LECCIÓN 98
Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.
1. Hoy es un día de una
consagración especial. 2Hoy vamos a adoptar una postura firme en
favor de un solo bando. 3Nos vamos a poner de parte de la verdad y a
abandonar las ilusiones. 4No vacilaremos entre una cosa y otra, sino
que adoptaremos una firme postura en favor de Dios. 5Hoy nos vamos a
consagrar a la verdad, y a la salvación tal como Dios la planeó. 6No
vamos a alegar que es otra cosa 7ni a buscarla donde no está. 8La
aceptaremos gustosamente tal como es, y desempeñaremos el papel que Dios nos
asignó.
2. ¡Qué dicha
tener certeza! 2Hoy dejamos de lado todas nuestras dudas y nos afianzamos
en nuestra postura, seguros de nuestro propósito y agradecidos de que la duda
haya desaparecido y la certeza haya llegado. 3Tenemos una importante
función que desempeñar y se nos ha provisto de todo cuanto podamos necesitar
para alcanzar la meta. 4Ni una sola equivocación se interpone en
nuestro camino. 5Hemos sido absueltos de todo error. 6Hemos
quedado limpios de todos nuestros pecados al habernos dado cuenta de que no
eran sino errores.
3. Los que están
libres de culpa no tienen miedo, pues están a salvo y reconocen su seguridad. 2No
recurren a la magia, ni ingenian posibles escapatorias de amenazas imaginarias
y desprovistas de realidad. 3Descansan en la serena certeza de que
llevarán a cabo lo que se les encomiende hacer. 4No ponen en duda su
propia capacidad porque saben que cumplirán debidamente su función en el
momento y lugar perfectos. 5Ellos adoptaron la postura que nosotros
vamos a adoptar hoy, a fin de que pudiésemos compartir su certeza y aumentarla
mediante nuestra aceptación.
4. Todos aquellos
que adoptaron la postura que hoy vamos a adoptar nosotros estarán a nuestro
lado y nos transmitirán gustosamente todo cuanto aprendieron, así como todos
sus logros. 2Los que todavía no están seguros también se unirán a
nosotros y, al compartir nuestra certeza, la reforzarán todavía más. 3Y
los que aún no han nacido, oirán la llamada
que nosotros hemos oído, y la contestarán cuando hayan venido a elegir de
nuevo. 4Hoy no elegimos sólo para nosotros.
5. ¿No vale la
pena acaso dedicar cinco minutos de tu tiempo cada hora a cambio de poder
aceptar la felicidad que Dios te dio? 2¿No vale la pena acaso
dedicar cinco minutos de cada hora a fin de reconocer cuál es tu función
especial aquí? 3¿Qué son cinco minutos si a cambio de ello puedes
recibir algo tan grande que es inconmensurable? 4Has hecho por lo
menos mil tratos en los que saliste perdiendo.
6. He aquí una
oferta que garantiza tu total liberación de cualquier clase de dolor y una
dicha que no es de este mundo. 2Puedes intercambiar una pequeña
parte de tu tiempo por paz interior y certeza de propósito, con la promesa de
que triunfarás. 3Y puesto
que el tiempo no tiene significado, se te está dando todo a cambio de nada. 4He
aquí un trato en el que no puedes perder. 5Y lo que ganas es en
verdad ilimitado.
7. Ofrécele hoy tu
modesta dádiva de cinco minutos cada hora. 2Él impartirá a las
palabras que utilices al practicar con la idea de hoy la profunda convicción y
firmeza de las que tú careces. 3Sus palabras se unirán a las tuyas y
harán de cada repetición de la idea de hoy una absoluta consagración, hecha con
fe tan perfecta y segura como la que Él tiene en ti. 4La confianza
que Él tiene en ti impartirá luz a todas las palabras que pronuncies, e irás
más allá de su sonido a lo que verdaderamente significan. 5Hoy practicas
con Él mientras dices:
6Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la
salvación.
8. En cada uno de
los períodos de cinco minutos que pases con Él, Él aceptará tus palabras y te
las devolverá radiantes de una fe y confianza tan grandes e inquebrantables que
iluminarán el mundo con esperanza y felicidad. 2No dejes pasar ni
una sola oportunidad de ser el feliz receptor de Sus regalos, para que a tu vez
puedas dárselos hoy al mundo.
9. Ofrécele las
palabras y Él se encargará del resto. 2Él te ayudará a entender tu
función especial. 3Él allanará el
camino que te conduce a la felicidad, y la paz y la confianza serán Sus
regalos, Su respuesta a tus palabras. 4Él responderá con toda Su fe,
dicha y certeza que lo que dices es verdad. 5Y entonces gozarás de la misma convicción de que goza
Aquel que conoce tu función en la tierra así como en el Cielo. 6Él
estará contigo durante cada sesión de práctica que compartas con Él, e
intercambiará cada instante de tiempo que le ofrezcas por intemporalidad y paz.
10. Pasa la hora preparándote
felizmente para los próximos cinco minutos que vas a volver a pasar con Él. 2Repite
la idea de hoy mientras esperas la llegada de ese feliz momento. 3Repítela
a menudo, y no te olvides de que cada vez que lo haces, preparas a tu mente
para el feliz momento que se acerca.
11. Y cuando la hora haya
transcurrido y Él esté ahí una vez más para pasar otro rato contigo, siéntete
agradecido y deja a un lado toda tarea mundana, pensamiento insignificante o
idea restrictiva, y pasa un feliz rato en Su compañía otra vez. 2Dile
una vez más que aceptas el papel que Él quiere que asumas y que te ayudará a
desempeñar, y Él hará que estés seguro de que deseas tomar esa decisión, la
cual Él ya ha tomado contigo y tú con Él.
¿Qué me enseña esta lección?
Esta lección va más allá del simple reconocimiento del Ser.
Nos invita a manifestar conscientemente nuestra decisión, nuestra
elección libre, de formar parte del Plan de Salvación dispuesto por Dios para
Su Hijo. En esa elección se encuentra implícita una certeza profunda: sabemos
cuál es nuestra función.
Cuando este estado de lucidez se experimenta en su plenitud,
nos sitúa en una dimensión más sutil del ser. No porque abandonemos el mundo,
sino porque dejamos de cargar con el peso que antes nos condicionaba: la culpa,
el miedo, el desamor y la sensación de carencia pierden su poder sobre nuestra
conciencia.
Seguimos vinculados al plano del mundo físico, pero ya no
estamos atrapados en él. Nos servimos de su nivel de manifestación, pero
dejamos de caminar a ciegas, sin rumbo ni propósito. El destino ya no es una
incógnita gobernada por el azar; ahora adquiere el rostro del camino que
elegimos conscientemente recorrer.
Tomamos plena conciencia —y así lo elegimos— de que ya no
somos personajes que interpretan un guion impuesto por las circunstancias.
Hemos despertado. Nos reconocemos como actores conscientes del único guion
que verdaderamente importa: recordar que somos Hijos de Dios y cumplir
nuestra función dentro del Plan de Salvación.
Desde esta certeza, la vida deja de ser una sucesión de
acontecimientos inciertos y se convierte en una expresión coherente de la
Voluntad que compartimos con nuestro Creador.
Propósito y sentido de la lección:El propósito de la Lección 98 es: Aceptar que tu papel en el plan de Dios es real,
indispensable y ya te ha sido asignado.
La lección te invita a:
- abandonar la autoimagen de pequeñez,
- dejar de interferir con la guía interior,
- soltar la creencia de que debes saber qué hacer,
- confiar en que tu función está integrada en el plan universal,
- reconocer que tu papel ya está determinado por tu Ser, no por el ego.
Aquí el Curso corrige una confusión central: No tienes que inventar tu propósito; solo tienes
que aceptar el que Dios ya estableció.
Instrucciones prácticas:
Períodos largos
- Repite: “Aceptaré
el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.”
- Permite
que los pensamientos se aquieten sin esfuerzo.
- No
busques comprender tu función.
- No trates
de definirla.
- No te
culpes si surgen dudas o pensamientos de indignidad.
- Descansa
en la disposición a permitir que tu papel se revele.
Durante el día
Repetir la idea cada vez que surjan:
- dudas
sobre tu valía,
- sensación
de falta de propósito,
- miedo al
futuro,
- confusión
sobre decisiones,
- creencias
de insuficiencia,
- pensamientos
de “no sé qué debo hacer”.
La idea transforma estas percepciones porque te
devuelve a la verdad: “Mi papel no depende de mi ego, sino de mi Ser.”
Aspectos psicológicos:
Esta lección tiene un impacto psicológico
esencial:
- Deshace el sentimiento de insignificancia.
- Reconstruye una sensación interna de propósito.
- Reduce la ansiedad sobre el futuro.
- Alivia la autocrítica por “no saber qué hacer”.
- Elimina la presión de decidir solo.
- Refuerza la autoestima desde dentro, no desde el logro.
- Reduce el miedo al error.
- Permite descansar del esfuerzo constante por “merecer”.
La idea libera al estudiante de la carga del “yo
tengo que descubrir mi propósito”.
Aspectos espirituales:
Espiritualmente, la lección afirma que:
- Tu función viene de Dios, no del ego.
- Tu papel se deriva de tu Ser, no de circunstancias externas.
- No puedes fallar en lo que ya está asignado por Dios.
- Tu parte es indispensable en el despertar colectivo.
- La salvación no es personal: es un acto de unión.
Cuando aceptas esto, tu vida deja de ser un
intento de construir identidad
y se convierte en un acto de reconocimiento:
Acepto lo que soy. Acepto lo que ya es. Acepto el
plan que Dios estableció.
Relación con la progresión del Curso:
La secuencia interior es perfecta:
- 95 → Soy
uno con mi Creador.
- 96 → La
salvación procede de mi único Ser.
- 97 → Soy
espíritu.
- 98 → Como
espíritu, ya tengo un papel en el plan de Dios.
- 99–100 →
Aceptación plena de la inocencia y la alegría.
La Lección 98 marca el paso del reconocimiento
del Ser
a la aceptación del papel que ese Ser desempeña.
Es un puente entre identidad y función: “Ahora
que sé quién soy, acepto lo que me corresponde hacer.”
Consejos para la práctica:
• No analices ni interpretes tu “papel”.
• No esperes recibir instrucciones específicas hoy.
• No uses la idea para forzarte a actuar.
• No te culpes por sentir resistencia.
• No creas al ego cuando dice que no eres digno.
• No pienses que debes “averiguar” tu misión.
✔ Repite la
idea con serenidad.
✔ Reconoce la resistencia sin
concederle autoridad.
✔ Confía en que tu papel se revelará
por su cuenta.
✔ Mantente abierto y disponible, no
esforzado.
Conclusión final:
La lección 98 ofrece una verdad profundamente
liberadora: Tu papel en el plan de Dios existe, es indispensable y ya está
cumplido en lo eterno.
Tu única tarea es aceptarlo.
No necesitas entender, lograr, cambiar ni merecer
nada. Basta con decir:
“Sí.”
Ese “sí” abre la puerta a la revelación interior,
porque la aceptación permite que el plan se cumpla en ti.
Frase
inspiradora: “Cuando acepto mi papel en el plan de Dios, descubro que ya estoy
exactamente donde debo estar.”
Ejemplo-Guía: ¿Dónde buscamos la felicidad?
“Dime qué
buscas y te diré quién eres” es una adaptación de un conocido dicho popular.
Más allá de su uso cotidiano, esta expresión encierra una clave fundamental
para comprender el significado profundo de la búsqueda de la felicidad.
No resulta
difícil establecer la relación: buscamos aquello que deseamos, y lo que
deseamos revela cómo nos percibimos a nosotros mismos, es decir, la identidad
con la que nos identificamos. Si nuestra mente percibe un mundo orientado al
placer y al disfrute, nuestros deseos se dirigirán hacia aquello que creemos
que nos proporcionará gozo. Si buscamos estímulos, experiencias o sensaciones
agradables, organizaremos nuestra vida para alcanzarlas. Hasta aquí, todo
parece lógico y comprensible.
Sin embargo, no
todos buscamos la felicidad en la misma dirección. Y si preguntamos por qué
existe esta diversidad, la respuesta más habitual será: “cada uno es como es”.
Con ello se quiere decir que buscamos en función de cómo somos… o, más
exactamente, de cómo creemos ser.
Aquí surge una
pregunta clave, una pregunta que conviene formular con honestidad: ¿El logro de aquello que buscamos nos aporta una felicidad real y duradera?
Esta es una
pregunta sutil, casi engañosa. Muchos responderán que sí, que alcanzar aquello
que deseaban les produjo felicidad. Pero, al observar con mayor profundidad,
descubrimos que esa felicidad suele ser frágil, transitoria, efímera, como la
belleza de una flor. Y cuando se desvanece, nos vemos impulsados a buscar de
nuevo: nuevas metas, nuevos deseos, nuevas experiencias que prometan una
felicidad más estable.
Este ciclo
incesante revela algo importante: no estamos buscando una felicidad
pasajera, sino una felicidad permanente. Los estados de frustración, vacío
o tristeza que aparecen cuando el placer se desvanece muestran que lo que hemos
alcanzado no era suficiente. Y si lo que buscamos define lo que creemos ser,
entonces el malestar no solo afecta a lo que tenemos, sino a lo que creemos que
somos. De ahí surgen los sentimientos de insatisfacción, desvalorización y
pérdida de sentido.
En lecciones
anteriores ya se ha distinguido entre los conceptos de bien-estar y bien-ser.
El bien-estar responde a la búsqueda de la felicidad desde el ego, desde
la creencia en la separación. Esta visión activa emociones basadas en el miedo,
la culpa y la competencia. En su afán por satisfacer deseos personales, el ego
justifica los medios para alcanzar los fines y convierte al otro en rival. El
resultado es un camino de desgaste, donde se acumulan conflictos, frustraciones
y soledad, y donde el supuesto “reino” conquistado termina gobernado por la
insatisfacción, el temor y el dolor.
El bien-ser,
en cambio, nos invita a una comprensión radicalmente distinta. Desde esta
visión, la felicidad no se busca fuera, porque no puede encontrarse en el
mundo de la posesión ni del logro externo. La verdadera felicidad es un
estado del Ser. Es nuestra condición natural, pero ha sido olvidada.
Recuperarla exige un cambio de mirada: dejar de buscar en el mundo de la
percepción corporal y volver la atención hacia el Espíritu, nuestra verdadera
identidad.
Buscar la
felicidad desde el bien-ser nos conduce a la comunión con Dios y a la
escucha de Su Voz, el Espíritu Santo. En ese diálogo interior, la mente deja de
pedir cosas y se limita a aceptar. La oración ya no es una súplica, sino una
afirmación serena:
Padre, acepto
Tu Salvación y asumo, con certeza, la función que me has encomendado.
Desde esa
aceptación nace el instante santo. En él reconocemos lo que somos: el Hijo de
Dios. Y a partir de ese reconocimiento, solo queda una elección auténtica: aceptar
la felicidad que Dios nos dio, cumpliendo nuestra función de perdonar.
Esa elección no
produce esfuerzo, ni lucha, ni búsqueda. Produce una sola respuesta: la paz interior.
Reflexión: ¿Cuál es el papel que Dios ha designado a su Hijo?
2. ¡Qué dicha
tener certeza! 2Hoy dejamos de lado todas nuestras dudas y nos afianzamos
en nuestra postura, seguros de nuestro propósito y agradecidos de que la duda
haya desaparecido y la certeza haya llegado. 3Tenemos una importante
función que desempeñar y se nos ha provisto de todo cuanto podamos necesitar
para alcanzar la meta. 4Ni una sola equivocación se interpone en
nuestro camino. 5Hemos sido absueltos de todo error. 6Hemos
quedado limpios de todos nuestros pecados al habernos dado cuenta de que no
eran sino errores.
3. Los que están
libres de culpa no tienen miedo, pues están a salvo y reconocen su seguridad. 2No
recurren a la magia, ni ingenian posibles escapatorias de amenazas imaginarias
y desprovistas de realidad. 3Descansan en la serena certeza de que
llevarán a cabo lo que se les encomiende hacer. 4No ponen en duda su
propia capacidad porque saben que cumplirán debidamente su función en el
momento y lugar perfectos. 5Ellos adoptaron la postura que nosotros
vamos a adoptar hoy, a fin de que pudiésemos compartir su certeza y aumentarla
mediante nuestra aceptación.
4. Todos aquellos
que adoptaron la postura que hoy vamos a adoptar nosotros estarán a nuestro
lado y nos transmitirán gustosamente todo cuanto aprendieron, así como todos
sus logros. 2Los que todavía no están seguros también se unirán a
nosotros y, al compartir nuestra certeza, la reforzarán todavía más. 3Y
los que aún no han nacido, oirán la llamada
que nosotros hemos oído, y la contestarán cuando hayan venido a elegir de
nuevo. 4Hoy no elegimos sólo para nosotros.
5. ¿No vale la
pena acaso dedicar cinco minutos de tu tiempo cada hora a cambio de poder
aceptar la felicidad que Dios te dio? 2¿No vale la pena acaso
dedicar cinco minutos de cada hora a fin de reconocer cuál es tu función
especial aquí? 3¿Qué son cinco minutos si a cambio de ello puedes
recibir algo tan grande que es inconmensurable? 4Has hecho por lo
menos mil tratos en los que saliste perdiendo.
6. He aquí una
oferta que garantiza tu total liberación de cualquier clase de dolor y una
dicha que no es de este mundo. 2Puedes intercambiar una pequeña
parte de tu tiempo por paz interior y certeza de propósito, con la promesa de
que triunfarás. 3Y puesto
que el tiempo no tiene significado, se te está dando todo a cambio de nada. 4He
aquí un trato en el que no puedes perder. 5Y lo que ganas es en
verdad ilimitado.
7. Ofrécele hoy tu modesta dádiva de cinco minutos cada hora. 2Él impartirá a las palabras que utilices al practicar con la idea de hoy la profunda convicción y firmeza de las que tú careces. 3Sus palabras se unirán a las tuyas y harán de cada repetición de la idea de hoy una absoluta consagración, hecha con fe tan perfecta y segura como la que Él tiene en ti. 4La confianza que Él tiene en ti impartirá luz a todas las palabras que pronuncies, e irás más allá de su sonido a lo que verdaderamente significan. 5Hoy practicas con Él mientras dices:
6Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.
8. En cada uno de
los períodos de cinco minutos que pases con Él, Él aceptará tus palabras y te
las devolverá radiantes de una fe y confianza tan grandes e inquebrantables que
iluminarán el mundo con esperanza y felicidad. 2No dejes pasar ni
una sola oportunidad de ser el feliz receptor de Sus regalos, para que a tu vez
puedas dárselos hoy al mundo.
9. Ofrécele las
palabras y Él se encargará del resto. 2Él te ayudará a entender tu
función especial. 3Él allanará el
camino que te conduce a la felicidad, y la paz y la confianza serán Sus
regalos, Su respuesta a tus palabras. 4Él responderá con toda Su fe,
dicha y certeza que lo que dices es verdad. 5Y entonces gozarás de la misma convicción de que goza
Aquel que conoce tu función en la tierra así como en el Cielo. 6Él
estará contigo durante cada sesión de práctica que compartas con Él, e
intercambiará cada instante de tiempo que le ofrezcas por intemporalidad y paz.
10. Pasa la hora preparándote
felizmente para los próximos cinco minutos que vas a volver a pasar con Él. 2Repite
la idea de hoy mientras esperas la llegada de ese feliz momento. 3Repítela
a menudo, y no te olvides de que cada vez que lo haces, preparas a tu mente
para el feliz momento que se acerca.
11. Y cuando la hora haya
transcurrido y Él esté ahí una vez más para pasar otro rato contigo, siéntete
agradecido y deja a un lado toda tarea mundana, pensamiento insignificante o
idea restrictiva, y pasa un feliz rato en Su compañía otra vez. 2Dile
una vez más que aceptas el papel que Él quiere que asumas y que te ayudará a
desempeñar, y Él hará que estés seguro de que deseas tomar esa decisión, la
cual Él ya ha tomado contigo y tú con Él.
Esta lección va más allá del simple reconocimiento del Ser.
Nos invita a manifestar conscientemente nuestra decisión, nuestra
elección libre, de formar parte del Plan de Salvación dispuesto por Dios para
Su Hijo. En esa elección se encuentra implícita una certeza profunda: sabemos
cuál es nuestra función.
Cuando este estado de lucidez se experimenta en su plenitud,
nos sitúa en una dimensión más sutil del ser. No porque abandonemos el mundo,
sino porque dejamos de cargar con el peso que antes nos condicionaba: la culpa,
el miedo, el desamor y la sensación de carencia pierden su poder sobre nuestra
conciencia.
Seguimos vinculados al plano del mundo físico, pero ya no
estamos atrapados en él. Nos servimos de su nivel de manifestación, pero
dejamos de caminar a ciegas, sin rumbo ni propósito. El destino ya no es una
incógnita gobernada por el azar; ahora adquiere el rostro del camino que
elegimos conscientemente recorrer.
Tomamos plena conciencia —y así lo elegimos— de que ya no
somos personajes que interpretan un guion impuesto por las circunstancias.
Hemos despertado. Nos reconocemos como actores conscientes del único guion
que verdaderamente importa: recordar que somos Hijos de Dios y cumplir
nuestra función dentro del Plan de Salvación.
Desde esta certeza, la vida deja de ser una sucesión de
acontecimientos inciertos y se convierte en una expresión coherente de la
Voluntad que compartimos con nuestro Creador.
El propósito de la Lección 98 es: Aceptar que tu papel en el plan de Dios es real, indispensable y ya te ha sido asignado.
La lección te invita a:
- abandonar la autoimagen de pequeñez,
- dejar de interferir con la guía interior,
- soltar la creencia de que debes saber qué hacer,
- confiar en que tu función está integrada en el plan universal,
- reconocer que tu papel ya está determinado por tu Ser, no por el ego.
Aquí el Curso corrige una confusión central: No tienes que inventar tu propósito; solo tienes que aceptar el que Dios ya estableció.
Instrucciones prácticas:
Períodos largos
- Repite: “Aceptaré
el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.”
- Permite
que los pensamientos se aquieten sin esfuerzo.
- No
busques comprender tu función.
- No trates
de definirla.
- No te
culpes si surgen dudas o pensamientos de indignidad.
- Descansa
en la disposición a permitir que tu papel se revele.
Durante el día
Repetir la idea cada vez que surjan:
- dudas
sobre tu valía,
- sensación
de falta de propósito,
- miedo al
futuro,
- confusión
sobre decisiones,
- creencias
de insuficiencia,
- pensamientos
de “no sé qué debo hacer”.
La idea transforma estas percepciones porque te
devuelve a la verdad: “Mi papel no depende de mi ego, sino de mi Ser.”
Aspectos psicológicos:
Esta lección tiene un impacto psicológico
esencial:
- Deshace el sentimiento de insignificancia.
- Reconstruye una sensación interna de propósito.
- Reduce la ansiedad sobre el futuro.
- Alivia la autocrítica por “no saber qué hacer”.
- Elimina la presión de decidir solo.
- Refuerza la autoestima desde dentro, no desde el logro.
- Reduce el miedo al error.
- Permite descansar del esfuerzo constante por “merecer”.
La idea libera al estudiante de la carga del “yo
tengo que descubrir mi propósito”.
Aspectos espirituales:
Espiritualmente, la lección afirma que:
- Tu función viene de Dios, no del ego.
- Tu papel se deriva de tu Ser, no de circunstancias externas.
- No puedes fallar en lo que ya está asignado por Dios.
- Tu parte es indispensable en el despertar colectivo.
- La salvación no es personal: es un acto de unión.
Cuando aceptas esto, tu vida deja de ser un
intento de construir identidad
y se convierte en un acto de reconocimiento:
Acepto lo que soy. Acepto lo que ya es. Acepto el
plan que Dios estableció.
Relación con la progresión del Curso:
La secuencia interior es perfecta:
- 95 → Soy
uno con mi Creador.
- 96 → La
salvación procede de mi único Ser.
- 97 → Soy
espíritu.
- 98 → Como
espíritu, ya tengo un papel en el plan de Dios.
- 99–100 →
Aceptación plena de la inocencia y la alegría.
La Lección 98 marca el paso del reconocimiento
del Ser
a la aceptación del papel que ese Ser desempeña.
Es un puente entre identidad y función: “Ahora
que sé quién soy, acepto lo que me corresponde hacer.”
Consejos para la práctica:
• No analices ni interpretes tu “papel”.
• No esperes recibir instrucciones específicas hoy.
• No uses la idea para forzarte a actuar.
• No te culpes por sentir resistencia.
• No creas al ego cuando dice que no eres digno.
• No pienses que debes “averiguar” tu misión.
✔ Repite la
idea con serenidad.
✔ Reconoce la resistencia sin
concederle autoridad.
✔ Confía en que tu papel se revelará
por su cuenta.
✔ Mantente abierto y disponible, no
esforzado.
Conclusión final:
La lección 98 ofrece una verdad profundamente
liberadora: Tu papel en el plan de Dios existe, es indispensable y ya está
cumplido en lo eterno.
Tu única tarea es aceptarlo.
No necesitas entender, lograr, cambiar ni merecer
nada. Basta con decir:
“Sí.”
Ese “sí” abre la puerta a la revelación interior,
porque la aceptación permite que el plan se cumpla en ti.
Frase
inspiradora: “Cuando acepto mi papel en el plan de Dios, descubro que ya estoy
exactamente donde debo estar.”
Ejemplo-Guía: ¿Dónde buscamos la felicidad?
“Dime qué
buscas y te diré quién eres” es una adaptación de un conocido dicho popular.
Más allá de su uso cotidiano, esta expresión encierra una clave fundamental
para comprender el significado profundo de la búsqueda de la felicidad.
No resulta
difícil establecer la relación: buscamos aquello que deseamos, y lo que
deseamos revela cómo nos percibimos a nosotros mismos, es decir, la identidad
con la que nos identificamos. Si nuestra mente percibe un mundo orientado al
placer y al disfrute, nuestros deseos se dirigirán hacia aquello que creemos
que nos proporcionará gozo. Si buscamos estímulos, experiencias o sensaciones
agradables, organizaremos nuestra vida para alcanzarlas. Hasta aquí, todo
parece lógico y comprensible.
Sin embargo, no
todos buscamos la felicidad en la misma dirección. Y si preguntamos por qué
existe esta diversidad, la respuesta más habitual será: “cada uno es como es”.
Con ello se quiere decir que buscamos en función de cómo somos… o, más
exactamente, de cómo creemos ser.
Aquí surge una
pregunta clave, una pregunta que conviene formular con honestidad: ¿El logro de aquello que buscamos nos aporta una felicidad real y duradera?
Esta es una
pregunta sutil, casi engañosa. Muchos responderán que sí, que alcanzar aquello
que deseaban les produjo felicidad. Pero, al observar con mayor profundidad,
descubrimos que esa felicidad suele ser frágil, transitoria, efímera, como la
belleza de una flor. Y cuando se desvanece, nos vemos impulsados a buscar de
nuevo: nuevas metas, nuevos deseos, nuevas experiencias que prometan una
felicidad más estable.
Este ciclo
incesante revela algo importante: no estamos buscando una felicidad
pasajera, sino una felicidad permanente. Los estados de frustración, vacío
o tristeza que aparecen cuando el placer se desvanece muestran que lo que hemos
alcanzado no era suficiente. Y si lo que buscamos define lo que creemos ser,
entonces el malestar no solo afecta a lo que tenemos, sino a lo que creemos que
somos. De ahí surgen los sentimientos de insatisfacción, desvalorización y
pérdida de sentido.
En lecciones anteriores ya se ha distinguido entre los conceptos de bien-estar y bien-ser.
El bien-estar responde a la búsqueda de la felicidad desde el ego, desde
la creencia en la separación. Esta visión activa emociones basadas en el miedo,
la culpa y la competencia. En su afán por satisfacer deseos personales, el ego
justifica los medios para alcanzar los fines y convierte al otro en rival. El
resultado es un camino de desgaste, donde se acumulan conflictos, frustraciones
y soledad, y donde el supuesto “reino” conquistado termina gobernado por la
insatisfacción, el temor y el dolor.
El bien-ser,
en cambio, nos invita a una comprensión radicalmente distinta. Desde esta
visión, la felicidad no se busca fuera, porque no puede encontrarse en el
mundo de la posesión ni del logro externo. La verdadera felicidad es un
estado del Ser. Es nuestra condición natural, pero ha sido olvidada.
Recuperarla exige un cambio de mirada: dejar de buscar en el mundo de la
percepción corporal y volver la atención hacia el Espíritu, nuestra verdadera
identidad.
Buscar la
felicidad desde el bien-ser nos conduce a la comunión con Dios y a la
escucha de Su Voz, el Espíritu Santo. En ese diálogo interior, la mente deja de
pedir cosas y se limita a aceptar. La oración ya no es una súplica, sino una
afirmación serena:
Padre, acepto
Tu Salvación y asumo, con certeza, la función que me has encomendado.
Desde esa
aceptación nace el instante santo. En él reconocemos lo que somos: el Hijo de
Dios. Y a partir de ese reconocimiento, solo queda una elección auténtica: aceptar
la felicidad que Dios nos dio, cumpliendo nuestra función de perdonar.
Esa elección no produce esfuerzo, ni lucha, ni búsqueda. Produce una sola respuesta: la paz interior.
Reflexión: ¿Cuál es el papel que Dios ha designado a su Hijo?

buenas noches aseptar que somos espíritu uno con dios,aseptar ser felices puros y limpios.como dios nos creo...
ResponderEliminarPadre acepto gustosamente tú salvación y desempeñare el papel que me corresponde en tu plan para mi perfecta felicidad, a través del perdón, viviendo el instante santo aquí y ahora 🙏🙏🙏🙏
ResponderEliminarGracias, gracias, gracias
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarAcepto con Gozo y Alegría el Santo y Verdadero papel que me has otorgado,Señor🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
ResponderEliminarGracias,Gracias,Gracias🙏🙏🙏🙏🙏🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙❤️❤️❤️✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳
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