  • ¿Por qué no alcanzo la visión espiritual?
  • Estamos rodeados de ladrones y mentirosos, y no hacemos nada.
  • No me valoran en mi trabajo.
  • Me desespera el comportamiento de mi hijo.
  • Mi cuerpo está enfermo.
  • ¿Por qué Dios no evita mis desgracias?

Todas estas situaciones, aparentemente tan diferentes, son percibidas por el ego como problemas independientes, sin relación entre sí. Para el ego, cada una es un efecto distinto, con causas y consecuencias específicas, y por ello responde de manera diferente a cada una.

Así, nunca relacionará una experiencia de pobreza con un conflicto en la relación con los hijos. A la pobreza le asociará el victimismo y culpará a la sociedad por no ofrecerle oportunidades; al conflicto con el hijo le atribuirá la culpa al propio hijo, al que juzgará y condenará. El ego es incapaz de ver el hilo conductor que une todas estas experiencias.

La verdad es que no existen problemas diferentes ni soluciones distintas. Solo hay un único error que necesita corrección: la creencia de estar separados del Creador y de Su Creación.

El ego suele depositar en los demás y en las circunstancias externas el poder de otorgar o negar la felicidad. Culpa al otro de su infelicidad y convierte en ídolo a aquello que cree que puede proporcionarle bienestar. De este modo, oscila entre la queja y la idolatría, sin encontrar jamás la paz.

La clave que permite llevar todas estas experiencias de la oscuridad a la luz, del problema a la solución y del sufrimiento a la felicidad, es el perdón. Como hemos aprendido en estas últimas lecciones, el perdón no es solo un recurso, sino la única función que Dios nos ha encomendado.

Al aceptar que mi felicidad y mi función son una, comprendo que no tengo que resolver múltiples problemas, sino corregir una sola creencia. Y al hacerlo, todas las aparentes dificultades se deshacen, no porque el mundo cambie, sino porque mi mente ha elegido de nuevo.

Reflexión: ¿Qué eliges, ser feliz o tener razón?

5 comentarios:

  1. buenas tardes yo elijo ser feliz pero no se si tengo la razón, en fin no importa lo importante realmente es aprender a ser muy feliz amen... y gracias....

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  2. Acepto mi función, que es ser feliz, amar y perdonar. Así es y así será por siempre

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  3. Es tan sencillo hacer la función que Dios nos encomendó.
    En un instante nos salimos
    de esa función inconscientemente...
    Seguiré con esa decisión de cuidar mis pensamientos porque quiero la paz, el perdón, la felicidad .
    Muchas gracias.

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  4. Elijo Ser Feliz siendo Instrumento de Dios🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️

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