martes, 11 de agosto de 2015

Principio 41: El contenido perceptual de los milagros es la plenitud.


PRINCIPIO 41

El contenido perceptual de los milagros es la plenitud. De ahí que puedan corregir o redimir la errada percepción de carencia.


El Principio 41 nos ofrece la oportunidad de afrontar el análisis de uno de los temas que más nos suele inquietar, el de la dualidad abundancia-escasez.

Kenneth Wapnick, sobre este particular nos refiere lo siguiente:

“El principio básico del ego es el principio de escasez, que falta algo porque hemos excluido a Dios. De ahí es que procede la culpa, del pensamiento de que hay una carencia, que hace al ego y, por lo tanto, al cuerpo real. Vemos a la gente y a nosotros mismos carentes; el milagro refleja para nosotros la integridad que es nuestra verdadera Identidad. "Integridad" puede equipararse con abundancia, la negación del principio de escasez del ego. "Abundancia" no significa nada material, una asociación que se hace frecuentemente con lo que se llama Consciencia de Prosperidad.

En la Consciencia de Prosperidad, se piensa típicamente que la abundancia del espíritu puede traducirse en forma material: si pienso abundancia, recibiré abundancia. No cabe duda de que nuestros pensamientos sí influyen en lo que nos rodea. Fue así que se hizo el mundo para empezar. Pero eso no lo convierte en un principio espiritual. Desde la perspectiva del Curso, ese es el error aquí. Nuestras mentes sí afectan al mundo, pero esto es sólo una aseveración sobre el poder de la mente. Es un fenómeno psíquico, no espiritual. Lo que lo hace espiritual, como hemos visto, es entregarle ese poder al Espíritu Santo. Sin Su ayuda y orientación simplemente continuaríamos escogiendo de acuerdo con las necesidades de nuestro ego, arraigándonos más aún en este mundo de ilusión.

Así que, el milagro no nos da cosas materiales. El milagro sencillamente deshace las defensas que se fundamentaron en nuestra creencia en la escasez y la cual refuerza este principio de carencia. Este proceso regresa nuestra mente a su original y vigente estado de ser uno con Dios, poseedores de todo lo que Dios nos otorgó en la creación: dicha, unidad, libertad, felicidad, etc”.
Este Principio asemeja la percepción del milagro con el estado de “plenitud” y con ello nos está revelando, que la experiencia que nos aporta el milagro nos lleva a recordar nuestro verdadero estado espiritual. La Plenitud es el estado que compartimos con nuestro Creador.
Un Curso de Milagro nos dice: ¿Qué mejor vocación puede haber para cualquier parte del Reino que la de restituirlo a la per­fecta integración que le devuelve la plenitud?

La unidad que existe entre el Crea­dor y la creación constituye nuestra plenitud, nuestra cordura y nuestro poder ilimitado. Este poder ilimitado es el regalo que Dios nos hace por­que eso es lo que somos. Si separamos nuestra mente de dicho poder, no podremos sino percibir la fuerza más grande del universo como si fuese débil, ya que no creeremos formar parte de ella.

Nuestra plenitud es ilimitada por­que el estado de ser es infinito. El egoísmo es cosa del ego, pero la plenitud del Ser pertenece al ámbito del espí­ritu porque así es como Dios lo creó.

El Reino se extiende para siempre porque está en la Mente de Dios. No conocemos nuestro propio gozo porque no conocemos la plenitud de nuestro propio Ser. Si excluimos cualquier parte del Reino no podremos gozar de plenitud. Una mente dividida no puede percibir su lle­nura, y necesita que el milagro de su plenitud alboree en ella y la cure. Esto vuelve a despertar la plenitud en dicha mente; y al aceptar dicha plenitud se reincorpora al Reino. Cuando apreciamos por completo la llenura de Ser de nuestra mente, el egoísmo se vuelve imposible y la extensión inevitable. Por eso es por lo que el Reino goza de perfecta paz. El espíritu está cumpliendo su función, y sólo el pleno cumplimiento produce paz.

Es evidente, que cuando hablamos en estos términos de “plenitud”, de “abundancia”, no nos estamos refiriendo a riqueza material. El mundo físico es fruto de la mente separada, de la mente dividida y esa mente, como hemos visto, no puede percibir llenura. Podemos ser ricos en posesiones materiales y ello no significa que gocemos de paz y plenitud.

La creación es plena, y la señal de la plenitud es la santidad. Los milagros son afirmaciones de Filiación, que es un estado de com­pleción y abundancia. (T.1.V.5-6)

Para poder actuar de todo corazón tenemos que ser feliz.


Nos refiere el Curso, que si el miedo y el amor no pueden coexistir, y si es imposible estar completamente atemorizado y seguir viviendo, el único estado de plenitud posible es el del amor. No existe diferencia alguna entre el amor y la dicha. Por lo tanto, el único estado de plenitud posi­ble es el de absoluta dicha. Curar o hacer feliz es, por lo tanto, lo mismo que integrar y unificar. Por eso es por lo que no importa a qué parte de la Filiación se le ofrece la curación o qué parte la lleva a cabo. Todas las partes se benefician, y se benefician por igual.

La plenitud es indi­visible, pero no podremos saber de la plenitud que gozamos hasta que no la veamos por todas partes.  De igual modo, no podremos entender lo que es la Plenitud a menos que nosotros mismos seamos plenos.

Alcanzaremos la plenitud a medida que restauremos la plenitud de otros, pues dar a un hermano lo que realmente desea es ofrecérnoslo a nosotros mismo, ya que nuestro padre dispone que comprendamos que nuestro hermano y nosotros somos lo mismo.
           
Nos revela el Curso, con relación al principio de escasez, que los que atacan no saben que son benditos. Atacan porque creen que les falta algo. Desde este punto de vista, las Enseñanzas nos hace una recomendación: “Comparte tu abundancia libre­mente y enseña a tus hermanos a conocer la suya. No compartas sus ilusiones de escasez, pues, de lo contrario, te percibirás a ti mismo como alguien necesitado”.

Consciente de que el tema que estamos tratando, la abundancia-plenitud y las escasez-separación, ocupa mucho de nuestros pensamientos hasta convertirse en una de las asignaturas pendientes en nuestras vidas, me gustaría compartir dos testimonios extraídos de dos autores practicantes de las Enseñanzas de Un Curso de Milagros, cuyo contenido nos ayudará a enfocar, de un modo más cercano, el tema que estamos analizando.

El primero de esos testimonios es el aportado por Marianne Williamson en su obra “Volver al amor” de UCDM:

EL DINERO
«La dicha no cuesta nada.»

Haz lo que te guste, lo que haga que tu corazón cante. Y nunca lo hagas por dinero. No trabajes para ganar dinero; trabaja para difundir la alegría. Busca primero el reino de los Cielos, y el Maseratti llegará cuando sea el momento.

Dios no tiene conciencia de pobreza. No quiere que lleves una vida aburrida ni que tu trabajo te harte. No tiene nada en contra de las cosas de este mundo. "El dinero no es malo; simplemente no es nada." Como todo lo demás, se lo puede usar con fines sagrados o impíos.

Una vez tuve una pequeña librería. Un día entró un hombre que me dijo que me enseñaría a ganar dinero. -Cada persona que entra por esa puerta- me explicó es un comprador en potencia. Y eso es lo que usted tiene que decirse para sus adentros cada vez que un cliente entre en la tienda: «Comprador en potencia, comprador en potencia».

Lo sentí como el consejo de un explotador. Me estaba aconsejando que considerase a los demás como peones en mi propio juego. Recé y recibí las siguientes palabras: «Tu tienda es una iglesia». Desde el punto de vista esotérico, iglesia alude a la reunión de almas. No es un fenómeno del plano exterior, sino más bien del interior. La gente no acude a tu tienda o tu empresa para que tú consigas algo. Esas personas te son enviadas para que puedas darles amor.

Después de la oración y de haber sentido realmente que mi tienda era una iglesia, entendí que mi único trabajo era amar a la gente que venía a ella. Y fue lo que hice: cada vez que veía entrar a un cliente, lo bendecía en silencio. No todos me compraban un libro cada vez que entraban, pero la gente empezó a considerar que yo era su librera. Los clientes sentían la atracción de una atmósfera de paz. Aunque la gente no sepa exactamente de qué se trata, percibe cuándo se está irradiando amor en su dirección.

Yo me quedo atónita cuando me encuentro con dependientes groseros, que se comportan como si al dejarte estar en la tienda te hicieran un favor. La rudeza es destructiva para la trama emocional del mundo. En el lugar donde yo crecí, la gente no va a una tienda que irradia esa clase de energía, porque uno no se siente bien allí. Cuando nuestro objetivo es hacer dinero, la creatividad se desvirtúa. Si yo creyera que el dinero es el objetivo final de mi enseñanza, tendría que pensar más en lo que le gustaría oír a la gente y menos en lo que yo siento que es importante que diga. Mi energía quedaría contaminada por mis esfuerzos para conseguir venderles mi conferencia y que volvieran otra vez trayendo a sus amigos. Pero si el propósito de mi trabajo es canalizar el amor de Dios, entonces sólo estoy ahí para abrir el corazón, el cerebro y la boca.

Cuando no trabajamos más que por el dinero, nuestra motivación se centra en obtener y no en dar. La transformación milagrosa significa pasar de una mentalidad de ventas a una mentalidad de servicio. Mientras no realizamos este cambio, funcionamos desde el ego y nos concentramos en las cosas de este mundo y no en el amor. Esta idolatría nos arroja a un territorio emocional extraño, en el que siempre tenemos miedo. Tenemos miedo tanto del éxito como del fracaso. Si nos acercamos al éxito, lo tememos; si nos aproximamos al fracaso, también lo tememos. El problema no está en el éxito ni en el fracaso, sino en la presencia del miedo, y en su inevitabilidad allí donde el amor está ausente.

Como todo lo demás, el dinero puede ser sagrado o impío, según cuál sea el fin a que lo destine la mente. Tendemos a hacer con él lo mismo que hacemos con el sexo: lo deseamos, pero juzgamos el deseo. Entonces es el juicio lo que deforma el deseo, convirtiéndolo en una expresión desagradable. Como nos avergüenza admitir que deseamos esas cosas, fingimos de una manera insidiosa que no es así; por ejemplo, condenamos nuestros deseos incluso en el momento en que nos entregamos a ellos. Y, por lo tanto, la falta de pureza está en nosotros, no en el dinero ni en la sexualidad, que no son más que pantallas sobre las que proyectamos nuestro sentimiento de culpabilidad.

Así como la mente temerosa es la fuente de la promiscuidad, y no el sexo, que sólo es el medio por el cual ésta se expresa, tampoco el dinero es la fuente de la codicia, sino sólo una de las maneras de expresarse que ésta tiene. La fuente de la codicia es la mente. Tanto al dinero como a la sexualidad se los puede usar con fines sagrados o impíos. Como con la energía nuclear, el problema no está en la energía, sino en cómo se la aplica.

Nuestro concepto de la riqueza es, en realidad, una estratagema del ego para asegurarse de que nunca lleguemos a tener nada. Una vez conducía por un barrio de Houston habitado por personas muy ricas, y pensé: «Esta gente trabaja para las grandes empresas multinacionales que oprimen al Tercer Mundo». Entonces, yo misma me detuve: «¿Cómo puedo saber de qué manera se ganan la vida todas estas personas y qué es lo que hacen con su dinero?». Mi actitud enjuiciadora, disfrazada de conciencia política, era en realidad el intento de mi ego de asegurarse de que nunca tuviera dinero. Lo que mentalmente no permitimos a los demás, nos lo negamos a nosotros mismos. Lo que bendecimos en los demás, lo atraemos hacia nosotros.

Cuando era una muchacha, tenía la creencia de que al ser pobre estaba, de alguna manera, demostrando mi solidaridad con los más necesitados. Ahora veo que detrás de aquella idea se escondía mi miedo de fracasar si intentaba hacerme rica. Al final me di cuenta de que los pobres no tenían tanta necesidad de mi simpatía como de dinero en efectivo. No hay nada de puro ni de espiritual en la pobreza. Hay personas necesitadas que son muy santas, pero no lo son porque sean pobres. He conocido a gente rica sumamente espiritual, y a gente pobre que no lo era en absoluto.

La Biblia dice que es más difícil para un rico entrar en el reino de los Cielos que para un camello pasar por el ojo de una aguja. Eso se debe a que el apego al dinero hace que nos apartemos del amor. Pero el imperativo moral no es rechazar el dinero en nuestra vida. El reto consiste en espiritualizar nuestra relación con él, teniendo claro que su único fin es sanar al mundo. En una sociedad iluminada, los ricos no tendrán necesariamente menos dinero, sino que los pobres tendrán mucho más. El problema, contrariamente a la forma en que lo percibe el ego, no es simplemente de distribución de la riqueza, sino de la conciencia que la acompaña. El dinero no escasea ni es un recurso finito. No somos pobres porque los ricos sean ricos, sino porque no trabajamos con amor.

Tenemos que recordar que nuestro dinero es el dinero de Dios; aceptemos tener todo lo que Él quiera que tengamos para poder hacer lo que Él quiere que hagamos. Dios quiere que tengamos la base material necesaria para conseguir nuestra mayor felicidad. El ego intenta convencernos de que Dios exige sacrificios, y de que la vida de servicio ha de ser una vida de pobreza, pero no es así. "Nuestro objetivo aquí en la Tierra es ser felices, y la función del Espíritu Santo es ayudarnos a lograrlo. Él nos conduce a la abundancia material que necesitamos para avanzar alegremente en el mundo, sin esclavizarnos a ella.

Hay mucho trabajo por hacer para sanar al mundo, y parte de él cuesta dinero. Con frecuencia el Espíritu Santo nos envía dinero para que podamos llevar a cabo tareas que Él quiere ver cumplidas en Su nombre. Una actitud responsable hacia el dinero es estar abiertos para recibir lo que venga, y confiar en que nunca nos faltará.

Al pedir milagros, pedimos al Espíritu Santo que elimine los obstáculos que impiden que recibamos dinero, obstáculos que toman la forma de ideas como: el dinero es impuro, si tenemos dinero es que somos codiciosos, los ricos son malos, o yo no debería ganar más dinero del que ganan o ganaron mis padres. Tener dinero significa que podemos dar trabajo a otras personas y sanar al mundo. Lo que le sucede a una sociedad cuando el dinero deja de circular no es nada agradable.

Uno de los principios que hay que recordar en lo que se refiere al dinero es la importancia que tiene pagar por los servicios que otras personas nos prestan. Si negamos a alguien su derecho a ganarse la vida, lo mismo nos negamos a nosotros. Lo que demos recibiremos, y lo que no queramos dar nos será negado. Y para el universo no hay diferencia alguna entre robar a una gran multinacional y robar a una arrugada y simpática ancianita.

El universo apoyará siempre nuestra integridad. A veces nuestras deudas son tan grandes o confusas que, aunque tengamos la mejor de las intenciones, la carga y la culpa resultan abrumadoras, y simplemente amontonamos las facturas en el fondo de un cajón y tratamos de olvidarlas. O cambiamos de número de teléfono. El universo no nos apoyará en eso. Una gran persona no es alguien que nunca se cae, sino alguien que, cuando se cae, hace lo necesario para ponerse de nuevo en pie. Como siempre, de lo que se trata es de pedir un milagro. En general, nadie va a la cárcel en nuestro país por tener deudas. Una vez más, como dice Un curso de milagros, «Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación». La pureza de corazón hace que progresemos rápidamente. Si tienes deudas, por grandes que sean, escribe una carta a las empresas o personas a quienes debes dinero, reconoce el problema, discúlpate si es necesario y hazles saber que les ofreces un plan de pagos, efectivo a partir de ese momento. Envíales algo de dinero con la carta, y no te prepares para el fracaso. Si puedes pagarles quince mil pesetas al mes, perfecto. O págales cinco mil, si no llegas a más. Pero no te olvides de pagar regularmente y con puntualidad. No importa si la deuda es de cinco millones de pesetas. El Curso afirma que «no hay grados de dificultad en los milagros». No importa la forma que asuma un problema ni su magnitud; un milagro puede resolverlo. ¿Qué significa esto? Que en cualquier momento podemos volver a empezar. No importa cuál sea el problema; si mentalmente tomamos una actitud respetuosa, el universo siempre nos ayudará a solucionar el desastre y empezar de nuevo. Arrepentirse significa volver a pensar. En cualquier aspecto de nuestra vida, el universo nos apoyará en la misma medida en que lo apoyemos.

La mayoría de nosotros arrastramos algún lastre con respecto al dinero, que puede ir desde una necesidad inadecuada de tenerlo a un concepto inadecuado de lo que es. De niños, muchos recibimos intensos mensajes sobre el dinero. De palabra o con hechos, nos enseñaron que es de suma importancia, o que no es espiritual, o que es difícil de ganar, o que es la raíz de todo mal. Muchos tenemos miedo de que los demás no nos quieran si no tenemos dinero, o si tenemos demasiado. Se trata de un ámbito en el que, individual o colectivamente, necesitamos una sanación radical de nuestros hábitos mentales.

Recemos: «Dios amado, en Tus manos pongo todos mis pensamientos sobre el dinero, todas mis deudas, toda mi riqueza. Abre mi mente para que reciba abundante mente. Por mi mediación, canaliza Tu abundancia de una manera que sirva al mundo. Amén».

El segundo de los testimonios lo he extraído de la obra escrita por Gary Renard, “La desaparición del universo”:

Una tarde lluviosa de Agosto de 1998 me encontraba en casa cuando Arten y Pursah se presentaron en su visita número trece. Pursah, sonriendo, abrió el debate.

Pursah: Hola, Gary. Es un gusto verte, como siempre. Nos alegra que hayas ido a ver a Ken.
Evidentemente podrías aprender de él sin tener que ir a verle, pero es divertido que hayas ido.

Gary: Puedes estar segura, y también fue muy agradable conocerle personalmente. Me sorprendió lo divertido que es para ser un erudito intelectual.

Pursah: Una de las mejores herramientas del Espíritu Santo es la risa, hermano mío. Si te tomas el mundo demasiado en serio, te comerá.

Gary: Sí, ojalá me acordara de reírme un poco más a menudo. Aún retraso el perdón algunas veces. Estoy seguro de que sabéis de qué quiero hablar hoy. Me gustaría mejorar mi capacidad de recibir guía, y aprecio mucho que me consintáis mis actuales intereses.

Pursah: Todo es parte del plan. Vamos a hablar de una guía que no es de este mundo. Hoy no nos quedaremos mucho tiempo, de modo que vayamos al grano. Has leído el folleto “La Canción de Oración”, ¿no es así?

Gary: Claro. Es una de mis lecturas favoritas.

Pursah: Entonces hablemos de qué es la verdadera oración y de cómo puedes obtener beneficios secundarios de ella cuando no tratas de conseguirlos.

Gary: ¿Puedo plantearte una pregunta rápida?

Arten: Sólo venimos a servir.

Gary: Bien, he estado pensando en la devoción de los verdaderos mensajeros espirituales, desde San Francisco de Asís hasta la Madre Teresa, y hace que me pregunte si verdaderamente merezco ser un mensajero de Dios. A veces no soy muy devoto, ¿sabes?

Arten: Esto es algo que has de recordar siempre; la prueba de tu devoción es tu perdón. Ahora estás muy acostumbrado a perdonar, y olvidas que antes no era algo natural para ti. Cada vez que perdonas, piensa en ello como si fuera un regalo que te haces a ti mismo y a Dios. Te irá bien.

Gary: Gracias, lo intentaré. Pero también siento que no tengo el impulso necesario para escribir nuestro libro, o para ir por ahí intentando ser un portavoz del Curso. No tengo buena voz.

Arten: No tienes que hacer eso si lo no deseas, pero, si eliges hacerlo, recuerda esto: Moisés no tenía buena voz; Hitler, sí. Lo importante es el mensaje, no la forma que adopte. Si lo intentas, podrías llevarte una sorpresa. Simplemente recuerda que te estás hablando a ti mismo. No hay nadie allí fuera, y puedes recordar este hecho en cualquier momento que lo desees. Y en cuanto al impulso, tanto si se trata del impulso de hacer el amor como del impulso de trabajar, la gente lo tiene porque temen la muerte. Tienen un plazo dado, por así decirlo. En el caso de un haragán como tú, el miedo a la muerte adopta otras formas. Cuando surja, recuerda lo erróneo que es tu miedo a la muerte y tu miedo a Dios.

Gary: En realidad, siento ese miedo respecto a no poder vivir en Hawai. Creo que lo he deseado más de lo que creía.

Arten: En primer lugar, no deberías sentirte culpable por desear vivir allí, ¿por qué no ibas a poder hacerlo? Todo el mundo tiene que vivir en alguna parte. Es una simple preferencia. ¿Por qué darle tanta importancia? Las ballenas son lo suficientemente inteligentes para ir allí en invierno. ¿Por qué no debería hacerlo un Piscis tan majo como tú?

Gary: Aún no tengo los medios para quedarme allí una larga temporada.

Arten: Eso es porque has estado poniendo el carro por delante del caballo. Por suerte para ti, hoy vamos a hablar de cómo poner el caballo por delante del carro.

Pursah: Una de las cosas que tienes que entender es que eres inocente, independientemente de lo que parezca ocurrir en tu vida. Algunas personas se sienten culpables por ser pobres y otras se sienten culpables por ser ricas. ¿No crees que has sido ambas cosas, rico y pobre, en tus numerosos sueños de vida? Sin embargo, ninguna de las dos cosas es verdad. ¡Sólo es un sueño! Como hemos sugerido, si tienes bien incorporadas las bases del sistema de pensamiento del Curso, deberías ser capaz de aplicar lo aprendido a cualquier cosa. Por ejemplo, cuando tengas un profundo deseo de algo, debes estar pensando que eres un cuerpo, o que de algún modo estás separado de Dios.
¿De qué otro modo podrías desear algo? Si eres un espíritu, o si estás unido a Dios, no necesitas nada.
Si recuerdas que no eres un cuerpo, entonces puedes dar un paso atrás y ver que tu deseo no tiene valor.
Una vez más, no estamos hablando de renunciar a todos los bienes materiales; estamos hablando de tu manera de mirarlos. Si necesitas algo -y tendría que faltarte para que lo necesitaras-, puedes recordar que tan sólo es un sustituto de Dios, y que tú único problema es tu sensación de separación de Él. Estás teniendo un sueño de escasez, pero no es verdad. En lugar de hacer que algo a nivel de la forma sea más importante que cualquier otra cosa, puedes recordar que en realidad todo es la misma nada.
Cristo no necesita nada. Si necesitas algo, estás partiendo de un lugar de debilidad, pero si no necesitas nada, puedes venir desde la fuerza de Cristo.

Gary: ¿Y qué pasa si simplemente me gusta Hawai y lo elijo porque es precioso?

Pursah: Un modo de hacerlo es considerar que la belleza que ves, o incluso la belleza en la que piensas, es un símbolo de tu abundancia como Cristo. De ese modo, si llueve el día de tu cumpleaños y no puedes salir a ver la belleza, ésta sigue estando allí, donde siempre ha estado, en tu mente.

Arten: En tu caso, la carencia emerge en forma de problemas económicos. Eso es resultado de tu culpabilidad inconsciente. No te sientas mal por ello. Tu culpabilidad inconsciente podría expresarse de formas mucho peores. Por ejemplo, es preferible tener tus dificultades que tener graves problemas de salud y muchas otras cosas con las que la gente tiene que enfrentarse. Sabes perdonar; tienes una presión sanguínea perfecta y pareces muchos años más joven de lo que eres. Cuenta tus bendiciones y siéntete agradecido de que la mayoría de tus lecciones sean suaves, y de que tu perdón está haciendo que despiertes a la conciencia de lo que verdaderamente eres.

Gary: Tengo una idea bastante precisa de cómo orar y estar con Dios, pero no sé si comprendo esta idea del beneficio secundario.

Arten: De acuerdo. La repasaremos brevemente y después nos iremos para que puedas practicar. Con la práctica se consigue la perfección.
Míralo de este modo. Si el universo ilusorio está en perpetuo cambio y Dios es inmutable y eterno, ¿en cuál de ellos preferirías tener tu origen? Tu problema de escasez, que es un símbolo del pensamiento de separación, queda ampliado por el hecho de que estás poniendo tu fe en algo con lo que no puedes contar. Si consideras que tu fuente de abastecimiento es algo de este mundo, por ejemplo, tu carrera profesional, un trabajo específico o tus propias habilidades, entonces, cuando algo cambia -como siempre lo hace en este mundo-, podrías quedarte en desventaja. Un origen ilusorio puede perderse.
Pero, ¿qué pasa si tu Fuente de origen no puede cambiar ni fallar? Entonces estás poniendo tu fe donde está justificado que la pongas. Ahora puedes ver tus profesiones transitorias y tus iniciativas y empeños como simples herramientas que son expresiones simbólicas de tu abastecimiento constante. Ahora tu Fuente se convierte en un pozo sin fondo donde puedes acudir para obtener guía, que siempre se presentará como algún tipo de inspiración. Si se te rompe la herramienta, no pasa nada. No tienes que permanecer atado a ella porque no es tu Fuente de origen. Si tu Fuente es constante, entonces una herramienta puede ser sustituida rápida y cómodamente por otra a través de una ocurrencia muy natural: la inspiración. Puedes relajarte sabiendo que no puedes perder tu Fuente.

Gary: Ya he experimentado parte de lo que estás diciendo, pero podrías ser un poco más explícito respecto a cómo es este proceso.

Pursah: Sí. La instrucción de J en La Canción de Oración es muy específica, pero la unión con Dios es abstracta. Más adelante, generalmente cuando menos te lo esperas, te llegará una respuesta a tus problemas surgida de la nada, por así decirlo, como un efecto secundario de haberte unido a Dios.
Aunque ya lo has leído, voy a repetirte parte de lo que dice esta joya:

El secreto de la verdadera oración es olvidarte de las cosas que crees que necesitas. Pedir lo específico es muy parecido a mirar el pecado y después perdonarlo. Del mismo modo, en la oración pasas por alto tus necesidades específicas tal como las ves, y las dejas en manos de
Dios. Allí, ellas se convierten en tus regalos para Él, porque Le dicen que no tienes otro Dios más que Él; ningún Amor más que el Suyo.

Como ejemplo, cuando meditas, podrías visualizarte tomando la mano de J o del Espíritu Santo y yendo hacia Dios. Entonces podrías pensar en ti mismo dejando tus problemas, objetivos e ídolos ante Su altar como regalos. Quizás diga a Dios cuánto lo quieres y lo agradecido que te sientes por estar completamente a su cuidado, por siempre seguro y totalmente amparado. Entonces te quedas en silencio. Mantienes la actitud de que Dios te creó para ser como Él y para estar eternamente con Él.
Ahora puedes olvidarte de todo, unirte al Amor de Dios y perderte en alegre comunión con Él.
Un par de días después, podrías estar comiendo un bocadillo o trabajando en el ordenador, y de repente te impacta, llega a ti una idea inspirada. La palabra, inspirada, como sabes, significa “en espíritu”. Al unirte al espíritu has recibido la respuesta. La gente siempre busca que Dios responda a sus plegarias.
Si supieran algo más de cómo han de rezar, también sabrían cómo viene la respuesta. Sus respuestas no vienen en forma de respuestas físicas, vienen a la mente en forma de guía; una idea inspirada, que el folleto describe como un eco del Amor de Dios.

(...) La forma de respuesta, si está dada por Dios, encajará con tu necesidad tal como tú la ves.
Esto es meramente un eco de la respuesta de Su Voz. El verdadero sonido siempre es una canción de acción de gracias y de amor.

Ésa es la clave: unirse a Dios en Amor y gratitud. Te olvidas de todo lo demás y te pierdes en Su Amor. Eso es lo que significa llenarse del espíritu. Ésa es la Canción de Oración. El eco es un beneficio añadido, pero no el propósito de la oración. Simplemente es algo que ocurre de manera natural cuando te unes a Dios y Le amas.
No puedes, entonces, pedir el eco. La canción es el regalo. Junto con ella vienen los sobretonos, las armonías, los ecos, pero todos estos son secundarios.

Gary: ¿Sería posible que pasara algo en el mundo que respondiera a mi necesidad tal como yo la veo?

Pursah: Las respuestas de Dios son internas, no externas. Si algo aparece en el mundo es un símbolo. No pienses que Dios actúa en el mundo, porque no lo hace. Los resultados de seguir su guía pueden mostrarse en el mundo como símbolos de seguridad o abundancia.

Arten: Ahora puedes operar desde una posición de fuerza en lugar de debilidad. Tal vez descubras que tienes más paciencia y te relajas más en tu trabajo, consiguiendo así una mayor eficacia. Vaciando tu mente de los deseos que percibes en ella cuando vas a Dios, puedes experimentar Su Amor. Al retornar al mundo donde piensas que estás, puedes recordar con más regularidad el lugar donde verdaderamente estás: con Dios. A veces verás de manera muy clara y natural lo que deberías hacer en el mundo para resolver tus problemas, o, si tienes que afrontar una decisión importante, en qué sentido debes decidir. La prueba más contundente de la validez de este método será que funciona. A medida que aceptes los regalos de tu Padre, recuerda que estás eternamente con Él.

(...) Dios sólo responde para la eternidad. Pero, aún así, todas las pequeñas respuestas están contenidas en esto.

Pursah: Ahora te vamos a dejar, pero sólo en la forma. Cuando desaparezcamos, queremos que te unas con Dios, y nosotros estaremos allí. Cuando vas a Dios no estás tratando de conseguir nada, simplemente Le amas. Al hacerlo, te das cuenta de que eres amado por Él, ahora y por toda la eternidad.

(...) En la verdadera plegaria, sólo oyes la canción. Todo el resto es mero añadido. Has buscado primero el Reino del Cielo, y todo lo demás se te ha dado por añadidura.

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