El resentimiento es una forma de olvidar quién soy.
Aplicando la lección 68.
Hay una enseñanza muy profunda
escondida en la Lección 68 del Libro de Ejercicios de Un Curso de Milagros: el
resentimiento no es simplemente una emoción negativa hacia otro. Es, sobre
todo, una forma de olvidar quién soy.
Cuando la mente abriga
resentimientos, cree estar defendiendo algo valioso, su dignidad, su historia,
su sentido de justicia. El ego le dice que tiene derecho a conservar ese
sentimiento, porque alguien la hirió, la traicionó o la decepcionó.
Pero el Curso nos invita a mirar
más profundamente. Nos enseña que el resentimiento no protege la identidad, la
distorsiona.
El resentimiento como afirmación de la separación.
Cuando sostenemos un
resentimiento, la mente se convence de que alguien nos ha atacado desde fuera.
De esta manera, la separación parece real, el ataque parece justificado y la
culpa parece tener un lugar donde proyectarse.
Sin embargo, el Curso afirma que
la mente es una. Por eso, todo resentimiento que sostenemos contra un hermano
se convierte inevitablemente en un resentimiento contra nosotros mismos. No
porque el otro lo merezca o no, sino porque en la Unidad de la Filiación no
existe un “otro” verdaderamente separado.
Así, cada resentimiento refuerza
la ilusión de la separación y nos aleja de la experiencia de lo que somos.
El resentimiento como auto-negación.
La Lección 67 nos recuerda que el
Amor nos creó a semejanza de Sí Mismo.
Si esto es verdad, entonces
nuestra identidad es amorosa por naturaleza. Pero el resentimiento pertenece a
un sistema de pensamiento completamente distinto: el del miedo. Por eso,
resentimiento e identidad verdadera no pueden coexistir.
Cuando sostenemos resentimientos,
no estamos protegiendo nuestra identidad; estamos negándola.
El resentimiento nos hace vernos
como un cuerpo vulnerable, como una personalidad herida que necesita
defenderse.
En otras palabras, nos convence
de que somos algo distinto de lo que Dios creó.
El perdón como acto de coherencia con el Ser.
El Curso propone el perdón no
como un acto moral, sino como un acto de coherencia con la verdad. Perdonar no
significa justificar el comportamiento del otro. Significa dejar de usar ese
comportamiento para definir quién soy.
Cuando soltamos el resentimiento,
no estamos liberando al otro. Estamos liberando nuestra mente de una identidad
basada en el ataque y la culpa. Y en ese instante algo cambia profundamente.
La mente se vuelve más
silenciosa. La percepción se suaviza. La sensación de amenaza comienza a
desaparecer.
Lo que emerge en ese espacio
interior es una experiencia que el ego no puede producir: la paz.
Recordar a través de nuestros hermanos.
La lección propone una práctica
muy reveladora: mirar a aquellos contra quienes creemos tener resentimientos y
decirles interiormente: “Te consideraré mi amigo, para poder recordar que eres
parte de mí y así poder llegar a conocerme a mí mismo.”
Esta frase contiene una de las
claves del Curso. Nuestros hermanos no son obstáculos para nuestro despertar. Son
el medio a través del cual recordamos lo que somos.
Cada vez que soltamos un
resentimiento hacia otro, una parte de la mente reconoce algo que había
olvidado: la unidad que nos une.
La liberación del resentimiento.
El resentimiento parece darnos poder, pero en realidad nos
encierra en el pasado. Nos obliga a revivir una y otra vez aquello que creemos
que ocurrió.
El perdón, en cambio, libera a la mente de esa repetición. No
cambia lo que ocurrió en el tiempo, pero transforma completamente su
significado. Y cuando el resentimiento desaparece, la mente empieza a recordar
su origen.
Empieza a recordar que fue creada por el Amor.
Recordar quién soy.
Por eso el Curso afirma algo
profundamente liberador: No soltamos el resentimiento porque el otro lo
merezca. Lo soltamos porque nosotros merecemos recordar quiénes somos.
Cada resentimiento que dejamos ir
es un paso hacia ese recuerdo.
Cada acto de perdón abre un
espacio donde la mente puede reconocer su verdadera naturaleza.
Y en ese reconocimiento surge una
certeza silenciosa: El Amor no abriga resentimientos. Y yo fui creado por el
Amor. Por lo tanto, cuando suelto el resentimiento, no estoy perdiendo nada.
Estoy recordando mi Ser. ✨

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