martes, 6 de junio de 2017

Principio 44: "Los milagros son expresiones de una conciencia interna de Cristo ,,,"

PRINCIPIO 44

Los milagros son expresiones de una conciencia interna de Cristo y de haber aceptado Su Expiación.

He observado, que la descripción del título de este Principio difiere en la transcripción de la palabra conciencia, con la que nos aporta Kenneth Wapnick en su obra "Los 50 Principios de Un Curso en Milagros", en la cual utiliza el término consciencia. Podría tratarse de un lapsus ortográfico, de hecho, en el Texto del Curso tan sólo se utiliza la palabra conciencia, en ningún caso, "consciencia".

Sin embargo, he podido comprobar que existen publicaciones que desarrollan las diferencias existentes entre ambos términos. Yo he mismo, he participado en conversaciones y debates sobre este particular y he argumentado a favor de esa diferenciación.
En verdad, en el Curso tan sólo he encontrado una referencia al concepto conciencia escrita en mayúscula:

Si te entregases tal como tu Padre entrega Su Ser, entenderías lo que es la Conciencia de Ser. Y con ello entenderías el significado del amor”.

Si bien es cierto, que el Curso nos define claras diferencias cuando se hace alusión a la conciencia del cuerpo y la conciencia del cielo:

Mas por encima de todo, pierdes toda conciencia del cuerpo y dejas de dudar acerca de si todo esto es posible o no”.

La creencia de que puedes dar u obtener otra cosa -algo externo a ti- te ha costado la conciencia del Cielo y la de tu Identidad”.

Creo que merece la pena dedicar este espacio a desarrollar las posibles diferencias de enfoque que podemos encontrarnos al utilizar los términos “conciencia” y “consciencia”. Para ello, voy a presentar dos trabajos que se ocupan de ese propósito.


CONCIENCIA Y CONSCIENCIA

A veces son términos intercambiables, pero no siempre. Con el sentido general de “percepción o conocimiento”, se usan ambas formas.

Conciencia: Conocimiento de lo que nos rodea, en base a los órganos de los sentidos. En sentido moral, como “capacidad de distinguir entre el bien y el mal” (el Pepito Grillo de Pinocho), sólo se usa la forma conciencia. También tener mala conciencia, remorderle a alguien la conciencia, no tener conciencia.

Consciencia: Conocimiento de sí mismo. La consciencia define al ser. Se es consciente de sí mismo y de lo que nos rodea en base a lo que uno Es. Otra definición es la que asocia la consciencia a un estado de unión con la vida universal. Es una expansión continua, igual que el universo.

¿Se puede ser consciente, sin conciencia?

Parece que si apagamos la conciencia, no estamos en el aquí y en el ahora, difícilmente llegaremos a elevar la consciencia. Es lo que nos da a entender el cuento del maestro zen que recibía muchas visitas de personas en busca de consejos:

“Un día recibió a un joven que se tomaba muy en serio su camino espiritual. Se sentía preparado para convertirse en la mano derecha de cualquier gran maestro.

Ese día había llovido cuando el joven llegó a la casa del maestro. El joven se quitó los zapatos y dejó el paraguas antes de entrar en la habitación. Se inclinó ante el maestro y le dijo que le gustaría convertirse en su discípulo.

El maestro sonrió, pero no dijo ni una palabra.

El joven, un poco incomodado por el silencio, le dijo que había estudiado mucho. Que pensaba que estaba llamado a convertirse en uno de los “iluminados”.

El maestro le preguntó: ¿sabes a qué lado de la puerta has dejado el paraguas y a qué lado de la puerta has dejado los zapatos?

N-n-no, tartamudeó el joven, desconcertado, ¿Por qué?

El maestro le respondió de forma muy calmada: “Porqué lo que tu buscas es la consciencia” ¿Y cómo puedes estar consciente si ni siquiera sabes dónde has dejado los zapatos y el paraguas?”

¿Cuál es la diferencia entre una persona que no es consciente y otra que sí lo es?

Si no soy consciente considero que mis límites son fronteras inexpugnables, acumulo límites… En cambio, un ser consciente conoce sus límites y sin embargo aspira a la totalidad, quiere ir más allá de los mismos. (www.karmayoga.es)


La diferencia entre: conciencia, consciencia y Consciencia.
(Extracto del libro: La realización del espíritu. I. Portilla. Editorial Mirlo)

Tener conciencia, ser consciente y la Consciencia en sí misma, son tres conceptos relacionados pero diferentes:

Tener conciencia se relaciona con la ética, la moral y las virtudes humanas. Así, cuando se dice que alguien “tiene conciencia”, significa que es consciente de los valores morales e intenta vivir de acuerdo a los mismos. Por ello, cuando alguien dice que “tiene la conciencia tranquila” se refiere a que no ha hecho nada en contra de dichos valores o que se ha redimido de sus “faltas”, por lo que se encuentra en paz con la existencia.

Ser consciente se utiliza con respecto a algo. Una persona puede ser consciente de muchas cosas: de lo que sucede a su alrededor, de sus emociones y pensamientos, de sus virtudes y defectos, de lo que sucede en su organismo, etc. 
En las prácticas de realización, el concepto de consciencia se asocia a la atención. Por ejemplo, se puede dar la siguiente instrucción: “Prestar atención a las cosas que se ven, sin juzgarlas”, lo cual sirve para tomar consciencia de la percepción visual sin que intervenga el intelecto para su interpretación. Si a esta instrucción, se añade, “…y tomar consciencia del espacio que hay entre las cosas que se ven y en ellas mismas”, entonces se está ligando la consciencia con la Consciencia en sí misma, la cual se describe a continuación:

La Consciencia, en su forma más absoluta, es el espíritu universal, inmutable (constante o que no cambia), presente en todo y en todo momento (eterno). También se puede llamar realidad no-dual (o no-polar) por ser independiente de los cambios o alteraciones que suceden en todo lo que está formado por materia y energía (lo cual es dual o polar -por existir dos polos opuestos que interactúan-). 

La Consciencia se da al mismo tiempo que la conciencia y la consciencia. Así, una persona solo es consciente de algo cuando pone su atención en ello (solo cuando se mira un árbol se toma consciencia de este), sin embargo, la Consciencia siempre está presente independientemente de las cosas que uno perciba (de las que uno sea consciente).

Por ejemplo, una persona puede decirle a otra, “soy consciente de que estás aquí y al mismo tiempo, la percepción de la Consciencia (del espíritu universal) es simultánea y no está localizada solo en ti. Además, cuando miro a otro lado ya no soy consciente de que tú estés aquí, y sin embargo la percepción de la Consciencia sigue siendo obvia independientemente de donde pongo mi atención”.

Con respecto al vínculo entre la conciencia y la Consciencia, hay que diferenciar entre la conciencia ética y la conciencia espiritual. La primera es respecto a los valores propios en condiciones óptimas, y la segunda respecto a los valores que se expresan cuando el espíritu (la Consciencia) es realizado e integrado en el cuerpo-mente. La conciencia ética puede estar más o menos alineada con la consciencia espiritual, y solo es posible su completa alineación, mediante la realización del espíritu universal, y el proceso de alineación espiritual.

Como se puede comprobar, existen evidentes matices que establecen una diferenciación a la hora de utilizar un término u otro. A partir de este punto voy a centrarme en las aportaciones que hace Un Curso de Milagros sobre el término conciencia. No lo hemos dicho aún, pero la descripción del título del Principio alude a la “conciencia interna de Cristo”, lo que, sin haber entrado en mayores profundidades, me lleva a pensar que estamos hablando de Consciencia.

Comenzaré con la siguiente frase:

“La conciencia -el nivel de la percepción- fue la primera divi­sión que se introdujo en la mente después de la separación, con­virtiendo a la mente de esta manera en un instrumento preceptor en vez de en un instrumento creador. La conciencia ha sido correctamente identificada como perteneciente al ámbito del ego. El ego es un intento erróneo de la mente de percibirte tal como deseas ser, en vez de como realmente eres. Sin embargo, sólo te puedes conocer a ti mismo como realmente eres, ya que de eso es de lo único que puedes estar seguro. Todo lo demás es cuestionable”. (T.3.IV.2:5)

Estamos ante el nacimiento de la conciencia del cuerpo.

Sin embargo, los milagros despiertan nuevamente la conciencia de que el espíritu, no el cuerpo, es el altar de la verdad. Este reconoci­miento es lo que le confiere al milagro su poder curativo.

Nos refiere el Curso, que la revelación nos une directamente a Dios, mientras que los milagros nos unen directamente a nuestro hermano. Ni la revelación ni los milagros emanan de la con­ciencia, aunque ambos se experimentan en ella. La conciencia es el estado que induce a la acción, aunque no la inspira

Y añade: “Cuando se te haya restituido la conciencia de tu estado original pasarás naturalmente a formar parte de la Expiación”.

Sin duda, esta última aportación nos acerca a la idea de la Consciencia, ya que nos indica que recuperaremos nuestra verdadera identidad, es decir, dejaremos de tener una conciencia corporal, para tener una consciencia celestial o espiritual.

En este sentido, el milagro tiene como objeto restable­cer la conciencia de la realidad.

“El propósito de la Expiación es devolvértelo todo, o más bien, devolvérselo a tu conciencia”.

Todo lo que resulta de la conciencia espiritual simplemente se canaliza hacia la corrección.

Únicamente la percepción entraña una conciencia parcial. El verdadero conocimiento transciende las leyes que gobiernan la percepción porque un conocimiento parcial es imposible.

Ya hemos tenido ocasión de referirnos a la Expiación en el desarrollo de otros Principios, pero me gustaría recordar, que tener plena conciencia de la Expiación es, recono­cer que la separación nunca tuvo lugar.

Es cierto, que todo estudiante pasa por fases en las que duda sobre la certeza de su identidad. Las teorías le aportan una base cognoscitiva que ofrecen un nuevo marco para abordar nuevas creencias, pero a la hora de la verdad, a la hora de experimentar el mundo, de percibir, lo físico, que se muestra tan real a los sentidos, se convierte en una dura prueba, en una sutil tentación que pone en jaque nuestra integridad espiritual, nuestra consciencia espiritual.

Tal vez por ello, el Curso nos revela lo siguiente:

Sólo tu conciencia necesita protección, puesto que el estado de ser no puede ser atacado. No obstante, no podrás experimentar una auténtica sensación de que existes mientras sigas teniendo dudas con respecto a lo que eres. Por eso es por lo que es esencial que te mantengas alerta. No permitas que entre en tu mente nin­guna duda acerca de tu existencia o, de lo contrario, no podrás saber con certeza lo que eres. La certeza es el regalo que Dios te hace. La verdad no requiere vigilancia, pero las ilusiones sí”.

Si esto nos ocurre, has reemplazado tu conocimiento por una con­ciencia de sueños” (T10.II.1:5)

En esa conciencia de sueño, hemos perdido la conciencia de nuestra grandeza pues, hemos elegido reemplazarla con algo que hemos inventado.

“Todo ataque es un ataque contra uno mismo. No puede ser otra cosa. Al proceder de tu propia decisión de no ser quien eres, es un ataque contra tu identidad. Atacar es, por lo tanto, la manera en que pierdes conciencia de tu identidad, pues cuando atacas es señal inequívoca de que has olvidado quién eres. Y si tu realidad es la de Dios, cuando atacas no te estás acordando de Él. Esto no se debe a que Él se haya marchado, sino a que tú estás eligiendo conscientemente no recordarlo”.

Quizás nos ayude saber, que el espíritu sabe que la conciencia de todos sus hermanos está incluida en su propia conciencia, tal como está incluida en Dios.

Dentro del sueño, dentro del mundo que hemos elegido inventar, podemos percibir verdaderamente. ¿Qué significa percibir verdaderamente?

Percibir verdaderamente es ser consciente de toda la realidad a través de la conciencia de nuestra propia realidad. Pero para que esto tenga lugar no debemos ver ninguna ilusión, pues la realidad no da cabida a ningún error.

Ya sabemos, que para no caer en el error de identificarnos con la ilusión, contamos con inestimable ayuda del Espíritu Santo, la Voz que habla por Dios.

El Espíritu Santo es la Mente de Cristo, la cual es consciente del conocimiento que yace más allá de la percepción.

Cristo es la extensión del Amor y de la belleza de Dios, tan perfecto como Su Creador y en paz con Él.

Recordemos la frase que da título a este Principio: Los milagros son expresiones de una conciencia interna de Cristo y de haber aceptado Su Expiación”.

Kenneth Wapnick nos indica respecto a este Principio:

“Aquí vemos, una vez más, la idea de que el milagro es la expresión de Cristo, no la consciencia en sí. Esto es lo mismo que discutimos antes -que el milagro es un reflejo de la verdad, no la verdad misma. Aún existe y tiene sentido sólo en el mundo de la ilusión”.

Me gustaría añadir una aportación que podemos encontrar en el Texto y  que considero reconfortante:

Aprender de Cristo es fácil, pues percibir con Él no entraña nin­gún esfuerzo. Sus percepciones son tu conciencia natural, y lo único que te fatiga son las distorsiones que introduces en ésta. Deja que sea el Cristo en ti Quien interprete por ti, y no trates de limitar lo que ves con creencias pueriles indignas del Hijo de Dios. Pues hasta que Cristo no sea aceptado completamente, el Hijo de Dios se considerará a sí mismo huérfano”.

Cristo es el Hijo de Dios que no está en modo alguno separado de Su Padre y cuyos pensamientos son tan amorosos como el Pensa­miento de Su Padre, mediante el cual fue creado.

Cada Hijo de Dios es uno en Cristo porque su ser está en Cristo, al igual como el de Cristo está en Dios.

Si te preguntas, ¿cómo saber si has obtenido la visión de Cristo?, ten en cuenta esto:


La visión de Cristo se otorga en el mismo instante en que se percibe”.

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