1. Hemos visto antes cuántas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. 2Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas. 3Sin embargo, no estás aprisionado por ninguna de esas cosas. 4Mas para comprender que esto es cierto, primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. 5Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. 6Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.
Esta lección me
trae una nueva certeza que ilumina la conciencia cuando el despertar comienza a
afianzarse y dejamos de identificarnos con el sueño como si fuese la realidad.
Mientras
permanecemos identificados con el ego, creemos vivir en un mundo regido por un
conjunto de leyes que parecen organizar la existencia y darle sentido. Son
leyes que regulan el tiempo, el espacio, el esfuerzo, el mérito, la recompensa
y el castigo. Bajo su influencia, creemos que vivir es adaptarnos a ese
entramado para sobrevivir y para alcanzar una felicidad que siempre parece
depender de condiciones externas.
Sin embargo,
estas leyes no tienen otro propósito que preservar el mundo ilusorio en
el que el ego encuentra su identidad. Son las falsas creencias que le permiten
subsistir. Sin ellas, el ego no podría mantenerse, pues su existencia depende
de que el cambio, la pérdida y la escasez sean considerados reales.
Desde la visión
espiritual, toda ley que esté sujeta al cambio deja de ser verdadera. Lo que
cambia no puede ser real. Por ello, la práctica que esta lección nos propone
consiste en examinar nuestras creencias y descubrir su falta de valor
real. Ninguna de ellas conduce a la salvación. Ninguna puede ofrecernos paz
duradera. Ninguna puede llevarnos a la felicidad que no fluctúa.
El conjunto de
leyes del ego intenta dar coherencia a una existencia efímera y transitoria.
Promete bienestar, éxito y seguridad, pero lo hace dentro de un marco que
inevitablemente conduce al miedo, a la pérdida y al conflicto. El ego busca la
felicidad dentro del sueño, cuando la única vía de salvación consiste en trascender
ese sistema de pensamiento.
Un Curso de
Milagros nos recuerda que solo existe una Ley verdadera: la Ley del Amor,
la Ley de Dios. Esta Ley no castiga, no limita y no exige sacrificios. No se
basa en el esfuerzo ni en el merecimiento. Es una Ley que se extiende
continuamente porque es la expresión natural de lo que somos.
Mientras
creamos que la felicidad proviene del bien-estar —es decir, de condiciones
externas favorables—, ninguna ley que inventemos podrá sostenerla. El bienestar
es siempre inestable porque pertenece al tiempo. Lo que hoy parece placentero,
mañana puede perderse. Por eso no puede garantizar el gozo permanente.
Solo la verdad
es real y solo la verdad es eterna. Cuando la felicidad se fundamenta en la expansión
de lo que somos, deja de depender de circunstancias. Entonces el gozo ya no
es una emoción pasajera, sino un estado del Ser. A este reconocimiento lo
llamamos bien-ser: la manifestación consciente de nuestra divinidad.
Propósito y sentido
de la lección:
Después
de reconocer que:
- la luz ya ha
llegado (75),
- no hay
conflicto real de voluntad (74),
- la paz es
natural,
el
Curso aborda ahora la raíz de la sensación de vulnerabilidad: La creencia de
que estoy sometido a leyes que no reflejan el Amor.
El ego se apoya en la idea de leyes inevitables del
tiempo, del cuerpo, de la pérdida, del sacrificio y del castigo.
La
lección no niega la experiencia humana, pero cuestiona su interpretación como
ley real.
Instrucciones
prácticas:
La práctica es reflexiva
y liberadora:
• Repetir la idea
lentamente.
• Contemplar qué “leyes” crees obedecer.
• Permitir que sean cuestionadas.
Durante el día: Aplicar
la idea cuando:
- aparezca sensación de impotencia,
- surja miedo al futuro,
- te sientas atrapado por circunstancias,
- creas que “no hay alternativa”.
La
práctica no consiste en desafiar el mundo, sino en retirar la autoridad mental
que le has concedido.
Aspectos psicológicos
y espirituales:
En el terreno
psicológico, esta lección confronta una creencia profundamente arraigada: “Hay
reglas de la vida que no puedo cambiar.”
Psicológicamente,
esta creencia genera resignación, ansiedad anticipatoria, victimismo sutil y adaptación
por miedo.
Aceptar que no estoy
bajo otras leyes que las de Dios produce efectos claros:
• reduce la sensación de
fatalismo,
• devuelve margen de elección interior,
• suaviza la ansiedad estructural,
• restaura confianza básica.
No
porque desaparezcan los hechos, sino porque pierden su estatus de condena.
Espiritualmente,
esta lección afirma: las leyes de Dios son expresión de Su Amor.
No
castigan. No privan. No contradicen la felicidad.
Si
una “ley” genera miedo, culpa o pérdida, no procede de Dios.
Aquí
el Curso desmonta la idea de un universo regido por fuerzas ciegas
y la sustituye por una verdad radical: La realidad está regida por Amor, no por
azar.
Relación con la
progresión del Curso:
La secuencia se
profundiza así:
• 73 → Disposición a la
luz
• 74 → Unidad de voluntad
• 75 → Reconocimiento de la luz
• 76 → Liberación de las falsas leyes
Esta
lección consolida la paz al retirar uno de los últimos pilares del miedo: la
autoridad del mundo sobre la identidad.
Consejos para la
práctica:
• No usar la idea para
negar responsabilidades prácticas.
• No interpretarla como omnipotencia del ego.
• No discutir intelectualmente cada “ley”.
Aplicarla cuando surjan
pensamientos como:
• “Así son las cosas.”
• “No puedo hacer nada.”
• “Esto es inevitable.”
• “La vida es así.”
Y repetir suavemente: “No
estoy bajo otras leyes que las de Dios.”
Como recordatorio de
protección, no como desafío.
Conclusión final:
La
Lección 76 enseña que la libertad no se alcanza cambiando el mundo, sino
cuestionando la autoridad que le hemos concedido.
No
estás gobernado por fuerzas sin amor. No estás a merced del azar.
No estás condenado por leyes injustas.
El
Curso afirma aquí una verdad profundamente tranquilizadora: Nada puede oponerse
a las leyes de Dios, y Sus leyes sólo sostienen la paz.
Frase
inspiradora final: “Cuando
recuerdo que sólo las leyes del Amor me gobiernan, el miedo pierde su
fundamento.”
Ejemplo-Guía: ¿Qué leyes rigen tu vida?
A lo largo de nuestra vida instituimos leyes para sostener y proteger nuestras creencias. Sin darnos cuenta, caminamos por el mundo cargados de normas internas que condicionan nuestras decisiones, nuestras reacciones y nuestra forma de interpretar lo que nos sucede.
El origen de muchas de estas leyes-creencias se remonta al relato simbólico del Génesis, cuando Adán y Eva fueron “expulsados” del Paraíso Terrenal y “condenados” a ganarse el sustento con el sudor de su frente. Más allá de su lectura literal, este relato describe el nacimiento de una creencia fundamental: la creencia en la necesidad.
Antes de esa aparente expulsión, la conciencia descansaba en la abundancia. Tras aceptar la tentación de conocer el bien y el mal —es decir, tras elegir la percepción dual—, la plenitud fue sustituida por la escasez. El conocimiento dejó de ser una certeza interior y pasó a convertirse en algo que debía adquirirse mediante la experiencia, el esfuerzo y el aprendizaje en el mundo de la percepción.
Esta creencia-ley se manifiesta como una norma silenciosa que gobierna muchas de nuestras decisiones: para obtener, hay que luchar; para conservar, hay que defender. Así, el miedo se convierte en el motor de la acción. Cuando logramos aquello que deseamos, el temor a perderlo aparece de inmediato, y con él surge el ataque como falsa forma de protección.
Observemos nuestras vidas con atención. Hagamos un ejercicio de retrospección para descubrir la relación causa-efecto que se repite a lo largo de nuestras experiencias. Si logramos identificar un efecto —una situación conflictiva, por ejemplo— y retrocedemos mentalmente en el tiempo, descubriremos la causa que lo originó.
Imaginemos un conflicto reciente en la relación de pareja. Si nos quedamos únicamente con el hecho aislado, tenderemos a juzgar y a condenar: al otro o a nosotros mismos. Pero si profundizamos, veremos que el conflicto tuvo su origen en una decisión previa, quizá aparentemente insignificante, tomada desde la separación y no desde la unidad. La vida, como aliada del despertar, nos muestra el efecto para que podamos reconocer la causa y elegir de nuevo.
Este ejercicio no busca culpables, sino comprensión. Nos ayuda a responder a una pregunta esencial: ¿qué leyes-creencias gobiernan mi vida?
Muchas de nuestras decisiones son automáticas. Actuamos como si nuestra mente funcionara en piloto automático. Conducimos un vehículo, el semáforo se pone en rojo y frenamos sin pensar. Nuestra atención sigue en otra parte. De igual modo, en la vida cotidiana reaccionamos sin plena conciencia, guiados por un código interno que rara vez cuestionamos.
Solo cuando observamos los efectos —cuando experimentamos paz o conflicto— comenzamos a sospechar que detrás de nuestras reacciones hay creencias profundamente arraigadas. Algunas se adquirieron en la infancia; otras forman parte del inconsciente colectivo y se transmiten de generación en generación.
El ejercicio que propone esta lección es una invitación a descubrir la creencia oculta detrás del comportamiento. Aplicando la retrospección, podemos identificar la ley interna que nos condiciona. A veces nos sorprenderá descubrir creencias de las que no éramos conscientes.
Por ejemplo, caminamos por la calle y, al cruzarnos con un grupo de personas, reaccionamos de forma automática evitando el encuentro. El gesto ha sido instantáneo, casi inconsciente. La pregunta no es juzgar el gesto, sino indagar: ¿qué creencia-ley ha activado esa reacción? Al mirar con honestidad, tal vez descubramos un recuerdo infantil, una advertencia escuchada en el pasado, una experiencia que fue interpretada como amenaza y que se convirtió en ley interior.
En realidad, la causa no está en la situación presente, sino en la creencia que permitimos que gobierne nuestra mente.
La lección de hoy nos recuerda que no estamos sujetos a esas leyes, aunque las hayamos aceptado como reales. Solo existe una Ley verdadera: la Ley de Dios, la Ley del Amor. Reconocer esto es el primer paso para liberarnos de las cadenas invisibles que nosotros mismos hemos forjado y volver a elegir desde la conciencia y la unidad.
Reflexión: ¿Qué ley o norma de este mundo te ha llevado a encontrar la salvación?

Estoy haciendo el curso, y voy por esta lección.
ResponderEliminarHe topado con tu blog, y me ha encantado. Algunos días necesito una explicación del ejercicio, porque no termino de entender alguna cosa.
Sin lugar a dudas, lo seguiré haciendo con tu blog.
Muchas gracias
EXCELENTE
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ResponderEliminarPor lo visto UCDM sirve para el "mundo real"solamente, pongo entre comillas mundo real, que nadie ha visto. En todo caso en este mundo que llaman ilusiones es el mundo que todos vemos y lo curioso es que en este mundo UCDM no estorba pero tampoco ayuda. Todo lo resumen a que estamos creyendo en un mundo fuera y Eso es el sueño, sin embargo no te ayudará en nada en este mundo de ilusiones, paradójico.
No mas que tu comentario.
EliminarGracias J.J
ResponderEliminarSoy un Ser Libre,Feliz y Abundante sujeto solamente a la Voluntad de Dios💙💙💙💙💙💙🤍🤍🤍🤍🤍🤍✨✨✨✨🙏🙏🙏🙏🙏🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳
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