viernes, 2 de junio de 2017

Principio 40: "El milagro reconoce que todo el mundo es tu hermano así como mi hermano también".

PRINCIPIO 40

El milagro reconoce que todo el mundo es tu hermano así como mi hermano también. Es una manera de percibir la marca universal de Dios.

Personalmente, tengo claro que mi encuentro con Un Curso de Milagros responde a mi voluntad de encontrar la verdad. Reconozco que ese impulso, inicialmente, estaba orientado exclusivamente al campo del intelecto, sin embargo, hoy, esa búsqueda ha visto ampliada su horizonte situándome en un marco más amplio, si cabe, el que me brinda la oportunidad de poner de manifiesto la Esencia de mi Ser.

Un Curso de Milagros es un curso de entrenamiento mental. Gracias a Él, hoy soy consciente de que soy el único soñador de mis sueños; soy consciente de lo que soy, un Ser Espiritual emanado de la Mente Creadora de mi Padre; soy consciente de que, potencialmente, soy un Dios en formación. Tal vez te estés preguntando, ¿cómo es posible de que sea consciente de estas cosas si la conciencia se adquiere por la vía de la percepción y esta vía es la puerta de la ilusión?

Sí, soy consciente de que estoy soñando y de que soy el soñador. Es precisamente ese estado el que me permite distinguir entre la voz de los sentidos y la Voz de mi Padre, la que me inspira el Espíritu Santo. Esa Voz, me permite conocer cuál es la Voluntad de mi Creador y orienta mi percepción hacia el tono más elevado al que podemos aspirar dentro del sueño, donde vivimos sumidos en la ilusión de la separación. Esa Voz me habla de Unidad y me revela el único camino que ha de conducirnos a las puertas del Cielo. Esa senda es la que nos conduce a reconocer el Principio de Filiación: Todo el mundo es tu hermano.

Tal vez ahora entiendas mejor, la razón por la cual no he podido conformarme tan sólo con ver satisfecha mi afán de saber teórico, si a la vez no conseguía andar ese camino que ha de permitirme experimentar mi Ser: Ser Uno con mis Hermanos.

Si has reconocido este estado anímico, es señal de que te encuentras recorriendo esa senda. Si una cosa tengo claro es, que por muchos caminos que andemos en busca del saber espiritual, si éstos no nos señalan que el camino debemos recorrerlo sin olvidarnos de nuestra Filiación, por mucho que avancemos, al final de trayecto, nos encontraremos con un rótulo que nos indica: “Esta es la Regla de Oro, que te comportes con los demás como tú quisieras que ellos se comportasen contigo”.

Con todo ello, el Principio que hoy abordamos nos ofrece la oportunidad de tratar el tema de la Filiación, para mí de una gran trascendencia, si queremos conocernos a nosotros mismos y a nuestro Creador.

El Curso nos aporta mucha información que nos ayudará a conocer el por qué es tan importante conocer el papel del prójimo.

Dado que tú y tu prójimo sois miembros de una misma familia en la que gozáis de igual rango, tal como te percibas a ti mismo y tal como lo percibas a él así te comportarás contigo mismo y con él. Debes mirar desde la percepción de tu propia santidad a la santidad de los demás.

El Hijo de Dios será siempre indivisible: De la misma manera en que somos uno solo en Dios, así también aprendemos cual uno solo en Él. El Maestro de Dios se asemeja tanto a Su Creador como el Hijo al Padre, y, a través de Su Maestro, Dios proclama Su Unicidad y la de Su Hijo. Escucha en silencio, y no le levantes la voz. Pues Él enseña el milagro de la unicidad, y ante Su lección la división desaparece. Enseña como Él aquí, y recordarás que siempre has creado como tu Padre. El milagro de la creación nunca ha cesado, pues lleva impreso sobre sí el sello sagrado de la inmortalidad. Esto es lo que la Voluntad de Dios dispone para toda la creación, y toda la creación se une para disponer lo mismo”. (T.14.XI.11)

He querido exponer esa afirmación al principio, pues nos deja claro de que el Hijo de Dios será siempre indivisible. Sin embargo, un uso incorrecto de la Mente le llevó a creer lo contrario a esa afirmación. Esa otra manera de ver las cosas, le lleva a fabricar un estado de división que dio lugar a la creencia en la separación.

Como bien expresa el Curso, “si creemos estar privados de algo, nuestra percepción se distorsiona y cuando esto ocurre, toda la familia de Dios, la Filiación, sufre su deterioro en sus relaciones”. Todos los milagros son afirmaciones de Filiación, que es un estado de compleción y abundancia.

En el sentido expuesto en la introducción a este estudio, podríamos decir, que la única meta del que se ha decidido por el camino de los milagros es restaurar completamente la Filiación.

La siguiente aportación nos aclarará el sentido de unicidad de la Filiación:

Debe observarse con especial atención que Dios tiene solamente un Hijo. Si todas las creaciones de Dios son Hijos Suyos, cada una de ellas tiene que ser parte integral de toda la Filiación. La Filia­ción, en su unicidad, transciende la suma de sus partes. Este hecho, no obstante, queda velado mientras falte una sola de ellas. Por eso es por lo que, en última instancia, el conflicto no se puede resolver hasta que todas las partes de la Filiación hayan retor­nado. Sólo entonces podrá comprenderse lo que, en el verdadero sentido de la palabra, significa la plenitud. Cualquier parte de la Filiación puede creer, en el error o en la incompleción si así lo elige. Sin embargo, si lo hace, estará creyendo en la existencia de algo que no existe. Lo que corrige este error es la Expiación”.

Cuando la Voluntad de la Filiación y la del Padre son una, la perfecta armonía entre ellas es el Cielo. Cuando la Expiación se complete y toda la Filiación sane, dejará de haber una llamada a retornar. Pero lo que Dios crea es eterno. El Espíritu Santo permanecerá con los Hijos de Dios para bendecir las creaciones de éstos y mantenerlas en la luz de la dicha.

En verdad, no podemos comprendernos a nosotros mismos separados de los demás. Ello se debe a que individualmente, separado del legítimo lugar que ocupamos en la Filiación, no significamos nada, y el legítimo lugar de la Filiación es Dios.

Creo importante que conozcamos lo que sigue: Dios creó a la Filiación y nosotros la expandimos. Tenemos el poder de acrecentar el Reino, aunque no de acrecentar a su Creador. Reivindicamos ese poder cuando nos mantenemos alerta sólo en favor de Dios y de Su Reino. Al aceptar que tenemos ese poder, aprendemos a recordar lo que somos.

Tampoco podemos obviar la siguiente afirmación:

“Aunque sólo podemos amar a la Filiación como una sola, la podemos percibir como fragmentada. Mas es imposible ver algo en alguna parte de ella y no atribuírselo a toda ella. Por eso es por lo que los ataques no son nunca parciales y por lo que hay que renunciar a ellos completamente. Si no se renuncia a ellos completamente, no se renuncia a ellos en absoluto”.

Cada pensamiento amoroso que cualquier parte de la Filiación abriga es patrimonio de todas sus partes.

Enseñar a toda la Filiación sin hacer excepciones demuestra que percibimos su plenitud y que hemos aprendido que es una. Ahora tenemos que estar alerta para mantener su unicidad en nuestra mente por­que si dejamos que nos asalte la duda, perderemos la conciencia de su plenitud y seremos incapaces de enseñarla.

He aquí una de las claves que nos ayudará a conocer cuál es el estado de nuestra consciencia. Si en nuestra mente albergamos pensamientos que nos lleva a creer que no existe unicidad entre los hombres, entonces estaremos reconociendo que aún servimos a la idea de la necesidad y de la escasez, a la idea de la incompleción o lo que es lo mismo, estamos negando nuestra plenitud.

Considero esta visión esencial para despertar del sueño, para alcanzar ese estado de iluminación que ha de situarnos en las puertas del Cielo.

Nos indica Jesús a través del Curso:A medida que te acercas a un hermano te acercas a mí, y a medida que te alejas de él, la distancia entre tú y yo aumenta. La salvación es una empresa de colaboración. No la pueden emprender con éxito aquellos que se desvinculan de la Filiación porque al hacer eso se desvinculan de mí. Dios acudirá a ti sólo en la medida en que se Lo ofrezcas a tus hermanos. Aprende primero de ellos, y estarás listo para oír a Dios. Eso se debe a que el Amor sólo tiene una función”. (T.4.VI.8.1-6)

¿Cómo debemos comportarnos con respecto a un hermano?

En este sentido, el Texto del Curso es claro en sus aportaciones. Nos revela, que siempre que le negamos la bendición a un hermano nos sentimos desposeídos, ya que la negación es tan total como el amor. Negar parte de la Filiación es tan imposible como lo es amarla sólo en parte. No es posible tampoco amarla totalmente sólo a veces. No podemos estar, totalmente comprometido sólo en algunas ocasiones.

Cuando un hermano actúa insensatamente, nos está ofreciendo una oportunidad para recibir nuestra bendición. Su necesidad es la nuestra. Realmente, necesitamos la bendición que podamos darle. No hay manera de que podamos disponer de ella excepto dándola. Ésa es la ley de Dios, la cual no hace excepciones. Carecemos de aquello que negamos, no porque haya carencia de ello, sino porque se lo hemos negado a otro, y, por lo tanto, no somos conscientes de ello en nosotros.  Nos recuerda el Curso, que “lo que crees ser determina tus reacciones, y lo que deseas ser es lo que crees que eres”. Lo que deseamos ser, entonces, determina forzosamente todas nuestras reacciones.

Si deseas ser una identidad separada de tu hermano, tus reacciones serán de ataque. Si en cambio, tu deseo es poner de manifiesto tu unicidad, tu hermano se convierte en el camino que ha de conducirte de vuelta a tu verdadero hogar, el Cielo.

Somos la voluntad unida de la Filiación, cuya plenitud es para todos. Comenzamos nuestra jornada de regreso, juntos, y, según avanzamos juntos, congregamos a nuestros hermanos. Cada aumento de nuestra fuerza se lo ofrecemos a todos, para que ellos puedan también superar su debilidad y añadir su fuerza a la nuestra. Dios nos espera a todos con los Brazos abiertos, y nos dará la bienvenida.

Nunca olvides que la Filiación es tu salvación, pues la Filiación es tu Ser. Al ser la creación de Dios, es tuya, y al pertenecerte a ti, es Suya. Tu Ser no necesita salvación, pero tu mente necesita aprender lo que es la salvación. No se te salva de nada, sino que se te salva para la gloria. La gloria es tu herencia, que tu Creador te dio para que la extendieras. No obstante, si odias cualquier parte de tu Ser pierdes todo tu entendimiento porque estás con­templando lo que Dios creó como lo que eres, sin amor. Y puesto que lo que Él creó forma parte de Él, le estás negando el lugar que le corresponde en Su Propio altar”. (T.11.1.1-7)

Y, ¿Cómo debemos amar?

No podemos entablar ninguna relación real con ninguno de los Hijos de Dios a menos que los amemos a todos, y que los amemos por igual. El amor no hace excepciones. Si otorgamos amor a una sola parte de la Filiación exclusivamente, estaremos sembrando culpabilidad en todas nuestras relaciones y haciendo que sean irreales. Sólo podemos amar tal como Dios ama. No intentemos amar de forma diferente de como Él lo hace, pues no hay amor aparte del Suyo. Hasta que no reconozcamos que esto es verdad, no tendremos idea de lo que es el amor. Nadie que condena a un hermano puede considerarse inocente o que mora en la paz de Dios. Si es inocente y está en paz, pero no lo ve, se está engañando, y ello significa que no se ha contemplado a sí mismo.

Un mensaje alentador: “En ti no hay separación, y no hay sustituto que pueda mante­nerte separado de tu hermano. Tu realidad fue la creación de Dios, la cual no tiene sustituto. Estáis tan firmemente unidos en la verdad, que sólo Dios mora allí. Y Él jamás aceptaría otra cosa en lugar de vosotros. Él os ama a los dos por igual y cual uno solo. Y tal como Él os ama, así sois. Vosotros no estáis unidos en ilusiones, sino en un Pensamiento tan santo y tan perfecto que las ilusiones no pueden permanecer allí para mancillar el santo lugar donde os encontráis unidos. Dios está contigo, hermano mío. Unámonos en Él en paz y con gratitud, y aceptemos Su regalo como nuestra más santa y perfecta realidad, la cual compartimos con Él.
El Cielo le es restituido a toda la Filiación a través de tu rela­ción, pues en ella reside la Filiación, íntegra y hermosa, y a salvo en tu amor. El Cielo ha entrado silenciosamente, pues todas las ilusiones han sido llevadas dulcemente ante la verdad en ti, y el amor ha refulgido sobre ti, bendiciendo tu relación con la ver­dad. Dios y toda Su creación han entrado a formar parte de ella juntos. ¡Cuán santa y hermosa es vuestra relación, la cual la ver­dad ilumina! El Cielo la contempla y se regocija que lo hayas dejado venir a ti. Y Dios Mismo se alegra de que tu relación siga siendo tal como fue creada. El universo que se encuentra dentro de ti se une a ti junto con tu hermano. Y el Cielo contempla con amor aquello que está unido en él, junto con su Creador”.

Para finalizar este análisis, os dejo dos referencias extraídas del Libro de Ejercicios, concretamente las detalladas en la Lección 181: “Confío en mis hermanos, que son uno conmigo” y en la Lección 288: “Que me olvide hoy del pasado de mi hermano”. Recordémoslas.

LECCIÓN 181
Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

Confiar en tus hermanos es esencial para establecer y sustentar tu fe en tu propia capacidad para trascender tus dudas y tu falta de absoluta convicción en ti mismo. Cuando atacas a un her­mano, proclamas que está limitado por lo que tú has percibido en él. No estás viendo más allá de sus errores. Por el contrario, éstos se exageran, convirtiéndose en obstáculos que te impiden tener conciencia del Ser que se encuentra más allá de tus propios erro­res, así como de sus aparentes pecados y de los tuyos.

La percepción tiene un enfoque. Eso es lo que hace que lo que ves sea consistente. Cambia de enfoque, y, lo que contemples, consecuentemente cambiará. Ahora se producirá un cambio en tu visión para apoyar la intención que ha reemplazado a la que antes tenías. Deja de concentrarte en los pecados de tu hermano, y experimentarás la paz que resulta de tener fe en la impecabilidad. El único apoyo que esta fe recibe procede de lo que ves en otros más allá de sus pecados. Pues sus errores, si te concentras en ellos, no son sino testigos de tus propios pecados. Y no podrás sino verlos, lo cual te impedirá ver la impecabilidad que se encuentra más allá de ellos.

No hay nadie que no sea mi hermano. He sido bendecido con la unidad de la que gozo con el universo y con Dios mi Padre, el único Creador de la totalidad que es mi Ser, el cual es eternamente uno conmigo.

LECCIÓN 288
Que me olvide hoy del pasado de mi hermano.

Éste es el pensamiento que me conduce a Ti y me lleva a mi meta. No puedo llegar hasta Ti sin mi hermano. Y para conocer mi Fuente, tengo primero que reconocer lo que Tú creaste uno conmigo. La mano de mi hermano es la que me conduce a Ti. Sus pecados están en el pasado junto con los míos, y me he salvado porque el pasado ya pasó. No permitas que lo siga abrigando en mi corazón, pues me desviaría del camino que me lleva a Ti. Mi hermano es mi salvador. No dejes que ataque al salvador que Tú me has dado. Por el contrario, déjame honrar a aquel que lleva tu Nombre, para así poder recordar que es el mío también.

Perdóname hoy. Y sabrás que me has perdonado si contem­plas a tu hermano en la luz de la santidad. Él no puede ser menos santo que yo, y tú no puedes ser más santo que él.

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