lunes, 4 de mayo de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 124

LECCIÓN 124

Que no me olvide de que soy uno con Dios.

1. Hoy volvemos a dar gracias de que nuestra Identidad se encuentre en Dios. 2Nuestro hogar está a salvo; nuestra protec­ción garantizada en todo lo que hacemos, y tenemos nuestra disposición el poder y la fuerza para llevar a cabo todo cuanto emprendamos. 3No podemos fracasar en nada. 4Todo lo que tocamos adquiere un brillante resplandor que bendice y que sana. 5En unión con Dios y con el universo seguimos adelante llenos de regocijo, teniendo presente el pensamiento de que Dios Mismo va con nosotros a todas partes.

2. ¡Cuán santas son nuestras mentes!  2Todo cuanto vemos refleja la santidad de la mente que es una con Dios y consigo misma. 3¡Cuán fácilmente desaparecen los errores y la muerte da paso a la vida eterna! 4Nuestras luminosas huellas señalan el camino a la verdad, pues Dios es nuestro Compañero en nuestro breve recorrido por el mundo. 5Y aquellos que vienen para seguirnos reconocerán el camino porque la luz que nos acompaña se rezaga; si bien, no se separa de nosotros según seguimos ade­lante.

3. Lo que recibimos es el eterno regalo que hemos de dar a aque­llos que han de venir después, así como a los que vinieron antes o a los que estuvieron con nosotros por algún tiempo. 2Dios, que nos ama a todos con el amor equitativo con el que fuimos crea­dos, nos sonríe y nos ofrece la felicidad que dimos.

4. Hoy no pondremos en duda Su Amor por nosotros, ni cuestio­naremos Su protección ni Su cuidado. 2Ninguna absurda ansie­dad podrá venir a interponerse entre nuestra fe y nuestra conciencia de Su Presencia. 3Hoy somos uno con Él en reconoci­miento y en recuerdo. 4Lo sentimos en nuestros corazones. 5Sus Pensamientos se encuentran en nuestras mentes y nuestros ojos ven Su hermosura en todo cuanto contemplamos.  6Hoy vemos únicamente lo amoroso y lo que es digno de amor.

5. Lo vemos en lo que aparenta ser doloroso, y el dolor da paso a la paz. 2Lo vemos en los que están desesperados; en los tristes y en los compungidos, en los que creen estar solos y amedrentados, y a todos se les devuelve la tranquilidad y la paz interior en la que fueron creados. 3Y lo vemos igualmente en los moribundos y en los muertos, restituyéndolos así a la vida. 4podemos ver todo esto porque primero lo vimos en nosotros mismos.

6. A aquellos que saben que son uno con Dios jamás se les puede negar ningún milagro. 2Ni uno solo de sus pensamientos carece del poder de sanar toda forma de sufrimiento en cualquier per­sona, sea esta de tiempos pasados o aún por venir, y de hacerlo tan fácilmente como en las que ahora caminan a su lado. 3Sus pensamientos son intemporales, y no tienen nada que ver con el tiempo ni con la distancia.

7. Nos unimos a esta conciencia al decir que somos uno con Dios. 2Pues con estas palabras afirmamos también que estamos sanos y salvos, y que podemos salvar y sanar. 3Ahora queremos dar lo que hemos recibido. 4Pues queremos conservar los regalos que nuestro Padre nos dio. 5Hoy deseamos tener la experiencia de que somos uno con Él, de modo que el mundo pueda compartir con nosotros nuestro reconocimiento de la realidad. 6Al nosotros tener esta experiencia, el mundo se libera. 7Y al negar que estamos separados de nuestro Padre, el mundo sana junto con nosotros.

8. ¡Que la paz sea contigo hoy! 2Asegura tu paz practicando la conciencia de que eres uno con tu Creador, tal como Él es uno contigo. 3En algún punto hoy, cuando te parezca más conve­niente, dedica media hora al pensamiento de que eres uno con Dios. 4Ésta es la primera vez que intentamos llevar a cabo una sesión prolongada para la cual no se establecen reglas ni se sugie­ren palabras especiales con las que dirigir la meditación. 5Hoy confiaremos en que la Voz de Dios nos hablará cuando lo crea oportuno, seguros de que no habrá de fallar. 6Mora en Él durante esa media hora. 7Él se encargará del resto.

9. ¡El beneficio que ello te ha de aportar no será menor porque creas que no está pasando nada. 2Quizá no estés listo hoy para aceptar estas ganancias. 3Pero en algún punto y en algún lugar, llegarán a tu conciencia, y no podrás sino reconocerlas cuando afloren con certeza en tu mente. 4Esta media hora estará enmar­cada en oro, y cada minuto será como un diamante incrustado alrededor del espejo que este ejercicio te ofrece. 5Y verás en él la faz de Cristo, reflejando la tuya.

10. Tal vez hoy, tal vez mañana, veas tu propia transfiguración en el espejo que esta santa media hora te presenta para que te mires en él. 2Cuando estés listo, la encontrarás allí, en tu mente, en espera de ser hallada. 3Recordarás entonces el pensamiento al que dedicaste esta media hora, y lleno de agradecimiento te darás cuenta de que jamás habrías podido invertir mejor el tiempo.

11. Tal vez hoy, tal vez mañana, mires en ese espejo y comprendas que la inmaculada luz que ves emana de ti; que la hermosura que en él contemplas es la tuya propia. 2Considera esta media hora como el regalo que le haces a Dios, con la certeza de que lo que Él te dará a cambio será una sensación de amor que sobrepasa tu entendimiento; una dicha tan profunda que excede tu compren­sión y una visión tan santa que los ojos del cuerpo no la pueden ver. 3Sin embargo, puedes estar seguro de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás, comprenderás y verás.

12. Añade más gemas al marco dorado que rodea al espejo que hoy se te ofrece repitiendo cada hora para tus adentros:

2Que no me olvide de que soy uno con Dios, en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna paz y santidad.

¿Qué me enseña esta lección? 

Esta lección me lleva a reconocer, de manera cada vez más clara, la importancia de aceptar con certeza que soy uno con Dios. No como una idea que repito, sino como una experiencia que transforma mi manera de ver. Cuando esta verdad se hace presente, descubro lo fácil que es, aun así, deslizarme hacia los patrones del ego sin darme cuenta.

El ego no siempre aparece de forma evidente. Es sutil, casi imperceptible. Se introduce a través de pensamientos cotidianos, aparentemente inocentes, que se apoyan en el pasado y reinterpretan el presente desde la carencia. Y mientras los sostengo, creo estar siendo realista, sin advertir que estoy reforzando una percepción falsa.

Cada vez que pienso desde la queja, la necesidad o el victimismo —cuando creo que la vida me hiere, que dependo de circunstancias externas o que mi paz está condicionada— estoy afirmando la separación. Estoy diciendo, sin palabras, que no soy uno con Dios. Y desde esa creencia, experimento el mundo como conflicto.

El Curso nos recuerda que «no soy víctima del mundo que veo» (L-pI.31.1:1). Esta afirmación deshace la idea de que algo externo tiene poder sobre mí. Me devuelve la responsabilidad, pero también la libertad.

Si Dios es Amor, Plenitud e Impecabilidad, no puede haber en Él pensamiento alguno de dolor, enfermedad o castigo. Estos conceptos no pertenecen a la verdad, sino al sistema de pensamiento del ego. Son interpretaciones nacidas de la creencia en la separación, no hechos reales.

Por eso, recordar que soy tal como Dios me creó implica dejar de dar valor a esas interpretaciones. Como enseña el Curso: «Soy tal como Dios me creó» (L-pI.94.1:1). No he perdido mi naturaleza, sólo la he olvidado.

Aceptar mi unidad con Dios supone un cambio en mi manera de pensar, de hablar y de interpretar. Supone dejar de alimentar pensamientos que refuerzan el miedo y elegir aquellos que reflejan la verdad. No es represión, es elección consciente.

Cuando mi mente se pone al servicio del Espíritu, dejo de repetir patrones antiguos y empiezo a extender lo que soy: Amor. Y en esa extensión, recuerdo.

Elegir la verdad es dejar de fabricar sufrimiento.
Elegir la verdad es recordar quién soy.
Elegir la verdad es aceptar, aquí y ahora, mi unidad con Dios.

Y en esa aceptación… descanso. Amén.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

El sentido profundo de esta lección es la estabilidad de la identidad.

El ego vive de la distracción, fragmenta la atención, dispersa la mente, y sustituye la unidad por multiplicidad.

El Curso responde aquí con una petición simple: Que no me olvide.

No pide esfuerzo, pide memoria.

PROPÓSITO Y SENTIDO DE LA LECCIÓN:

El propósito de la Lección 124 es:

  • Impedir que la mente vuelva a identificarse con la separación.
  • Ofrecer un ancla estable durante el día.
  • Deshacer la confusión entre apariencia y realidad.
  • Consolidar la identidad compartida con Dios.
  • Permitir que la paz sea constante y no episódica.

Esta lección no busca experiencias nuevas, sino continuidad.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce:

  • Reducción de la sensación de aislamiento: La mente deja de sentirse sola frente al mundo.
  • Disminución de la ansiedad existencial: La identidad deja de percibirse como frágil.
  • Mayor coherencia interna: No hay múltiples “yoes” compitiendo.
  • Estabilidad emocional profunda: La paz no depende de circunstancias.

Clave psicológica: El recuerdo de la unidad elimina la raíz del miedo.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma que:

  • La unidad con Dios es inalterable.
  • El Hijo no puede separarse de su Fuente.
  • La creación no admite fragmentación.
  • Dios no está ausente en ningún instante.
  • Recordar la unidad es aceptar la verdad.

Aquí el Curso es categórico: La separación no es un hecho, solo una creencia sostenida por el olvido.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

La práctica de esta lección es recordatoria, no técnica:

  • Repetir la idea suavemente a lo largo del día.
  • Usarla cuando surja:
    • Miedo.
    • Sensación de abandono.
    • Conflicto.
    • Duda.
    • Sensación de estar “solo”.
  • No analizar la unidad.
  • No intentar sentirla.
  • Simplemente recordarla.

La memoria reemplaza al esfuerzo.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No convertir la unidad en un concepto abstracto.
No negar emociones humanas apelando a la unidad.
No usar la idea como evasión espiritual.

Usarla como base.
Volver a ella con suavidad.
Permitir que actúe sin forzar.
Recordar que la unidad no fluctúa.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Después de:

  • 121 → el perdón como llave,
  • 122 → el perdón como plenitud,
  • 123 → la gratitud por lo recibido,

La Lección 124 cumple una función crucial: Estabilizar la mente en la verdad recordada.

Aquí el Curso consolida, identidad, continuidad, y pertenencia.

La unidad deja de ser una idea ocasional y se convierte en referencia constante.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 124 enseña una verdad silenciosa y firme:

Nada puede separarte de Dios, pero puedes olvidarlo… y también puedes recordarlo.

Cuando el recuerdo se mantiene, la paz no necesita ser buscada, permanece.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando no me olvido de que soy uno con Dios, nada puede perturbar mi paz.”


Ejemplo-Guía: "Cuando te sientas "bajo", recuerda que eres uno con Dios".

Esta lección nos ofrece una práctica sencilla, directa y profundamente sanadora: recordar, en todo momento, nuestra unión con Dios. No se trata de adquirir algo nuevo, sino de recuperar una certeza que nunca hemos perdido, aunque hayamos aprendido a olvidarla.

Si observamos nuestra infancia, podemos reconocer con facilidad ese estado de confianza natural. El niño no se cuestiona si está protegido; simplemente lo sabe. Vive sostenido por una sensación de amparo que no necesita ser explicada. En su mundo, la seguridad no se analiza: se experimenta.

Sin embargo, a medida que crecemos, esa vivencia parece diluirse. Surge la necesidad de afirmar una identidad propia, separada, autónoma. Y en ese proceso, olvidamos la Fuente de la que procedemos. Este “olvido” no es real, pero sí profundamente convincente. Es el origen de la sensación de soledad, de vulnerabilidad y de carencia.

Un Curso de Milagros describe este proceso como la creencia en la separación. Al identificarnos con el cuerpo, aceptamos un sistema de pensamiento basado en el miedo. Y desde ahí, todo lo demás se despliega: la culpa, el conflicto, la necesidad de defensa, el sufrimiento.

Pero la lección de hoy nos recuerda que esa condición no define lo que somos. Es solo una interpretación errónea, una elección de la mente que puede ser corregida.

La enseñanza es clara: incluso dentro del sueño, tenemos la capacidad de elegir de nuevo.

Podemos seguir interpretando nuestras experiencias desde el miedo o podemos abrirnos a una visión diferente, una que nos devuelva al recuerdo de nuestra unidad. Este cambio no requiere esfuerzo, sino disposición.

Cuando nos sentimos “bajos”, cuando aparece el desánimo, la tristeza o la confusión, no estamos experimentando una realidad, sino creyendo en una interpretación. Y es precisamente en ese instante cuando la práctica se vuelve significativa.

No se nos pide que luchemos contra lo que sentimos, ni que lo reprimamos. Se nos invita a detenernos y a recordar.

Recordar que no estamos solos.
Recordar que no estamos separados.
Recordar que lo que somos no puede ser afectado por ninguna circunstancia.

La lección nos orienta hacia esa toma de conciencia mediante una afirmación sencilla, pero poderosa: “Estoy a salvo porque soy uno con Dios” (L-124).

Esta idea no es una fórmula mágica, sino una llave. Una llave que abre la puerta a una percepción distinta. Al repetirla con honestidad, permitimos que la mente se alinee con la verdad y que la ilusión comience a desvanecerse.

El cambio puede parecer sutil, pero su efecto es profundo. Donde antes había inquietud, comienza a surgir la calma. Donde había duda, aparece una suave certeza. No porque las circunstancias hayan cambiado, sino porque hemos dejado de interpretarlas desde el miedo.

En ese sentido, esta práctica nos devuelve a la actitud de la infancia, pero desde la conciencia. Ya no es una confianza inconsciente, sino una elección deliberada de confiar.

Así como el niño se dirige a sus padres sabiendo que será acogido, nosotros podemos dirigirnos a Dios con la misma certeza. No desde la carencia, sino desde el reconocimiento de que ya estamos en Él.

Cada vez que recordamos nuestra unión con Dios, debilitamos la creencia en la separación. Cada vez que elegimos esta verdad, nos acercamos al despertar.

Por eso, cuando te sientas “bajo”, no te identifiques con ese estado. No lo hagas real.

Detente un instante.
Respira.
Y recuerda suavemente:

Soy uno con Dios.
Nunca he estado separado.
Estoy a salvo.

Permite que esa idea repose en tu mente sin esfuerzo. Deja que haga su trabajo. No necesitas entenderla completamente; basta con aceptarla.

Poco a poco, la paz regresará. No como algo que llega desde fuera, sino como algo que siempre ha estado en ti, esperando a ser reconocido.

Y en ese reconocimiento, descubrirás que nunca has dejado de estar en casa.


Reflexión: ¿Has experimentado la presencia de Dios en tu interior? ¿Cómo te has sentido?

19 comentarios:

  1. buen dia muchas gracias por todo somos uno con Dios. nunca he sentido su presencia pero debe ser maravilloso..sentirlo...gracias...

    ResponderEliminar
  2. Altamente Agradecido por esta explicación tan acertada Gracias

    ResponderEliminar
  3. He tenido y tengo la inmensa fortuna de escuchar la voz de Dios. No puedo describirla con palabras pero es perfectamente audible y cada vez que me aquieto y pido su consejo acude a mí hablándome con tanta sabiduría y amor, con tanta ternura, que acabo llorando de agradecimiento y felicidad.
    Sé que siempre está ahí, que sólo tengo que invocarle y se hará presencia audible y que aunque no me hable va conmigo adonde quiera que me encuentre o en el estado que me encuentre.
    Creo que todo Hijo de Dios puede escucharlo si se deja, si se abandona, si no "hace fuerza" para ello. Esto al menos es mi experiencia y quiero compartirla con todos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que hermoso que lo puedas experimentar de esa manera.gracias!!!

      Eliminar
    2. Mai. Me identifico plenamente con lo que desis, lo he vivido de la misma forma desde pequeño y recién lo reconozco. Gracias por compartir. Gracias Juan José por tu blog

      Eliminar
  4. QUE NO ME OLVIDE QUE SOY UNO CON DIOS.

    *DISFRUTO DE SERENIDAD AL TENER PRESENTE QUE DIOS ESTÁ EN MÍ Y A MI ALREDEDOR.*

    En mí existe un lugar que no puede ser abatido por el caos del mundo. Es una parte centrada completamente en mi conciencia del amor divino y la posibilidad ilimitada que es Dios.

    No importa lo que suceda, puedo ir a ese espacio haciendo una pausa, respirando profundamente y centrando mi conciencia. Allí encuentro calma en medio de la discordia; serenidad en medio del disturbio.

    Nunca estoy solo porque Dios está conmigo y en mí. No pierdo la esperanza porque yo estoy en Dios. Justo en el centro de quien soy y lo que soy está mi luz. Dicha luz eterna y sagrada me guía y me da a conocer cada solución posible. Afronto cada desafío serenamente porque estoy con Dios en todo momento.
    Puedo tener un bajón como ser humano pero estoy segura que tengo el poder de subir mi energía conectando con el espíritu santo, hoy me regalo esta media hora de meditación sólo conectando con la presencia de Dios y lo logró. Gracias Juan José

    ResponderEliminar

  5. *SIENTO SEGURIDAD EN MI CONCIENCIA DE UNIDAD CON DIOS.*

    Yo soy uno con Dios, y esa conexión es mi protección infalible. Las precauciones terrenales pueden brindarme cierta seguridad, mas mi unidad con Dios me da un sentido de seguridad profundo y certero. Cuando recuerdo y vivo esa verdad, siento paz. Si las preocupaciones llenan mi mente, puedo sosegar los pensamientos abrumadores confiando en el Espíritu divino. 

    Decir afirmaciones me recuerda que estoy a salvo gracias a la unidad que comparto con mi Creador. Al orar y meditar, expando mi vínculo con Dios y profundizo mi conciencia de Su guarda en todo momento. Mientras más me comprometo con esas prácticas que centran mi mente y mis pensamientos en la presencia perdurable del Espíritu, más segura me siento.

    ResponderEliminar
  6. Soy Uno con Dios,en Eterna Paz y Santidad,con Todos mis hermanos🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️

    ResponderEliminar
  7. Soy uno con Dios y Todos mis hermanos en el Amor y la Paz🙏🙏🙏🙏🙏✨✨✨✨✨💙💙💙💙💙🤍🤍🤍🤍🤍🥳🥳🥳🥳🥳🥳

    ResponderEliminar
  8. Dios esta en mi y en cada uno de mis hermanos No estamos seoarados

    ResponderEliminar

¿Y si cada pensamiento que entregas al otro… fuera el lugar donde tú mismo vas a vivir?: Aplicando la lección 126.

¿Y si cada pensamiento que entregas al otro… fuera el lugar donde tú mismo vas a vivir?: Aplicando la lección 126. Muchos estudiantes de Un ...