martes, 26 de marzo de 2024

Capítulo 4. VII. Creación y comunicación

VII. Creación y comunicación.

1.  Está claro que si bien el contenido de cualquier ilusión particu­lar del
ego es irrelevante, su corrección es más útil dentro de un contexto específico. 2Las ilusiones del ego son muy concretas aun­que la mente es naturalmente abstracta. 3Parte de la mente, no obstante, se vuelve concreta al dividirse. 4La parte concreta cree en el ego porque el ego depende de lo concreto. 5El ego es aquella parte de la mente que cree que lo que define tu existencia es la separación.

Ya nos hemos referido a esta peculiaridad del sistema de pensamiento del ego, en el apartado VI. Veíamos como una de las argucias del ego para convencernos que lo espiritual es una falsedad, es la de demostrarnos que él puede permitirnos percibir lo que somos, mostrándole a la mente el hecho percibido, mientras que, las cuestiones del espíritu, nos exige creer en ellas sin necesidad de percibirlas con los sentidos físicos. 

Este punto nos aclara el hecho al que nos referimos, indicándonos, cómo parte de la mente se vuelve concreta al dividirse, lo que permite al ego reforzar sus argumentos a favor de su existencia y de la negación del espíritu.

2. Lo único que el ego percibe es un todo separado, desprovisto de las relaciones que presupone el estado de ser. 2El ego, por lo tanto, está en contra de la comunicación, excepto cuando se utiliza para establecer separación en vez de para abolirla. 3El sistema de comunicación del ego se basa en su propio sistema de pensa­miento, al igual que todo lo demás que él impone. 4Su comunica­ción está controlada por la necesidad que tiene de protegerse, e interrumpirá la comunicación siempre que se sienta amenazado. 5Esta interrupción es una reacción hacia una o varias personas determinadas. 6El carácter específico de la manera de pensar del ego da lugar, entonces, a generalizaciones falsas que no son real­mente abstractas en absoluto. 7El ego simplemente responde, de ciertas formas específicas, a todo lo que percibe como relacionado.

La mente que cree en la separación verá y fabricará un mundo separado. No aceptará ninguna realidad que no se base en ese sistema de pensamiento y por tal motivo, negará la existencia del ser. Al hacer real un mundo separado, utiliza la mente de forma específica, concreta, lo que le lleva a menospreciar el poder de la comunicación en su totalidad, esto es, en la herramienta que permite a la mente expresarse en su aspecto universal, abstracto. El uso que hace el ego de la comunicación le lleva a establecer vínculos limitados con el mundo con el que se relaciona. En el aspecto de las relaciones, concretiza la comunicación de manera selectiva, careciendo de la visión que le permitiría percibir la unicidad, el hilo que nos hace Uno con todo lo creado.

3. El espíritu, en cambio, reacciona de la misma manera a todo lo que sabe que es verdadero, y no responde en absoluto a nada más. 2Tampoco hace ningún esfuerzo por establecer lo que es verdad. Él sabe que lo único que es verdad es lo que Dios creó. 4El espí­ritu está en completa y directa comunicación con todos los aspec­tos de la creación, debido a que está en completa y directa comunicación con su Creador. 5Esta comunicación es la Voluntad de Dios. 6Creación y comunicación son sinónimos. 7Dios creó a cada mente comunicándole Su Mente, y estableciéndola así para siempre como un canal para Su Mente y Su Voluntad. 8Puesto que sólo los seres que pertenecen a un mismo orden pueden real­mente comunicarse, Sus creaciones se comunican naturalmente con Él y como Él. 9Esta comunicación es perfectamente abstracta, ya que su aplicación es de una calidad universal y no está sujeta a ningún juicio, excepción o alteración. 10Dios te creó mediante esta comunicación y para ella. 11La mente puede distorsionar su propia función, pero no puede atribuirse a sí misma funciones que no le fueron dadas. 12Por eso es por lo que la mente no puede perder del todo la capacidad de comunicarse, aun cuando puede negarse a utilizarla en favor del estado de ser.

Este punto pone de manifiesto el protagonismo esencial de la comunicación.
Comunicación es la acción de comunicar y si buscamos en el diccionario su significado, entre otras cuestiones encontramos la siguiente: "Hacer partícipe a otra persona de lo que se tiene"; "Extenderse, propagarse".

Tal y como se recoge en este apartado, Creación y comunicación son sinónimos. Siendo así, la Creación es un acto de Extensión, a través del cual nos propagamos, es decir, en la Creación "nos damos". Esta es la razón por la cual en los Textos Sagrados se nos revela que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de su creador. El hombre es la Extensión de Dios; la humanidad es la comunicación de Dios.

La importancia que le estamos dando a la comunicación, nos lleva a plantearnos el uso que estamos haciendo, en nuestro actual estado de consciencia, al acto de comunicar. Muchos Textos Espirituales nos revelan que el Verbo es Creador. La palabra o manifestación del Verbo, es el canal por donde nos expandimos, donde expresamos nuestras "creaciones". La cuestión es, ¿qué uso estamos dando a la palabra?

4. Tanto la existencia como el estado de ser se basan en la comuni­cación. 2La existencia, sin embargo, es específica en cuanto a qué, cómo y con quién vale la pena entablar comunicación. 3El estado de ser carece por completo de estas distinciones. 4Es un estado en el que la mente está en comunicación con todo lo que es real. 5En la medida en que permitas que ese estado se vea coartado, en esa misma medida estarás limitando la idea que tienes acerca de tu propia realidad, la cual se vuelve total únicamente cuando reco­noces a toda la realidad en el glorioso contexto de la verdadera relación que tiene contigo. 6Ésa es tu realidad. 7No la profanes ni la rechaces. 8Es tu verdadero hogar, tu verdadero templo y tu ver­dadero Ser.

Hermosa definición de los conceptos "existencia" y "esencia". Para el ego, la realidad se fundamenta en la existencia. Su sistema de pensamiento se basa en creer en lo que percibe, pues lo que percibe existe, mientras que lo que no percibe, carece de existencia y es negado.

En cambio, la mente espiritual, el estado de ser, la Esencia, basa su sistema de pensamiento en la Unidad, en la Fuente Una de donde El Ser Divino se Comunica con su Creación. Podemos confirmar que Comunicar es sinónimo de Unidad cuando integra todas las partes en un mismo Todo: En cambio, la comunicación basada en la creencia en la separación da lugar a la existencia temporal de la ilusión.

5. Dios, que abarca todo lo que existe, creó seres que lo tienen todo individualmente, pero que quieren compartirlo para así incrementar su gozo. 2Nada real puede incrementarse excepto compartiéndolo. 3Por eso es por lo que Dios te creó a ti. 4La Abs­tracción Divina se deleita compartiendo. 5Eso es lo que significa la creación. 6Las preguntas "¿qué?"; "¿cómo?" y "¿con quién?" son irrelevantes toda vez que la verdadera creación lo da todo, ya que sólo puede crear a semejanza propia. 7Recuerda que la diferencia que hay entre tener y ser en la existencia, en el Reino no existe. 8En el estado de ser la mente siempre lo da todo.

El término "compartir" revela el final de la acción de "partir o separar". Al compartir nos fundimos en la igualdad que nos une en el eterno lazo del Amor.

En la medida en que la humanidad crece en consciencia de unidad, sus acciones cotidianas se basarán en compartir, guiados por la firme creencia que dar es recibir.

6. La Biblia afirma repetidamente que debes alabar a Dios. 2Esto no quiere decir que debas decirle cuán maravilloso es. 3Dios no tiene un ego con el que aceptar tal alabanza, ni percepción con qué juzgarla. 4Pero a menos que desempeñes el papel que te corresponde en la creación, Su gozo no será total porque el tuyo no lo es. 5Y Él ciertamente sabe esto. 6Lo sabe en Su Propio Ser y en la experiencia que Su Ser tiene de la experiencia del Hijo. 7El constante fluir de Su Amor se obstruye cuando Sus canales están cerrados, y se siente solo cuando las mentes que Él creó no se comunican plenamente con Él.

Siempre he creído que Dios se hace Pleno cuando se Comunica con su Hijo, con Su Creación. Si el Hijo es la Expansión del Padre, las obras del Hijo deben "afectar" al Padre. ¿De qué manera? Verdaderamente, lo ignoro. Pero como padre, en el mundo temporal, cuando mis hijos elijen el camino del dolor para aprender, no puedo evitar sentirme triste, a pesar de comprender que su respuesta, lo único que está haciendo es retardando su despertar. No pierdo la confianza en él, al igual que Dios no pierde su confianza en Su Hijo. Pero esa demora temporal me acerca a un estado de "no plenitud". Cuando escribo estas líneas, comprendo que ese "pensamiento" no forma parte de la percepción verdadera, pues se basa en un juicio de la comunicación que da más valor a lo existencial que a lo Esencial. Todo padre ha de aguardar que su hijo elija Ser y no poseer. 

7. Dios ha salvaguardado tu reino, pero no puede compartir Su gozo contigo hasta que no conozcas el reino con toda tu mente. 2La revelación no es suficiente porque es una comunicación de Dios hacia ti solamente. 3Dios no tiene necesidad de que se le devuelva la revelación, lo cual sería claramente imposible, pero sí desea que se transmita a otros. 4Esto no se puede hacer con la revelación en sí, pues su contenido no puede ser expresado debido a que es algo sumamente personal para la mente que lo recibe. 5No obstante, dicha mente la puede extender a otras men­tes, mediante las actitudes generadas por la sabiduría que se deriva de la revelación.

Otra joya metafísica del Curso que nos revela los diferentes estados de consciencia a los que estamos llamados a experimentar. Somo Hijos de Dios, pero al igual como el bebé, a su corta edad no es consciente de su potencial estado creador, el Hijo de Dios, debe alcanzar el estado de consciencia que le permita reconocer su verdadero Estado de Ser. La revelación, aparece como la vía de Comunicación  que utiliza el Padre para hacer consciente a Su Hijo de su verdadera Identidad. 

Este punto pone énfasis en que entendamos que Dios no tiene necesidad de que se le devuelva la revelación. No tendría sentido que el Hijo de Dios haga consciente a Su Padre de su Identidad. Pero, ser conscientes de lo que Somos ha de llevarnos a Comunicar, es decir, a Extender a otras mentes, la sabiduría adquirida en el estado de la revelación.

8. Dios es alabado cada vez que una mente aprende a ser comple­tamente servicial. 2Esto, sin embargo, es imposible, a menos que también aprenda a ser completamente inofensiva, pues ambas creencias tienen que coexistir. 3Los que son verdaderamente servi­ciales son a su vez invulnerables porque no protegen a sus egos, y, por lo tanto, nada puede hacerles daño. 4Su espíritu servicial es la manera en que alaban a Dios, y Él les devolverá las alabanzas que le hagan porque ellos son como Él, y pueden regocijarse juntos. 5Dios se extiende hasta ellos y a través de ellos, y cunde una gran alegría por todo el Reino. 6Cada mente que ha sido transformada contribuye a aumentar esta alegría al estar individualmente dis­puesta a compartirla. 7Los verdaderamente serviciales son los obradores de milagros de Dios, a quienes yo dirijo hasta que este­mos todos unidos en el júbilo del Reino. 8Yo te dirigiré allí donde puedas ser verdaderamente servicial, y a quien pueda seguir mi dirección a través de ti.

Entiendo la capacidad de servir, como  una de las más elevadas virtudes del Espíritu, sencillamente por una razón, el que pone su voluntad al servicio de los demás, no sirve al ego. Su mente se ha liberado de la ceguera de la ilusión, y ahora, despierto, se pone al servicio de la Verdad, compartiéndola con los demás.

lunes, 25 de marzo de 2024

La Semana Santa desde el punto de vista de Un Curso de Milagros.

La Semana Santa desde el punto de vista de Un  Curso de Milagros.

“El Domingo de Ramos, representa la celebración de la victoria y la aceptación de la verdad.  Nos recomienda el Curso, que no nos pasemos esta Semana Santa lamentando la crucifixión del Hijo de Dios, sino celebrando jubi­losamente su liberación. Pues la Pascua de Resurrección es el signo de la paz, no del dolor. Un Cristo asesinado no tiene sen­tido. Pero un Cristo resucitado se convierte en el símbolo de que el Hijo de Dios se ha perdonado a sí mismo, en la señal de que se considera a sí mismo sano e íntegro” (T-20.I.1:1-5).


“Esta semana empieza con ramos y termina con azucenas, el signo puro y santo de que el Hijo de Dios es inocente. No permi­tas que ningún signo lúgubre de crucifixión se interponga entre la jornada y su propósito, entre la aceptación de la verdad y su expresión. Esta semana celebramos la vida, no la muerte. Y honr­amos la perfecta pureza del Hijo de Dios, no sus pecados. Hazle a tu hermano la ofrenda de las azucenas, no la de una corona de espinas; el regalo del amor, no el "regalo" del miedo. Te encuen­tras a su lado, con espinas en una mano y azucenas en la otra, indeciso con respecto a cuál le vas a dar. Únete a mí ahora, des­hazte de las espinas y, en su lugar, ofrécele las azucenas. Lo que quiero esta Pascua es el regalo de tu perdón, que tú me concedes y yo te devuelvo. No podemos unirnos en la crucifixión ni en la muerte. Ni tampoco puede consumarse la resurrección hasta que tu perdón descanse sobre Cristo, junto con el mío” (T-20.I.2:1-10).

“Una semana es poco tiempo, sin embargo, la Semana Santa simboliza la jornada que el Hijo de Dios emprendió. Él comenzó con el signo de la victoria, la promesa de la resurrección, la cual ya se le había concedido. No dejes que caiga en la tentación de la crucifixión ni que se demore allí. Ayúdale a seguir adelante en paz más allá de ella, con la luz de su propia inocencia alum­brando el camino hacia su redención y liberación. No le obstru­yas el paso con clavos y espinas cuando su redención está tan cerca. Deja, en cambio, que la blancura de tu radiante ofrenda de azucenas lo acelere en su camino hacia la resurrección” (T-20.I.3:1-6). 

“La Pascua no es la celebración del costo del pecado, sino la celebración de su final. Si al mirar entre los níveos pétalos de las azucenas que has recibido y ofrecido como tu regalo vislumbras tras el velo la faz de Cristo, estarás contemplando la faz de tu hermano y reconociéndola. Yo era un extraño y tú me acogiste, a pesar de que no sabías quién era. Mas lo sabrás por razón de tu ofrenda de azucenas. En el perdón que le concedes a ese forastero, que aunque es un extraño para ti es tu Amigo ancestral, reside su liberación y tu redención junto con él. La temporada de Pascua es una temporada de júbilo, no de duelo. Contempla a tu Amigo resucitado y celebra su santidad junto conmigo. Pues la Pascua es la temporada de tu salvación, junto con la mía. (T-20.I.4:1-8). 

Antes de continuar con las aportaciones extraídas del Curso sobre el tema que estamos analizando, me gustaría exponer la visión de la Iglesia Católica, pues ello nos aportará un debate que nos permitirá desarrollar aspectos tan importantes como la crucifixión y la resurrección. 

En la Semana Santa los cristianos celebran el misterio de la Redención de Cristo, quien, por su infinita misericordia y amor al hombre, decide libremente tomar nuestro lugar y recibir el castigo merecido por nuestros pecados.  

Como se puede apreciar en el punto anterior, para los seguidores de la fe cristiana, la “redención” está estrechamente vinculada con los conceptos “pecados” y “castigo”. Y lo que considero de mayor importancia, ya que ello se convierte en uno de los pilares más sólidos de su fe, Dios manda a su Hijo, al mundo, con la misión de morir en la cruz para salvar a la humanidad. 

Si la idea del “pecado” ya ha marcado al hombre con la errónea creencia de sentirse impuro a los ojos de Su Creador, lo que ha propiciado el Temor a Dios, dicha idea, adquiere tintes no menos conflictivos, al ver como un Dios, cuyo atributo principal debe ser su espíritu amoroso, permite que Su Hijo bienamado, sufra, padezca castigos y finalmente, alcance la muerte siendo crucificado, con el propósito de liberarnos del pecado. 

“La crucifixión no estableció la Expia­ción; fue la resurrección la que lo hizo. Son muchos los cristianos sinceros que no han entendido esto correctamente. Nadie que esté libre de la creencia en la escasez podría cometer tal equivoca­ción. Si se examina la crucifixión desde un punto de vista inver­tido, parece como si Dios hubiese permitido, e incluso fomentado, el que uno de Sus Hijos sufriese por ser bueno. Esta desafortu­nada interpretación, que surgió como resultado de la proyección, ha llevado a muchas personas a vivir sumamente atemorizadas de Dios. Tales conceptos anti-religiosos se infiltran en muchas reli­giones. El auténtico cristiano, sin embargo, debería hacer una pausa y preguntarse: "¿Cómo iba a ser posible esto? ¿Cómo iba a ser posible que Dios Mismo fuese capaz de albergar el tipo de pensamiento que Sus Propias palabras han señalado claramente que es indigno de Su Hijo?" (T-3.I.1:2-9). 

El efecto que causa el párrafo anterior es como el “agua viva” que purifica el alma. Me lleva a sentir, como parte de esa culpa inconsciente que atormenta mi espíritu, se desvanece, se purifica, se disuelve, dando paso a una nueva visión que se asemeja con el despertar y en la que me siento liberado y salvo. 

Mientras que creamos que la crucifixión es el verdadero mensaje de la redención, de la expiación, estaremos dando protagonismo al ego. Como bien nos enseña el Curso: 

“El viaje a la cruz debería ser el último "viaje inútil". 2No sigas pensando en él, sino dalo por terminado. Si puedes aceptarlo como tu último viaje inútil, serás libre también de unirte a mi resurrección. Hasta que no lo hagas, estarás desperdiciando tu vida, ya que ésta simplemente seguirá siendo una repetición de la separación, de la pérdida de poder, de los esfuerzos fútiles que el ego lleva a cabo en busca de compensación y, finalmente, de la crucifixión del cuerpo o muerte. Estas repeticiones continuarán indefinidamente hasta que voluntariamente se abandonen. No cometas el patético error de "aferrarte a la vieja y rugosa cruz". El único mensaje de la crucifixión es que puedes superar la cruz. Hasta que no la superes eres libre de seguir crucificándote tan a menudo como quieras. Éste no es el Evangelio que quise ofrecerte” (T-4.I.3:1-10). 

Jesús, a través de Un Curso de Milagros, nos recuerda que se nos ha pedido que lo tomemos como modelo para nuestro aprendizaje, ya que un ejemplo extremo como el personificado por Él, es un recurso de aprendizaje sumamente útil. 

Pero nuestra mente, elige qué interpretación dar a esa enseñanza, y lo hace llevándonos a ver tan solo aquello en lo que creemos. Si creemos en la crucifixión, en los términos descritos anteriormente, interpretaremos ese guión como una lección de ataque.  Mientras que, si creemos que la crucifixión no es la vía de la verdadera expiación, el mensaje de la crucifixión adquiere otro significado, el de enseñar que no es necesario percibir ninguna forma de ataque en la persecución, pues no puedes ser perseguido. 

Un Curso de Milagros, en el Capítulo 6, titulado, “Las Lecciones del Amor”, nos enseña la correcta visión que debemos tener sobre la enseñanza del “ataque”.

“La relación que existe entre la ira y el ataque es obvia, pero la relación que existe entre la ira y el miedo no es siempre tan evi­dente. La ira siempre entraña la proyección de la separación, lo cual tenemos que aceptar, en última instancia, como nuestra pro­pia responsabilidad, en vez de culpar a otros por ello. No te puedes enfadar a no ser que creas que has sido atacado, que está justificado contraatacar y que no eres responsable de ello en absoluto. Dadas estas tres premisas completamente irracionales, se tiene que llegar a la conclusión, igualmente irracional, de que un hermano merece ataque en vez de amor. ¿Qué se puede espe­rar de premisas dementes, sino conclusiones dementes? La manera de desvanecer una conclusión demente es analizando la cordura de las premisas sobre las que descansa. Tú no puedes ser atacado, el ataque no tiene justificación y tú eres responsable de lo que crees” (T-6.In.1:1-7). 

“Para los efectos del aprendizaje, examinemos de nuevo la cruci­fixión. No hice hincapié en ella anteriormente debido a las temi­bles connotaciones que quizá tengas asociadas con ella. Lo único que se ha subrayado hasta ahora es que no fue una forma de castigo. No obstante, no se puede explicar nada utilizando exclu­sivamente términos negativos. Existe una interpretación cons­tructiva de la crucifixión que está totalmente desprovista de miedo y que, por lo tanto, si se entiende debidamente, es total­mente benévola en cuanto a lo que enseña” (T-6.I.1:1-5). 

“La crucifixión no es más que un ejemplo extremo. Su valor, al igual que el valor de cualquier otro recurso de enseñanza, reside únicamente en la clase de aprendizaje que facilita. Se puede entender -y se ha entendido- incorrectamente. Ello se debe úni­camente al hecho de que los temerosos tienden a percibir con miedo. Ya te dije que siempre puedes recurrir a mí para compar­tir mi decisión, y de ese modo hacerla más firme. Te dije también que la crucifixión fue la última jornada inútil que la Filiación tuvo que emprender, y que para todo aquel que la entienda representa la manera de liberarse del miedo. Aunque antes sólo hice hinca­pié en la resurrección, no aclaré entonces el propósito de la cruci­fixión y la manera en que ésta, de hecho, condujo a la resurrec­ción. Ese propósito, no obstante, tiene una aportación muy concreta que hacer a tu propia vida, y si lo examinas sin miedo, te ayudará a comprender tu propio papel como maestro” (T-6.I.2:1-8). 

“Es probable que hayas estado reaccionando durante muchos años como si te estuviesen crucificando. Ésta es una marcada tendencia de los que creen estar separados, que siempre se nie­gan a examinar lo que se han hecho a sí mismos. La proyección implica ira, la ira alienta la agresión y la agresión fomenta el miedo. El verdadero significado de la crucifixión radica en la aparente intensidad de la agresión cometida por algunos de los Hijos de Dios contra otro. Esto, por supuesto, es imposible, y se tiene que entender cabalmente que es imposible. De lo contrario, yo no puedo servir de modelo para el aprendizaje” (T-6.I.3:1-6). 

“En última instancia, sólo el cuerpo puede ser agredido. No cabe duda de que un cuerpo puede agredir a otro, y puede incluso destruirlo. Sin embargo, si la destrucción en sí es imposi­ble, cualquier cosa que pueda ser destruida no es real. Su des­trucción, por lo tanto, no justifica tu ira. En la medida en que creas que la justifica, estarás aceptando premisas falsas y enseñán­doselas a otros. El mensaje de la crucifixión fue precisamente enseñar que no es necesario percibir ninguna forma de ataque en la persecución, pues no puedes ser perseguido. Si reaccionas con ira, tienes que estar equiparándote con lo destructible, y, por lo tanto, viéndote a ti mismo de forma demente” (T-6.I.4:1-7). 

“He dejado perfectamente claro que soy como tú y que tú eres como yo, pero nuestra igualdad fundamental sólo puede demos­trarse mediante una decisión conjunta. Eres libre, si así lo eliges, de percibirte a ti mismo como si te estuvieran persiguiendo. Mas cuando eliges reaccionar de esa manera, deberías recordar que yo fui perseguido de acuerdo con el pensar del mundo, y que no compartí esa interpretación. Y puesto que no la compartí, no la reforcé. Ofrecí, consecuentemente, una interpretación diferente del ataque, que deseo compartir contigo. Si la crees, me ayuda­rás a enseñarla” (T-6.I.5:1-6). 

“Como ya dije anteriormente: "Lo que enseñes es lo que apren­derás". Si reaccionas como si te estuvieran persiguiendo, estarás enseñando persecución. No es ésta la lección que el Hijo de Dios debe enseñar si es que ha de alcanzar su propia salvación. Enseña más bien tu perfecta inmunidad, que es la verdad acerca de ti, y date cuenta de que no puede ser atacada. No trates de protegerla, pues, de lo contrario, creerás que es susceptible de ser atacada. No se te pide ser crucificado, lo cual fue parte de lo que yo aporté como maestro. Se te pide únicamente que sigas mi ejemplo cuando te asalten tentaciones mucho menos extremas de percibir falsamente, y que no las aceptes como falsas justificacio­nes para desatar tu ira. No puede haber justificación para lo injustificable. No creas que la hay, ni enseñes que la hay. Recuerda siempre que enseñas lo que crees. Cree lo mismo que yo, y llegaremos a ser maestros de igual calibre” (T-6.I.6:1-11).

“Tu resurrección es tu redespertar. Yo soy el modelo del renaci­miento, pero el renacimiento en sí no es más que el despuntar en la mente de lo que ya se encuentra en ella. Dios Mismo lo puso allí, y, por lo tanto, es cierto para siempre. Yo creí en ello, y, por consiguiente, lo acepté como la verdad. Ayúdame a enseñárselo a nuestros hermanos en nombre del Reino de Dios, pero cree pri­mero que es verdad, pues, de lo contrario, enseñarás mal. Mis hermanos se quedaron dormidos durante la supuesta "agonía del huerto", pero yo no pude haberme indignado con ellos porque sabía que no podía ser abandonado” (T-6.I.7:1-6). 

“Lamento cuando mis hermanos no comparten mi decisión de oír solamente una Voz, pues eso los debilita como maestros y como alumnos. Con todo, sé que no pueden realmente traicio­narse a sí mismos ni traicionarme a mí, y que sobre ellos es donde todavía tengo que edificar mi iglesia. No hay ninguna otra alter­nativa al respecto porque únicamente tú puedes ser la roca de la iglesia de Dios. Allí donde hay un altar hay una iglesia, y la pre­sencia del altar es lo que hace que la iglesia sea santa. La iglesia que no inspira amor, tiene un altar oculto que no está sirviendo al propósito para el que Dios lo destinó. Tengo que edificar Su igle­sia sobre ti porque quienes me aceptan como modelo son literal­mente mis discípulos. Los discípulos son seguidores, y  si el modelo que siguen ha elegido evitarles dolor en relación con todo, serían ciertamente insensatos si no lo siguiesen” (T-6.I.8:1-7). 

“Elegí, por tu bien y por el mío, demostrar que el ataque más atroz, a juicio del ego, es irrelevante. Tal como el mundo juzga estas cosas, mas no como Dios sabe que son, fui traicionado, aban­donado, golpeado, atormentado y, finalmente, asesinado. Está claro que ello se debió únicamente a las proyecciones de otros sobre mí, ya que yo no le había hecho daño a nadie y había curado a muchos” (T-6.I.9:1-3). 

“Seguimos gozando de perfecta igualdad como alumnos, aun­que no es necesario que tengamos las mismas experiencias. El Espíritu Santo se regocija cuando puedes aprender de las mías y valerte de ellas para volver a despertar. Ése es su único propó­sito y ésa es la única manera en que yo puedo ser percibido como el camino, la verdad y la vida. Oír una sola voz nunca implica sacrificio. Por el contrario, si eres capaz de oír al Espíritu Santo en otros, puedes aprender de sus experiencias y beneficiarte de ellas sin tener que experimentarlas directamente tú mismo. Eso se debe a que el Espíritu Santo es uno, y todo aquel que le escucha es conducido inevitablemente a demostrar Su camino para todos” (T-6.I.10:1-6). 

“Nadie te está persiguiendo, del mismo modo en que nadie me persiguió a mí. No se te pide que repitas mis experiencias, pues el Espíritu Santo, a Quien compartimos, hace que eso sea innecesa­rio. Para valerte de mis experiencias de manera constructiva, no obstante, tienes aún que seguir mi ejemplo con respecto a cómo percibirlas. Mis hermanos, que son también tus hermanos, están constantemente justificando lo injustificable. La única lección que tengo que enseñar, puesto que la aprendí, es que ninguna percep­ción que esté en desacuerdo con el juicio del Espíritu Santo está jamás justificada. Mi función consistió en mostrar que esto es ver­dad en un caso extremo, simplemente para que pudiese servir como un instrumento de enseñanza ejemplar para aquellos que, en situaciones no tan extremas, sienten la tentación de abandonarse a la ira y al ataque. Mi voluntad, junto con la de Dios, es que ninguno de Sus Hijos sufra” (T-6.I.11:1-7). 

“La crucifixión no puede ser compartida porque es el símbolo de la proyección, pero la resurrección es el símbolo del compar­tir, ya que para que la Filiación pueda conocer su plenitud, es necesario que cada uno de los Hijos de Dios experimente un re­despertar. Sólo esto es conocimiento” T-6.I.12:1-2). 

“El mensaje de la crucifixión es inequívoco: 

Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres” (T-6.I.13:1-2). 

“Si interpretas la crucifixión de cualquier otra forma, la estarás usando como un arma de ataque en vez de como la llamada a la paz para la que se concibió. Con frecuencia, los Apóstoles la interpretaron erróneamente, por la misma razón que otros lo hacen. Su propio amor imperfecto les hizo ser vulnerables a la proyección, y, como resultado de su propio miedo, hablaron de la "ira de Dios" como el arma de represalia de Éste. No pudieron hablar de la crucifixión enteramente sin ira porque sus propios sentimientos de culpabilidad habían hecho que se sintiesen indig­nados” (T-6.I.14:1-4). 

“Éstos son algunos de los ejemplos de pensamiento tergiver­sado del Nuevo Testamento, si bien su evangelio es, en realidad, únicamente el mensaje del amor. Si los Apóstoles no se hubieran sentido culpables, nunca me habrían podido atribuir expresiones tales como: "No he venido a sembrar paz, sino espadas". Esto está en clara oposición a todas mis enseñanzas. De haberme entendido realmente, no podrían haber descrito tampoco mi reacción a Judas como lo hicieron. Yo no pude haber dicho: "¿Traicionas al Hijo del Hombre con un beso?" a no ser que hubiese creído en la traición. El mensaje de la crucifixión fue precisamente que yo no creía en la traición. El "castigo" que se dijo infligí a Judas fue un error similar. Judas era mi hermano y un Hijo de Dios, tan miembro de la Filiación como yo. ¿Cómo iba a condenarlo cuando estaba listo para probar que condenar es imposible?” (T-6.I.15:1-9).

“Cuando leas las enseñanzas de los Apóstoles, recuerda que les dije que había muchas cosas que ellos no entenderían hasta más tarde porque en aquel entonces aún no estaban completamente listos para seguirme. No quiero que dejes que se infiltre ningún vestigio de miedo en el sistema de pensamiento hacia el que te estoy guiando. No ando en busca de mártires sino de maestros. Nadie es castigado por sus pecados, y los Hijos de Dios no son pecadores. Cualquier concepto de castigo significa que estás proyectando la responsabilidad de la culpa sobre otro, y ello refuerza la idea de que está justificado culpar. El resultado es una lección acerca de cómo culpar, pues todo comportamiento enseña las creencias que lo motivan. La crucifixión fue el resul­tado de dos sistemas de pensamiento claramente opuestos entre sí: el símbolo perfecto del "conflicto" entre el ego y el Hijo de Dios. Este conflicto parece ser igualmente real ahora, y lo que enseña tiene que aprenderse ahora tal como se tuvo que aprender entonces” (T-6.I.16:1-8). 

“Yo no necesito gratitud, pero tú necesitas desarrollar tu mer­mada capacidad de estar agradecido, o no podrás apreciar a Dios. Él no necesita que lo aprecies, pero tú sí. No se puede amar lo que no se aprecia, pues el miedo hace que sea imposible apreciar nada. Cuando tienes miedo de lo que eres no lo apre­cias, y, por lo tanto, lo rechazas. Como resultado de ello, enseñas rechazo” T-6.I.17:1-5). 

“El poder de los Hijos de Dios está presente todo el tiempo porque fueron creados para ser creadores. La influencia que ejercen unos sobre otros es ilimitada, y tiene que usarse para su salvación conjunta. Cada uno de ellos tiene que aprender a ense­ñar que ninguna forma de rechazo tiene sentido. La separación es la noción del rechazo. Mientras sigas enseñando esto lo segui­rás creyendo. No es así como Dios piensa, y tú tienes que pensar como Él si es que has de volver a conocerlo” (T-6.I.18:1-6). 

Recuerda que el Espíritu Santo es el vínculo de comunicación entre Dios el Padre y Sus Hijos separados. Si escuchases Su Voz sabrías que tú no puedes herir ni ser herido, y que son muchos los que necesitan tu bendición para poder oír esto por sí mismos. Cuando sólo percibas esa necesidad en ellos, y no respondas a ninguna otra, habrás aprendido de mí y estarás tan deseoso de compartir lo que has aprendido como lo estoy yo” (T-26.I.19:1-3). 

A diferencia como creen los seguidores de la fe cristiana, la crucifixión no jugó ningún papel en la Expiación. Sólo la resurrección lo hizo y esa fue la contribución de nuestro hermano Jesús. Debemos ver en la resurrección el símbolo de la liberación de la culpabilidad por medio de la inocencia.

“La resurrección es el triunfo definitivo de Cristo sobre el ego, no atacándolo sino transcendiéndolo. Pues Cristo ciertamente se eleva por encima del ego y de todas sus "obras"; y asciende hasta el Padre y Su Reino” (T-11.VI.1:6-7). 

“¿Qué prefieres, unirte a la resurrección o a la crucifixión? ¿Condenar a tus hermanos o liberarlos? ¿Te gustaría trascen­der tu prisión y ascender hasta el Padre?” (T-11.VI.2:1-3). 

“Este mundo es la imagen de la crucifixión del Hijo de Dios. Y hasta que no nos demos cuenta de que el Hijo de Dios no puede ser crucificado, éste será el mundo que veremos. No podremos compren­der esto, no obstante, hasta que no aceptemos el hecho eterno de que el Hijo de Dios no es culpable. Él sólo merece amor porque sólo ha dado amor. No se le puede condenar porque él nunca ha con­denado. La Expiación es la última lección que necesita aprender, pues le enseña que puesto que nunca pecó, no tiene necesidad de salvación” (T-13.In.4:1-6).

Capítulo 4. VI. Las recompensas de Dios

VI. Las recompensas de Dios.

1. El ego no reconoce el verdadero origen de la "amenaza", y si tú te identificas con el ego, no entenderás la situación tal como es. 2Lo único que le confiere al ego poder sobre ti es la lealtad que le guardas. 3Me he referido al ego como si fuera una entidad sepa­rada que actúa por su cuenta. 4Esto ha sido necesario para persuadirte de que no puedes descartarlo a la ligera y de que tienes que darte cuenta de cuán extensa es la parte de tu pensamiento que él controla. 5Sin embargo, no nos podemos detener ahí, pues, de lo contrario, no podrías sino pensar que mientras estés aquí, o mientras creas estar aquí, estarás en conflicto. 6El ego no es más que una parte de lo que crees acerca de ti. 7Tu otra vida ha conti­nuado sin ninguna interrupción, y ha sido, y será siempre, com­pletamente inmune a tus intentos de disociarte de ella.

Este punto me lleva a plantearme una cuestión importante. Al leer estas líneas, ¿quién las lee? ¿Mi ser espiritual, a través del Espíritu Santo? o ¿Mi ego, a través de los ojos de mi cuerpo?

La respuesta nos ayudará a comprender el lugar que ocupa el ego y el lugar que ocupa nuestro verdadero Ser. Ya hemos dicho, que el cuerpo es neutral y que, a pesar de ser la fabricación del ego, puede servir a los intereses de la mente errónea o de la mente recta. 

El poder que ejerce el ego sobre nuestra mente es evidente, tanto es así, que nos lleva a creer que somos el cuerpo con el que percibimos la realidad que nos rodea. Luego el ego, mientras que nuestra mente se encuentra en ese estado de vibración, que da lugar a esa creencia, no dará crédito al contenido de  lo recogido en este punto, ni en la totalidad del Curso. Podemos estar seguros, que el hecho de que nos encontremos entregados en el estudio de esta materia, es nuestra mente recta la que nos guía, o lo que es lo mismo, hemos elegido servir al Espíritu Santo, para lograr despertar del sueño profundo en el que nos mantiene el ego.

El ego, rechazará las afirmaciones contenida en el Curso, pues reconocerlas como verdad, supone su inexistencia.

Por lo tanto, contestando a la cuestión planteada inicialmente en esta reflexión, en estos momentos mi mente y la tuya se encuentran en estado Espiritual, animada por la voz del Espíritu Santo. 

2. En el proceso de aprender a escapar de las ilusiones, es impres­cindible que nunca te olvides de la deuda que tienes con tu her­mano. 2 Es la misma deuda que tienes conmigo. 3 Cuando actúas egoístamente con otro, repudias la gracia que esta deuda te ofrece y la percepción santa que produciría. 4La palabra "santa" puede usarse aquí porque a medida que aprendes cuán endeudado estás con toda la Filiación, la cual me incluye a mí, te aproximas tanto al conocimiento como la percepción lo permite. 5La brecha que entonces queda es tan diminuta que el conocimiento puede sal­varla y eliminarla para siempre.

Este punto nos recuerda que no caminamos solos y que la identificación con el ego, nos ha llevado a establecer una relación con nuestros hermanos basada en la creencia de la separación y en la que escasea la esencia del amor. De ahí, que este apartado haga referencia a la deuda que tenemos con nuestros hermanos y con el representante del Amor, con Cristo.

Nuestra deuda, con nosotros mismos, es una deuda de Amor. El haber apostado por el ego, nos ha situado en un mundo donde impera el miedo y el dolor. La unidad que nos mantiene unido a los demás, hace que proyectemos esa deuda de amor en ellos. En la medida que saldemos esa deuda, será la evidencia de que nos habremos sanados interiormente.

3. Todavía tienes muy poca confianza en mí, pero ésta aumentará a medida que recurras más y más a mí -en vez de a tu ego- en busca de consejo. 2Los resultados te irán convenciendo cada vez más de que ésta es la única elección cuerda que puedes hacer. 3Nadie que aprenda por experiencia propia que cierta elección le brinda paz y alegría, mientras que otra le precipita al caos y al desastre tiene más necesidad de persuasión. 4Es más eficaz apren­der a base de recompensas que a base de dolor porque el dolor es una ilusión del ego y no puede producir más que un efecto tem­poral. 5Las recompensas de Dios, en cambio, se reconocen inmediatamente como eternas. 6Puesto que este reconocimiento lo haces tú y no el ego, el reconocimiento mismo establece que tú y el ego no podéis ser lo mismo. 7Tal vez creas que ya has aceptado esto, pero aún no estás convencido de ello en absoluto. 8Prueba de ello es el hecho de que crees que debes escaparte del ego. 9Sin embargo, no puedes escaparte de él humillándolo; controlándolo o castigándolo.

Reconozco, que, en mis inicios, cuando elegí ver las cosas de otra manera y apostar por seguir la guía de los valores espirituales, el ego se convirtió en mi peor enemigo, lo que me llevó a tratarlo con las mismas armas de las que pretendí huir: el odio, el rencor, la culpa, el castigo, el sufrimiento, la represión, etc. 

Con el tiempo, he ido comprendiendo que estaba intentando corregir un error con otro error. Hoy me encuentro en una dinámica diferente y cuando observo el comportamiento del ego, me limito a no juzgarlo, y de este modo consigo no hacerlo real. Seguidamente, dejo de alimentar su visión, pues el mirarlo ya lo hace real. Dejar de mirarlo significa, dejar de prestar atención a sus voces, y en su lugar, dirijo mis pensamientos hacia el Espíritu Santo, dejando en sus manos una Visión exenta de miedo.

4. El ego y el espíritu no se conocen. 2Sólo mediante la disociación puede la mente separada mantener vigente la separación. 3Una vez que ha hecho esto, niega todos los impulsos verdadera­mente naturales, no porque el ego sea una cosa separada, sino porque quieres creer que tú lo eres. 4El ego es un mecanismo para seguir albergando esta creencia, pero sigue siendo únicamente tu decisión de usar tal mecanismo lo que lo perpetúa.

Considero muy importante el hecho de que tomemos consciencia de que el ego es nuestra elección. Puedes autoconvencerte ahora mismo, si lo deseas, con tal solo hacer consciente la conexión mental que estás eligiendo. Lo primero que deber saber, es que tan solo puedes sintonizar dos canales: el del Amor y el del miedo. El primero tan solo emite pensamientos de unidad. El segundo tan solo emite pensamientos de separación. ¿Qué sintonía escuchas ahora mismo? Identifica el estado interior que te produce ese pensamiento-sintonía. No hay equívoco en ello. Si tu estado mental es de Paz y Felicidad, es indicio de que has sintonizado con el Amor. Si tu estado mental es de dolor y negación, es la evidencia de que has sintonizado con el canal del miedo.

5. ¿Cómo puedes enseñarle a alguien el valor de algo que él mismo ha desechado deliberadamente? 2Tiene que haberlo dese­chado porque no le atribuyó ningún valor. 3Lo único que puedes hacer es mostrarle cuánta infelicidad le causa su ausencia e írselo acercando lentamente para que pueda ver cómo mengua su infor­tunio según él se aproxima a ello. 4Esto le enseña a asociar su infelicidad con la ausencia de lo que desechó, y lo opuesto a la infelicidad con su presencia. 5Comenzará a desearlo gradualmente a medida que cambie de parecer con respecto a su valor. 6Te estoy enseñando a que asocies la infelicidad con el ego y la felicidad con el espíritu. 7Tú te has enseñado a ti mismo lo contrario. 8Sigues siendo libre de elegir, mas a la vista de las recompensas de Dios, ¿puedes realmente desear las recompensas del ego?

Los argumentos del ego, en nuestro actual estado de conciencia, tienen mucho poder sobre la misma. Su voz intenta convencernos de que nuestra verdadera realidad es corporal, al invitarnos a que le mostremos la realidad del espíritu. Su argucia nos dice: yo te muestro lo que eres para que lo percibas y tomes consciencia de lo que eres. Muéstrame tu presencia espiritual para que percibiéndola pueda dar testimonio de ella. Asocia la percepción a la verdadera vida, al tiempo que, su temor a perderla, le produce terror.

La percepción errónea dará paso a la percepción verdadera, cuando seamos capaces de ver, que lo percibido es un pensamiento y no una realidad temporal. Mientras que lo físico está sujeto a un ciclo temporal, el contenido de nuestra mente perdura más allá del tiempo. Es la puerta de entrada que nos lleva a comprender que lo esencial es mental y no físico. En esa medida, la nueva visión nos llevará a la búsqueda de lo eterno por encima de lo efímero, o lo que es lo mismo, a sintonizar el canal del Amor y a desechar el del miedo.

6. De momento, la confianza que yo tengo en ti es mayor que la que tú tienes en mí, pero no siempre será así. 2Tu misión es muy simple. 3Se te pide que vivas de tal forma que demuestre que no eres un ego, y yo no me equivoco al elegir los canales de Dios. 4El Santísimo comparte mi confianza, y acepta mis decisiones con respecto a la Expiación porque mi voluntad nunca está en desa­cuerdo con la Suya. 5Dije anteriormente que yo estoy a cargo de la Expiación. 6Esto es así debido únicamente a que completé mi papel en ella como hombre, y ahora puedo completarla a través de otros. 7Los canales que he elegido no pueden fallar porque les prestaré mi fortaleza mientras la suya sea insuficiente.

Se habla del Camino Espiritual, aludiendo que el "despertar", ese momento en el que decidimos ver las cosas de otra manera, a dejar de sintonizar el canal del ego, dará lugar a una nueva andadura que ha de llevar a nuestra consciencia a elegir nuevas respuestas, y ese movimiento interno, se percibe como andar un nuevo camino. En ese nuevo camino, nos acompaña un nuevo compañero. Hemos elegido a Jesús, para que nos acompañe en la nueva ruta.

7. Iré contigo al Santísimo, y mediante mi percepción Él podrá salvar la diminuta brecha. 2Tu gratitud hacia tu hermano es la única ofrenda que quiero. 3Yo se la llevaré a Dios por ti, sabiendo que conocer a tu hermano es conocer a Dios. 4Si le estás agradecido a tu hermano, le estarás agradecido a Dios por lo que El creó. 5Mediante tu gratitud podrás llegar a conocer a tu hermano, y un momento de verdadero reconocimiento convierte a todo el mundo en tu hermano porque cada uno de ellos es Hijo de tu Padre. 6El amor no conquista todas las cosas, pero sí las pone en su debido lugar. 7Puesto que tú eres el Reino de Dios te puedo conducir de vuelta a tus propias creaciones. 9Ahora no las recono­ces, pero aquello de lo cual te has disociado aún se encuentra ahí.

Nuevamente, este punto, nos centra la dirección que debemos tomar para llegar a la nueva meta propuesta: el agradecimiento a nuestros hermanos. No podemos andar este nuevo camino, sino lo hacemos de la mano de nuestros hermanos. Es la evidencia de que hemos dejado atrás al ego, a la creencia en la separación, y de que hemos elegido un nuevo sistema de creencias en la que prevalece la Visión de la Unidad.

8. A medida que te acercas a un hermano te acercas a mí, y a medida que te alejas de él, la distancia entre tú y yo aumenta. 2La salvación es "una empresa de colaboración. 3No la pueden emprender con éxito aquellos que se desvinculan de la Filiación porque al hacer eso se desvinculan de mí. 4Dios acudirá a ti sólo en la medida en que se Lo ofrezcas a tus hermanos. 5Aprende primero de ellos, y estarás listo para oír a Dios. 6Eso se debe a que el Amor sólo tiene una función.

Mi gratitud eterna hacia ti, hermano. ¡Qué así sea!

sábado, 23 de marzo de 2024

Capítulo 4. V. La ilusión del ego-cuerpo

V. La ilusión del ego-cuerpo

1. Todas las cosas obran conjuntamente para el bien. 2En esto no hay excepciones, salvo a juicio del ego. 3El ego se mantiene extre­madamente alerta con respecto a lo que permite llegar hasta la conciencia, y ésa no es la manera en que una mente equilibrada se mantiene ecuánime. 4El desequilibrio del ego se acentúa aún más porque mantiene su motivación principal oculta de tu con­ciencia, y hace que el control predomine sobre la cordura. 5El ego tiene todas las razones del mundo para hacer esto, de acuerdo con el sistema de pensamiento que le dio origen y al que sirve. 6Puesto que el sano juicio juzgaría irrevocablemente contra él, el ego lo tiene que eliminar en aras de su propia supervivencia.


La primera afirmación recogida en este punto, genera confusión para el sistema de pensamiento en el que se fundamenta las creencias del ego. Es más, juzgaría de locura tal afirmación, argumentando que está fuera de la realidad que percibe: ¿cómo es posible que la enfermedad, el dolor, las guerras, los asesinatos, las violaciones, la pobreza, etc.., sean para nuestro bien?

Tal vez, al reflexionar sobre estas motivaciones, también te aborde la duda si la afirmación recogida en este apartado es pura chaladura.

Todo dependerá de tu estado mental, de tu estado de creencia. Si consideras que las cosas ocurren para dañarnos, para castigarnos por nuestros pecados, o simplemente ocurren, porque tienen que ocurrir, sin más sentido, entonces tendrás razones para argumentar en contra de tal afirmación, pues has elegido seguir el juego al sistema de pensamiento del ego, que basa sus juicios en el miedo, en un mundo donde impera la percepción errónea sobre la visión correcta.

Para el ego, las cosas son buenas o malas. En su sistema de pensamiento todo ha de pasar por el  filtro del juicio. Pero una dedicación más detenida y profunda de las cosas que ocurren en el mundo de la percepción, nos permitirá reconocer que las cosas tienen otra lectura, otra visión y que no tienen por qué ser así. 

Todo efecto está unido a una causa. Descubrir la verdadera causa es la clave para determinar si las cosas obran conjuntamente para el bien. Lo que ocurre, nunca es casual. Más allá del juicio moral en el que se regocija el ego, lo que ocurre, siempre tiene como único fin, el que nuestra consciencia reconozca nuestra verdadera identidad, nuestra verdadera procedencia. Recordar lo que realmente somos, es el final de la hegemonía del ego. Desde esta nueva visión, consecuencia de ese reencuentro con nuestra verdadera identidad, todo ocurre para nuestro bien.

2. Una de las causas principales del estado de desequilibrio del ego es su falta de discernimiento entre lo que es el cuerpo y lo que son los Pensamientos de Dios. 2Los Pensamientos de Dios son inaceptables para el ego porque apuntan claramente al hecho de que él no existe. 3El ego, por lo tanto, los distorsiona o se niega a aceptarlos. 4Pero no puede hacer que dejen de existir. 5El ego, por consiguiente, trata de ocultar no sólo los impulsos "inacepta­bles" del cuerpo, sino también los Pensamientos de Dios, ya que ambos suponen una amenaza para él. 6Dado que lo que básica­mente le preocupa es su propia supervivencia ante cualquier amenaza, el ego los percibe a ambos como si fueran lo mismo. 7Y al percibirlos así, evita ser aniquilado, como de seguro lo sería en presencia del conocimiento.

La percepción correcta, nos abrirá una nueva visión de la realidad que somos. El cuerpo, ese envoltorio temporal con el que percibimos el mundo material, no se convertirá en una causa de nuestras tribulaciones y de nuestras debilidades, sino que será utilizado para facilitar la expresión de los valores del espíritu. Para ello, debemos conocer que el cuerpo es neutral y que está al servicio de nuestra mente. Por lo tanto, es en nuestra mente donde debemos buscar la causa errónea a corregir.

3. Cualquier sistema de pensamiento que confunda a Dios con el cuerpo no puede por menos que ser demente. 2Sin embargo, esa confusión es esencial para el ego, que juzga únicamente en fun­ción de lo que supone o no una amenaza para él. 3En cierto sen­tido su temor a Dios es cuando menos lógico, puesto que la idea de Dios hace que el ego se desvanezca. 4Pero que le tenga miedo al cuerpo, con el que se identifica tan íntimamente, no tiene nin­gún sentido.

Poner fin al ego no significa poner fin al cuerpo. Como hemos dicho en el punto anterior, el cuerpo es una herramienta al servicio de la mente. No es una creación de Dios, pero sí una fabricación de nuestra mente creadora, por lo que debemos utilizarlo para ponerlo al servicio de la mente recta que ha de conducirnos hacia el reencuentro con nuestro Padre.

Utilizar el cuerpo, sin miedo, sin apego, con amor, es un modo de poner fin a la autoridad ilusoria del ego, que como hemos dicho en otras ocasiones, es el fruto de la creencia en la separación y en la división.

4. El cuerpo es el hogar que el ego ha elegido para sí. 2Ésta es la única identificación con la que se siente seguro, ya que la vulnera­bilidad del cuerpo es su mejor argumento de que tú no puedes proceder de Dios. 3Ésta es la creencia que el ego apoya ferviente­mente. 4Sin embargo, odia al cuerpo porque no lo considera lo suficientemente bueno como para ser su hogar. 5En este punto es donde la mente queda definitivamente. aturdida. 6Habiéndole dicho el ego que ella es realmente parte del cuerpo y que el cuerpo es su protector, también le dice que el cuerpo no puede protegerla. 7Por consiguiente, la mente inquiere: "¿Dónde puedo encontrar protección?", a lo que el ego responde: "En mí". 8La mente, y no sin razón, le recuerda al ego que él mismo ha insistido que con lo que ella se tiene que identificar es con el cuerpo, de modo que no tiene objeto recurrir a él para obtener protección. 9El ego no dis­pone de una respuesta plausible para esto, puesto que no la hay, pero sí dispone de una solución típica: 10eliminar la pregunta de la conciencia. 11Una vez fuera de la conciencia la pregunta puede producir desasosiego, y de hecho lo produce, pero no puede ser contestada porque no puede ser planteada.

La ambigüedad, es el estado mental propio del ego. La confusión genera miedo en la conciencia y en la visión correcta de lo que somos, hace que descubramos la falta de coherencia en las creencias en las que el ego basa su sistema de creencias. 

Desde que nacemos se nos educa para atender las necesidades del vehículo con el que nos encontramos identificados. No enseñan que con la muerte termina todo y nuestra identidad se difumina en un estado de no existencia. Esa visión genera miedo, y nos ofrece una vida donde el goce, la posesión, la rivalidad, el poder, etc., se convierten en  objetivos que han de asegurar nuestra sobrevivencia.

5. Ésta es la pregunta que debes hacerte: "¿Adónde debo acudir en busca de protección?" 2”Busca y hallarás" no significa que tengas que buscar ciega y desesperadamente algo que no podrías reconocer. 3La búsqueda que tiene sentido se emprende consciente­mente, se organiza conscientemente y se dirige conscientemente. 4El objetivo debe formularse claramente y luego tenerse siempre presente. 5Aprender y querer aprender son inseparables. 6Te resulta más fácil aprender cuando crees que lo que estás tratando de aprender tiene valor para ti. 7Ahora bien, no todo lo que tal vez quieras aprender tiene valor duradero. 8En realidad, muchas de las cosas que quieres aprender tal vez las hayas escogido precisa­mente porque su valor es efímero.

Cuando agotamos al cuerpo, a nuestra mente, en la ardua búsqueda de atrapar lo que consideramos nuestra felicidad, ese agotamiento no ha conseguido su meta, pues la felicidad que persigue en el mundo de la ilusión y de la temporalidad, es efímera. Tal vez, como consecuencia de ese agotamiento infructuoso, decidamos dirigir la mirada hacia otro sitio y elegimos ver las cosas de otra manera. Nos decimos, las cosas no tienen por qué ser así, y será en ese momento que debemos recordar que todo objetivo de aprendizaje debe formularse claramente y luego tenerse siempre presente. No se trata de dar un paso hacia delante y dos hacia atrás. Es por ello que este punto nos recuerda, que aprender y querer aprender son inseparables.

6.  El ego cree que es una ventaja no comprometerse con nada que sea eterno, ya que lo eterno sólo puede proceder de Dios. 2La eternalidad es la única función que el ego ha tratado de desarrollar, si bien ha fracasado repetidamente. 3El ego transige con la cuestión de lo eterno, al igual que con todas las cuestiones que de algún modo tienen que ver con la verdadera pregunta, la cual espera encubrir y mantener fuera de la conciencia ocupándose de asuntos marginales. 4La tendencia típica del ego de estar continuamente ocupado con nimiedades tiene como objeto apoyar ese propósito. 5Uno de sus ardides favoritos para obstaculizar el aprendizaje es embarcarse en problemas diseñados de tal manera que su resolución sea imposible. 6La pregunta que nunca formulan quienes se embarcan en tales maniobras dilatorias es: "¿Para qué?" 7Esa es la pregunta que tú tienes que aprender a plantear en relación con todo. 8¿Qué propósito tiene esto? 9Sea cual fuere, dirigirá tus esfuerzos automáticamente. 10Cuando tomas una decisión con respecto a un propósito, tomas una decisión con respecto a los esfuerzos que vas a llevar a cabo en el futuro. 11Y esta decisión permanecerá en vigor a menos que cambies de parecer.

No es lo mismo preguntarse, ¿por qué?, que ¿para qué? Si reflexionamos sobre estas cuestiones, descubriremos que la cuestión más utilizado por el ego, es el ¿por qué?, pues en verdad, no desea conocer la verdad, sino sentirse víctima de los efectos que le depara su mundo de percepción. El por qué no nos lleva a conocer el sentido profundo de aquello que nos ocurre. El por qué negará la afirmación con la que hemos empezado este punto: todas las cosas obran conjuntamente para nuestro bien. Si participara de esa afirmación, no tendría motivos para preguntarse el porqué de las cosas que nos ocurren.

En cambio, el para qué sí orienta nuestra mirada hacia nuestro interior. No juzga lo acontecido, sino que busca su razón de ser, la misma que nos llevará a tomar consciencia de que su sentido aportará un bien en nuestra manera de ver las cosas.

viernes, 22 de marzo de 2024

Capítulo 4. IV. Esto no tiene por qué ser así

IV. Esto no tiene por qué ser así.

1. Si no puedes oír la Voz de Dios, es porque estás eligiendo no escucharla. 2Pero que sí escuchas a la voz de tu ego lo demues­tran tus actitudes, tus sentimientos y tu comportamiento. 3No obstante, eso es lo que quieres. 4Eso es por lo que luchas y lo que procuras proteger manteniéndote alerta. 5Tu mente está repleta de estratagemas para hacer quedar bien al ego, pero no buscas la faz de Cristo. 6El espejo en el que el ego trata de ver su rostro es ciertamente tenebroso. 7¿De qué otra manera, sino con espejos, podría seguir manteniendo la falsedad de su existencia? 8Con todo, dónde buscas para encontrarte a ti mismo depende de ti.


La claridad de este punto, responde a muchas cuestiones planteadas por los aspirantes a la Luz. ¿Cómo distinguir la voz del ego, de la Voz de Dios? Es la eterna duda que se suscita en nuestro interior. El simple hecho de que esa duda exista en nuestra mente es el indicio manifiesto de que estamos oyendo la voz del ego. De otro modo, no dudaríamos. Esa es la única creencia que desmantela los planes y las resistencias a las que nos tiene acostumbrado el ego.

"Si no puedes oír la Voz de Dios, es porque estás eligiendo no escucharla". Elegir es la clave. Volvemos al punto esencial que ha de orientar nuestro rumbo hacia el único destino verdadero. Para elegir, debemos movilizar nuestra voluntad con el único propósito de hacer la Voluntad del Padre, esto es, Ser lo que Somos, Espíritus de Luz dotados con la capacidad creadora con la que hemos sido creados.

Elegir oír la Voz del Padre, nos permitirá sintonizar con la frecuencia del Amor. Si albergamos pensamientos cuya frecuencia no reproduce el canal del Amor, entonces, estaremos captando las frecuencias propias del ego, cuyas características son reconocibles por la carencia del Amor y por la presencia del miedo.

2. He dicho que no puedes cambiar de mentalidad modificando tu conducta, mas he dicho también, y en muchas ocasiones, que puedes cambiar de mentalidad. 2Cuando tu estado de ánimo te diga que has elegido equivocadamente, y esto es así siempre que no te sientes contento, reconoce entonces que ello no tiene por qué ser así. 3En cada caso, has pensado mal acerca de algún hermano que Dios creó, y estás percibiendo imágenes que tu ego forja en un espejo tenebroso. 4Examina honestamente qué es lo que has pensado que Dios no habría pensado, y qué no has pensado que Dios habría querido que pensases. 5Examina honestamente tanto lo que has hecho como lo que has dejado sin hacer, y cambia entonces de mentalidad para que así puedas pensar con la Mente de Dios. 6Esto puede parecer difícil, pero es mucho más fácil que intentar pensar al revés de como piensa Él. 7Tu mente y la de Dios son una. 8Negar esto y pensar de otra manera ha conser­vado a tu ego intacto, pero ha dividido literalmente a tu mente. 9Como hermano que te ama, tu mente es de suma importancia para mí, y te exhorto a seguir mi ejemplo cuando te contemples a ti mismo y cuando contemples a tu hermano, y a que veas en ambos las gloriosas creaciones de un Padre glorioso.

¿Qué debo hacer Padre, para actuar según tu Voluntad? Tal vez, te sientas
identificado con esta súplica. La consideramos lícita para ganar la atención de nuestro Padre. Creemos que haciendo las cosas de manera diferente estaremos haciendo lo correcto. Pero este punto, va más allá de esta visión. Y lo hace, dirigiendo el poder transformador en la verdadera causa que realmente importa, el contenido de nuestra mente. 

Pensar con Dios, es lo esencial, lo demás vendrá por añadidura. Queremos decir con ello, que no podemos actuar diferente a como pensamos, pues los pilares no se sostendrán. Nuestra mentalidad no cambia modificando nuestra conducta. Es por ello, que debemos orientar la fuerza de nuestra voluntad en modificar nuestra mentalidad. Cuando se tiene la evidencia de lo que somos en realidad, nuestros actos serán la consecuencia directa de esa visión Interior. 

3. Cuando te sientas triste, reconoce que eso no tiene por qué ser así. 2Las depresiones proceden de una sensación de que careces de algo que deseas y no tienes. 3Recuerda que no careces de nada, excepto si así lo decides, y decide entonces de otra manera.

Tomar consciencia de que los estados emocionales y mentales que percibimos son nuestras propias creaciones, es un paso muy importante para modificar dicha percepción, pues dejaremos de buscar fuera de nosotros a los culpables de nuestros estados y dejaremos, igualmente, de buscar fuera a los "sanadores" de nuestras pesadumbres. 

Descubrir que aquello que percibimos tiene como origen nuestro modo de ver las cosas, nos permitirá elegir ver de otra manera y con ello, percibir de manera correcta.

4. Cuando sientas ansiedad, date cuenta de que la ansiedad pro­cede de los caprichos del ego. aReconoce que eso no tiene por qué ser así. 2Puedes estar tan alerta contra los dictados del ego como en su favor.

Tristeza, ansiedad, temor, depresión, cansancio, podríamos enumerar toda una lista de síntomas que tienen su origen en la mentalidad errada, la que se sostiene bajo los fundamentos del miedo, la característica principal del ego. Reconocer que esta visión no tiene por qué ser así, nos permitirá elegir verlo de otra manera.

5. Cuando te sientas culpable, recuerda que el ego ciertamente ha violado las leyes de Dios, pero tú no. 2Los "pecados" del ego déjamelos a mí. 3Ése es el propósito de la Expiación. 4Pero hasta que no cambies de parecer con respecto a aquellos a quienes tu ego ha herido, la Expiación no podrá liberarte. 5Si te sigues sintiendo culpable es porque tu ego sigue al mando, ya que sólo el ego puede experimentar culpabilidad. 6Eso no tiene por qué ser así.

Otra de las oraciones que elevamos a Dios, hace referencia al peso de la culpa. ¡Padre libéranos de la culpa y permite que perdone a mis hermanos!

Para el ego, Dios se encuentra fuera de nosotros, en el cielo. Esta creencia no se sustenta en la verdad, sino en conceptos alegóricos que se expresan en un lenguaje simbólico adaptado a las mentes infantiles que son incapaces de ver la realidad. Con esa visión, el ego inspira oraciones que le permita vislumbrar un rayo de luz que los libere del peso de la culpa. Vivir en la oscuridad, en el miedo, es agotador.

Este punto nos ilumina con una visión real. El Hijo de Dios no puede pecar. Es el ego quien ha violado las leyes de Dios. El Ser Espiritual que Somos es Inocente y Perfecto.

En el mundo de percepción con el que nos encontramos identificados, debemos utilizar el perdón como la vía de expiación que ha de llevarnos a rectificar el error de la separación y la dualidad. En este sentido, pedir perdón, si no va acompañado de un cambio de visión con respecto a nuestros hermanos, no servirá para nada. 

6. Vigila tu mente contra las tentaciones del ego, y no te dejes engañar por él. 2No tiene nada que ofrecerte. 3Cuando hayas abandonado ese des-ánimo voluntario, verás como tu mente puede concentrarse, trascender toda fatiga y sanar. 4No obstante, no te mantienes lo suficientemente alerta contra las exigencias del ego como para poder librarte de ellas. 5Eso no tiene por qué ser así.

El capítulo que estamos analizando tiene el firme propósito de que tomemos consciencia de que tenemos la capacidad de elegir entre la visión del ego y la visión de Dios. Repite, en cada uno de sus puntos, la frase "Eso no tiene por qué ser así", de modo que forme parte de nuestra manera de ver las cosas de una manera correcta.

7. El hábito de colaborar con Dios y Sus creaciones se adquiere fácilmente si te niegas diligentemente a dejar que tu mente diva­gue. 2No se trata de un problema de falta de concentración, sino de la creencia de que nadie, incluido tú, es digno de un esfuerzo continuo. 3Ponte de mi parte sistemáticamente contra este engaño, y no permitas que esa desafortunada creencia te retrase. 4Los des­corazonados no pueden ayudarse a sí mismos ni me pueden ayu­dar a mí. aSin embargo, sólo el ego puede sentirse descorazonado.

La cuestión es: ¿estás, realmente, decidido a oír la Voz del Padre? Vive y piensa en Él.

8. ¿Te has detenido a pensar seriamente en las muchas oportuni­dades qué has tenido de regocijarte y en cuántas has dejado pasar? 2El poder de un Hijo de Dios es ilimitado, pero él puede restringir la expresión de su poder tanto como quiera. 3Tu mente y la mía pueden unirse para desvanecer con su luz a tu ego, liberando la fuerza de Dios para que reverbere en todo lo que hagas o pienses. 4No te conformes con menos, y niégate a aceptar como tu objetivo nada que no sea eso. 5Vigila tu mente con sumo cuidado contra cualquier creencia que se interponga en el logro de tu obje­tivo, y recházala. 6Juzga por tus sentimientos cuán bien has hecho esto, pues ése es el único uso acertado del juicio. 7Los juicios, al igual que cualquier otra defensa, se pueden utilizar para atacar o para proteger, para herir o para sanar. 8Al ego se le debe llevar a juicio y allí declararlo inexistente. 9Sin tu lealtad, protección y amor, el ego no puede existir. 10Deja que sea juzgado imparcial­mente y no podrás por menos que retirarle tu lealtad, tu protec­ción y tu amor.

De este apartado, me quedo con dos afirmaciones que considero muy valiosas. Por un lado, saber, que sin mi lealtad, protección y amor, el ego no puede existir. Esto es así, porque el ego es una fabricación de la mente.

Por otro lado, saber cuál es la aplicación correcta del juicio, el reconocimiento de la verdad, me permite tomar la decisión de llevar al ego a juicio y allí declararlo inexistente. Esa sentencia exige una manera distinta de ver las cosas.

9. Eres un espejo de la verdad, en el que Dios Mismo brilla en perfecta luz. 2Al tenebroso espejo del ego no tienes sino que decirle: "No voy a mirar ahí porque sé que esas imágenes no son verdad". 3Deja entonces que el Santísimo brille sobre ti en paz, sabiendo que así y sólo así es como debe ser. 4Su Mente resplandeció sobre ti en tu creación y le dio existencia a tu mente. 5Su Mente resplandece todavía sobre ti y no puede sino resplandecer a tra­vés de ti. 6Tu ego no puede impedir que Dios resplandezca sobre ti, pero sí puede impedirte que le dejes resplandecer a través de ti.

Las falsas creaciones de la mente nos llevan a identificarnos con las percepciones propias que dan vida temporal al ego. Esa ilusión se convierte en un obstáculo para que la Luz de Dios llegue a nuestra mente iluminándola con la Verdad.

10. El Primer Advenimiento de Cristo no es más que otro nombre para la creación, pues Cristo es el Hijo de Dios. 2El Segundo Adve­nimiento de Cristo no significa otra cosa que el fin del dominio del ego y la curación de la mente. 3Al igual que tú, fui creado en el primero, y te he llamado para que te unas a mí en el segundo. 4Estoy a cargo del Segundo Advenimiento,  mi juicio, que se usa solamente como protección, no puede ser erróneo porque nunca ataca. 5El tuyo puede estar tan distorsionado que hasta creas que me equivoqué al escogerte. 6Te aseguro que eso es un error de tu ego. 7No lo confundas con humildad. 8Tu ego está tratando de convencerte de que él es real y de que yo no lo soy, ya que si yo soy real, no puedo ser más real que tú. 9Ese conocimiento -y te aseguro yo que es conocimiento- significa que Cristo ha venido a tu mente y la ha sanado.

¡Acepto el Segundo Advenimiento de Cristo!

11.     Yo no ataco a tu ego. 2Trato con tu mente superior -la morada del Espíritu Santo- tanto si estás dormido como si estás des­pierto, al igual como tu ego trata con tu mente inferior, que es su hogar. 3Me mantengo alerta por ti con respecto a esto porque tú estás tan confundido que te resulta imposible reconocer tu propia esperanza. 4No estoy equivocado. 5Tu mente optará por unirse a la mía, y juntos somos invencibles. 6Tu y tu hermano os uniréis final­mente en mi nombre, y vuestra cordura os será restaurada. 7Resu­cité a los muertos porque sabía que la vida era un atributo eterno de todo lo que el Dios viviente creó. 8¿Por qué crees que habría de ser más difícil para mí inspirar a los des-animados o estabilizar lo inestable? 9Yo no creo que haya grados de dificultad en los mila­gros; tú sí. 10Te he llamado y tú responderás. 11Yo comprendo que los milagros son acontecimientos naturales porque son expresio­nes de amor. 12El que yo te llame es tan natural como el que tú me respondas, e igualmente inevitable.

Este punto define claramente, que tenemos la libertad para elegir servir a Dios, o, servir al ego. Cuando nuestra mente sirve a Dios, estamos tratando con la mente superior, que es la morada del Espíritu y donde compartimos con el resto de la Filiación, la Unidad y el Amor.

Cuando nuestra mente sirve al ego, estamos tratando con la mente inferior, que es la morada de la personalidad falsa que compartimos bajo la apariencia de los cuerpos y bajo la creencia en la separación.

Jesús, nuestro hermano mayor, nos invita a despertar, a mantenernos alerta en el uso de nuestra voluntad, de nuestra elección, pues sabedor de que es la mente la que aporta argumentos a nuestras creencias, nos recuerda de que nuestra salvación está en la libre elección de recorrer, junto a nuestros hermanos, el camino del Amor.

¡Qué así sea!

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 277

   LECCIÓN 277 No dejes que aprisione a Tu Hijo con leyes que yo mismo inventé. 1.  Tu Hijo es libre, Padre mío.  2 No dejes que me imagine...