martes, 6 de mayo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 126

LECCIÓN 126

Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.

1. La idea de hoy, que es completamente ajena al ego y a la manera de pensar del mundo, es de suma importancia para la inversión de pensamiento al que este curso dará lugar. 2Si creyeses lo que la idea de hoy afirma, no te resultaría difícil perdonar com­pletamente, tendrías certeza con respecto a tu objetivo y no ten­drías ninguna duda acerca de tu rumbo. 3Entenderías los medios a través de los cuales se alcanza la salvación, y no vacilarías en emplearlos ahora mismo.

2. Examinemos lo que crees en lugar de esta idea. 2Te parece que los demás están separados de ti, que son capaces de adoptar com­portamientos que no tienen repercusión alguna sobre tus pensa­mientos; y que los que tú adoptas no tienen repercusión alguna sobre los de ellos. 3Tus actitudes, por lo tanto, no tienen ningún efecto sobre ellos, y sus súplicas de ayuda no guardan relación alguna con las tuyas. 4Crees además que ellos pueden pecar sin que ello afecte la percepción que tienes de ti mismo, mientras que tú puedes juzgar sus pecados y mantenerte a salvo de cualquier condenación y en paz.

3. Cuando "perdonas" un pecado, no ganas nada con ello directa­mente. 2Es una ofrenda de caridad a alguien que no se la merece, a fin de demostrar simplemente que tú eres mejor y que te encuen­tras en un plano superior a él. 3Él no se ha ganado la limosna de tu tolerancia -que tú le concedes sabiendo que no es digno de tal dádiva- ya que sus pecados lo han situado muy por debajo de una verdadera igualdad contigo. 4No tiene derecho a tu perdón, el cual supone un regalo para él, pero no para ti.

4. De este modo, el perdón es básicamente algo falso: un capricho caritativo, benévolo tal vez, pero inmerecido; una dádiva que a veces se concede y a veces se niega. 2Puesto que es inmerecido, es justo no otorgarlo, pero no es justo que tú tengas que sufrir por haberte negado a concederlo. 3El pecado que perdonas no es tu pecado. 4Alguien que se encuentra separado de ti lo cometió. 5Y si tú entonces eres magnánimo con él y le concedes lo que no se merece, la dádiva es algo tan ajeno a ti como lo fue su pecado.

5. Si esto fuese verdad, el perdón no tendría ningún fundamento sobre el que basarse con certeza y seguridad. 2Sería una excentri­cidad, según la cual algunas veces decides conceder indulgente­mente un indulto inmerecido. 3Conservarías, no obstante, el derecho a no eximir al pecador de la justa retribución por su pecado. 4¿Crees que el Señor de los Cielos iba a permitir que la salvación del mundo dependiera de esto?  5¿No sería acaso Su interés por ti ciertamente ínfimo, si permitiese que tu salvación dependiese de un capricho?

6. No entiendes lo que es el perdón. 2Tal como lo ves, no es sino un freno al ataque abierto que no requiere corrección alguna en tu mente. 3Tal como lo percibes, no te puede brindar paz. 4No constituye un medio por el que liberarte de aquello que ves en otro, pero no en ti mismo. 5No tiene poder alguno para restaurar en tu conciencia tu unidad con él. 6Eso no es lo que Dios dispuso para ti.

7. Al no haberle concedido al Padre el regalo que Él te pide, no puedes reconocer Sus regalos; y crees que Él no te los ha dado. 2Sin embargo, ¿te pediría Él un regalo que no fuese para ti? 3¿Podría acaso quedar satisfecho con gestos vacíos y considerar que tales míseros regalos son dignos de Su Hijo? 4La salvación es un regalo mucho mejor que eso. 5Y el verdadero perdón, que es el medio por el que se alcanza la salvación, no puede sino sanar a la mente que da, pues dar es recibir. 6Lo que no se ha recibido, no se ha dado, pero lo que se ha dado tiene que haberse recibido.

8. Hoy trataremos de entender la verdad según la cual el que da y el que recibe son uno. 2Vas a necesitar ayuda para poder entender esto, ya que es una idea completamente ajena a los pensamientos a los que estás acostumbrado. 3Mas la Ayuda que necesitas ya está aquí. 4Deposita tu fe en Él hoy, y pídele que esté contigo a la hora de practicar con la verdad. 5si sólo logras captar un pequeño atisbo de la liberación que reside en la idea que practicamos hoy, éste será ciertamente un día glorioso para el mundo.

9. Dedica hoy quince minutos en dos ocasiones a tratar de enten­der la idea de hoy. 2Esta idea es el pensamiento mediante el cual el perdón pasa a ocupar el lugar que le corresponde entre tus prioridades. 3Es el pensamiento que liberará a tu mente de cual­quier obstáculo que te impida comprender el significado del per­dón y lo valioso que es para ti.

10. Mientras permaneces en silencio, cierra los ojos al mundo que no comprende lo que es el perdón, y busca amparo en el sereno lugar en el que los pensamientos quedan transformados y donde las falsas creencias se abandonan. 2Repite la idea de hoy, y pide poder entender lo que realmente significa. 3Estáte dispuesto a dejarte enseñar. 4Alégrate de oír lo que te dice la Voz de la verdad y de la curación, y entenderás las palabras que Él te diga y recono­cerás que son tus propias palabras.

11. Tan a menudo como puedas hoy, recuérdate a ti mismo que tienes un objetivo, una meta que hace que éste sea un día de especial importancia para ti y para todos tus hermanos. 2No per­mitas que tu mente se olvide de este objetivo por mucho tiempo, sino que di para tus adentros:

3Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.
4La Ayuda que necesito para comprender que esto es verdad, está conmigo ahora.
5Y confiaré en Él plenamente.

6Permanece luego en silencio por un momento y deja que tu mente sea receptiva a Su corrección y a Su Amor. 7Y creerás lo que le oigas decir, pues recibirás lo que Él te dé.
  

¿Qué me enseña esta lección? 

Esta lección representa un paso decisivo hacia el reconocimiento de la Verdad: no estamos separados unos de otros, sino que todos formamos parte de una misma Filiación, una sola Mente, un solo Ser. No hay jerarquías en esa Filiación ni fragmentos aislados; hay una Unidad perfecta que se expresa en la multiplicidad sin perder jamás su esencia.

El acto de dar nace del mismo Principio que dio origen a la Creación. Dios no creó por necesidad ni por carencia, sino por expansión. Su Voluntad fue extender lo que Es, y en ese acto de Amor creó a Su Hijo. De la misma manera, cuando damos, no estamos entregando algo que perdemos, sino extendiendo lo que somos.

Reconocer que cada uno de mis hermanos es una Manifestación de Dios transforma por completo el significado de toda relación. Ya no hay “otro” separado de mí, ni destinatarios externos de mis actos. Ver a Dios en mi hermano es reconocer mi propia Identidad, pues aquello que contemplo en él es lo mismo que mora en mí. No puedo honrar la divinidad del otro sin afirmar, al mismo tiempo, la mía.

Desde esta comprensión, el dar deja de ser un intercambio y se revela como un acto de autoconocimiento. Todo lo que doy, me lo doy a mí mismo. Todo lo que comparto, lo conservo. Todo lo que extiendo, se refuerza en mi conciencia. Así, el dar se convierte en una experiencia de plenitud y no en un sacrificio.

Esta forma de dar sostiene y activa el Plan Divino de la Salvación, porque dicho Plan no consiste en corregir un mundo externo, sino en recordar la Unidad allí donde parecía haber separación. Dar desde esta conciencia disuelve el miedo a perder, deshace la creencia en la escasez y libera a la mente de la ilusión de necesidad. Lo que se manifiesta entonces es la condición natural del Ser: la Abundancia.

Cuando damos desde el Amor, la respuesta no se hace esperar, no como recompensa, sino como confirmación. Recibimos exactamente aquello que hemos dado, porque dar y recibir son el mismo acto visto desde distintos ángulos. El hermano que recibe se convierte así en un maestro, no porque nos de algo “nuevo”, sino porque nos devuelve el reflejo de lo que ya somos. En ese reflejo aprendemos a reconocernos íntegramente.

Practicar el dar con plena consciencia nos devuelve la memoria de nuestra capacidad creadora. Descubrimos que no somos víctimas de las circunstancias ni receptores pasivos de la vida, sino extensiones vivas del Amor que crea. En cada acto de dar consciente afirmamos la Verdad, fortalecemos la Unidad y despertamos a la certeza de que crear, amar y compartir son una misma cosa.

Dar, entonces, no es una opción moral ni un deber espiritual.
Dar es ser lo que somos.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

El sentido profundo de esta lección es la recuperación del poder mental.

El ego sostiene la ilusión de que otros me afectan, el mundo me hiere, y dar puede empobrecer.

El Curso corrige esto afirmando: La mente es causa, no efecto. Nada ocurre fuera de ella.

PROPÓSITO Y SENTIDO DE LA LECCIÓN:

El propósito de la Lección 126 es:

  • deshacer la creencia en el sacrificio,
  • corregir la ilusión de pérdida al dar,
  • mostrar que toda experiencia es auto-generada,
  • devolver a la mente la responsabilidad sin culpa,
  • establecer el perdón como elección inteligente.

Aquí el Curso no moraliza: explica cómo funciona la mente.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce:


• Recuperación de la agencia interna: La mente deja de verse como víctima.

• Disolución del resentimiento: Atacar pierde sentido al reconocerse auto-dirigido.

• Claridad emocional: Se identifica el origen interno del malestar.

• Mayor coherencia interna: Pensamiento, emoción y experiencia se alinean.

Clave psicológica: La mente vive dentro de lo que elige dar.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma que:

  • No hay separación real entre mentes.
  • Dar es extender un estado del Ser.
  • El Amor se incrementa al compartirse.
  • El ataque se experimenta primero en quien lo concibe.
  • El perdón es la forma natural de autocuidado.

Dar desde el Amor es recordar la unidad.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Períodos largos:

  • Piensa en una relación concreta.
  • Repite lentamente: “Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.”
  • Observa qué estás dando mentalmente.
  • Permite una nueva elección.

Durante el día:

Aplica la idea cuando surja:

  • irritación,
  • juicio,
  • resentimiento,
  • conflicto,
  • defensa.

No te juzgues. Elige de nuevo.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No usar la idea para culparte.
❌ No convertirla en vigilancia obsesiva.
❌ No negar reacciones humanas iniciales.

✔ Usarla para recuperar elección.
✔ Permitir corrección gradual.
✔ Recordar que siempre puedes dar otra cosa.
✔ Confiar en el proceso.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Después de:

  • 121 → el perdón como elección,
  • 122 → el perdón como plenitud,
  • 123 → la gratitud por el progreso,
  • 124 → el recuerdo de la unidad,
  • 125 → la receptividad en la quietud,

La Lección 126 revela cómo se manifiesta todo lo aprendido: La mente siempre está dando algo. Y siempre recibe exactamente eso.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 126 ofrece una verdad profundamente empoderadora: Nunca das sin recibir, porque nunca das fuera de tu propia mente.

Cuando eliges dar perdón, recibes paz. Cuando eliges dar Amor, recuerdas quién eres.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando elijo lo que doy, descubro que siempre me estoy eligiendo a mí.”

Ejemplo-Guía: "Mira a tu prójimo y contesta, ¿qué ves?"

La respuesta a esta pregunta no requiere análisis ni reflexión prolongada. Al contrario, cuanto más inmediata y espontánea sea, más fiel será a lo que realmente habita en nuestra mente. Esta pregunta no pretende una respuesta “correcta”, sino honesta. Es una invitación a permitir que aflore lo que normalmente ocultamos bajo capas de moral, conveniencia o autojustificación.

Se trata de mirarnos sin condenarnos.

Imaginemos una escena cotidiana, un día cualquiera:

Al despertar, la mente comienza a desplegar imágenes del día que nos espera. Aparecen las obligaciones, las personas con las que nos relacionamos, las situaciones que anticipamos como difíciles. Basta pensar en alguien que percibimos como autoritario o injusto para que el ánimo decaiga. Surgen pensamientos de abuso, de victimismo, de resistencia. Antes incluso de comenzar el día, ya hemos decidido cómo nos vamos a sentir.

Durante el trayecto, una imprudencia ajena desencadena ira. Aparecen insultos, juicios, acusaciones. Aunque sepamos que no sirven para nada, producen una falsa sensación de descarga. Más tarde, en el trabajo, la mente se mantiene cerrada, distante, defensiva. Un estímulo agradable despierta deseo, seguido inmediatamente de culpa y auto-reproche. El resultado es el mismo: agotamiento interior.

Este escenario, aunque ficticio, resulta profundamente familiar. Describe el funcionamiento de una mente identificada con el mundo de la percepción, una mente que cree que lo que ve es la causa de lo que siente. En este estado, el cuerpo, los sentidos y las reacciones emocionales gobiernan la experiencia. La identidad se percibe como individual, separada, vulnerable.

Desde ahí, los demás se convierten en objetos: pueden darnos o quitarnos, favorecernos o perjudicarnos. El amor y el odio parecen opciones legítimas. Y la felicidad parece depender de factores externos.

Cuando la conciencia comienza a despertar, no cambia el mundo de inmediato, pero cambia la interpretación. Empieza a reconocerse que lo que se ve fuera es un reflejo de lo que se sostiene dentro. El juicio pierde fuerza. No porque desaparezcan las tentaciones mentales, sino porque se reconoce que no obligan a nada.

La diferencia es esencial: ahora sabemos que somos nosotros quienes elegimos cómo responder al pensamiento. Podemos seguirlo, alimentarlo y hacerlo real, o podemos dejarlo pasar sin otorgarle poder.

Desde esta nueva disposición, el día comienza de otro modo. La mente ya no se entrega automáticamente a pensamientos de queja o anticipación negativa. En su lugar, se abre al diálogo interior con el Espíritu Santo. Se entregan las decisiones, no como resignación, sino como confianza. Esta entrega no es pasividad; es alineación.

Las situaciones externas siguen ocurriendo, pero ya no son interpretadas como ataques personales. Las imprudencias ajenas no despiertan ira; las relaciones laborales se convierten en oportunidades de aprendizaje. Cada encuentro es comprendido como un espejo, no como una amenaza.

Incluso cuando surgen viejos impulsos —deseo, juicio, comparación— ya no se convierten en motivo de culpa. Se reconocen como restos de un antiguo sistema de pensamiento que está siendo desmantelado con paciencia.

La clave de esta lección es clara: el mundo que percibimos es una proyección de la mente. No está ahí para condenarnos, sino para ser integrado y corregido. Aquello que vemos fuera nos muestra lo que aún no hemos sanado dentro.

Por eso, el Curso nos recuerda que la proyección es el mecanismo que sostiene la separación. Proyectamos lo que no queremos reconocer en nosotros, lo repudiamos y luego lo atacamos fuera, creyendo así habernos puesto a salvo. Pero esta estrategia siempre nos daña, porque refuerza la creencia en una mente dividida.

La alternativa es la extensión. El ego proyecta; el Espíritu Santo extiende. El ego ve culpa y responde con ataque; el Espíritu Santo ve perfección y responde con amor. Donde el ego excluye, el Espíritu incluye. Donde uno refuerza la separación, el otro recuerda la Unidad.

Cuando elegimos mirar al prójimo desde esta visión, ya no vemos enemigos ni amenazas, sino oportunidades de recordar quiénes somos. Y en ese reconocimiento, la felicidad deja de depender del mundo, porque comprendemos, por fin, que no estamos en él, sino soñándolo.

Ver así es aceptar la Expiación.
Y aceptarla es el único camino hacia la paz.


Reflexión: ¿Qué piensas de la siguiente afirmación? Cuando juzgas y condenas el comportamiento de otros, es a ti a quien estás condenando.

9 comentarios:

  1. Lo que que veo fuera es una proyeccion de lo que hay en mi mente..reconociendo como juzgo lo que veo..es que aprendo a perdonar...gracias Juan Jose

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  2. buen dia si es muy cierto porque lo que veo esta dentro de mi mente oh ego en fin de lo que das resibes y ademas es una proyeccion de mi misma...estoy aprendiendo.a ver diferente en union.amor y perdon...gracias.gracas... gracias...

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  3. Sigo aprendiendo cómo soy en los demás, cómo mus proyecciones me indican mi falta de perdón y la forma en que juzgo.
    Gracias Juan José.

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  4. Respecto a la pregunta esa afirmación me ha quedado clara, cada vez que juzgo y condenó es a mi mismo a quien estoy condenando, el curso dice que cada vez que atacó a mi hermano realmente es a mi mismo a quien crucifijo, me estoy clavando en la cruz cada vez que hago juicios por ello la invitación es a vivir una vida sin juicios, cada quien es como es y así está perfecto sólo es un maestro que me está invitando a trabajar en mi, en el perdón que es la función que Dios quiere que yo desempeñe.
    Juan José también practico a diario ese magnífico ejercicio que sujieres para comenzar el día : Mantengo una conversación con Dios, me pongo a su servicio y le entrego todos los encuentros que tengo en el día para que sea el espíritu santo quien hable a través de mi, que me muestre el camino y me revele las desiciones que debo tomar. *Padre que se haga tú voluntad y no la mía* gracias, gracias, gracias 🙏 🙏 🙏

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  5. Todos Somos Uno...lo que ves en los demás en realidad te pertenece....🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️

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  6. Muy bien explicado, gracias, me fue de gran ayuda

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  7. No hay Separación ..Todos Sonó Uno en el Amor🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙🤍🤍🤍🤍🤍🤍✨✨✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳

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  8. El Mundo de Dios es el "mundo de los arquetipos" para los cabalistas o el "campo cuántico" para los físicos cuánticos. Lo describen como el "campo de las infinitas posibilidades", donde nuestra mente, en el uso creador del libre albedrío, puede elegir el pensamiento que queramos. Sabiendo esto, cuando elijamos, hagámoslo bien, pues aquello que elegimos condicionará nuestra vida, pues la onda-idea en la que hayamos puesto nuestra atención colapsará y se convertirá en partícula adoptando la forma de la realidad percibida, esto es, de experiencia física, y creeremos que es nuestra realidad, nuestra verdad. Este es el mecanismo que explica la razón por la cual, cuando damos, es a nosotros mismos a quien damos. Todo está en nuestra mente y forma parte de nuestra elección.

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