lunes, 5 de junio de 2017

Principio 43: "Los milagros surgen de un estado mental milagroso,.."

PRINCIPIO 43

Los milagros surgen de un estado mental milagroso, o de un estado de estar listo para ellos.



¿Qué nos quiere decir este Principio? ¿Cuál es el estado mental milagroso? ¿Cuándo sabremos que estamos listos para ser un obrador de milagros?

Ya hemos visto a lo largo del estudio que estamos desarrollando sobre los Principios de Un Curso de Milagros, que el Hijo de Dios, antes de adquirir la falsa creencia en la separación, gozaba de un estado mental en el que no se necesitaba nada (jardín del Edén).

Hemos visto, como la identificación con esa falsa creencia, con la ilusión, es una elección. No tenemos por qué continuar cre­yendo lo que no es verdad, a no ser que así lo elijamos.  Todo ello puede literalmente desaparecer en un abrir y cerrar de ojos por­que no es más que una percepción falsa.

El Curso nos enseña que los milagros son expresiones de una orienta­ción milagrosa, y una orientación milagrosa no es otra cosa que una mentalidad recta. Los que poseen una mentalidad recta no exaltan ni menosprecian la mente del que obra milagros ni la del que los recibe. En cuanto que medio de corrección, sin embargo, el milagro no tiene que esperar a que el que los ha de recibir goce de una mentalidad recta. De hecho, su propósito es restituirle su mente recta. Es esencial, no obstante, que el obrador de milagros esté en su mente recta, aunque sea brevemente, o, de lo contrario, será incapaz de re-establecer la mentalidad recta en otros.

No obstante, no debemos confundir a la mente que goza de conocimiento con la mentalidad recta, ya que sólo esta última está vinculada a la percepción verdadera. Podemos tener una mentalidad recta o una mentalidad errada, y aun esto es cuestión de grados, lo cual demuestra claramente que ninguna de ellas tiene nada que ver con el verdadero conocimiento. El término mentalidad recta se debe entender como aquello que corrige la mentalidad errada, y se refiere al estado mental que induce a una percepción fidedigna. Es un estado de mentalidad milagrosa porque sana la percep­ción errónea, lo cual es ciertamente un milagro en vista de como nos percibimos.

La percepción siempre entraña algún uso inadecuado de la mente, puesto que la lleva a áreas de incertidumbre. La mente es muy activa. Cuando elige estar separada, elige percibir. Hasta ese momento su voluntad es únicamente gozar de conocimiento. Una vez que ha elegido percibir, no puede sino elegir ambigua­mente, y la única forma de escaparse de la ambigüedad es me­diante una percepción clara. La mente retorna a su verdadera función únicamente cuando su voluntad es gozar de conoci­miento. Esto la pone al servicio del espíritu, donde la percepción cambia.

Muchos, comparten la pregunta, ¿por qué Dios no evita el “pensamiento erróneo” que conduce al sufrimiento? Esta creencia, al no verse satisfecha, al no encontrar la respuesta deseada, desemboca en la negación de la verdadera realidad, en la negación de Dios.

El curso nos indica sobre esta cuestión, lo siguiente: Si me interpusiese entre tus pensamientos y sus resultados, estaría interfiriendo en la ley básica de causa y efecto: la ley más fundamental que existe. De nada te serviría el que yo menospre­ciase el poder de tu pensamiento. Es mucho más eficaz que te recuerde que no ejerces suficiente vigilancia con respecto a tus pensamien­tos.
(…) No estás acostumbrado a pensar con una mentalidad milagrosa, pero se te puede enseñar a pensar de esa manera. Todos los obradores de milagros necesitan este tipo de instrucción.

Y en esa estamos. Aprendiendo a pensar con una mentalidad recta, con una mentalidad milagrosa. ¿Cómo?

No dejando de vigilar nuestra mente. Obrar milagros requiere el que uno se dé cuenta plenamente del poder de los pensamientos a fin de evitar las creaciones falsas. De lo contrario, sería necesario un milagro que rectificase a la mente misma, proceso circular éste que no propiciaría el colapso del tiempo que es para lo que el milagro se concibió. El obrador de milagros debe poseer un genuino respeto por la verdadera ley de causa y efecto como condición previa para que se produzca el milagro.

Tanto el milagro como el miedo proceden de pensamientos. Si no somos libres de elegir uno, tampoco seremos libres de elegir el otro. Al elegir el milagro, rechazamos el miedo aunque sólo sea temporal­mente.

Creemos que no podemos controlar el miedo porque lo hemos inventado, y nuestra creencia en él parece ponerlo fuera de nuestro control. Sin embargo, todo intento de resolver el error tratando de dominar el miedo es inútil. De hecho, eso no hace más que corroborar su poder, al asumir que necesita ser domi­nado. La verdadera solución descansa enteramente en alcanzar el dominio por medio del amor.

Un Curso de Milagros nos dice a este respecto:

“La nada y el todo no pueden coexistir. Creer en uno es negar el otro. El miedo no es nada realmente y el amor lo es todo. Siempre que la luz irrumpe en la oscuridad, la oscuridad de­saparece. Lo que tú crees, es cierto para ti. En este sentido la separación ha ocurrido, y negarlo sería utilizar incorrectamente la negación. Concentrarse en el error, no obstante, no es más que otro error. El procedimiento correctivo inicial consiste en reco­nocer temporalmente que hay un problema, mas sólo como señal de que tiene que ser corregido de inmediato. Esto da lugar a un estado mental en el que la Expiación puede ser aceptada sin demora”. (T.2.VII.5.9)

Por último, me gustaría recoger el significado que aporta el Curso al referirse al estado de “estar listo”:

“Estar listo es sólo el prerrequisito para que se pueda lograr algo. No se debe confundir una cosa con la otra. Tan pronto como se da la condición de estar listo, también se da, en cierta medida, el deseo de querer lograr algo, si bien éste no es necesa­riamente un deseo indiviso. Dicha condición de estar listo no es más que el potencial para que pueda tener lugar un cambio de mentalidad. La confianza no puede desarrollarse plenamente hasta que no se haya alcanzado un dominio total. Hemos tratado ya de corregir el error fundamental de que es posible dominar el miedo, y hemos enfatizado que el verdadero dominio sólo se puede alcanzar por medio del amor. Estar listo es sólo el comienzo de la confianza. Tal vez pienses que esto implica que tiene que transcurrir mucho tiempo entre el momento en que estás listo y aquel en el que alcanzas el dominio, pero permíteme recordarte que el tiempo y el espacio están bajo mi control”. (T.2.VII.7.9)

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