domingo, 18 de octubre de 2026

¿Qué hacer cuando cuestionamos Un Curso de Milagros o sentimos resistencia ante sus enseñanzas?

Las dudas de los estudiantes

¿Qué hacer cuando cuestionamos Un Curso de Milagros o sentimos resistencia ante sus enseñanzas?

Quizá convenga empezar reconociendo algo: cuestionar UCDM no es necesariamente rechazarlo. Podemos llevar años estudiándolo y encontrarnos todavía con afirmaciones que nos resultan difíciles, incómodas, contradictorias o incluso imposibles de aceptar. Podemos preguntarnos si estamos comprendiendo correctamente lo que dice, si determinada enseñanza puede llevarse realmente a la vida cotidiana o si estamos utilizando una interpretación espiritual para negar experiencias humanas que necesitan ser atendidas.

La propia introducción del Libro de Ejercicios anticipa esta dificultad. Advierte que algunas ideas serán difíciles de creer y otras pueden parecernos sorprendentes; incluso reconoce que podemos resistirnos activamente a ellas. Lo que propone no es una fe previa, sino utilizarlas y comprobar mediante la práctica qué significado adquieren para nosotros.

Esto cambia mucho las cosas. UCDM no comienza exigiéndonos: «Créeme». Nos invita: «Practica y observa».

Pero tampoco significa que cualquier cuestionamiento sea necesariamente una búsqueda abierta de comprensión. Podemos utilizar una pregunta para aprender o podemos utilizarla para defender una conclusión a la que ya hemos llegado. Y esto vale tanto para quien cuestiona el Curso como para quien lo defiende.

Podemos preguntar: «No comprendo esto. Ayúdame a verlo». O podemos preguntar aparentemente lo mismo pensando interiormente: «Voy a demostrar que esto no tiene sentido».

Y también podemos responder desde dos lugares muy diferentes: «Vamos a mirar juntos qué enseña realmente el Curso». O: «Tengo que demostrarte que el Curso tiene razón».

Exteriormente, puede parecer una discusión doctrinal. Interiormente, sin embargo, pueden estar funcionando dos egos intentando vencer.

Ahí aparece quizá una de las preguntas más útiles de esta sesión: ¿Estoy buscando comprender o estoy buscando tener razón?

Y la pregunta no es solamente para quien cuestiona UCDM. También es para quien lo enseña, lo explica o siente la necesidad de defenderlo.

¿Puede el estudiante cuestionar el Curso?

Por supuesto que puede. De hecho, sería extraño estudiar seriamente una enseñanza tan radical sin atravesar momentos de cuestionamiento.

UCDM pone en duda algunas de nuestras convicciones más profundas: nuestra interpretación del mundo, nuestra identificación con el cuerpo, nuestra comprensión del pecado y la culpa, nuestra idea del perdón, nuestra percepción de la muerte y, finalmente, la realidad misma de la separación.

Es comprensible que una mente acostumbrada a pensar de una determinada manera diga: «Un momento. ¿Qué significa realmente esto?»

El problema no está en formular la pregunta. El problema puede aparecer cuando decidimos de antemano qué respuesta estamos dispuestos a aceptar.

Y también cuando los estudiantes de UCDM utilizamos una explicación demasiado fácil para protegernos: «Si cuestionas el Curso es porque habla tu ego».

Hay que tener cuidado con esto. Convertir cualquier desacuerdo en «resistencia del ego» puede transformarse en una manera muy cómoda de no escuchar ninguna objeción. Sería un razonamiento circular: si aceptas el Curso, demuestras que el Curso tiene razón; si lo cuestionas, también demuestras que tiene razón porque estás resistiéndote.

Esa utilización del Curso no favorece una verdadera comprensión. Podemos reconocer que el ego se resiste a perder su sistema de pensamiento sin utilizar esa idea para descalificar a la persona que pregunta.

Algunas preguntas realmente difíciles.

Tomemos algunas enseñanzas que suelen producir resistencia.

Si UCDM dice que el mundo que percibimos procede de una mente separada, alguien puede preguntar: «Entonces, ¿el sufrimiento de una persona no importa porque el mundo es una ilusión?»

No. Esa sería precisamente una confusión peligrosa. Reconocer el carácter ilusorio del mundo en la metafísica del Curso no significa utilizar esa metafísica para responder con indiferencia al dolor que experimentamos dentro de él. Mientras nos percibamos como cuerpos, actuaremos responsablemente en el nivel corporal: ayudaremos, cuidaremos, denunciaremos una agresión cuando corresponda y estableceremos límites.

Otra persona puede preguntar: «Si perdonar significa reconocer que el pecado no es real, ¿tengo que permitir que alguien siga haciéndome daño?»

Tampoco. Perdonar no exige permanecer en una relación destructiva ni renunciar a decisiones prácticas. Podemos abandonar una situación y, al mismo tiempo, trabajar interiormente para no convertir al otro en la identidad culpable que nuestra mente ha construido sobre él.

Podemos preguntar: «Si el cuerpo no es mi verdadera identidad, ¿para qué voy a cuidarlo?»

Porque mientras lo experimentemos como nuestro medio de comunicación dentro de este mundo, podemos atenderlo responsablemente sin convertir su estado en la definición de quienes somos.

O quizá aparezca una de las cuestiones metafísicas más desconcertantes: «Si la separación nunca ocurrió realmente, ¿por qué necesitamos corregirla?»

Porque una experiencia puede ser falsa y, sin embargo, parecer absolutamente real para la mente que la está experimentando. Quien sueña una pesadilla no necesita convertir el sueño en realidad para necesitar despertar de él. La corrección se dirige a la creencia, no a convertir el error en un hecho.

Estas preguntas no debilitan necesariamente el estudio de UCDM. Pueden obligarnos a comprenderlo mejor.

¿Y qué ocurre cuando simplemente me resisto?

La resistencia no siempre adopta la forma de una objeción intelectual. A veces abrimos el libro y sentimos sueño. Posponemos durante días una lección. Encontramos fascinante hablar de metafísica, pero evitamos aplicar el perdón precisamente con la persona que más nos irrita. Pasamos horas debatiendo si una palabra significa exactamente esto o aquello mientras evitamos observar el juicio que tenemos ahora mismo en la mente.

También podemos convertir el estudio en una forma de perfeccionismo: «Si todavía siento ira, no estoy entendiendo el Curso». O de superioridad: «Quien no interpreta UCDM como yo todavía no lo ha comprendido».

La resistencia puede esconderse incluso detrás de una gran familiaridad con el lenguaje espiritual.

Pero nuevamente conviene no convertir esto en acusación. No todo desacuerdo es resistencia y no toda resistencia adopta la forma de desacuerdo.

La pregunta útil vuelve a ser: ¿Qué está produciendo esto en mi mente?

UCDM no necesita que lo defendamos.

Aquí podemos descubrir algo particularmente incómodo.

Cuando alguien cuestiona una enseñanza que se ha vuelto muy importante para nosotros, podemos sentir que está cuestionándonos personalmente. Entonces aparece el deseo de corregirlo, convencerlo, silenciarlo o demostrar que nosotros entendemos mejor.

En ese instante, el aula ya no está en la pregunta del otro. El aula está en nuestra reacción.

Incluso si alguien formulara una pregunta con intención de provocar, podríamos utilizarla para observar qué provoca en nosotros. ¿Irritación? ¿Necesidad de defender el Curso? ¿Deseo de demostrar que el otro está equivocado? ¿Miedo a que su pregunta haga dudar a los demás?

Entonces, la persona que parecía estar poniendo en dificultades nuestra enseñanza puede convertirse, sin saberlo, en nuestro maestro de ese instante.

Porque UCDM no necesita que lo protejamos mediante el ataque. Si una pregunta es sincera, podemos intentar responderla. Si señala una aparente contradicción, podemos examinarla. Si no sabemos responder, podemos decir: «No lo sé».

Y si descubrimos que está tocando una zona en la que nosotros mismos sentimos resistencia, quizá tengamos delante una oportunidad de aprendizaje mucho mayor de la que esperábamos.

¿Cómo sabemos entonces si una enseñanza es verdadera?

La Clarificación de términos ofrece una pista muy importante: UCDM distingue entre la controversia teológica —que siempre puede ser aceptada o rechazada— y la experiencia a la que pretende conducirnos. Expresa que una teología universal no es posible, mientras que una experiencia compartida sí puede serlo.

Esto significa que quizá estemos pidiendo al Curso algo que él mismo no pretende ofrecernos cuando queremos convertirlo en un sistema intelectual capaz de vencer todas las discusiones.

Podemos debatir durante horas si el mundo es real, si la separación ocurrió, qué significa exactamente «mente» o cómo debemos comprender metafísicamente a Dios.

Pero después llegará alguien que nos molesta. Y ahí aparecerá la verdadera práctica. ¿Voy a condenarlo o voy a mirar mi juicio?

Ahí UCDM deja de ser teoría.

Podemos comprobar qué sucede cuando utilizamos el perdón, cuando dejamos de alimentar un resentimiento, cuando reconocemos una proyección, cuando renunciamos momentáneamente a tener razón o cuando pedimos otra manera de percibir una situación.

No necesitamos obligarnos a creer. Podemos experimentar. Cuestionar sin atacar. Estudiar sin defender.

Quizá podamos mantener juntas dos actitudes que el ego suele presentarnos como incompatibles: puedo cuestionar una enseñanza honestamente y seguir dispuesto a aprender de ella. Y también: puedo amar profundamente UCDM sin necesitar defenderlo de cada cuestionamiento.

Esta combinación exige mucha más apertura que creer ciegamente o rechazar automáticamente.

Podemos acercarnos al Curso diciendo: «No comprendo esto». «Esto me produce rechazo». «Esto parece contradecir mi experiencia». «Estoy dispuesto a mirar más profundamente antes de decidir». Y también podemos reconocer: «Quizá no sea la enseñanza la que está siendo examinada únicamente. Quizá también esté siendo examinada mi manera de mirar».

Tal vez por eso las preguntas difíciles pueden resultar tan útiles. No porque debamos demostrar que UCDM siempre tiene una respuesta intelectualmente satisfactoria para todo, sino porque una pregunta puede mostrarnos qué estamos intentando defender, qué tememos perder y cuánto espacio existe realmente en nuestra mente para una respuesta que no habíamos previsto.

No necesitamos proteger Un Curso de Milagros de las preguntas. Podemos permitir que las preguntas nos ayuden a descubrir desde dónde lo estamos estudiando.

Y quizá esa sea la diferencia esencial entre discutir el Curso y utilizarlo: una discusión intenta decidir quién tiene razón; una práctica sincera pregunta qué puede ayudarnos a elegir nuevamente la paz.

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