2. Piensas con la Mente de Dios. 2Por lo tanto, compartes tus pensamientos con Él, de la misma forma en que Él comparte los Suyos contigo. 3Son los mismos pensamientos porque los piensa la misma Mente. 4Compartir es hacer de manera semejante o hacer lo mismo. 5Los pensamientos que piensas con la Mente de Dios no abandonan tu mente porque los pensamientos no abandonan su fuente. 6Por consiguiente, tus pensamientos están en la Mente de Dios, al igual que tú. 7Están en tu mente también, donde Él está. 8Tal como tú eres parte de Su Mente, así también tus pensamientos son parte de Su Mente.¿Qué me enseña esta lección?
Somos Hijos de Dios, creados en la expansión de Sí Mismo, en un acto creador de su Mente. Somos Imagen y Semejanza de Él, y en este sentido, nuestra manifestación se produce dentro de su seno. Es importante que tomemos consciencia de este hecho, de que nuestra mente y su Mente son una misma Mente. No estamos separados de nuestro creador, aunque sí es cierto que tenemos la capacidad de crear por nosotros mismos, lo que no significa que se produzca esa separación, irreal, en la que se regocija el ego.
Aplicando la Ley de Analogía, vemos que cuando damos vida a un hijo, éste, en estado potencial, posee los mismos poderes creadores que el padre, aunque no es consciente de ello a esa temprana edad. Ese hijo está unido con los padres por lazos de sangre y por lazos de amor. El vínculo familiar trata de hacerle recordar su origen, su procedencia. Ocurre que, alcanzada la pubertad (apogeo del cuerpo emocional), el niño se siente poseedor de su poder creador y orienta su vida separándose de las directrices que le marcan sus padres. Sin embargo, jamás podrá separarse de su procedencia, de sus creadores.
Actualmente, permanecemos dormidos, con conciencia de separación de nuestro Ser. Vivimos sumidos en el miedo, en la culpa, en la enfermedad, y justificamos estos efectos al considerarlos la única realidad posible.
Debemos recuperar la consciencia de la unidad y sentirnos parte de la Mente de Dios.
Tal vez te estés preguntando: ¿cómo se recupera la consciencia de la unidad y cómo podemos sentirnos parte de la Mente de Dios?
Sin duda, esta cuestión nos invita a ver las cosas de otra manera, a ver las cosas desde una perspectiva distinta a como las vemos ahora, pues hemos fabricado un mundo de acuerdo a los pensamientos que se encuentran en nuestra mente y este mundo está fundamentado en la creencia en la separación y en la creencia en la temporalidad.
Dicha invitación supone un nuevo ejercicio de aprendizaje para nuestra mente, el de desaprender; esto es, debemos desprendernos de todas y cada una de nuestras falsas creencias y en su lugar poner la creencia verdadera, la cual está basada en la certeza de que somos Hijos de Dios y que formamos una única unidad en la Filiación.
Recordemos las enseñanzas que nos aporta UCDM con respecto al origen de la creencia en la separación:
La capacidad de extenderse es un aspecto fundamental de Dios que Él le dio a Su Hijo. En la creación, Dios Se extendió a Sí Mismo a Sus creaciones y les infundió la misma amorosa Voluntad de crear que Él posee. No sólo fuiste plenamente creado, sino que fuiste creado perfecto. No existe vacuidad en ti. Debido a la semejanza que guardas con tu Creador eres creativo. Ningún Hijo de Dios puede perder esa facultad, ya que es inherente a lo que él es, pero puede usarla de forma inadecuada al proyectar. El uso inadecuado de la extensión -la proyección- tiene lugar cuando crees que existe en ti alguna carencia o vacuidad, y que puedes suplirla con tus propias ideas, en lugar de con la verdad. Este proceso comprende los siguientes pasos:
Primero: Crees que tu mente puede cambiar lo que Dios creó.- Segundo: Crees que lo que es perfecto puede volverse imperfecto o deficiente.
- Tercero: Crees que puedes distorsionar las creaciones de Dios, incluido tú.
- Cuarto: Crees que puedes ser tu propio creador y que estás a cargo de la dirección de tu propia creación. (T-2.I.1:1-12)
Cada vez que elegimos, con nuestros pensamientos, ver desde la individualidad y creemos que podemos crear un mundo aparte del creado en la unicidad por Dios, lo que estamos haciendo es adquirir la creencia que nos hará caer en el olvido de lo que realmente somos. Pongamos un ejemplo y veamos cómo actúa nuestra mente cuando se encuentra identificada con la separación.
Propósito y sentido de la lección;
El propósito de la Lección 45 es deshacer la creencia en una mente privada. Hasta ahora, el ego se ha sostenido sobre una premisa básica: “yo pienso por mí mismo”. Desde esa idea surgen el juicio, la preocupación, la duda y el conflicto.
El Curso
enseña que esta premisa es falsa. Si Dios es la Fuente, la Fortaleza y la Luz,
entonces también es la Mente. No existe una mente separada capaz de pensar en
verdad fuera de Él.
Esta lección
no invalida la experiencia de pensar, sino que corrige su origen. No se trata
de dejar de pensar, sino de reconocer desde dónde pienso.
Cuando acepto
que Dios es la Mente con la que pienso, el pensamiento deja de ser un esfuerzo
personal y se convierte en un acto de recepción.
Instrucciones prácticas;
La práctica de
esta lección mantiene la simplicidad radical del Curso:
- Aplicaciones breves y frecuentes a lo largo
del día.
- Uso inmediato cuando aparezcan:
- pensamientos
de juicio,
- preocupación,
- confusión,
- diálogo
mental compulsivo,
- necesidad
de decidir “por mi cuenta”.
La lección no
pide analizar los pensamientos ni corregirlos activamente.
La práctica consiste en recordar la Fuente del pensamiento y permitir que la
mente se aquiete.
No se nos pide
que pensemos “mejor”, sino que dejemos de pensar solos.
Aspectos psicológicos y espirituales;
Psicológicamente,
esta lección confronta una creencia profundamente arraigada:
“Mi mente es
mía y debo controlarla.”
Desde esta
creencia surge el agotamiento mental, la rumiación constante y el miedo a
equivocarse. El ego vive en tensión porque se sabe incapaz de pensar con
claridad, pero insiste en hacerlo solo.
Aceptar que
Dios es la Mente con la que pienso produce un efecto psicológico inmediato:
la mente se relaja, el diálogo interno pierde urgencia y aparece un espacio de
silencio.
No porque los
pensamientos desaparezcan, sino porque ya no se les otorga autoridad absoluta.
Espiritualmente,
esta lección afirma una verdad central del Curso:
No hay
pensamientos privados en la verdad.
Pensar con
Dios no significa recibir mensajes especiales, sino permitir que el pensamiento
sea guiado, no fabricado. El pensamiento verdadero no es ruidoso ni compulsivo;
es tranquilo, simple y unificador.
Aquí se
refuerza una enseñanza clave del Texto: el Espíritu Santo no añade pensamientos
nuevos, sino que corrige la creencia de que pensamos separados.
Cuando la
mente deja de atribuirse autoría, el pensamiento recupera su función original:
extender la verdad, no fabricar interpretaciones.
Relación con el Curso:
La progresión es impecable y profundamente
coherente:
- 42 → Dios es mi fortaleza
- 43 → Dios es mi Fuente
- 44 → Dios es la Luz en la que veo
- 45 → Dios es la Mente con la que pienso
Después de corregir:
- desde dónde me sostengo,
- desde dónde veo,
el Curso llega al núcleo: desde dónde pienso.
Aquí se desmonta la última defensa del ego: la
creencia en una mente autónoma.
Consejos para la práctica;
- No intentar “escuchar pensamientos divinos”.
- No rechazar ni analizar los pensamientos que surjan.
- No evaluar si la mente se aquieta o no.
Aplicar la idea especialmente cuando aparezcan
pensamientos como:
- “tengo que decidir esto ya”,
- “no sé qué pensar”,
- “mi mente no para”,
- “estoy confundido”.
La lección no pide control mental, sino entrega
del control.
Conclusión final;
La Lección 45
enseña que el conflicto mental no procede del contenido de los pensamientos,
sino de la falsa creencia de que yo soy su autor.
Cuando acepto
que Dios es la Mente con la que pienso:
- el juicio pierde fuerza,
- la preocupación se suaviza,
- la mente descansa.
Aquí el Curso
consolida una verdad liberadora: no tengo que dejar de pensar, tengo que dejar
de pensar solo.
Y en ese
abandono de la autoría, la paz comienza a ser pensada en mí.
Frase inspiradora;
“Cuando dejo de pensar por mi cuenta,
la Mente de Dios piensa en mí
y la paz se vuelve natural.”
Ejemplo-Guía: ¿Por qué no puedo controlar mis pensamientos oscuros?
Si nuestros pensamientos reales, los que compartimos con la Mente de Dios, fuesen oscuros, estaríamos afirmando que Dios tiene pensamientos oscuros. Y esa reflexión nos llevaría a perpetuar el error con el que nos acostumbra a discernir la mente dual.
Es importante que tomemos consciencia de que los pensamientos que nos llevan a plantear cuestiones como la que estamos analizando en este ejemplo no son pensamientos reales, sino fruto de la mente identificada con el mundo de la ilusión, donde impera la ley de la separación. Esa mente cree que podemos tener pensamientos oscuros, y lo cree por la sencilla razón de que es su deseo y es su elección. Esa percepción debe su origen al deseo de ver de una manera determinada, a la que ya nos hemos referido, dando lugar a la individualidad. Esa es la razón por la que la vía de aprendizaje en el mundo físico está basada en la ley de causa y efecto. Vivo las experiencias en las que mi mente cree.
Conocer la dinámica con la que actúa nuestra mente nos ayudará a utilizar ese mismo "vehículo" para dirigirlo hacia otro destino. Si nuestra voluntad nos lleva a ver las cosas de otra manera, tened por seguro que los pensamientos que hasta ahora nos han acompañado no cederán su hegemonía tan fácilmente. Esos pensamientos, que han adquirido la condición de hábitos, demandarán nuestra atención. A partir de ese punto, ¿qué debemos hacer para conseguir que no se conviertan en una tentación, en un obstáculo para alcanzar el estado de paz?Tal vez estas palabras extraídas del Curso nos ayuden a dar respuesta a esta cuestión:
"El jardín del Edén -la condición que existía antes de la separación- era un estado mental en el que no se necesitaba nada. Cuando Adán dio oídos a "las mentiras de la serpiente", lo único que oyó fueron falsedades. Tú no tienes por qué continuar creyendo lo que no es verdad, a no ser que así lo elijas. Todo ello puede literalmente desaparecer en un abrir y cerrar de ojos porque no es más que una percepción falsa. Lo que se ve en sueños parece ser muy real. Lo que, es más, en la Biblia se menciona que sobre Adán se abatió un sueño profundo, mas no se hace referencia en ninguna parte a que haya despertado. El mundo no ha experimentado todavía ningún despertar o renacimiento completo. Un renacer así es imposible mientras sigas proyectando o creando falsamente. No obstante, la capacidad de extender tal como Dios te extendió Su Espíritu permanece todavía dentro de ti. En realidad, ésta es tu única alternativa, pues se te dio el libre albedrío para que te deleitaras creando lo perfecto” (T-2.I.3:1-10).
“Todo miedo se reduce, en última instancia, a la básica percepción errónea de que tienes la capacidad de usurpar el poder de Dios. Por supuesto, no puedes hacer eso, ni jamás pudiste haberlo hecho. En esto se basa el que puedas escaparte del miedo. Te liberas cuando aceptas la Expiación, lo cual te permite darte cuenta de que en realidad tus errores nunca ocurrieron. Sólo después del sueño profundo que se abatió sobre Adán pudo éste experimentar pesadillas. Si de repente se enciende una luz cuando alguien está teniendo un sueño aterrador, puede que inicialmente interprete la luz como parte de su sueño y tenga miedo de ella. Sin embargo, cuando despierte, la percibirá correctamente como su liberación del sueño, al que dejará entonces de atribuir realidad. Esta liberación no se basa en ilusiones. El conocimiento que ilumina no sólo te libera, sino que también te muestra claramente que eres libre" (T-2.1.4:1-9).
En definitiva, se trata de elegir. ¿Elegir qué? Elegir no prestar atención al pensamiento que nuestra mente interpreta como oscuro, pues de esta manera dejaremos de alimentarlo, dejaremos de darle valor o significado. No se trata de luchar contra él, pues hacerlo es la manera más evidente de creer en su realidad. El pensamiento, si lo dejamos libremente, se desvanecerá al no encontrar a su fiel aliado, el deseo.
Cuando nos encontramos viendo una película y compartimos los pensamientos de los actores, sabemos de su irrealidad, de su ficción, y ello nos permite no prestarle valor, al no creer en su realidad. Es cierto que muchos de nosotros nos metemos tanto en las películas que las vivimos como si fuesen reales. Lo importante es entender que, tanto unos como otros, están eligiendo.
Cuando me llega un pensamiento no real, de los que interpretamos "tentadores", inmediatamente lo observo por un instante y elimino todo juicio sobre él. A partir de ese momento, lo dejo marchar, y le doy las gracias por permitirme ser consciente de que soy el fabricante de dicho pensamiento y, ahora, elijo sustituirlo por un pensamiento real, el cual me permite tener la visión de mi divinidad.
Reflexión: ¿Qué pensamientos compartes con Dios?

Muchas gracias por tus aportaciones son muy prácticas y enriquecedoras. Gracias por ser él facilitador del Espíritu Santo. Bendiciones. Desde León Guanajuato México. Rommel Montes escuela universal de un curso de Milagros.
ResponderEliminarDebemos recuperar la Consciencia de la Unidad y sentirnos parte de la Mente de Dios.
ResponderEliminarWao Jose excelente explicación.
Muchas gracias por compartir tu sabiduría.
Juan José, muchas Gracias, por el ejemplo de dar vida aún hijo, me calo profundamente, pues sentí con fuerza, la necesidad de retornar al seno de nuestro Dios Padre. Gracias
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarGracias 😊
ResponderEliminarGracias
ResponderEliminarMuy buena explicación, entendí, ¡Gracias infinitas!
ResponderEliminarSoy tal cual Dios me creó...libre,perfecto,impecable y eterno🙏🙏🙏🙏🙏🙏🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙✨✨✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳
ResponderEliminarGracias infinitas
ResponderEliminarGracias, Juan José. Amor y bendiciones. ❤❤❤
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