viernes, 4 de abril de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 94

LECCIÓN 94

Soy tal como Dios me creó.



1. Hoy continuamos con la idea que nos brinda total salvación; la afirmación que hace que toda forma de tentación sea impotente; el pensamiento que silencia al ego y lo desarma por completo. 2Eres tal como Dios te creó. 3Esta idea acalla todos los sonidos de este mundo, hace que sus vistas desaparezcan y borra para siempre todos los pensamientos que él jamás haya tenido. 4Con esta idea se alcanza la salvación. 5Con esta idea se restaura la cordura.


2. La verdadera luz es fortaleza, y la fortaleza es impecabilidad. 2Si sigues siendo ta
l como Dios te creó, tienes que ser fuerte, y la luz tiene que encontrarse en ti. 3Aquel que se aseguró de que fueses impecable, tiene que ser necesariamente la garantía de tu fortaleza y tu luz. 4Eres tal como Dios te creó. 5Las tinieblas no pueden ensombrecer la gloria del Hijo de Dios. 6Te encuentras en la luz, firme en la impecabilidad en la que fuiste creado y en la que permanecerás por toda la eternidad.

3. Hoy volveremos a dedicar los primeros cinco minutos de cada hora de vigilia a intentar sentir la verdad que se encuentra en ti. 2Comienza estos períodos de búsqueda con estas palabras:

3Soy tal como Dios me creó.
4Soy Su Hijo eternamente.

5Trata ahora de llegar hasta el Hijo de Dios en ti. 6Éste es el Ser que jamás pecó ni forjó una imagen para reemplazar a la reali­dad. 7Éste es el Ser que jamás abandonó Su morada en el seno de Dios para irse a deambular por el mundo. 8Éste es el Ser que no conoce el miedo, ni puede concebir lo que es la pérdida, el sufri­miento o la muerte.

4. Para alcanzar este objetivo no se requiere nada de ti, excepto que dejes a un lado todos los ídolos e imágenes de ti mismo, que vayas más allá de todos los atributos tanto buenos como malos que te hayas adjudicado a ti mismo y que aguardes la verdad con queda expectación. 2Dios Mismo ha prometido que ésta le será revelada a todo aquel que la pida. 3Tú la estás pidiendo ahora. 4No puedes fracasar porque Él no puede fracasar.

5. Si no cumples con el requisito de practicar durante los primeros cinco minutos de cada hora, por lo menos recuerda decirte a ti mismo una vez por hora:

2Soy tal como Dios me creó.
3Soy Su Hijo eternamente.

4Repite hoy frecuentemente para tus adentros que eres tal como Dios te creó. 5asegúrate de responder a cualquier persona que parezca irritarte con estas palabras:

6Eres tal como Dios te creó.
7Eres Su Hijo eternamente.

8Haz todo lo posible hoy por llevar a cabo los ejercicios que se deben hacer cada hora. 9Cada sesión de práctica será un paso gigantesco hacia tu liberación, y un hito en el proceso de apren­der el sistema de pensamiento que este curso postula.

¿Qué me enseña esta lección?

El cuerpo físico es el símbolo con el que el ego pretende otorgarse una identidad. Es una fabricación de la mente errada y representa todos los valores ilusorios en los que se sustenta: temporalidad, vulnerabilidad y precariedad. El cuerpo se convierte así en el máximo exponente de la creencia en la separación y en el principal referente del mundo del sueño en el que el ego cree existir.

Sin embargo, dentro de ese mundo ilusorio, el cuerpo puede tener una única función verdaderamente útil: servir como medio de comunicación. No para afirmar la separación, sino para expresar los pensamientos que proceden de la mente recta. Cuando el cuerpo se pone al servicio del Espíritu Santo, deja de ser un instrumento del ataque y pasa a ser un canal a través del cual se manifiesta el perdón. De este modo, se convierte en un recurso que nos ayuda a recordar que somos los soñadores y que todo aquello a lo que atribuimos valor material forma parte del sueño.

Alcanzar la certeza de que el cuerpo con el que se identifica el ego es temporal e irreal es un paso decisivo hacia el reconocimiento de nuestra verdadera identidad. No somos un cuerpo, sino espíritu. Somos eternos, perfectos, puros e inocentes. Somos seres con capacidad creadora, extensiones de la luz y del amor de Dios.

No podemos ser otra cosa, porque somos tal como Dios nos creó. Fuimos creados a Su Imagen y Semejanza, y esa condición no puede alterarse. Pensar que somos diferentes de nuestro Creador es aceptar el fundamento del ego. Pensar que Dios desea nuestro mal es proyectar sobre Él los pensamientos de miedo y de culpa que nacen de la mente errada. Ningún Padre que sea cuerdo puede desear sufrimiento para Su Hijo.

Si reconozco verdaderamente que soy Hijo de la Luz, no puedo verme separado de mis hermanos. Mi mente y la de ellos comparten la misma Fuente y deben ser portadoras de esa misma luz. Ver esa luz en mí y en los demás es abandonar la percepción del cuerpo como identidad y aceptar la verdad de lo que somos: una sola Filiación, unida en el Amor y en la Voluntad de Dios.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 94 es una corrección directa de la falsa creencia en la debilidad personal.

Su mensaje esencial es:

No ves porque crees que eres débil. Cuando recuerdas tu fortaleza, ves.

El Curso redefine fortaleza como:

  • tu identidad divina,
  • tu luz interior,
  • tu conexión natural con la visión,
  • tu capacidad de percibir desde el Espíritu.

La visión —la percepción corregida— no es una función de los ojos, sino de tu fortaleza interior. Y esa fortaleza:

  • no se crea,
  • no se consigue,
  • no se entrena,
  • no se logra.

Se reconoce.

La práctica de esta lección es volver a esa fortaleza y usarla como fundamento de tu percepción.

Instrucciones prácticas:

Períodos largos

  • Cierra los ojos.
  • Repite suavemente: “Mi fortaleza es la luz en la que veo.”
  • Permite que la frase se asiente sin esfuerzo.
  • Observa tus pensamientos de debilidad sin darles valor.
  • Déjalos pasar como nubes.
  • No intentes “sentir fortaleza”: solo recuerda que ya está ahí.
  • Mantén una actitud suave y receptiva.

Esta práctica es un entrenamiento para mirar desde la identidad verdadera y no desde la falsa.

Práctica durante el día

Usa la idea ante cualquier sensación de:

  • cansancio,
  • irritación,
  • miedo,
  • sensación de incapacidad,
  • pérdida de claridad,
  • confusión,
  • autoexigencia.

La idea se convierte en un recordatorio de identidad: “No soy débil. Mi fortaleza es la luz que me muestra la verdad.”

Aspectos psicológicos:

Esta lección es profundamente terapéutica.

Psicológicamente:

  • desmantela la creencia en la debilidad personal,
  • reduce la autocrítica basada en rendimiento,
  • alivia el cansancio emocional,
  • disminuye la sensación de vulnerabilidad,
  • permite una percepción más estable y menos reactiva,
  • corrige la narrativa interna de incapacidad o insuficiencia.

La afirmación “mi fortaleza es la luz” desplaza la mente del miedo a la claridad.

La visión —internamente— se vuelve menos borrosa y más centrada.

Aspectos espirituales:

Espiritualmente, la lección 94 enseña que:

  • La fortaleza es un atributo de tu ser divino.
  • Esa fortaleza es la luz de Dios en ti.
  • Solo puedes ver desde lo que realmente eres.
  • La debilidad no existe en el Hijo de Dios.
  • La visión es un efecto natural de recordar tu origen.

Por eso el Curso dice que la visión surge de tu fortaleza, no de tu esfuerzo.

La debilidad es una creencia, no un estado real.

La fortaleza es creación divina, y por lo tanto, inalterable.

Relación con la progresión del Curso:

La Lección 94 se sitúa en una secuencia impecable:

  • 91 Los milagros se ven en la luz
  • 92 La luz y la fortaleza son una
  • 93 Esa luz y fortaleza son tu identidad
  • 94 Esa fortaleza es la luz desde la cual ves
  • 95 La identidad real es reforzada repetidamente

Aquí el Curso completa un giro fundamental:

La visión no viene del cuerpo deriva de tu luz tu luz es tu fortaleza tu fortaleza es tu ser.

La percepción se transforma a medida que se transforma la identidad.

Consejos para la práctica:

• No intentes “ser fuerte”: recuerda que ya lo eres.
• No luches contra los pensamientos de debilidad: obsérvalos y déjalos pasar.
• No esperes ver luz literal.
• No pienses que la resistencia es fracaso.
• No busques resultados inmediatos.

Practica con suavidad.
Permite que la verdad entre sin esfuerzo.
Confía en que la visión llega cuando la mente deja de apoyarse en la debilidad.
Reafirma tu identidad cada vez que la idea se sienta ajena.

Conclusión final:

La lección 94 afirma una verdad que el ego no puede aceptar: No ves porque te crees débil, pero la fortaleza real ya está en ti.

La visión no surge del esfuerzo mental, sino de recordar quién eres.

A medida que reconoces tu fortaleza:

  • el miedo se reduce,
  • las percepciones se aclaran,
  • la luz se vuelve más accesible,
  • los milagros se perciben con mayor naturalidad.

La luz de tu ser es lo que te permite ver.

Frase inspiradora: “Cuando recuerdo mi fortaleza, la luz se enciende y mi visión vuelve a mí.”


Ejemplo-Guía: "Para llegar a ser algo, en esta vida, hay que ser muy competitivo".

Muchos de nosotros hemos recibido esta afirmación de nuestros padres como si se tratara de una herencia incuestionable, un principio fundamental que define lo que significa “triunfar” o “llegar a ser alguien” en el mundo. Se nos ha transmitido como una verdad absoluta, digna de ser obedecida sin reservas, si queremos ser considerados personas de provecho.

Estas supuestas verdades se transmiten de generación en generación y gozan de gran respeto porque parecen estar avaladas por la experiencia de nuestros antepasados. No resulta difícil encontrar un paralelismo entre este mandato y la interpretación tradicional del pasaje bíblico en el que Adán y Eva son expulsados del Paraíso y “condenados” a ganarse el pan con el sudor de su frente. Ambas ideas refuerzan la creencia de que la vida es lucha, esfuerzo, rivalidad y supervivencia.

Cuando desde la infancia se nos educa en la competitividad, se nos está enseñando a ver a los demás como oponentes, como rivales a los que hay que superar. No pasa mucho tiempo antes de que esos rivales sean percibidos como enemigos, pues parecen poner en peligro el logro de nuestras ambiciones personales. La competitividad, aunque se presente como un estímulo positivo, se apoya en la idea de escasez: no hay para todos, y por tanto alguien tiene que perder para que otro gane.

La expulsión alegórica del Paraíso, inscrita en el inconsciente colectivo, refuerza la creencia de que estamos separados de nuestro Creador y, como consecuencia, separados unos de otros. Desde esa percepción de separación, la competitividad parece lógica y necesaria.

Pero, ¿es realmente cierto que para llegar a ser algo tengamos que ser competitivos? Desde la visión que nos ofrece esta lección, la respuesta es clara: no. Más aún, la competitividad nos conduce inevitablemente a la frustración y al desencanto, porque si sembramos ataque, comparación y rivalidad, eso mismo es lo que recogeremos. No hay límite para la competitividad cuando se basa en referencias externas: siempre habrá alguien a quien superar, algo más que conseguir, un nuevo listón que alcanzar.

Incluso cuando la competitividad se reviste de un deseo de perfección, sigue operando desde la necesidad y la carencia. El ego busca perfeccionarse no para recordar lo que es, sino para demostrar algo, para validarse a sí mismo. Esa llamada no procede de la plenitud, sino de la escasez, que es el fundamento del sistema de pensamiento del ego.

La lección que estamos contemplando nos recuerda una verdad radical y liberadora: somos tal como Dios nos creó. Y si Dios nos creó perfectos, completos y plenos, ¿qué sentido tiene buscar fuera lo que ya somos? ¿Qué meta puede tener aquel que ya lo es todo?

A veces se habla de una “competitividad sana”, entendida como un impulso motivador que respeta la libertad y los derechos de los demás. Sin embargo, desde una visión más profunda, incluso esta forma suavizada de competitividad sigue anclada en la idea de alcanzar algo en el mundo para sentirnos completos.

Personalmente, este paradigma ya no resuena como antes. No resuena ninguna creencia que me invite a fijar metas externas como condición para la felicidad. Ese camino ha sido recorrido, experimentado y comprendido, y no ha traído la dicha profunda, la paz ni la plenitud que el corazón anhela. No fue un error recorrerlo, pero sí llega un momento en el que se intuye la necesidad de explorar otra forma de vivir.

Tal vez la cuestión no sea el camino que recorremos, sino la actitud con la que lo transitamos. Podemos vivir persiguiendo logros, conquistas y objetivos, o podemos vivir simplemente viviendo, con la conciencia de que somos los soñadores de nuestros sueños, los co-creadores de nuestras circunstancias y los responsables de la manera en que experimentamos la vida.

La primera opción la conocemos bien; es la que la mayoría hemos elegido durante mucho tiempo. La segunda solo requiere una cosa: recordar nuestra verdadera identidad. Somos tal como Dios nos creó. Y cuando ya lo somos todo, no hay nada que alcanzar, nada que demostrar y nada que competir. Solo queda experimentar, compartir y extender la luz que somos.

Reflexión: ¿Qué te hace sentir la afirmación "soy tal como Dios me creó"?

14 comentarios:

  1. Me hace sentir tan bien, porque me da a entender mi Santidad, y que estoy libre de pecado. y que debo dar Gracias por ello, por mi Libertad Espiritual, mi libertad de mi mente, y me siento gosoza. Gracias, por esta Bella explicación para entender mejor el Curso de Milagros. Gracias Jesús, que me permitiste llegar a esto. Así Es.

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  2. Me hace sentir libre . me párese que flotara en el aire fuera de la presión del mundo y de todo lo que implica el día de trabajo en una oficina oh en la calle día con día..porque cuando leemos el curso nos sentimos regio,pero cuando salimos de nuestra casa hay pruebas para saber si puedes practicar la lección...así es pero aun así estoy agradecida...

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  3. Me hace sentir paz, y me hace ser consciente de que al "otro" en frente mio, le pasa igual. Todos somos perfectos y no necesitamos de nada para ser.

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  4. Me hace sentir libre! Gracias Amado Padre! Gracias Amado Maestro Jesús, gracias Amado Espíritu Santo!

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  5. Siento una gran paz,me siento libre de la competencia y de buscar un lugar, ya lo soy todo al reconocer está verdad y siento en la presencia de mi hermano que él también lo es

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  6. Gracias por comentar lo que esta lección nos enseña. Ahora me resulta más fácil practicar.

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  7. Gracias por tus explicaciones, me ayudan enormemente a reflexionar

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  8. Gracias por esta lección, gracias por la explicación me siento libre impecable inocente pura en paz Gracias gracias

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  9. Disfruto a cada paso de la Presencia de Dios,siendo su Hijo Amado🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️

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  10. Feliz por tener un Padre amoroso como yo siempre lo sentí. 🥰 Milagros de Jesús para todos! 🤍🙏

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  11. Soy tal como Dios me creó,Perfecto,Inocente,Libre de Ser y cumplir la Voluntad de mi Padre🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙❤️❤️❤️❤️✨✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳

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  12. Lo que me hace sentir libre , es la paz , al ver y mirar con amor . Todo lo que susede a diario. Gracias bendiciones. Juan José

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  13. Hola! Juan José 👋
    Hermoso y feliz presente eterno para tod@s.
    “SOY TAL COMO DIOS ME CREÓ, SOY SU HIJO ETERNAMENTE “
    Esta afirmación me hace sentir la expansión, desde mi interior. Gratitud, Dios les bendice.

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