Diálogos
entre Psique y Lumen: ¿Qué papel tiene la voluntad en este camino?
Psique: Hay algo que me produce cierta confusión cuando
el Curso habla de la voluntad. Por una parte, parece decirme que tengo que
elegir, decidir, estar dispuesto a cambiar de percepción. Pero, por otra,
también insiste en que no debo intentar resolverlo todo por mi cuenta.
Entonces, ¿qué papel tiene realmente mi voluntad en este camino? ¿Tengo que
esforzarme por cambiar o tengo que dejar que el cambio ocurra?
Psique: Es verdad. Cuando digo "tengo
voluntad" normalmente quiero decir que me propongo algo y hago todo lo
posible por conseguirlo.
Lumen: Y esa es la manera habitual de entenderla. La
voluntad parece ser una fuerza personal que utilizas para conseguir aquello que
deseas: "Quiero esto y voy a lograrlo." Pero el Curso nos invita a
mirar la voluntad desde una perspectiva diferente.
Psique: ¿Cuál?
Lumen: Preguntarte primero qué es lo que realmente
quieres.
Psique: Parece una pregunta sencilla.
Lumen: Hasta que observas tu mente con honestidad.
Puedes decir: "Quiero paz" y, al mismo tiempo, querer demostrar que
tienes razón. Puedes decir: "Quiero perdonar" y continuar deseando
que el otro reconozca su culpa. Puedes decir: "Quiero confiar" y
seguir intentando controlar el resultado.
Psique: Entonces puedo querer cosas contradictorias.
Lumen: Exactamente. Y gran parte del conflicto interior
nace de esa voluntad dividida. Una parte de ti quiere paz y otra todavía cree
que necesita algo incompatible con ella.
Psique: Entonces el problema no sería que me falte
voluntad.
Lumen: Muchas veces el problema es que estás utilizando
tu voluntad en dos direcciones opuestas.
Psique: Como intentar avanzar y frenar al mismo tiempo.
Lumen: Exactamente. Después te preguntas por qué estás
agotado.
Psique: Entonces, cuando digo "quiero estar en
paz", tendría que preguntarme si realmente estoy dispuesto a renunciar a
aquello que me impide estarlo.
Lumen: Ahí comienza una observación mucho más profunda.
Todos queremos la paz en teoría. La dificultad aparece cuando descubrimos el
precio que creemos tener que pagar por ella.
Psique: ¿Qué precio?
Lumen: Quizá renunciar a tener razón. Soltar un
resentimiento. Dejar de controlar a alguien. Abandonar una interpretación que
llevas años defendiendo. Reconocer que quizá no sabes lo que más te conviene.
Psique: Entonces puedo querer la paz, pero no querer
soltar aquello que me la quita.
Lumen: Exactamente. Y eso no significa que seas
incoherente o un mal estudiante. Significa que estás descubriendo que tu mente
todavía está dividida.
Psique: ¿Y qué hago con esa división?
Lumen: Primero, no ocultarla. Si estás resentido,
reconocerlo. Si quieres tener razón, reconocerlo. Si todavía no quieres
perdonar, reconocerlo. La voluntad comienza a liberarse cuando dejas de fingir
que quieres algo que todavía no quieres completamente.
Psique: Eso parece extraño. ¿Reconocer que no quiero
perdonar puede ayudarme a perdonar?
Lumen: Mucho más que repetir "ya he
perdonado" mientras continúas alimentando el resentimiento. La honestidad
permite que la resistencia sea vista. Y aquello que puedes ver, puedes
entregar.
Psique: Entonces, la voluntad no consiste en obligarme.
Lumen: No. La voluntad forzada suele ser otra forma de
conflicto. Imagina que estás enfadado y te dices: "No debería sentir esto.
Tengo que estar en paz." Ahora tienes el enfado y, además, una guerra
contra el enfado.
Psique: He añadido conflicto al conflicto.
Lumen: Exactamente. Sería más útil reconocer:
"Estoy enfadado. Una parte de mí quiere conservar este enfado porque cree
que está justificado. Pero también hay otra parte de mí que quiere paz."
Psique: Entonces, ahí puedo elegir.
Lumen: Ahí aparece el verdadero papel de tu voluntad.
Psique: ¿Elegir entre el ego y el Espíritu Santo?
Lumen: Sí. No puedes fabricar la verdad, pero puedes
decidir a qué maestro quieres escuchar. No puedes producir la paz por tu
cuenta, pero puedes dejar de defender aquello que la bloquea. No puedes crear
el Amor, pero puedes estar dispuesto a cuestionar las creencias que te impiden
reconocerlo.
Psique: Entonces mi voluntad no crea la solución.
Lumen: Abre la puerta a ella.
Psique: Esa diferencia me parece importante.
Lumen: Lo es. El ego utiliza la voluntad para
controlar: "Yo sé lo que necesito. Yo sé cómo debe resolverse esto. Yo sé
cuál debe ser el resultado." La voluntad puesta al servicio de la claridad
dice: "Quiero la paz, pero reconozco que quizá no sé cómo alcanzarla.
Estoy dispuesto a aprender."
Psique: Entonces la voluntad correcta tiene algo de
humildad.
Lumen: Muchísimo. No es una voluntad débil. Al
contrario. Hace falta una enorme disposición para decir: "Tal vez estoy
equivocado acerca de esto."
Psique: Porque el ego prefiere decir: "Sé
perfectamente lo que ocurre."
Lumen: Y también: "Sé quién tiene la culpa, sé qué
debería hacer el otro y sé qué tendría que suceder para que yo estuviera
bien."
Psique: Entonces utilizo mi voluntad para intentar
organizar el mundo de acuerdo con mis condiciones.
Lumen: Sí. Y después llamas paz al momento en que el
mundo coincide temporalmente con ellas.
Psique: Pero esa paz dura poco.
Lumen: Porque no era paz. Era satisfacción de una
condición. En cuanto la condición cambia, vuelve el miedo.
Psique: Entonces, tendría que utilizar mi voluntad de
otra manera.
Lumen: Exactamente. En lugar de decir: "Quiero que
esto ocurra para estar en paz", puedes decir: "Quiero aprender a
estar en paz independientemente de cómo se resuelva esto."
Psique: Eso parece mucho más difícil.
Lumen: Porque retira al ego el control sobre el
resultado. Pero también te devuelve una enorme libertad.
Psique: ¿Y qué ocurre con mis decisiones cotidianas?
Tengo que decidir cosas constantemente.
Lumen: Por supuesto. El Curso no te pide que dejes de
decidir. Te invita a observar desde qué sistema de pensamiento decides. Puedes
elegir un trabajo, terminar una relación, organizar tus finanzas, acudir al
médico, hacer planes o cambiar de casa. La cuestión no es dejar de actuar, sino
preguntarte qué propósito está guiando tu acción.
Psique: Entonces, puedo actuar con mucha determinación y
no estar actuando desde el ego.
Lumen: Claro. La ausencia de ego no significa
indecisión ni pasividad. Puedes actuar con firmeza desde la paz. La diferencia
está en que ya no necesitas que el resultado confirme tu valor, tu seguridad o
tu identidad.
Psique: Entonces la voluntad no desaparece en el camino
espiritual.
Lumen: Se reorienta.
Psique: ¿De qué hacia qué?
Lumen: De intentar imponer a estar dispuesto. De
controlar a escuchar. De conseguir a permitir. De defender una percepción a
estar dispuesto a verla de otra manera.
Psique: Me gusta esa diferencia entre imponer y estar
dispuesto.
Lumen: Porque la disposición es una palabra
fundamental. Quizá hoy no puedas perdonar completamente, pero puedes estar
dispuesto a querer perdonar. Quizá todavía tengas miedo, pero puedes estar
dispuesto a cuestionar lo que el miedo te está diciendo. Quizá no puedas
abandonar un resentimiento, pero puedes reconocer: "No quiero conservarlo
para siempre."
Psique: Entonces, no necesito llegar inmediatamente a una
disposición perfecta.
Lumen: No. Incluso una pequeña dosis de verdadera
disposición puede abrir un espacio que antes estaba cerrado.
Psique: Eso hace el camino mucho más amable.
Lumen: Y más honesto. El ego convierte la
espiritualidad en otra exigencia: "Deberías haber perdonado ya. Deberías
tener más fe. Deberías sentir paz. Deberías escuchar perfectamente al Espíritu
Santo." La claridad no te exige que finjas haber llegado donde todavía no
estás.
Psique: Entonces puedo decir: "Todavía no quiero
soltar esto del todo."
Lumen: Sí. Y después añadir: "Pero quiero aprender
a querer soltarlo."
Psique: Esa frase cambia mucho las cosas.
Lumen: Porque ahí la voluntad ya ha comenzado a cambiar
de dirección.
Psique: Entonces, incluso cuando me resisto, todavía
puedo elegir algo.
Lumen: Siempre. Quizá no puedas elegir inmediatamente
la paz completa, pero puedes elegir no cerrar totalmente la puerta. Puedes
decir: "No veo otra manera ahora, pero acepto que podría existir."
Psique: Entonces la voluntad sería ese pequeño
"sí" que doy a una posibilidad diferente.
Lumen: Esa es una hermosa manera de expresarlo. El ego
exige certeza antes de dar el paso. La disposición dice: "No lo comprendo
todavía, pero estoy dispuesto a aprender."
Psique: ¿Y qué relación tiene esto con la Voluntad de
Dios? Esa expresión puede resultar incómoda porque parece implicar que tengo
que someter mi voluntad a otra voluntad superior.
Lumen: Esa incomodidad nace de imaginar que tu
verdadera voluntad y la Voluntad de Dios están enfrentadas. Si Dios quisiera
algo para ti que tú realmente no quisieras, habría dos voluntades opuestas y la
separación sería real.
Psique: Entonces, el Curso plantea algo distinto.
Lumen: Radicalmente distinto. Plantea que tu verdadera
voluntad y la Voluntad de Dios no están en conflicto. El conflicto aparece
entre lo que realmente quieres y lo que el ego te ha enseñado a querer.
Psique: Entonces, cuando el ego quiere algo, no significa
necesariamente que esa sea mi verdadera voluntad.
Lumen: Exactamente. Puedes querer venganza y descubrir
después que lo que realmente querías era dejar de sufrir. Puedes querer
controlar a una persona y descubrir que lo que realmente buscabas era
seguridad. Puedes querer ganar una discusión y darte cuenta de que, en el
fondo, querías ser comprendido y estar en paz.
Psique: Entonces, detrás de muchos deseos hay otro deseo
más profundo.
Lumen: Sí. Y si continúas profundizando, una y otra vez
encontrarás la misma búsqueda: paz, amor, plenitud, unión.
Psique: Pero buscamos todo eso por caminos que muchas
veces producen lo contrario.
Lumen: Ahí está el problema. El ego no cambia
necesariamente lo que buscas. Te ofrece medios equivocados para encontrarlo.
Psique: Quiero amor y busco posesión. Quiero seguridad y
busco control. Quiero paz y busco tener razón.
Lumen: Exactamente. Y después te sorprendes al no
encontrar lo que buscabas.
Psique: Entonces, utilizar correctamente mi voluntad
sería aprender a distinguir entre el fin que realmente deseo y los medios que
el ego me propone.
Lumen: Muy bien visto. Y por eso la pregunta "¿Qué
quiero realmente?" puede ser tan poderosa.
Psique: Porque quizá descubra que aquello por lo que
estoy luchando no es realmente lo que quiero.
Lumen: Exactamente. Puedes estar luchando por ganar una
discusión cuando lo que verdaderamente quieres es paz. En ese instante aparece
una elección muy clara: "¿Qué quiero más, demostrar que tengo razón o
recuperar mi paz?"
Psique: Esa pregunta ya ha aparecido en otros diálogos.
Lumen: Porque gran parte del camino vuelve una y otra
vez a la misma elección. Las formas cambian, pero el contenido es muy sencillo:
miedo o amor, conflicto o paz, separación o unión.
Psique: Entonces, la voluntad decide qué propósito quiero
dar a lo que estoy viviendo.
Lumen: Sí. Y eso convierte cada situación cotidiana en
un aula. No necesitas esperar una gran experiencia espiritual. Puedes ejercitar
tu voluntad cuando alguien te critica, cuando algo no sale como esperabas,
cuando aparece un miedo, cuando sientes la tentación de juzgar o cuando quieres
controlar el futuro.
Psique: ¿Y qué podría preguntarme en esos momentos?
Lumen: Algo muy sencillo: "¿Qué quiero obtener de
esta situación?" Y después: "¿Quiero realmente el conflicto que estoy
eligiendo o quiero la paz que digo buscar?"
Psique: A veces descubriré que todavía quiero el
conflicto.
Lumen: Y reconocerlo sin culpa ya es mucho. Puedes
decir: "Ahora mismo todavía quiero tener razón, pero estoy dispuesto a
reconocer que esto me está costando la paz."
Psique: Entonces, no necesito engañarme.
Lumen: Nunca. La voluntad se fortalece con honestidad,
no con apariencia espiritual.
Psique: Creo que empiezo a comprenderlo. Mi papel no es
obligarme a despertar, fabricar paz o eliminar el ego mediante esfuerzo.
Lumen: Tu papel es elegir a quién quieres escuchar y
estar dispuesto a dejar que aquello que has elegido te enseñe.
Psique: Entonces, quizá la voluntad no sea decir:
"Yo puedo hacerlo solo."
Lumen:
Psique: Y quizá eso sea mucho más poderoso de lo que
parece.
Lumen: Porque una mente que está verdaderamente
dispuesta a ver de otra manera ya ha dejado de defender completamente la manera
antigua.
Conclusión de
Lumen:
La voluntad tiene un papel esencial en este
camino, pero no consiste en forzarte a ser espiritual, fabricar la paz o luchar
contra el ego. Consiste en reconocer qué quieres realmente y elegir el
propósito que deseas dar a tu experiencia.
El ego dice: "Usa tu voluntad para
conseguir que las cosas sean como tú quieres." La claridad responde: "Usa
tu voluntad para descubrir qué quieres de verdad."
Puedes decir que quieres paz y continuar
defendiendo un resentimiento. Puedes decir que quieres perdonar y seguir
necesitando que el otro sea culpable. Puedes decir que quieres confiar y
continuar intentando controlar. La práctica comienza cuando reconoces esa
contradicción sin condenarte y te preguntas: "¿Qué quiero
realmente?"
No necesitas una voluntad perfecta. A veces será
suficiente con poder decir: "Todavía no quiero soltar esto completamente,
pero quiero aprender a querer soltarlo."
Ese pequeño cambio ya importa. Porque tu función
no es crear la verdad. Es dejar de cerrar la puerta que te impide reconocerla.
Y quizá, poco a poco, descubras que tu verdadera
voluntad nunca fue sufrir, atacar, controlar ni permanecer separado. Detrás de
todos esos intentos siempre estabas buscando lo mismo: amor, seguridad,
plenitud y paz.
Entonces la voluntad deja de ser una fuerza con
la que intentas imponer tu camino y se convierte en algo mucho más sencillo: la
disposición a elegir de nuevo.

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