lunes, 9 de marzo de 2026

El resentimiento es una forma de olvidar quién soy. Aplicando la lección 68.

El resentimiento es una forma de olvidar quién soy. Aplicando la lección 68.

Hay una enseñanza muy profunda escondida en la Lección 68 del Libro de Ejercicios de Un Curso de Milagros: el resentimiento no es simplemente una emoción negativa hacia otro. Es, sobre todo, una forma de olvidar quién soy.

Cuando la mente abriga resentimientos, cree estar defendiendo algo valioso, su dignidad, su historia, su sentido de justicia. El ego le dice que tiene derecho a conservar ese sentimiento, porque alguien la hirió, la traicionó o la decepcionó.

Pero el Curso nos invita a mirar más profundamente. Nos enseña que el resentimiento no protege la identidad, la distorsiona.

El resentimiento como afirmación de la separación.

Cada resentimiento afirma una idea muy concreta: “El otro es distinto de mí.”

Cuando sostenemos un resentimiento, la mente se convence de que alguien nos ha atacado desde fuera. De esta manera, la separación parece real, el ataque parece justificado y la culpa parece tener un lugar donde proyectarse.

Sin embargo, el Curso afirma que la mente es una. Por eso, todo resentimiento que sostenemos contra un hermano se convierte inevitablemente en un resentimiento contra nosotros mismos. No porque el otro lo merezca o no, sino porque en la Unidad de la Filiación no existe un “otro” verdaderamente separado.

Así, cada resentimiento refuerza la ilusión de la separación y nos aleja de la experiencia de lo que somos.

El resentimiento como auto-negación.

La Lección 67 nos recuerda que el Amor nos creó a semejanza de Sí Mismo.

Si esto es verdad, entonces nuestra identidad es amorosa por naturaleza. Pero el resentimiento pertenece a un sistema de pensamiento completamente distinto: el del miedo. Por eso, resentimiento e identidad verdadera no pueden coexistir.

Cuando sostenemos resentimientos, no estamos protegiendo nuestra identidad; estamos negándola.

El resentimiento nos hace vernos como un cuerpo vulnerable, como una personalidad herida que necesita defenderse.

En otras palabras, nos convence de que somos algo distinto de lo que Dios creó.

El perdón como acto de coherencia con el Ser.

El Curso propone el perdón no como un acto moral, sino como un acto de coherencia con la verdad. Perdonar no significa justificar el comportamiento del otro. Significa dejar de usar ese comportamiento para definir quién soy.

Cuando soltamos el resentimiento, no estamos liberando al otro. Estamos liberando nuestra mente de una identidad basada en el ataque y la culpa. Y en ese instante algo cambia profundamente.

La mente se vuelve más silenciosa. La percepción se suaviza. La sensación de amenaza comienza a desaparecer.

Lo que emerge en ese espacio interior es una experiencia que el ego no puede producir: la paz.

Recordar a través de nuestros hermanos.

La lección propone una práctica muy reveladora: mirar a aquellos contra quienes creemos tener resentimientos y decirles interiormente: “Te consideraré mi amigo, para poder recordar que eres parte de mí y así poder llegar a conocerme a mí mismo.”

Esta frase contiene una de las claves del Curso. Nuestros hermanos no son obstáculos para nuestro despertar. Son el medio a través del cual recordamos lo que somos.

Cada vez que soltamos un resentimiento hacia otro, una parte de la mente reconoce algo que había olvidado: la unidad que nos une.

La liberación del resentimiento.

El resentimiento parece darnos poder, pero en realidad nos encierra en el pasado. Nos obliga a revivir una y otra vez aquello que creemos que ocurrió.

El perdón, en cambio, libera a la mente de esa repetición. No cambia lo que ocurrió en el tiempo, pero transforma completamente su significado. Y cuando el resentimiento desaparece, la mente empieza a recordar su origen.

Empieza a recordar que fue creada por el Amor.

Recordar quién soy.

Por eso el Curso afirma algo profundamente liberador: No soltamos el resentimiento porque el otro lo merezca. Lo soltamos porque nosotros merecemos recordar quiénes somos.

Cada resentimiento que dejamos ir es un paso hacia ese recuerdo.

Cada acto de perdón abre un espacio donde la mente puede reconocer su verdadera naturaleza.

Y en ese reconocimiento surge una certeza silenciosa: El Amor no abriga resentimientos. Y yo fui creado por el Amor. Por lo tanto, cuando suelto el resentimiento, no estoy perdiendo nada.

Estoy recordando mi Ser. ✨

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