miércoles, 19 de agosto de 2026

Capítulo 27. II. El temor a sanar (12ª parte).

 II. El temor a sanar (12ª parte).

12. La corrección que quisieras llevar a cabo no puede sino cau­sar separación, ya que ésa es la función que tú le otorgaste. 2Cuando percibas que la corrección es lo mismo que el perdón, sabrás también que la Mente del Espíritu Santo y la tuya son una. 3Y de esta manera, habrás hallado tu propia Identidad. 4No obs­tante, Él tiene que operar con lo que se le da, y tú sólo le permites ocupar la mitad de tu mente. 5Y así, Él representa la otra mitad, y parece tener un propósito diferente de aquel que tú abrigas y crees que es el tuyo. 6De este modo, tu función parece estar divi­dida, con una de sus mitades en oposición a la otra. 7Esas dos mitades parecen representar la separación de un ser que se percibe dividido en dos.

Este punto continúa profundizando en la diferencia entre la corrección del ego y la corrección del Espíritu Santo.

El Curso afirma que la corrección que nosotros quisiéramos llevar a cabo sólo puede causar separación, porque ésa es precisamente la función que le hemos dado. Para la mente dividida, corregir significa señalar el error, marcar la diferencia, demostrar quién ve mejor, quién tiene razón y quién necesita ser cambiado. Por eso, cuando intentamos corregir desde el ego, aunque parezca que queremos ayudar, en realidad reforzamos la separación.

La verdadera corrección, en cambio, es lo mismo que el perdón. No acusa. No humilla. No separa. No convierte al hermano en alguien distinto, inferior o más culpable. Corrige porque deshace la percepción falsa que veía culpa donde sólo había error. Cuando comprendemos esto, empezamos a reconocer que nuestra mente y la Mente del Espíritu Santo tienen un mismo propósito.

Ahí se recupera la Identidad.

Mensaje central del punto:

  • La corrección que nace del ego siempre causa separación.
  • Esto ocurre porque el ego le ha dado a la corrección la función de acusar.
  • Cuando vemos que corregir es perdonar, reconocemos la unidad con la Mente del Espíritu Santo.
  • En esa unidad se encuentra nuestra verdadera Identidad.
  • Pero el Espíritu Santo sólo puede operar con lo que le entregamos.
  • Si sólo le damos la mitad de la mente, Su propósito parece limitado.
  • Entonces parece haber dos propósitos: el suyo y el nuestro.
  • La función parece dividida.
  • Una parte de la mente quiere perdonar; otra quiere corregir acusando.
  • Esa división refleja la percepción de un ser dividido en dos.
  • La sanación consiste en permitir que toda la mente tenga un solo propósito.

Claves de comprensión:

  • El ego usa la corrección como ataque disfrazado.
  • Quiere corregir para separar, clasificar, señalar y condenar.
  • El Espíritu Santo corrige perdonando.
  • Su corrección no aumenta la culpa; la deshace.
  • Mientras creo que corregir y perdonar son cosas distintas, mi mente sigue dividida.
  • Cuando comprendo que la única corrección real es el perdón, mi función se unifica.
  • La identidad se reconoce a través de la función.
  • Si acepto una función dividida, me percibo dividido.
  • Si acepto una función unificada, recuerdo mi Identidad una.
  • El Espíritu Santo no invade la mente; trabaja con lo que se le entrega.
  • Si sólo le entrego una parte, la otra parte parece seguir defendiendo el propósito del ego.
  • De ahí nace el conflicto interior: una mitad quiere paz y otra quiere tener razón.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

Observa cuándo parece haber dos propósitos en ti:

  • “Quiero perdonar, pero también quiero que se reconozca que tengo razón”.
  • “Quiero estar en paz, pero antes necesito corregir al otro”.
  • “Quiero soltar, pero no quiero que quede libre de culpa”.
  • “Quiero sanar, pero sigo pensando que alguien debe cambiar”.
  • “Quiero escuchar al Espíritu Santo, pero sólo en parte”.
  • “Quiero paz, pero conservo una zona donde todavía mando yo”.
  • “Quiero unión, pero necesito que mi hermano vea su error”.

Entonces pregúntate:

→ “¿Estoy corrigiendo desde el ego o permitiendo que el Espíritu Santo corrija mi percepción?”
→ “¿Estoy usando la corrección para separar?”
→ “¿Estoy dispuesto a ver que corregir es perdonar?”
→ “¿Qué mitad de mi mente todavía no quiero entregar?”
→ “¿Hay una parte de mí que quiere paz y otra que quiere acusar?”
→ “¿Estoy dispuesto a unificar mi función bajo un solo propósito?”

Este punto es muy útil porque describe algo que todos experimentamos: la división interior. Una parte de la mente quiere sinceramente sanar. Pero otra parte, todavía quiere conservar el juicio. Una parte quiere perdonar. Otra quiere corregir al hermano. Una parte quiere descansar en el Espíritu Santo. Otra quiere mantener el control.

El Curso no nos culpa por esa división. Sólo nos invita a verla y a entregarla.

Preguntas para la reflexión personal

  • ¿Estoy usando la corrección como una forma de separación?
  • ¿A quién quiero corregir antes de perdonarlo?
  • ¿Creo que perdonar significa renunciar a corregir?
  • ¿Puedo aceptar que la única corrección verdadera es el perdón?
  • ¿Qué parte de mi mente aún no he entregado al Espíritu Santo?
  • ¿Estoy permitiendo que Él ocupe toda mi mente o sólo una mitad?
  • ¿Qué propósito del ego sigo creyendo que es mío?
  • ¿Estoy dispuesto a reconocer una sola función y una sola Identidad?

Conclusión

La corrección del ego separa.
La corrección del Espíritu Santo perdona.

Ésta es la diferencia esencial. Cuando intento corregir desde mi mente dividida, convierto al hermano en objeto de mi juicio. Lo veo como alguien que necesita ser arreglado, cambiado o señalado. Y en ese mismo instante dejo de verlo como uno conmigo.

Pero cuando percibo que corregir es perdonar, algo se unifica dentro de mí. Ya no hay dos funciones. Ya no hay dos propósitos. Ya no hay una parte de mi mente que quiere paz y otra que quiere acusar. Empiezo a comprender que mi función y la del Espíritu Santo no están en conflicto cuando dejo de querer apropiarme de la corrección.

El Espíritu Santo sólo puede operar con lo que le entrego. Si le doy media mente, parecerá que media mente sigue en guerra. Pero si le entrego toda mi percepción, Su propósito deja de parecer distinto del mío. Entonces la función se unifica, y con ella se revela la Identidad.

No soy juez.
No soy corrector.
No soy acusador.
No soy una mente partida entre el amor y la culpa.

Soy el Hijo de Dios recordando, a través del perdón, que su única función es sanar.

Frase inspiradora: “No usaré la corrección para separar; entregaré toda mi mente al Espíritu Santo para que corregir y perdonar sean una sola función en mí.”

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