Si la Voluntad
de Dios es que Su Hijo esté en paz, ¿por qué no lo conseguimos? Aplicando la
lección 74.
La Lección 74 nos ofrece una afirmación que
parece absoluta: “No hay más voluntad que la de Dios”.
Y, al mismo tiempo, nos recuerda algo
profundamente consolador: “La Voluntad de Dios es que Su Hijo esté en paz”.
Ante esta enseñanza surge una pregunta muy
natural para el estudiante del Curso: Si la Voluntad de Dios es que estemos en
paz… ¿Por qué tantas veces no lo conseguimos?
Esta pregunta no es un signo de falta de fe, sino
de sinceridad. Y precisamente esa sinceridad abre la puerta a una comprensión
más profunda.
La paz no se
pierde, se olvida.
Es la condición en la que fuimos creados. Es el
reflejo de la Voluntad de Dios en nosotros.
Por eso la lección afirma que no puede haber
conflicto real, ya que la Voluntad de Dios es una sola y nosotros la
compartimos.
Lo que ocurre es que la mente puede olvidar esa
verdad.
Cuando la mente se identifica con el sistema de
pensamiento del ego, comienza a percibir el mundo desde la separación, el miedo
y la defensa. En ese estado, la paz parece desaparecer.
Pero el Curso insiste en algo muy importante: la
paz no se pierde, simplemente queda velada.
El intento de
tener una voluntad separada.
El ego se sostiene sobre una idea central: la
creencia de que podemos tener una voluntad distinta a la de Dios.
Desde esa creencia, la mente comienza a perseguir
objetivos que no pueden traer paz, como competir, defenderse, acumular, poseer,
tener razón o controlar el mundo y a los demás.
Este intento constante de afirmar una voluntad
separada genera inevitablemente conflicto.
Y donde hay conflicto, la paz parece desaparecer.
Sin embargo, este conflicto no es real. Es el
resultado de una interpretación equivocada.
La ilusión del
conflicto.
La lección nos invita a reconocer algo muy
profundo: si la Voluntad de Dios es la única voluntad, el conflicto no puede
ser real.
La mente puede creer que está en conflicto, pero
esa percepción nace de una idea falsa: la creencia de que estamos separados de
nuestra Fuente.
Cuando esa creencia se examina con honestidad,
empieza a perder fuerza.
Y poco a poco se abre paso una comprensión
distinta: no necesitamos crear la paz, ni conquistarla, ni defenderla. La paz
ya está en nosotros.
Recordar en
lugar de buscar.
Por eso el ejercicio de esta lección no consiste
en luchar contra el conflicto, sino en recordar una verdad muy sencilla: “No
hay más voluntad que la de Dios”.
Al repetir esta idea, la mente comienza a
relajarse.
La necesidad de defender una identidad separada
se suaviza. Y entonces aparece algo muy natural: la paz que siempre estuvo ahí.
La paz como
herencia:
La Lección 74 nos invita a reconocer que la paz
no es un logro personal ni un mérito espiritual. Es nuestra herencia.
Es el estado que surge cuando dejamos de intentar
ser algo distinto de lo que somos. Y cuando la mente se abre a esta
comprensión, se vuelve evidente algo que siempre estuvo presente: la Voluntad
de Dios nunca dejó de cumplirse.
Simplemente, por un instante, habíamos olvidado que esa Voluntad también es la nuestra.
Ejemplo práctico: cuando “tener razón” nos roba la paz.
Hay una situación muy común en la vida de casi
todas las personas donde esta lección puede verse con mucha claridad: las
discusiones con alguien cercano.
Imaginemos una escena cotidiana.
Una persona llega a casa después de un día
difícil. Está cansada y espera encontrar comprensión. Sin embargo, su pareja le
hace un comentario que interpreta como una crítica. En ese momento surge una
reacción automática: se siente atacada y responde con dureza.
La conversación se convierte en una discusión. Cada
uno intenta demostrar que tiene razón. Cada palabra se vuelve una defensa. Cada
silencio se vuelve una acusación.
Al final, ambos se quedan con una sensación
amarga.
Y aquí aparece la pregunta que plantea la
lección: Si la Voluntad de Dios es que Su Hijo esté en paz… ¿Por qué en ese
momento no hay paz?
La respuesta es sencilla y, al mismo tiempo,
profundamente reveladora. En esa situación, la mente ha elegido tener razón en
lugar de estar en paz.
El ego presenta el conflicto como algo
justificado: “Debo defenderme”. “No puedo permitir que me hablen así”. “Tengo
derecho a estar enfadado”. Pero mientras la mente defiende esa posición, la paz
desaparece.
La lección 74 nos invita a mirar esa escena desde
otra perspectiva. En ese instante, la pregunta no sería quién tiene razón.
La verdadera pregunta sería: ¿Qué es lo que
realmente quiero? ¿Quiero tener razón o quiero estar en paz?
Si recordamos que no hay más voluntad que la de
Dios, comprendemos que la paz no depende de que el otro cambie, ni de que la
discusión se resuelva a nuestro favor.
La paz aparece cuando dejamos de defender la idea
de que estamos separados.
Tal vez en ese momento podamos detenernos,
respirar y recordar: “No hay más voluntad que la de Dios. Hoy busco Su paz”.
Y algo cambia en la mente.
La necesidad de ganar se suaviza. La tensión se
disuelve. El conflicto pierde fuerza. No porque el otro haya cambiado, sino
porque hemos dejado de luchar contra nuestra propia paz.
Este ejemplo es impactante precisamente porque ocurre todos los días en millones de hogares. Y muestra con claridad la enseñanza central de la lección: la paz no depende de las circunstancias externas, sino de recordar cuál es nuestra verdadera voluntad. ✨

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