viernes, 4 de julio de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 185

LECCIÓN 185

Deseo la paz de Dios.

1. Decir estas palabras no es nada. 2Pero decirlas de corazón lo es todo. 3Si pudieras decirlas de corazón, aunque sólo fuera por un instante, jamás volverías a sentir pesar alguno, en ningún lugar momento. 4Recobrarías plena conciencia del Cielo, el recuerdo de Dios quedaría completamente reinstaurado y la resurrección de toda la creación plenamente reconocida.

2. No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse. 2Ya no podría entretenerse con sueños o creer que él mismo es un sueño. 3No podría inventar un infierno y creer que es real. 4Desea la paz de Dios, y se le concede. 5Eso es todo lo que desea y todo lo que recibirá. 6Son muchos los que han dicho estas palabras. 7Pero ciertamente son muy pocos los que las han dicho de todo corazón. 8No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido. 9EI mundo cambiaría completamente sólo con que hubiese dos que estuviesen de acuerdo en que esas palabras expresan lo único que ellos anhelan.

3. Dos mentes con un solo empeño se vuelven tan fuertes que lo que disponen se convierte en la Voluntad de Dios. 2Pues las men­tes sólo se pueden unir en la verdad. 3En sueños, no hay dos mentes que puedan compartir la misma intención. 4Para cada una de ellas, el héroe del sueño es distinto, y el desenlace desea­do no es el mismo. 5El perdedor y el ganador simplemente alter­nan de acuerdo con patrones cambiantes, según la proporción entre ganancia y pérdida y entre pérdida y ganancia adquiere un matiz diferente o adopta otra forma.

4. No obstante, lo único que se puede hacer en sueños es transigir. 2A veces ello adopta la forma de una unión, pero sólo la forma. 3En los sueños nada tiene significado, pues su meta es transigir. 4Las mentes no pueden unirse en sueños. 5Sólo pueden negociar. 6Mas ¿qué trato podrían hacer que les proporcionase la paz de Dios? 7Las ilusiones pasan a ocupar Su lugar. 8Y lo que Él es deja de tener significado para las mentes dormidas empeñadas en hacer tratos, cada cual en beneficio propio y a costa de la pérdida de otros.

5. Desear la paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. 2Pues nadie que diga estas palabras de todo corazón desea ilusiones o busca la manera de obtenerlas. 3Las ha examinado y se ha dado cuenta de que no le ofrecen nada. 4Ahora procura ir más allá de ellas, al reconocer que otro sueño sólo le ofrecería lo mismo que los demás. 5Para él, todos los sueños son uno. 6Y ha aprendido que la única diferencia entre ellos es la forma que adoptan, pues cualquiera de ellos suscitará la misma desespera­ción y zozobra que los demás.

6. La mente que desea la paz de todo corazón debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz. 2Y cuando el deseo de paz es genuino, los medios para encontrarla se le conceden en una forma tal que cada mente que honradamente la busca pueda entender. 3Sea cual sea la forma en que se presente la lección, ha sido planeada para él de tal forma que si su petición es sincera, no dejará de verla. 4Mas si su petición no es sincera, no habrá manera de que pueda aceptar la lección o realmente aprenderla.

7. Dediquemos hoy nuestra práctica a reconocer que nuestras palabras son sinceras. 2Deseamos la paz de Dios. 3No es éste un deseo vano. 4Estas palabras no piden que se nos dé otro sueño. 5No procuran transigir, ni es su afán hacer otro trato con la espe­ranza de que aún haya un sueño que pueda tener éxito cuando todos los demás han fracasado. 6Decir estas palabras de corazón es reconocer la futilidad de las ilusiones y pedir lo eterno en lugar de sueños cambiantes que parecen ofrecerte distintas cosas, pero que en realidad son igualmente insubstanciales.

8. Dedica hoy tus sesiones de práctica a escudriñar minuciosa­mente tu mente a fin de descubrir los sueños que todavía anhe­las. 2¿Qué es lo que realmente deseas de corazón? 3Olvídate de las palabras que empleas al hacer tus peticiones. 4Considera sola­mente lo que crees que te brindará consuelo y felicidad. 5Pero no te desalientes por razón de las ilusiones que aún perduran, pues la forma que éstas adoptan no es lo que importa ahora. 6No dejes que algunos sueños te resulten más aceptables, mientras que te avergüenzas de otros y los ocultas. 7Son todos el mismo sueño. 8Y puesto que todos son el mismo, debes hacer la siguiente pregunta con respecto cada uno de ellos: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?"

9. Ésta es la elección que tienes ante ti. 2No te dejes engañar pen­sando que es de otra manera. 3En esto no es posible transigir. 4Pues o bien eliges la paz de Dios o bien pides sueños. 5Y éstos vendrán a ti tal como los hayas pedido. 6Mas la paz de Dios ven­drá con igual certeza para permanecer contigo para siempre. 7No desaparecerá con cada curva o vuelta del camino, para luego rea­parecer sin que sea reconocible, en formas que cambian y varían con cada paso que das.

10. Deseas la paz de Dios. 2eso es lo que desean también todos los que parecen ir en pos de sueños. 3Esto es lo único que pides tanto para ellos como para ti cuando haces esta petición con pro­funda sinceridad. 4Pues de esa manera procuras alcanzar lo que ellos desean realmente, y unes tu intención a lo que ellos quieren por encima de todas las cosas, hecho éste que tal vez les sea des­conocido, si bien para ti es indudable. 5Ha habido ocasiones en las que has sido débil y en las que has estado indeciso acerca de tu propósito, inseguro con respecto a lo que quieres, adónde ir a buscarlo o adónde acudir en busca de ayuda. 6Mas la ayuda ya se te ha dado. 7¿No la aprovecharías ahora compartiéndola?

11. Nadie que realmente busque la paz de Dios puede dejar de hallarla. 2Pues lo único que pide es dejar de engañarse a sí mismo, al negarse lo que la Voluntad de Dios dispone. 3¿Quién que pida lo que ya es suyo podría quedar insatisfecho? 4¿Quién que pida una respuesta que él puede dar puesto que dispone de ella puede decir que no se le ha contestado? 5La paz de Dios es tuya.

12. La paz fue creada para ti; tu Creador te la dio y la estableció como Su propio regalo eterno. 2¿Cómo ibas a poder fracasar cuando tan sólo estás pidiendo lo que Él dispone para ti? 3¿Y cómo podría ser que lo que pides fuese solamente para ti? 4No hay nin­gún don de Dios que no sea para todos. 5Éste es el atributo que distingue a los dones de Dios de todos los sueños que jamás pare­cieron ocupar el lugar de la verdad.

13. Cuando un don de Dios ha sido pedido y aceptado por cual­quiera, nadie pierde, sino que todos salen ganando. 2Dios da sólo con el propósito de unir. 3Para Él, quitar no tiene sentido. 4Y cuando tampoco lo tenga para ti, sabrás a ciencia cierta que com­partes una sola Voluntad con Él, así como Él contigo. 5Y también sabrás que compartes una sola Voluntad con todos tus hermanos, cuya intención es la tuya.

14. Es esa única intención lo que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desespe­ración, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó. 2Con semejante ayuda a nuestro lado, ¿cómo íbamos a poder fracasar hoy cuando pedimos que se nos conceda la paz de Dios?


¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me enseña que la paz de Dios no puede limitarse a un deseo intelectual ni a una aspiración espiritual que permanezca únicamente en el ámbito de las ideas. La paz de Dios debe convertirse en una experiencia viva, en una forma de pensar, de sentir y de relacionarnos con el mundo. De lo contrario, corremos el riesgo de hablar de paz mientras seguimos alimentando el conflicto en nuestra mente.

Por eso, la lección nos invita a realizar una profunda observación interior.

¿Cómo puede ser que, deseando la paz de Dios, me descubra juzgando a mi hermano?

¿Cómo puede ser que, deseando la paz de Dios, me encuentre corrigiendo sus aparentes errores mientras paso por alto los míos?

¿Cómo puede ser que, deseando la paz de Dios, me sienta herido, ofendido o atacado por aquello que otro dice o hace?

Estas preguntas no pretenden generar culpa. Su propósito es ayudarnos a descubrir la distancia que aún puede existir entre lo que creemos y lo que realmente experimentamos.

El ego es perfectamente capaz de hablar de amor mientras mantiene pensamientos de ataque. Puede defender la unidad mientras alimenta la separación. Puede predicar el perdón mientras continúa juzgando. Puede hablar de paz mientras conserva el conflicto en secreto.

Por eso el Curso insiste en que la transformación no consiste únicamente en cambiar nuestras ideas, sino en permitir que la corrección alcance todos los niveles de nuestra mente.

No basta con comprender intelectualmente que todos somos uno. No basta con repetir que el amor es la respuesta. No basta con aceptar teóricamente que nuestro hermano es inocente.

La enseñanza debe descender al corazón. Debe convertirse en experiencia. Debe impregnar nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras acciones.

Cuando esto ocurre, la teoría deja de ser teoría y se transforma en conocimiento vivido.

El Curso nos enseña que toda percepción procede de la mente (T-21.In.1:1-2). Si todavía percibimos ataque, conflicto o culpabilidad en nuestros hermanos, no debemos condenarnos por ello. Debemos reconocer que aún existe en nosotros una percepción que necesita ser sanada.

La paz de Dios no puede convivir con el juicio. La paz de Dios no puede convivir con la condena. La paz de Dios no puede convivir con el deseo de tener razón a costa de otro.

Porque la paz nace de la unidad, y todo juicio refuerza la creencia en la separación.

Por eso, cada vez que nos sorprendemos juzgando, tenemos una nueva oportunidad de elegir. Podemos seguir interpretando desde el ego o permitir que el Espíritu Santo reinterprete la situación para nosotros.

La verdadera ayuda no consiste en corregir a nuestros hermanos. Consiste en corregir nuestra percepción de ellos.

La verdadera sanación no consiste en cambiar al otro. Consiste en dejar de verlo separado de nosotros.

Como enseña el Curso, nuestro hermano es nuestro salvador porque a través de él podemos sanar nuestra propia mente (T-20.IV.6:7).

Si deseamos realmente la paz de Dios, debemos aprender a pensar en términos de paz. Debemos aprender a sentir en términos de amor. Debemos aprender a relacionarnos desde la unidad.

La paz no es un premio que llega al final del camino. La paz es una decisión que tomamos en cada instante.

Se expresa cuando elegimos comprender en lugar de juzgar. Se manifiesta cuando elegimos perdonar en lugar de condenar.

Crece cuando elegimos unir en lugar de separar. Y se convierte en nuestra experiencia cuando dejamos de defender la identidad que el ego fabricó para nosotros.

Entonces descubrimos que la paz no estaba ausente. Simplemente estaba oculta detrás de nuestros juicios.

Y comprendemos que la voluntad de Dios para nosotros no es otra cosa que perfecta paz (L-pI.185.1:1).

Una paz que no depende de las circunstancias. Una paz que no exige que el mundo cambie. Una paz que nace del reconocimiento de que todos compartimos una misma Fuente, una misma Vida y una misma Identidad.

Reflexión: ¿Estoy deseando la paz o estoy dispuesto a vivirla? ¿Existe diferencia entre lo que proclamo y lo que realmente siento? ¿Estoy intentando corregir a mis hermanos o corregir mi percepción de ellos? ¿Sigo viendo culpables o comienzo a reconocer inocencia? ¿Podría elegir hoy pensar, sentir y actuar desde la paz que deseo experimentar?

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 185 enseña que:

• La paz es una elección, no un resultado externo.
• No se puede negociar con el ego y conservar la paz.
• Los sueños no satisfacen.
• La paz es compartida.
• Lo que Dios da nunca excluye a nadie.

No estamos pidiendo algo nuevo.
Estamos aceptando lo que ya es nuestro.

PROPÓSITO Y SENTIDO DEL EJERCICIO:

En esta etapa el Curso intensifica el compromiso.

Aquí se nos pide: Examinar con honestidad lo que realmente queremos.

La práctica consiste en:

• Observar los sueños que aún valoramos.
• No juzgarlos.
• Preguntar con sinceridad: “¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?”

Esta pregunta revela nuestra prioridad real.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección:

• Desactiva la ilusión de que el conflicto es inevitable.
• Reduce la ambivalencia interna.
• Aclara prioridades.
• Disminuye la búsqueda compulsiva de compensación.
• Fortalece coherencia interna.

La mente fragmentada quiere muchas cosas.
La mente unificada quiere una sola.

Y cuando hay un solo propósito, disminuye la ansiedad.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección afirma:

• La paz es voluntad divina.
• Lo que Dios da es universal.
• Nadie pierde cuando alguien elige paz.
• La verdadera oración es alineación con la Voluntad de Dios.
• La paz es eterna, no circunstancial.

No pedimos protección.
No pedimos éxito.
No pedimos milagros específicos.

Pedimos paz. Y la paz contiene todo.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy la práctica es introspectiva:

• Escudriñar la mente.
• Identificar sueños activos.
• No jerarquizarlos.
• No justificar unos y condenar otros.
• Preguntar con honestidad: “¿Esto o la paz de Dios?”

Y repetir con intención clara: Deseo la paz de Dios.

Sin dramatismo. Sin presión. Con sinceridad creciente.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No usar la frase como escape emocional. 
❌ No fingir desapego que aún no sentimos.
❌ No reprimir deseos.
❌ No convertir la práctica en culpa.

✔ Practicar honestidad.
✔ Reconocer ambivalencia sin juicio.
✔ Permitir que la claridad aumente gradualmente.
✔ Entender que la sinceridad se profundiza con la práctica.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

En esta progresión vemos:

• 181 → Cambio de percepción.
• 182 → Quietud interior.
• 183 → Recordar identidad.
• 184 → Aceptar la herencia.
• 185 → Elegir la paz como única prioridad.

Aquí el compromiso se vuelve explícito.

Ya no se trata solo de comprender. Se trata de decidir.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 185 nos coloca frente a una verdad simple y poderosa:

No sufrimos por falta de soluciones.
Sufrimos por ambivalencia.

Mientras queramos sueños y paz al mismo tiempo, habrá conflicto.

Pero cuando el deseo se unifica, la mente descansa.

La paz de Dios no es difícil.
Es incompatible con la división.

Cuando la quiero de verdad,
todo lo demás pierde atractivo.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de negociar con los sueños y deseo la paz de Dios de todo corazón, descubro que ya era mía.”

Ejemplo-Guía: "¿De quién depende la paz que añoras?"

Durante mucho tiempo hemos creído que la paz depende de las circunstancias. Pensamos que seremos felices cuando los problemas desaparezcan, cuando las personas que nos rodean se comporten como esperamos o cuando la vida nos ofrezca aquello que consideramos necesario para nuestro bienestar.

Desde esta perspectiva, la paz aparece como una recompensa que el mundo nos concede de vez en cuando. Si las cosas marchan bien, sentimos tranquilidad; si los acontecimientos se vuelven adversos, la paz desaparece y es sustituida por la preocupación, el miedo o la tristeza.

Sin embargo, la lección de hoy nos invita a cuestionar profundamente esta manera de pensar.

¿Y si la paz no dependiera de lo que ocurre fuera? ¿Y si la causa de nuestra inquietud no estuviera en el mundo, sino en la interpretación que hacemos de él?

El sistema de pensamiento del ego sostiene que somos víctimas de las circunstancias. Según esta visión, los demás poseen el poder de hacernos felices o desgraciados, y el mundo determina nuestro estado interior. Mientras aceptemos esta creencia, viviremos en una constante sensación de vulnerabilidad, pues nuestra paz dependerá siempre de factores que escapan a nuestro control.

Pero el Curso nos enseña algo radicalmente distinto.

La paz es una decisión. No es el resultado de las circunstancias, sino de la elección que hacemos en nuestra mente.

El pensamiento siempre sigue a su fuente. Por ello, el mundo que percibimos refleja el contenido mental que hemos elegido sostener. Si nuestra mente alberga conflicto, veremos conflicto. Si alberga miedo, percibiremos amenazas. Si alberga culpa, encontraremos culpables.

Pero cuando elegimos la paz, la percepción comienza a transformarse. No porque el mundo cambie, sino porque cambia el observador.

La paz no se encuentra en las cosas del mundo porque las cosas del mundo están sujetas al cambio. Todo cuanto percibimos a través de los sentidos aparece, se transforma y desaparece. Todo lo que nace en el tiempo termina por desvanecerse en el tiempo.

Por eso, quien busca la paz en las formas inevitablemente experimentará temor. Tarde o temprano aparecerá el miedo a perder aquello que considera valioso.

El ego siempre teme perder. Teme perder posesiones. Teme perder relaciones. Teme perder reconocimiento. Teme perder el cuerpo. Y mientras exista ese temor, la paz será imposible.

La verdadera paz surge cuando dejamos de buscarla donde nunca ha estado.

Surge cuando comprendemos que nada externo tiene poder para completarnos o arrebatarnos lo que somos.

Surge cuando recordamos que nuestra realidad no depende del cuerpo ni de las circunstancias, sino de nuestra unión con Dios.

La lección nos invita precisamente a realizar este cambio de orientación.

Mientras nuestros deseos estén dirigidos exclusivamente hacia el mundo de las formas, continuaremos persiguiendo espejismos. Pero cuando comenzamos a desear la paz de Dios por encima de cualquier otra cosa, nuestra mente empieza a alinearse con un propósito diferente.

Los antiguos deseos pierden intensidad. Las preocupaciones dejan de gobernarnos. La necesidad de controlar disminuye.

Y poco a poco comenzamos a experimentar una serenidad que no depende de las condiciones externas. Desear la paz de Dios significa que nuestro corazón deja de buscar satisfacción en la separación y comienza a orientarse hacia la unidad.

Significa elegir el Amor en lugar del miedo. La confianza en lugar del control. El perdón en lugar del juicio.  La visión de Cristo en lugar de la percepción del ego.

Cuando este deseo se vuelve sincero, toda nuestra atención empieza a dirigirse hacia una única meta.

Queremos pensar con paz. Queremos sentir con paz. Queremos ver con paz. Queremos escuchar con paz. Queremos responder desde la paz.

Entonces nuestros sentidos dejan de estar al servicio de la separación y comienzan a convertirse en instrumentos de aprendizaje para recordar la unidad.

La paz deja de ser una aspiración futura para convertirse en una experiencia presente.

Y comprendemos que aquello que durante tanto tiempo buscamos fuera de nosotros siempre estuvo esperando en nuestro interior.

Porque la paz que anhelamos no depende del mundo. Depende únicamente de la decisión de aceptar el regalo que Dios ya nos ha dado. La paz de Dios no necesita ser conquistada.

Tan sólo necesita ser elegida.

 

Reflexión: Desear la paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. ¿Cuáles son tus sueños?

Capítulo 21. V. La función de la razón (4ª parte).

V. La función de la razón (4ª parte).

7. ¿Y dónde podría encontrarse la respuesta sino en la Fuente2¿Y dónde estás tú sino allí donde se encuentra esa misma respuesta? 3Tu Identidad, que es un efecto tan verdadero de esa Fuente como lo es la respuesta, tiene, por lo tanto, que estar unida a ella y ser lo mismo que ella. 4Por supuesto que sabes esto, y mucho más que esto. 5Pero cualquier parte del conocimiento supone una amenaza tan seria para la disociación como todo el conocimiento en sí. 6dispondrás de todo el conocimiento con cualquier parte de él. 7He aquí la parte que tú puedes aceptar. 8Puedes ver lo que la razón te señala porque los testigos a su favor son inequívocos. 9Sólo aquellos que son completamente dementes podrían hacer caso omiso de ellos, y tú ya has dejado atrás esa etapa. 10La razón es un medio que sirve para los fines del Espíritu Santo por derecho propio. 11No se puede re-interpretar ni re-canalizar para que se ajuste a la meta del pecado, tal como se hace con otros medios. 12Pues la razón está más allá del alcance de los medios del ego.

Afortunadamente, la razón no pertenece al sistema de pensamiento del ego, pues el ejercicio de la razón no se reduce a un mero juicio que nos lleve a interpretar lo que se considera bien o mal. La razón es un atributo de la inteligencia creadora, la cual sirve a la unidad y al amor. Mientras que el juicio es un atributo de la ignorancia egoica que, en su demente deseo de poseer la razón, no duda en ejercer su deseo de ser especial para sentirse superior a los demás y nombrarse juez de los actos ajenos.

Mientras que el ejercicio de la razón que nos inspira el Espíritu Santo nos muestra la ley del amor y nos permite visionar la unidad de la Filiación, el ejercicio del juicio que emplea el sistema de pensamiento del ego nos muestra la ley de la justicia condenatoria, la cual nos lleva a identificar el pecado en los demás en un deseo incontrolable de ocultar nuestras propias debilidades, castigándolas en el otro.

8. La fe, la percepción y la creencia pueden estar mal ubicadas y servir de apoyo tanto para las necesidades del gran embaucador como para las de la verdad. 2Pero la razón no tiene cabida en la locura, ni se puede adaptar a sus fines en modo alguno. 3La fe y la creencia están firmemente arraigadas en la locura, y conducen la percepción hacia aquello que la mente ha considerado valioso. 4Pero la razón no participa en esto en absoluto. 5Pues si se aplicase la razón, la percepción cesaría instantáneamente. 6La razón no forma parte de la demencia, pues ésta depende enteramente de la ausencia de aquella. 7El ego nunca hace uso de la razón porque no es consciente de su existencia. 8Los que son parcial­mente locos tienen acceso a ella, y sólo ellos la necesitan. 9El conocimiento no depende de la razón, y la locura la mantiene afuera.

El ejercicio de la razón es la aplicación de la Expiación en nuestra mente. Corregir el error nos permite pasar de la demencia a la lucidez, nos permite abandonar las pesadillas de nuestros sueños y ser conscientes de que somos los soñadores del sueño y elegir tener sueños felices.

Si la mente sirve al ego, a la creencia en la separación, es decir, si la mente es dirigida por el deseo de ser especial, nos mostrará el efecto de ese deseo y nos identificaremos con la vibración densa de la materia, con el cuerpo físico. Nuestra fe, nuestra percepción y nuestra creencia estarán mal ubicadas, porque responden a lo que hemos deseado.

La buena noticia es que podemos utilizar la fuerza de la voluntad para dirigir y orientar la energía hacia la ubicación adecuada, es decir, podemos utilizar la mente para que sirva a nuestra divinidad, a nuestro Ser verdadero y eterno, de modo que entregamos nuestra mente para que ejerza la razón y nos lleve a nuestro hogar donde se producirá el reencuentro con el Conocimiento, donde estaremos en eterna comunicación con nuestro Creador.

jueves, 3 de julio de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 184

LECCIÓN 184

El Nombre de Dios es mi herencia.

1. Vives a base de símbolos. 2Has inventado nombres para todas las cosas que ves. 3Cada una de ellas se ha convertido en una enti­dad aparte, identificada por su propio nombre. 4De esta manera la segregas de la unidad. 5De esta manera designas sus atributos especiales y la distingues de otras cosas al hacer hincapié en el espacio que la rodea. 6Éste es el espacio que interpones entre todas las cosas a las que has dado un nombre diferente; entre todos los acontecimientos desde el punto de vista del tiempo y del lugar en que ocurrieron, así como entre todos los cuerpos que se saludan con un nombre.

2. Este espacio, al que ves como lo que separa unas cosas de otras, es el medio a través del cual tiene lugar la percepción del mundo. 2Ves algo allí donde no hay nada y, asimismo, no ves nada donde hay unidad; ves un espacio entre todas las cosas, así como entre todas las cosas y tú. 3De esa manera, crees haber "creado" vida en la separación. 4Y debido a esta división crees ser una unidad que opera con una voluntad independiente.

3. ¿Qué son todos esos nombres mediante los cuales el mundo se convierte en una serie de acontecimientos independientes, de cosas desunidas y de cuerpos que se mantienen aparte y que contienen fragmentos de mente como si de conciencias separadas se tratase? 2Tú les diste esos nombres, dando lugar a la percepción tal como querías que fuese. 3A las cosas sin nombre se les dio nombre y de esta manera se les dio también realidad. 4Pues a lo que se le da un nombre se le da significado y, de este modo, se considera significativo: una causa que produce efectos reales, con consecuencias inherentes a sí misma.

4. Así es como se construye la realidad a base de una visión par­cial, la cual se contrapone deliberadamente a lo que de hecho es la verdad. 2Su enemigo es la unidad. 3Concibe cosas sin importancia y las contempla. 4la ausencia de espacio, así como la sensación de unidad o la visión que ve de manera distinta, se convierten en las amenazas que debe superar, combatir y negar.

5. Esta otra visión, no obstante, sigue siendo aún la dirección natural para que la mente canalice su percepción. 2Es difícil ense­ñarle a la mente miles de nombres extraños, y luego mil más. 3No obstante, crees que eso es lo que significa aprender y que es el objetivo principal por medio del cual se puede entablar comunica­ción y compartir conceptos de manera que tengan sentido.

6. Ésta es la suma total de la herencia que el mundo dispensa. 2todo aquel que aprende a pensar que ello es cierto, acepta los signos y los símbolos que afirman que el mundo es real. 3Eso es lo que propugnan. 4No dan lugar a que se dude de que lo que tiene nombre no esté ahí. 5Se puede ver, tal como es de esperar. 6Lo que niega que ello es verdad es lo que es una ilusión, pues lo que tiene nombre es la realidad suprema. 7Cuestionarlo es una locura, pero aceptar su presencia es prueba de cordura.

7. Tal es la enseñanza del mundo. 2No obstante, es una fase de aprendizaje por la que todo el que viene aquí tiene que pasar. 3Mas cuanto antes se perciba su base, lo cuestionable de sus pre­misas y cuán dudosos son sus resultados, más pronto se pondrá en duda sus efectos. 4El aprendizaje que se limita. a lo que el mundo enseña se queda corto en lo que respecta al significado. 5Debidamente empleado, puede servir como punto de partida desde donde se puede comenzar otro tipo de aprendizaje, adquirir una nueva percepción, y desde donde se pueden erradicar todos los nombres arbitrarios que el mundo confiere al ser pues­tos en duda.

8. No creas que fuiste tú quien hizo el mundo. 2¡Las ilusiones, sí! 3Mas lo que es cierto en la tierra y en el Cielo está más allá de tu capacidad de nombrar. 4Cuando llamas a un hermano es a su cuerpo a lo que te diriges. 5Su verdadera Identidad queda oculta debido a lo que crees que él es realmente. 6Su cuerpo responde al nombre con que lo llamas, pues su mente ha consentido en acep­tar ese nombre que le das como su nombre. 7Y de esta manera, su unidad queda doblemente negada, pues tú lo percibes como algo separado de ti, y él acepta como propio ese nombre separado.

9. Sería en verdad extraño si se te pidiese que fueses más allá de todos los símbolos del mundo y los olvidaras para siempre, y, al mismo tiempo, se te pidiera asumir una función docente. 2Toda­vía tienes necesidad de usar los símbolos del mundo. 3Mas no te dejes engañar por ellos. 4No representan nada en absoluto, y éste será el pensamiento que en tus prácticas te liberará de ellos. 5Los símbolos no son sino medios a través de los cuales puedes comu­nicarte de manera que el mundo te pueda entender, pero recono­ces que no son la unidad en la que puede hallarse la verdadera comunicación.

10. Así pues, lo que necesitas cada día son intervalos en los que las enseñanzas del mundo se convierten en una fase transitoria: una prisión desde la que puedes salir a la luz del sol y olvidarte de la oscuridad. 2Ahí entiendes la Palabra, el Nombre que Dios te ha dado; la única Identidad que comparten todas las cosas; el reco­nocimiento de lo que es verdad. 3Y luego vuelves a la oscuridad, no porque creas que es real, sino sólo para proclamar su irreali­dad usando términos que aún tienen sentido en el mundo regido por la oscuridad.

11. Usa todos los nombres y símbolos nimios que caracterizan el mundo de la oscuridad. 2Mas no los aceptes como tu realidad. 3El Espíritu Santo se vale de todos ellos, pero no se olvida de que la creación tiene un solo Nombre, un solo Significado y una sola Fuente que une a todas las cosas dentro de Sí Misma. 4Usa todos los nombres que el mundo da a esas cosas, pero sólo por conve­niencia, mas no te olvides de que comparten el Nombre de Dios junto contigo.

12. Dios no tiene nombre. 2Sin embargo, Su Nombre se convierte en la lección final de que todas las cosas son una con esta lección finaliza todo aprendizaje. 3Todos los nombres se unifican, todo espacio queda lleno con el reflejo de la verdad. 4Toda brecha se cierra y la separación se subsana. 5El Nombre de Dios es la herencia que Él les dio a los que eligieron que las enseñanzas del mundo ocupasen el lugar del Cielo. 6Lo que nos proponemos en nuestras prácticas es dejar que nuestras mentes acepten lo que Dios ha dado como respuesta a la mísera herencia que tú fabri­caste como justo tributo para el Hijo que Él ama.

13. Nadie que busque el significado del Nombre de Dios puede fracasar. 2La experiencia es necesaria como complemento de la Palabra. 3Pero primero tienes que aceptar que Su Nombre abarca toda la realidad y reconocer que los innumerables nombres que diste a todos sus aspectos han distorsionado lo que ves, pero no han afectado a la verdad en absoluto. 4Invocamos un solo Nom­bre en nuestras prácticas. 5nos valemos de un solo Nombre para unificar nuestra visión.

14. Y si bien utilizamos un nombre distinto para cada aspecto de la conciencia del Hijo de Dios, comprendemos que todos com­parten el mismo Nombre, el cual Él les ha dado. 2Este es el Nom­bre que usamos en nuestras prácticas. 3Y al usarlo, todas las separaciones insensatas que nos mantenían ciegos desaparecen. 4se nos concede la fortaleza necesaria para poder ver más allá de ellas. 5Ahora nuestra vista queda bendecida con las bendicio­nes que podemos dar según las recibimos.

15. Padre, nuestro Nombre es el Tuyo. 2En Él estamos unidos con toda cosa viviente, y Contigo que eres su único Creador. 3Lo que hemos hecho y a lo que hemos dado muchos nombres diferentes no es sino una sombra que hemos tratado de arrojar sobre Tu Realidad. 4Y nos sentimos con­tentos y agradecidos de haber estado equivocados. 5Te entregamos todos nuestros errores, a fin de ser absueltos de cuantos efectos parecían tener. 6Y aceptamos la verdad que Tú nos das en lugar de cada uno de ellos. 7Tu Nombre es nuestra salvación y la manera de escapar de lo que noso­tros mismos hemos hecho. 8Tu Nombre nos une en la unicidad que es nuestra herencia. y nuestra paz. 9Amén.


¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me enseña que el propósito de nuestro aprendizaje en este mundo consiste en recordar la Unidad allí donde parece existir separación. El mundo fabricado por el ego se caracteriza por la multiplicidad. Todo parece fragmentado, dividido y diferenciado. Percibimos cuerpos distintos, intereses distintos, pensamientos distintos y destinos distintos. Sin embargo, detrás de esa aparente diversidad permanece intacta una única realidad: la Unidad de la Filiación.

El Curso nos enseña que nuestro origen se encuentra en Dios, la Fuente de toda Vida. Hemos sido creados mediante un Acto de Expansión de Su Mente y, por ello, compartimos Su misma Naturaleza. No somos seres independientes que hayan surgido por sí mismos, sino extensiones del Amor de Dios. Como enseña el Curso, las ideas no abandonan su fuente (T-26.VII.4:7), y puesto que procedemos de Dios, permanecemos eternamente unidos a Él.

Esta es la razón por la que nuestra verdadera voluntad no puede ser diferente de la Suya.

El ego nos convence de que poseemos intereses particulares, objetivos individuales y deseos opuestos a los de nuestros hermanos. Nos enseña a competir, a compararnos y a defendernos. Pero la Voluntad de Dios no conoce conflicto alguno, porque sólo reconoce la Unidad. Cuando despertamos a la verdad, comprendemos que nuestra voluntad y la Voluntad del Padre son la misma Voluntad.

No se trata de someternos a una voluntad ajena. Se trata de recordar nuestra verdadera voluntad. Se trata de reconocer aquello que siempre hemos querido en lo más profundo de nuestro ser: la paz, el amor, la plenitud y la unión con nuestra Fuente.

Por eso la lección nos habla del Nombre que compartimos con Dios.

En el mundo, los nombres sirven para distinguir y separar. Identifican unas cosas frente a otras. Pero el Nombre de Dios no funciona de esa manera. El Nombre de Dios expresa Su Naturaleza, y Su Naturaleza es Unidad.

Como enseña el Curso, el Nombre de Dios es también nuestro nombre porque compartimos Su Ser y Su Realidad (L-pI.183.11:1-5).

No significa que seamos idénticos a Dios en cuanto a nuestra función creadora, sino que compartimos con Él la misma esencia espiritual. Somos Su extensión. Somos Su Pensamiento de Amor. Somos parte inseparable de la Filiación que Él creó.

Sin embargo, mientras la mente permanece identificada con el cuerpo, esta verdad parece quedar oculta. La conciencia se sumerge en el sueño de la separación y llega a creer que su identidad depende de una forma física, limitada y temporal. El cuerpo parece convertirse en nuestra realidad y el mundo material parece convertirse en nuestro hogar.

Pero el Curso nos recuerda que la percepción puede ser utilizada de otra manera.

El mundo no tiene por qué ser un obstáculo para despertar. Puede convertirse en un aula de aprendizaje.

Cada relación puede enseñarnos unidad. Cada encuentro puede ayudarnos a recordar nuestra verdadera identidad. Cada experiencia puede ser reinterpretada por el Espíritu Santo para conducirnos de regreso a la verdad.

A medida que comenzamos a percibir la Unidad que relaciona a todos los componentes de la Filiación, trasladamos las Leyes del Cielo a nuestra experiencia del mundo. Dejamos de ver cuerpos separados y comenzamos a reconocer una sola Vida compartida. Dejamos de percibir enemigos y comenzamos a contemplar hermanos. Dejamos de ver intereses opuestos y comenzamos a reconocer un propósito común.

Entonces comprendemos que la salvación no consiste en escapar del mundo, sino en contemplarlo con una visión corregida.

La visión de Cristo no niega la experiencia. La transforma. La utiliza para revelar la Unidad que siempre estuvo presente.

Como herederos de Dios, respondemos al mismo Nombre que identifica a nuestro Padre. No porque compartamos una palabra, sino porque compartimos una misma realidad.

Ese Nombre es la Unidad. Es el Amor que todo lo une. Es la Vida que todo lo abarca. Es la Verdad que permanece más allá de toda apariencia de separación. Y cuando recordamos ese Nombre, recordamos también quiénes somos.

Reflexión: ¿Estoy contemplando el mundo desde la separación o desde la unidad? ¿Percibo diferencias o reconozco la misma Vida en todos mis hermanos? ¿Creo que mi voluntad es distinta de la Voluntad de Dios? ¿Estoy utilizando mis relaciones para reforzar el ego o para recordar la Filiación? ¿Podría reconocer hoy que el Nombre que comparto con Dios expresa la Unidad que jamás he abandonado?

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 184 enseña que:

• El mundo fabrica identidades a través de nombres.
• Esos nombres generan separación.
• El Nombre de Dios restaura unidad.
• Nuestra verdadera identidad es compartida.
• La herencia divina no puede perderse.

No hemos perdido nada real.
Solo nos hemos confundido con etiquetas.

PROPÓSITO Y SENTIDO DEL EJERCICIO:

En esta etapa del Curso buscamos trascender defensas.

Aquí la defensa principal es la identidad fabricada.

El ejercicio apunta a:

• Cuestionar los nombres que creemos reales.
• Recordar que todos compartimos una sola Fuente.
• Soltar la identificación con el cuerpo.
• Aceptar la herencia espiritual.

No se trata de destruir el mundo.
Se trata de verlo correctamente.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección:

• Reduce la identificación rígida con roles.
• Debilita la autoimagen basada en historia personal.
• Disminuye la percepción de amenaza.
• Amplía la percepción de unidad.
• Disuelve etiquetas mentales limitantes.

Cuando dejo de creer que mi nombre define mi esencia, la mente se vuelve más flexible y menos defensiva.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección afirma:

• Dios es la única Fuente.
• La creación tiene un solo Nombre.
• La separación es conceptual, no real.
• Nuestra identidad es compartida y eterna.
• La herencia divina es inmutable.

Aceptar el Nombre de Dios como herencia es aceptar que nunca estuve realmente separado.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

La práctica consiste en:

• Reconocer que los nombres del mundo no son absolutos.
• Recordar que todos compartimos un mismo Origen.
• Repetir el Nombre de Dios como símbolo de Unidad.
• Observar cómo los juicios pierden fuerza.
• Permitir que la mente experimente unificación.

No se trata de forzar comprensión intelectual.
Se trata de permitir expansión interior.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No intentar negar el mundo agresivamente. 
❌ No rechazar el lenguaje como si fuera enemigo.
❌ No forzar una experiencia mística.
❌ No usar la idea como superioridad espiritual.

✔ Usar los símbolos con ligereza.
✔ Recordar que no definen la realidad.
✔ Practicar humildad.
✔ Permitir que la Unidad se revele suavemente.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

En esta secuencia vemos una progresión clara:

• 181 → Confianza en los hermanos.
• 182 → Quietud y regreso al Hogar.
• 183 → Recordar la Identidad compartida.
• 184 → Reconocer que esa Identidad es herencia eterna.

Aquí ya no estamos trabajando solo percepción. Estamos restaurando significado.

La mente pasa de fragmentación a unificación.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 184 declara algo profundamente liberador:

No soy el nombre que el mundo me dio.
No soy la etiqueta que aprendí.
No soy la historia que me conté.

El Nombre de Dios es mi herencia.

Y en ese Nombre:

• Toda separación se subsana.
• Toda brecha se cierra.
• Toda identidad falsa se disuelve.
• La paz se restablece.

Aceptar esa herencia es aceptar la Unidad.

FRASE INSPIRADORA: “Más allá de todos los nombres del mundo, comparto el Nombre de Dios y en Él reconozco mi verdadera herencia.”

Ejemplo-Guía: "Un mundo con multiplicidad de nombres y un Cielo con un solo nombre"

Hay un pasaje de esta lección que resume con extraordinaria belleza el propósito de nuestra práctica espiritual:

"Así pues, lo que necesitas cada día son intervalos en los que las enseñanzas del mundo se convierten en una fase transitoria: una prisión desde la que puedes salir a la luz del sol y olvidarte de la oscuridad. Ahí entiendes la Palabra, el Nombre que Dios te ha dado; la única Identidad que comparten todas las cosas; el reconocimiento de lo que es verdad. Y luego vuelves a la oscuridad, no porque creas que es real, sino sólo para proclamar su irrealidad usando términos que aún tienen sentido en el mundo regido por la oscuridad" (L-184.10:1-3).

Este párrafo nos invita a reflexionar sobre una diferencia fundamental entre el mundo y el Cielo.

El mundo vive rodeado de nombres.

Nombramos personas, lugares, objetos, ideologías, religiones, profesiones y nacionalidades. Cada nombre parece establecer una diferencia, una frontera, una identidad particular. Gracias a los nombres organizamos nuestra experiencia, pero también reforzamos la percepción de que existen cosas separadas unas de otras.

Todo parece distinto. Todo parece tener una identidad propia. Todo parece existir de manera independiente. Sin embargo, la lección nos conduce hacia una comprensión completamente diferente. Nos habla de un único Nombre.

No se refiere a una palabra concreta ni a una denominación especial. El Nombre de Dios simboliza la única Identidad que comparten todas las cosas. Es el reconocimiento de que detrás de la multiplicidad de las formas existe una única realidad.

Por eso podemos preguntarnos: ¿Qué ocurriría si la humanidad alcanzara un nivel de conciencia en el que dejara de percibir diferencias? ¿Qué ocurriría si pudiéramos contemplar toda la creación desde la visión de la unidad?

Probablemente descubriríamos que los nombres han cumplido únicamente una función temporal. Serían útiles dentro del sueño, pero innecesarios para la verdad.

La verdad no necesita etiquetas. La unidad no necesita definiciones. Lo que es uno no requiere diferenciación.

Recordemos que una de las primeras enseñanzas del Libro de Ejercicios nos decía: "Nada de lo que veo significa nada" (L-1).

Con esta afirmación, el Curso no pretende vaciar nuestra experiencia de sentido, sino liberarnos de los significados que nosotros mismos hemos proyectado sobre el mundo.

Los significados del ego dividen. Los significados del Espíritu Santo unifican.

Por eso, cuando comenzamos a abandonar las interpretaciones personales y permitimos que nuestra mente sea guiada por una percepción más elevada, empezamos a descubrir un significado diferente detrás de todas las cosas.

Y si tuviéramos que expresar ese significado con una palabra que todavía pudiera comprenderse dentro de este mundo, probablemente esa palabra sería Amor.

No el amor especial que selecciona, compara y excluye. No el amor condicionado que depende de las formas.

Sino el Amor que nace de la unidad. El Amor que reconoce la misma luz en todos los seres. El Amor que no distingue entre unos y otros. El Amor que refleja la realidad del Cielo.

Si observamos atentamente las experiencias que vivimos, descubriremos que todas ellas nos conducen finalmente a una misma enseñanza. Tanto las que llamamos agradables como las que consideramos dolorosas contienen una invitación a recordar el Amor.

Cada encuentro. Cada relación. Cada pérdida. Cada alegría. Cada desafío. Todo puede convertirse en un aula donde aprendemos a recordar nuestra verdadera identidad.

Cuando no reconocemos ese propósito, las experiencias parecen transformarse en conflictos, sufrimientos o pesadillas. Pero cuando comprendemos que todo puede utilizarse para despertar al Amor, la percepción comienza a cambiar.

La lección de hoy nos invita precisamente a practicar esa nueva visión. A retirar por unos instantes nuestra atención del ruido del mundo. A salir de la prisión de los nombres, de las etiquetas y de las diferencias. A recordar que detrás de cada forma existe una misma realidad.

Y desde ese recuerdo, volver al mundo con una misión diferente. No para reforzar la separación. No para defender identidades particulares. No para proclamar diferencias. Sino para extender el Nombre de Dios. Y extender el Nombre de Dios significa extender la conciencia de la unidad.

Cada vez que elegimos el perdón en lugar del juicio, proclamamos ese Nombre. Cada vez que elegimos la paz en lugar del conflicto, proclamamos ese Nombre. Cada vez que elegimos ver inocencia donde antes veíamos culpa, proclamamos ese Nombre.

Porque el Nombre de Dios no es una palabra. Es una experiencia. Es el reconocimiento de que todos compartimos una misma Identidad. Es la certeza de que el Amor es el único significado real. Y cuando compartimos ese Amor, estamos recordando el único Nombre que existe en verdad.


Reflexión: El nombre de tu hermano no te revela su verdadera identidad.

Capítulo 21. V. La función de la razón (3ª parte).

V. La función de la razón (3ª parte).

5. El plan de Dios para tu salvación no se habría podido estable­cer sin tu voluntad y consentimiento. 2Tuvo que haber sido acep­tado por el Hijo de Dios, pues lo que Dios dispone para él, él no puede sino aceptarlo. 3Y Dios no dispone nada sin Su Hijo, ni Su Voluntad depende del tiempo para consumarse. 4Por lo tanto, lo que se unió a la Voluntad de Dios tiene que encontrarse en ti ahora, puesto que es eterno. 5Tienes que haber reservado un lugar en el que el Espíritu Santo puede morar, y donde ya se encuentra. 6Él tiene que haber estado ahí desde que surgió la necesidad de Él, la cual quedó satisfecha en ese mismo instante: 7Eso es lo que tu razón te diría, si escuchases. 8Mas es claro que ése no es el razonamiento del ego. 9El hecho de que la naturaleza de tu razón le sea ajena al ego, es prueba de que no hallarás la respuesta en él. 10No obstante, si esto es así, dicha respuesta tiene que existir. 11Y si existe para ti, y su propósito es tu libertad, debes ser libre de encontrarla.

"En la Biblia, la salvación se define como la liberación del pecado y de sus consecuencias, así como de la muerte física y espiritual. Es un regalo de Dios, ofrecido a través de Jesucristo, y se obtiene por medio de la fe en Él".

Es obvio que el significado que nos aporta la Biblia sobre la salvación está impregnado de la creencia en que somos un cuerpo y que el cuerpo es la causa de nuestra naturaleza pecadora. Dicho de otro modo, esta visión está contagiada de la falsa creencia en la separación de Dios y de Su creación.

El plan de Dios para la salvación, visto desde la enseñanza de Un Curso de Milagros, aporta un significado basado en el ejercicio de la razón, el que nos responde a la pregunta sobre nuestra identidad. Dicha visión nos muestra al Ser espiritual, al Hijo de Dios, que en el uso de su libre voluntad decidió (motivado por la fuerza del deseo) ver un mundo diferente, esto es, colapsar una idea distinta a la que lo creó. Dios nos ha creado con la fuerza del Amor. El Hijo de Dios lo ha hecho con la fuerza de la división, lo que ha fabricado una imagen temporal e ilusoria, no real, de dicho pensamiento de separación. 

La ley del amor crea a su imagen y semejanza. Es por ello que la obra creadora de Dios, la Filiación, lleva implícitos Sus mismos atributos creadores; esto es, comparte sus mismos Principios: la Voluntad, el Amor y la Inteligencia. Por lo tanto, el Hijo de Dios es portador de esas fuerzas creadoras. Esto es una garantía de que en Su mente se llevará a cabo el ejercicio de la razón que nos permitirá discernir correctamente y poder plantear la pregunta esencial que tan solo el mismo puede contestar.

6. El plan de Dios es muy simple, nunca es indirecto ni se derrota a sí mismo. 2Dios no tiene otros Pensamientos excepto los que extienden Su Ser, y en esto tu voluntad tiene que estar incluida. 3Así pues, debe haber una parte en ti que conoce Su Voluntad y la comparte. 4No tiene sentido preguntar si lo que tiene que ser como es, lo es. 5Pero sí tiene sentido preguntar por qué no eres consciente de lo que no puede sino ser como es, pues debe haber una respuesta para ello si al plan de Dios para tu salvación no le falta nada. 6Y no puede faltarle nada porque su Fuente no conoce la incompleción.

Siempre me he preguntado por qué mi mente no es capaz de recordar lo que realmente soy. La verdad debe ser fácil reconocerla, si en verdad lo es. Entonces, ¿qué es lo que me impide reconocerla, si realmente la estoy buscando? 

La respuesta no es la negación de la verdad, es decir, no se trata de que la verdad no sea verdad. Lo que ocurre es que para ver la verdad debemos percibir correctamente. No podemos ver el mundo verdadero si pretendemos verlo en su manifestación ilusoria. No podemos percibir lo real desde una mente que nos muestra la ilusión como real. Si nuestra mente nos lleva a identificarnos con el cuerpo, con el plano tridimensional, con la vibración densa, negará todo aquello que no se perciba desde los sentidos físicos. Por lo tanto, nos mostrará el aspecto temporal de ser, el cual no es verdadero. Pues lo que es verdad es eterno.

La mente que sirve al ego y al cuerpo vive en el pasado y hace del futuro la continuidad de ese pasado. Está tan condicionada por esos pensamientos pasados, que es incapaz de vivir el eterno presente, donde únicamente puede percibir lo real.

Para ser conscientes de lo que es verdad, debemos dirigir nuestra mente en otra dirección. Debemos ponerla al servicio de la verdad, al servicio del Ser espiritual. Será entonces cuando estemos recordando lo que verdaderamente somos y será ese el instante en el que reconoceremos la verdad.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 173

QUINTO REPASO                                                                  LECCIÓN 173 Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que so...