La Lección 285 nos invita hoy a realizar un cambio profundo en la manera en que nos contemplamos: 👉 “Hoy mi santidad brilla clara y radiante.”
No se nos pide convertirnos en personas
espiritualmente perfectas, eliminar todos nuestros errores ni alcanzar algún
estado especial. La santidad de la que habla el Curso no es una recompensa que
obtendremos cuando hayamos mejorado lo suficiente. Es nuestra verdadera
condición porque procede de Dios. La lección afirma: “Padre, mi santidad es
la Tuya” y recuerda que el Hijo de Dios sigue siendo tal como fue creado.
🌿 Mi
santidad no depende de cómo me esté comportando hoy.
Pero el Curso utiliza la palabra santidad de otra
manera. No describe el comportamiento de nuestra personalidad, sino aquello que
permanece intacto detrás de ella.
👉 Puedo
equivocarme acerca de quién soy sin haber cambiado lo que realmente soy.
✨ La luz no
desaparece porque temporalmente no pueda verla.
Podemos imaginar el sol detrás de unas nubes.
Cuando el cielo está cubierto, parece que la luz ha desaparecido. Sin embargo,
las nubes no han apagado el sol; simplemente nos impiden verlo.
Algo semejante ocurre con nuestros pensamientos
de miedo, culpa, juicio o indignidad. Parecen ocultar nuestra santidad, pero no
pueden destruirla.
La lección nos invita precisamente a dejar de
confundir lo que cubre la luz con la luz misma.
👉 Mis
pensamientos pueden ocultar mi santidad de mi conciencia, pero no pueden
modificarla.
🌞 Aceptar mi
santidad cambia aquello que comienzo a pedir.
La lección contiene una idea especialmente
importante: cuando aceptamos nuestra santidad, comenzamos a desear aquello que
verdaderamente puede hacernos felices. Entonces el sufrimiento, la pérdida o el
dolor dejan de parecernos necesarios. La propia lección pregunta qué utilidad
podrían tener para nosotros si recuperáramos la cordura y aceptáramos nuestra
santidad.
El ego, sin embargo, puede buscar muchas cosas
que creemos que nos harán felices: tener razón, ser reconocidos, controlar una
situación, recibir aprobación, conseguir que alguien cambie o demostrar nuestra
inocencia haciendo culpable a otro.
La santidad desea otra cosa: paz.
👉 Cuando
recuerdo quién soy, también empieza a cambiar aquello que creo necesitar para
ser feliz.
🤍 Reconocer
mi santidad significa también reconocer la de mi hermano.
Aquí aparece una consecuencia inevitable de la
enseñanza. Si mi santidad procede de Dios y no de mi comportamiento, tampoco la
santidad de otra persona depende de cómo se comporte conmigo.
Esto no significa aprobar sus errores ni permitir
cualquier conducta. Significa algo más profundo: puedo reconocer que alguien se
ha equivocado sin convertir su error en su identidad.
No puedo decir: “Mi verdadera naturaleza
permanece intacta, pero la tuya quedó destruida por aquello que hiciste”.
La misma luz está detrás de ambos.
👉 Cada vez
que dejo de definir a alguien por su error, estoy aprendiendo también a no
definirme por los míos.
🕊️ El perdón
me ayuda a recordar la santidad que había olvidado.
La oración de la lección pide: “Permítaseme
regocijarme en ella y recobrar la cordura mediante el perdón.”
Perdonar, desde esta perspectiva, no consiste
simplemente en ser generoso con otra persona. Es retirar una interpretación que
estaba ocultando la verdad.
Cuando condeno, veo culpa. Cuando perdono,
comienzo a mirar más allá del error.
Por eso cada juicio puede convertirse en una
oportunidad. Cuando descubro que estoy condenando a alguien puedo detenerme y
preguntarme: “¿Quiero utilizar esto para demostrar que estamos separados o para
aprender a ver de otra manera?”
👉 Perdonar
es permitir que la luz vuelva a ocupar el lugar donde había colocado un juicio.
🌿 No
necesito sentirme santo para reconocer mi santidad.
También podríamos convertir esta lección en una
nueva exigencia: “Hoy debería sentirme lleno de luz”, “no debería estar
triste”, “si realmente comprendiera el Curso estaría siempre en paz”.
Eso sería simplemente otra forma de juicio.
La enseñanza no nos pide fabricar una emoción
espiritual. Podemos sentir miedo, cansancio, tristeza o incertidumbre y, al
mismo tiempo, recordar: “Esto es lo que estoy experimentando ahora, pero no es
todo lo que soy”.
👉 La
santidad no es un estado emocional que tengo que producir; es una verdad que
puedo comenzar a aceptar.
🧘♀️ Aplicación
práctica.
Al comenzar el día puedes recordar: 👉 “Hoy mi santidad brilla clara y radiante.”
Después observa aquellos momentos en los que te
defines negativamente: “Soy incapaz”, “Soy culpable”, “Siempre hago lo mismo”,
“No soy suficientemente bueno”.
Detente y reconoce: “Ésta es una descripción que
estoy haciendo de mí, pero no es necesariamente la verdad acerca de lo que
soy”.
Cuando juzgues a otra persona, puedes utilizar la
misma práctica: “Estoy viendo su comportamiento, pero no quiero convertir ese
comportamiento en toda su identidad”.
Y cuando aparezca miedo ante lo que pueda
suceder, recuerda que la lección comienza invitándonos a despertar confiando en
que aquello que verdaderamente procede de Dios sólo puede ser bueno.
👉 La
práctica de hoy consiste en permitir que, detrás de cada juicio acerca de mí
mismo o de otro, pueda recordar una Identidad que ningún error ha conseguido
alterar.
🌟 Comprensión
esencial.
La Lección 284 nos recordó que podemos cambiar
los pensamientos que nos causan dolor. La 285 da un paso más: ¿desde qué
Identidad queremos comenzar a pensar?
Si creo que soy culpable, vulnerable y separado,
mis pensamientos reflejarán esa identidad. Si comienzo a aceptar que mi
santidad permanece intacta, puedo aprender a mirar desde otro lugar.
👉 No tengo
que fabricar la luz. Tengo que dejar de identificarme con aquello que parecía
ocultarla.
🌟 Frase
central: “Mi santidad no depende de lo que hoy piense de mí, de mis
errores ni de lo que otros vean en mí. Brilla porque procede de Dios, y nada de
lo que ocurre en el sueño puede apagarla.”
🕊️ Cierre
contemplativo.
Padre, hoy quiero dejar de buscar pruebas de que
soy indigno de Ti. He utilizado mis errores, mis miedos y mis juicios para
construir una imagen de mí mismo y después he olvidado que esa imagen nunca
pudo cambiar lo que Tú creaste.
Cuando vuelva a juzgarme, recuérdame que puedo
corregir un error sin convertirlo en mi identidad. Cuando condene a un hermano,
ayúdame a recordar que su santidad tampoco depende de lo que mis ojos parecen
mostrarme. Y cuando el miedo me diga que algo puede destruir mi paz, permíteme
recordar que Tu luz sigue presente en mí.
✨ “Padre, mi santidad es la Tuya. Hoy quiero dejar de ocultarla detrás de mis juicios y permitir que brille en mi manera de mirar, de hablar y de relacionarme. Que el perdón retire aquello que parecía oscurecerla y me ayude a recordar que Tu Hijo sigue siendo tal como Tú lo creaste.”

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