lunes, 17 de marzo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 76

LECCIÓN 76

No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

1. Hemos visto antes cuántas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. 2Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas. 3Sin embargo, no estás aprisionado por ninguna de esas cosas. 4Mas para comprender que esto es cierto, primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. 5Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. 6Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.

2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo. 2Pues si pudieses, buscarías la salvación eternamente donde no está, y jamás la hallarías. 3La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación. 4Búscala allí donde te espera y allí la halla­rás. 5No la busques en ninguna otra parte, pues no está en nin­guna otra parte.

3. Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promul­gado para que te salven. 2Crees realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tiras de papel moneda y montones de discos de metal. 3Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido inyectado en tus venas con una fina aguja te resguardará de las enfermedades y de la muerte. 4Crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo.

4. La demencia es la que piensa estas cosas. 2Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito. 3Crees que debes obedecer las "leyes" de la medicina, de la econo­mía y de la salud. 4Protege el cuerpo y te salvarás.

5. Eso no son leyes, sino locura. 2EI cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma. 3El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma. 4El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre. 5No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir. 6De esto es de lo que tus "leyes" quieren salvar al cuerpo. 7Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.

6. No hay más leyes que las de Dios. 2Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la Voluntad de Dios. 3Tu magia no tiene sentido. 4Lo que pretende salvar no existe. 5Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.

7. Las leyes de Dios jamás pueden ser reemplazadas. 2Dedicare­mos el día de hoy a regocijarnos de que así sea. 3No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando. 4En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre. 5La magia aprisiona, pero las leyes de Dios liberan. 6La luz ha llegado porque no hay más leyes que las de Él.

8. Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las diferentes clases de "leyes" que hemos creído necesario acatar. 2Éstas incluyen, por ejemplo, las "leyes" de la nutrición, de la inmunización, de los medicamentos y de la pro­tección del cuerpo en las innumerables maneras en que ésta se lleva a cabo. 3Crees también en las "leyes" de la amistad, de las "buenas" relaciones y de la reciprocidad. 4Puede que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo. 5Muchas "religiones" se han basado en eso. 6Dichas reli­giones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo. 7En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otras "leyes" que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.

9. No hay más leyes que las de Dios. 2Deshecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad. 3Estarás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las leyes de Dios las pérdidas no existen. 4No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios; 5no hay sustitutos y ninguna cosa es reemplazada por otra. 6Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada.

10. Escucha a Aquél que te dice esto y date cuenta de cuán insensa­tas son las "leyes" que tú pensabas regían el mundo que creías ver. 2Sigue prestando atención. 3Él te dirá más. 4Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, 5de la infinita dicha que te ofrece, 6de la ardiente añoranza que siente por Su único Hijo, creado como Su canal de creación, pero que éste le niega debido a su creencia en el infierno.

11. Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Volun­tad se extienda a través de nosotros hasta Él. 2De esa manera es como la creación se expande infinitamente. 3Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus leyes mantienen por siempre ilimitados. 4Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios. 5Después nos diremos a nosotros mismos, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica:

6No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

12. Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posi­ble; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día. 2Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y de toda tiranía. 3Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que Su Hijo se ha salvado.

¿Qué me enseña esta lección? 

Esta lección me trae una nueva certeza que ilumina la conciencia cuando el despertar comienza a afianzarse y dejamos de identificarnos con el sueño como si fuese la realidad.

Mientras permanecemos identificados con el ego, creemos vivir en un mundo regido por un conjunto de leyes que parecen organizar la existencia y darle sentido. Son leyes que regulan el tiempo, el espacio, el esfuerzo, el mérito, la recompensa y el castigo. Bajo su influencia, creemos que vivir es adaptarnos a ese entramado para sobrevivir y para alcanzar una felicidad que siempre parece depender de condiciones externas.

Sin embargo, estas leyes no tienen otro propósito que preservar el mundo ilusorio en el que el ego encuentra su identidad. Son las falsas creencias que le permiten subsistir. Sin ellas, el ego no podría mantenerse, pues su existencia depende de que el cambio, la pérdida y la escasez sean considerados reales.

Desde la visión espiritual, toda ley que esté sujeta al cambio deja de ser verdadera. Lo que cambia no puede ser real. Por ello, la práctica que esta lección nos propone consiste en examinar nuestras creencias y descubrir su falta de valor real. Ninguna de ellas conduce a la salvación. Ninguna puede ofrecernos paz duradera. Ninguna puede llevarnos a la felicidad que no fluctúa.

El conjunto de leyes del ego intenta dar coherencia a una existencia efímera y transitoria. Promete bienestar, éxito y seguridad, pero lo hace dentro de un marco que inevitablemente conduce al miedo, a la pérdida y al conflicto. El ego busca la felicidad dentro del sueño, cuando la única vía de salvación consiste en trascender ese sistema de pensamiento.

Un Curso de Milagros nos recuerda que solo existe una Ley verdadera: la Ley del Amor, la Ley de Dios. Esta Ley no castiga, no limita y no exige sacrificios. No se basa en el esfuerzo ni en el merecimiento. Es una Ley que se extiende continuamente porque es la expresión natural de lo que somos.

Mientras creamos que la felicidad proviene del bien-estar —es decir, de condiciones externas favorables—, ninguna ley que inventemos podrá sostenerla. El bienestar es siempre inestable porque pertenece al tiempo. Lo que hoy parece placentero, mañana puede perderse. Por eso no puede garantizar el gozo permanente.

Solo la verdad es real y solo la verdad es eterna. Cuando la felicidad se fundamenta en la expansión de lo que somos, deja de depender de circunstancias. Entonces el gozo ya no es una emoción pasajera, sino un estado del Ser. A este reconocimiento lo llamamos bien-ser: la manifestación consciente de nuestra divinidad.

Esta lección me enseña que no estoy sujeto a otras leyes que a las de Dios, y que al aceptar esta verdad, comienzo a liberarme de las cadenas invisibles que yo mismo había aceptado como reales.

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de esta lección es deshacer la creencia de que la vida está regida por leyes externas, impersonales y hostiles.

Después de reconocer que:

  • la luz ya ha llegado (75),
  • no hay conflicto real de voluntad (74),
  • la paz es natural,

el Curso aborda ahora la raíz de la sensación de vulnerabilidad: La creencia de que estoy sometido a leyes que no reflejan el Amor.

El ego se apoya en la idea de leyes inevitables del tiempo, del cuerpo, de la pérdida, del sacrificio y del castigo.

La lección no niega la experiencia humana, pero cuestiona su interpretación como ley real.

Instrucciones prácticas:

La práctica es reflexiva y liberadora:

• Repetir la idea lentamente.
• Contemplar qué “leyes” crees obedecer.
• Permitir que sean cuestionadas.

Durante el día: Aplicar la idea cuando:

  • aparezca sensación de impotencia,
  • surja miedo al futuro,
  • te sientas atrapado por circunstancias,
  • creas que “no hay alternativa”.

La práctica no consiste en desafiar el mundo, sino en retirar la autoridad mental que le has concedido.

Aspectos psicológicos y espirituales:

En el terreno psicológico, esta lección confronta una creencia profundamente arraigada: “Hay reglas de la vida que no puedo cambiar.”

Psicológicamente, esta creencia genera resignación, ansiedad anticipatoria, victimismo sutil y adaptación por miedo.

Aceptar que no estoy bajo otras leyes que las de Dios produce efectos claros:

• reduce la sensación de fatalismo,
• devuelve margen de elección interior,
• suaviza la ansiedad estructural,
• restaura confianza básica.

No porque desaparezcan los hechos, sino porque pierden su estatus de condena.

Espiritualmente, esta lección afirma: las leyes de Dios son expresión de Su Amor.

No castigan. No privan. No contradicen la felicidad.

Si una “ley” genera miedo, culpa o pérdida, no procede de Dios.

Aquí el Curso desmonta la idea de un universo regido por fuerzas ciegas
y la sustituye por una verdad radical: La realidad está regida por Amor, no por azar.

Relación con la progresión del Curso:

La secuencia se profundiza así:

• 73 → Disposición a la luz
• 74 → Unidad de voluntad
• 75 → Reconocimiento de la luz
• 76 → Liberación de las falsas leyes

Esta lección consolida la paz al retirar uno de los últimos pilares del miedo: la autoridad del mundo sobre la identidad.

Consejos para la práctica:

• No usar la idea para negar responsabilidades prácticas.
• No interpretarla como omnipotencia del ego.
• No discutir intelectualmente cada “ley”.

Aplicarla cuando surjan pensamientos como:

• “Así son las cosas.”
• “No puedo hacer nada.”
• “Esto es inevitable.”
• “La vida es así.”

Y repetir suavemente: “No estoy bajo otras leyes que las de Dios.”

Como recordatorio de protección, no como desafío.

Conclusión final:

La Lección 76 enseña que la libertad no se alcanza cambiando el mundo, sino cuestionando la autoridad que le hemos concedido.

No estás gobernado por fuerzas sin amor. No estás a merced del azar.
No estás condenado por leyes injustas.

El Curso afirma aquí una verdad profundamente tranquilizadora: Nada puede oponerse a las leyes de Dios, y Sus leyes sólo sostienen la paz.

Frase inspiradora final: “Cuando recuerdo que sólo las leyes del Amor me gobiernan, el miedo pierde su fundamento.”

Ejemplo-Guía: ¿Qué leyes rigen tu vida?

A lo largo de nuestra vida instituimos leyes para sostener y proteger nuestras creencias. Sin darnos cuenta, caminamos por el mundo cargados de normas internas que condicionan nuestras decisiones, nuestras reacciones y nuestra forma de interpretar lo que nos sucede.

El origen de muchas de estas leyes-creencias se remonta al relato simbólico del Génesis, cuando Adán y Eva fueron “expulsados” del Paraíso Terrenal y “condenados” a ganarse el sustento con el sudor de su frente. Más allá de su lectura literal, este relato describe el nacimiento de una creencia fundamental: la creencia en la necesidad.

Antes de esa aparente expulsión, la conciencia descansaba en la abundancia. Tras aceptar la tentación de conocer el bien y el mal —es decir, tras elegir la percepción dual—, la plenitud fue sustituida por la escasez. El conocimiento dejó de ser una certeza interior y pasó a convertirse en algo que debía adquirirse mediante la experiencia, el esfuerzo y el aprendizaje en el mundo de la percepción.

Esta creencia-ley se manifiesta como una norma silenciosa que gobierna muchas de nuestras decisiones: para obtener, hay que luchar; para conservar, hay que defender. Así, el miedo se convierte en el motor de la acción. Cuando logramos aquello que deseamos, el temor a perderlo aparece de inmediato, y con él surge el ataque como falsa forma de protección.

Observemos nuestras vidas con atención. Hagamos un ejercicio de retrospección para descubrir la relación causa-efecto que se repite a lo largo de nuestras experiencias. Si logramos identificar un efecto —una situación conflictiva, por ejemplo— y retrocedemos mentalmente en el tiempo, descubriremos la causa que lo originó.

Imaginemos un conflicto reciente en la relación de pareja. Si nos quedamos únicamente con el hecho aislado, tenderemos a juzgar y a condenar: al otro o a nosotros mismos. Pero si profundizamos, veremos que el conflicto tuvo su origen en una decisión previa, quizá aparentemente insignificante, tomada desde la separación y no desde la unidad. La vida, como aliada del despertar, nos muestra el efecto para que podamos reconocer la causa y elegir de nuevo.

Este ejercicio no busca culpables, sino comprensión. Nos ayuda a responder a una pregunta esencial: ¿qué leyes-creencias gobiernan mi vida?

Muchas de nuestras decisiones son automáticas. Actuamos como si nuestra mente funcionara en piloto automático. Conducimos un vehículo, el semáforo se pone en rojo y frenamos sin pensar. Nuestra atención sigue en otra parte. De igual modo, en la vida cotidiana reaccionamos sin plena conciencia, guiados por un código interno que rara vez cuestionamos.

Solo cuando observamos los efectos —cuando experimentamos paz o conflicto— comenzamos a sospechar que detrás de nuestras reacciones hay creencias profundamente arraigadas. Algunas se adquirieron en la infancia; otras forman parte del inconsciente colectivo y se transmiten de generación en generación.

El ejercicio que propone esta lección es una invitación a descubrir la creencia oculta detrás del comportamiento. Aplicando la retrospección, podemos identificar la ley interna que nos condiciona. A veces nos sorprenderá descubrir creencias de las que no éramos conscientes.

Por ejemplo, caminamos por la calle y, al cruzarnos con un grupo de personas, reaccionamos de forma automática evitando el encuentro. El gesto ha sido instantáneo, casi inconsciente. La pregunta no es juzgar el gesto, sino indagar: ¿qué creencia-ley ha activado esa reacción? Al mirar con honestidad, tal vez descubramos un recuerdo infantil, una advertencia escuchada en el pasado, una experiencia que fue interpretada como amenaza y que se convirtió en ley interior.

En realidad, la causa no está en la situación presente, sino en la creencia que permitimos que gobierne nuestra mente.

La lección de hoy nos recuerda que no estamos sujetos a esas leyes, aunque las hayamos aceptado como reales. Solo existe una Ley verdadera: la Ley de Dios, la Ley del Amor. Reconocer esto es el primer paso para liberarnos de las cadenas invisibles que nosotros mismos hemos forjado y volver a elegir desde la conciencia y la unidad.


Reflexión: ¿Qué ley o norma de este mundo te ha llevado a encontrar la salvación?

6 comentarios:

  1. Estoy haciendo el curso, y voy por esta lección.
    He topado con tu blog, y me ha encantado. Algunos días necesito una explicación del ejercicio, porque no termino de entender alguna cosa.
    Sin lugar a dudas, lo seguiré haciendo con tu blog.
    Muchas gracias

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  2. Por lo visto UCDM sirve para el "mundo real"solamente, pongo entre comillas mundo real, que nadie ha visto. En todo caso en este mundo que llaman ilusiones es el mundo que todos vemos y lo curioso es que en este mundo UCDM no estorba pero tampoco ayuda. Todo lo resumen a que estamos creyendo en un mundo fuera y Eso es el sueño, sin embargo no te ayudará en nada en este mundo de ilusiones, paradójico.

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  3. Soy un Ser Libre,Feliz y Abundante sujeto solamente a la Voluntad de Dios💙💙💙💙💙💙🤍🤍🤍🤍🤍🤍✨✨✨✨🙏🙏🙏🙏🙏🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳

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