lunes, 12 de junio de 2017

Principio 50: "El milagro compara lo que tú has hecho con la creación..."

PRINCIPIO 50

El milagro compara lo que tú has hecho con la creación, aceptando como cierto lo que concuerda con ella, y rechazando como falso lo que no.



¿Quién no se ha preguntado, en alguna ocasión, si su comportamiento en el mundo de la ilusión es acorde a las Leyes de Dios?

¿Existe algún modo de saber si hemos adquirido consciencia de que somos el soñador del sueño o por el contrario, seguimos sumidos en la más profunda inconsciencia del sueño?

¿Nuestros pasos nos acercan hacia las puertas que nos conducen de retorno al Cielo, o por el contrario, permanecemos perdidos entre los múltiples ídolos con los que nos identificamos?

En otras palabras, ¿estamos permitiendo que los milagros se extiendan en nuestra vida llevándonos a ver con nitidez la diferencia existente a la hora de crear o fabricar, o lo que es lo mismo, haciéndonos co-creadores con nuestro Padre, como mensajeros de la Unidad, o por el contrario, seguimos sirviendo a la ilusión, manteniendo la irrealidad del mundo material?

Sí, cuando hemos superados la necesidad de ver el mundo con los ojos del juicio y hemos entregado al Espíritu Santo nuestra mente, es cuando se produce el milagro, pues dejamos de percibir un mundo separado y en su lugar, se nos muestra un mundo cuántico, donde el Todo está en la Unidad y la Unidad está en el Todo.
Nos refiere el título de este Principio, que el milagro compara todo aquello que hemos hecho en sintonía con la creación, es decir, con la Verdad y todas nuestras falsas creaciones, lo que el Curso llama “fabricaciones” y que están en sintonía con la falsedad.

Vamos a dedicar, este espacio, a analizar más de cerca los conceptos “crear” y “fabricar”.

La mente elige dividirse a sí misma cuando elige inventar sus propios niveles. Pero no puede separarse completamente del espíritu, ya que de éste es de donde deriva todo su poder para fabricar o para crear. Aun en la creación falsa la mente está afirmando su Origen, pues, de otro modo, simplemente dejaría de existir. Esto último, no obstante, es imposible, ya que la mente le pertenece al espíritu que Dios creó, y que, por lo tanto, es eterno.

Desde que se produjo la separación ha habido una gran confusión entre las palabras "crear" y "fabricar": Cuando fabricamos algo, lo hacemos como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad. Nada que se haya hecho con un propósito específico tiene la capacidad de poder generalizarse. Cuando hacemos algo para remediar lo que percibimos como una insuficiencia, estamos afirmando tácitamente que creemos en la separación.

El ego ha inventado un gran número de sistemas de pensamiento ingeniosos con ese propósito. Mas ninguno de ellos es creativo. La inventiva, aun en su manifestación más ingeniosa, es un esfuerzo en vano. Su naturaleza sumamente específica apenas se compara con la creatividad abstracta de las creaciones de Dios.

Pero, ¿qué es la creación? Para responder a esta cuestión, vamos a recordar lo expuesto en la introducción de la Lección 321 del Libro de Ejercicios de Un Curso de Milagros:

“La creación es la suma de todos los Pensamientos de Dios, en número infinito y sin límite alguno en ninguna parte. Sólo el Amor crea, y únicamente a Su semejanza. Jamás hubo tiempo alguno en el que todo lo que creó no existiese. Ni jamás habrá tiempo alguno en que nada que haya creado sufra merma alguna. Los Pensamientos de Dios han de ser por siempre y para siempre exactamente como siempre han sido y como son: inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado.

Los Pensamientos de Dios poseen todo el poder de su Creador. Pues Él quiere incrementar el Amor extendiéndolo. Y así, Su Hijo participa en la creación, y, por lo tanto, no puede sino compartir con su Padre el poder de crear. Lo que Dios ha dispuesto que sea uno eternamente, lo seguirá siendo cuando el tiempo se acabe, y no cambiará a través del tiempo, sino que seguirá siendo tal como era antes de que surgiera la idea del tiempo.

La creación es lo opuesto a todas las ilusiones porque es la verdad. La creación es el santo Hijo de Dios, pues en la creación Su Voluntad es plena con respecto a todo, al hacer que cada parte contenga la Totalidad. La inviolabilidad de su unicidad está garantizada para siempre, perennemente a salvo dentro de Su santa Voluntad, y más allá de cualquier posibilidad de daño, separación, imperfección o de nada que pueda mancillar en modo alguno su impecabilidad.

Nosotros, los Hijos de Dios, somos la creación. Parecemos estar separados y no ser conscientes de nuestra eterna unidad con Él. Sin embargo, tras todas nuestras dudas y más allá de todos nuestros temores, todavía hay certeza, pues el Amor jamás abandona Sus Pensamientos, y ellos comparten Su certeza. El recuerdo de Dios se encuentra en nuestras mentes santas, que son conscientes de su unicidad y de su unión con su Creador. Que nuestra función sea únicamente permitir el retorno de este recuerdo y que Su Voluntad se haga en la tierra, así como que se nos restituya nuestra cordura y ser solamente tal como Dios nos creó.

Nuestro Padre nos llama. Oímos Su Voz y perdonamos a la creación en Nombre de su Creador, la Santidad Misma, Cuya santidad Su creación comparte con Él; Cuya santidad sigue siendo todavía parte de nosotros”.

Si te estás preguntando, qué puedes hacer con todo lo que has fabricado, permanece tranquilo, aquieta tu mente, pues lo que tú has fabricado siempre se puede cambiar porque cuando no piensas como Dios, en realidad no estás pensando en absoluto.
Nos indica el Curso, que las ideas ilusorias no son pensamientos reales, si bien podemos creer en ellas. Pero eso es un error. La función del pensamiento procede de Dios y reside en Dios. Puesto que formamos parte de Su Pensamiento, no podemos pensar separados de Él.

Considero importante saber, que la verdad no está ausente aquí, pero está velada. De hecho, no sabemos cuál es la diferencia entre lo que hemos fabricado y lo que Dios creó, y de este modo no sabemos cuál es la diferencia entre lo que hemos fabricado y lo que hemos creado. Creer que podemos percibir el mundo real es creer que podemos conocernos a nosotros mismo. Podemos conocer a Dios porque Su Voluntad es que se le conozca. De todo lo que hemos fabricado, el mundo real es lo único que el Espíritu Santo ha conservado para nosotros, y la salvación consiste en percibir únicamente eso, ya que es el reconocimiento de que la realidad es únicamente lo que es verdad.

El camino de la salvación, nos invita a que reconozcamos que hemos  fabricado el mundo que vemos, y que reconozcamos, igualmente, que no nos hemos creado a nosotros mismos, ya que ambas creencias tratan el mismo error.

Nada que nuestro Creador no haya crea­do puede ejercer influencia alguna sobre nosotros. Y si creemos que lo hemos hecho puede dictarnos lo que debemos ver y sentir, y tenemos fe en que puede hacerlo, estamos negando a nuestro Creador y creyendo que somos nuestros propios hacedores.

Hemos de tener presente, que las creaciones del Hijo son semejantes a las de su Padre. Mas al crearlas, el Hijo no se engaña a sí mismo pensando que él es independiente de su Fuente. Su unión con Ella es la Fuente de su capacidad para crear. Aparte de esto no tiene poder para crear, y lo que hace no significa nada, no altera nada en la creación, depende enteramente de la locura de su hacedor y ni siquiera podría servir para justificarla.

Nos señala el Curso, que nada que hayamos fabricado tiene poder alguno sobre nosotros, a menos que todavía queramos estar separados del Creador y tener una voluntad que se oponga a la Suya. Pues sólo si creemos que Su Hijo puede ser Su enemigo parece entonces posible que lo que hemos inventado sea asimismo enemigo nuestro.

Las imágenes que fabricamos no pueden prevalecer contra lo que Dios Mismo quiere que seamos. Por lo tanto, no debemos tener miedo de la tentación, sino reconocerla como lo que es: una oportunidad más para elegir de nuevo, y dejar que la fortaleza de Cristo impere en toda circunstancia y lugar donde antes habíamos erigido una imagen de nosotros mismo.

Para finalizar con este estudio, haré referencia al Capítulo 3 del Curso de Milagros  y más concretamente al capítulo VII, titulado “Crear en contraposición a fabricar una imagen propia”. En él, extraeremos algunas orientaciones que nos ayudarán a comprender cómo el pensamiento del ego, al igual que el pensamiento del Espíritu Santo, se convierten en los pilares de nuestro sistema de creencias por las que regimos nuestras vidas.

Todo sistema de pensamiento tiene que tener un punto de par­tida. Empieza ya sea creando o fabricando, diferencia ésta a la que ya hemos hecho referencia. La semejanza entre ambas cosas reside en el poder que tienen como cimientos. Su diferencia, en lo que descansa sobre ellas. Ambas son piedras angulares de sistemas de creencias por las que uno rige su vida. Creer que un sis­tema de pensamiento basado en mentiras es débil es un error. Nada que un Hijo de Dios haya hecho carece de poder. Es esen­cial que te des cuenta de esto, pues, de lo contrario, no podrás escapar de la prisión que tú mismo has construido.

No puedes resolver el problema de la autoridad menospre­ciando el poder de tu mente. Hacer esto es engañarte a ti mismo, y ello te hará daño porque realmente comprendes el poder de la mente. Comprendes también que no puedes debilitarla, de la misma manera en que tampoco puedes debilitar a Dios. El "dia­blo" es un concepto aterrador porque parece ser sumamente poderoso y sumamente dinámico. Se le percibe como una fuerza que lucha contra Dios por la posesión de Sus creaciones. El dia­blo engaña con mentiras, y erige reinos en los que todo está en directa oposición a Dios. Sin embargo, atrae a los hombres en vez de repelerlos, y éstos están dispuestos a "venderle" sus almas a cambio de regalos sin ningún valor. Esto no tiene ningún sentido.

Hemos hablado ya de la caída o separación, mas su significado tiene que comprenderse claramente. La separación es un sistema de pensamiento que si bien es bastante real en el tiempo, en la eternidad no lo es en absoluto. Para el creyente todas sus creen­cias son ciertas. En el jardín simbólico se "prohibió" la fruta de un solo árbol. Mas Dios no pudo haberla prohibido, o, de lo contra­rio, nadie la habría podido comer. Si Dios conoce a Sus Hijos, y yo te aseguro que los conoce, ¿cómo iba a ponerles en una situa­ción en la que su propia destrucción fuese posible? AI "árbol pro­hibido" se le llamó "el árbol del conocimiento". Sin embargo, Dios creó el conocimiento y se lo otorgó libremente a todas Sus creacio­nes. Este simbolismo se ha interpretado de muchas maneras, pero puedes estar seguro de que cualquier interpretación que con­ciba a Dios o a Sus creaciones como capaces de destruir Su Propio propósito es errónea.

Comer de la fruta del árbol del conocimiento es una expresión que simboliza la usurpación de la capacidad de auto-crearse. Solamente en este sentido no son Dios y Sus creaciones co-creado­res. La creencia de que lo son está implícita en el "auto-concepto", o sea, la tendencia del ser a forjar una imagen de sí mismo. Las imágenes sólo se pueden percibir, no conocer. El conocimiento no puede engañar, pero la percepción sí. Puedes percibirte como tu propio creador, pero lo que a lo sumo puedes hacer es creerlo. No puedes hacer que sea verdad. Y como dije anteriormente, cuando por fin percibas correctamente no podrás sino alegrarte de que así sea. Hasta entonces, empero, la creencia de que sí puedes es la piedra angular de tu sistema de pensamiento, y utili­zas todas tus defensas para atacar las ideas que podrían ponerla al descubierto. Todavía crees que eres una imagen que tú mismo fabricaste. Tu mente está en desacuerdo con el Espíritu Santo en este punto, y no hay posibilidad de resolver esto mien­tras te empeñes en creer lo que es literalmente inconcebible. Ésa es la razón de que no puedas crear y de que tengas miedo de todo lo que fabricas.

La mente puede hacer que la creencia en la separación sea muy real y aterradora, y esta creencia es lo que es el "diablo". Es una idea poderosa, dinámica y destructiva que está en clara oposición a Dios debido a que literalmente niega Su Paternidad. Examina tu vida y observa lo que el diablo ha hecho. Pero date cuenta de que eso que ha hecho se desvanecerá completamente a la luz de la verdad, ya que su cimiento es una mentira. El hecho de que Dios te haya creado constituye el único cimiento que no puede ser debilitado, ya que la luz se encuentra en él.   Mucho se ha visto desde entonces, pero en realidad no ha ocurrido nada. Tu Ser no ha dejado de estar en paz, a pesar de que tu mente está en conflicto. Todavía no has retornado lo suficiente, y de ahí que tengas tanto miedo. A medida que te acercas a tu Origen, expe­rimentas el miedo a la destrucción de tu sistema de pensamiento como si se tratase del miedo a la muerte. Pero la muerte no existe. Lo que existe es la creencia en la muerte.


La rama que no da fruto será cortada y se secará. ¡Alégrate de que sea así! La luz brillará desde la verdadera Fuente de la vida, y tu forma de pensar quedará corregida. No puede ser de otra manera. Tú que tienes miedo de la salvación estás eligiendo la muerte. Vida y muerte, luz y oscuridad, conocimiento y percepción, son conceptos irreconciliables. Creer que se pueden re­conciliar es creer que Dios y Su Hijo no pueden reconciliarse. Sólo la unicidad del conocimiento está libre de conflicto. Tu reino no es de este mundo porque te fue dado desde más allá de él. La idea de un problema de autoridad tiene sentido única­mente en este mundo. Al mundo no se le abandona mediante la muerte sino mediante la verdad, y la verdad sólo la pueden cono­cer aquellos para quienes el Reino fue creado, y por quienes espera”. (T.3.VII.1:6)

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