domingo, 21 de junio de 2026

¿Estoy dispuesto a soltar el sufrimiento que digo no querer?

¿Estoy dispuesto a soltar el sufrimiento que digo no querer?

Ésta es una de las preguntas más incómodas que un estudiante de Un Curso de Milagros puede hacerse. A primera vista, la respuesta parece obvia: «Por supuesto que quiero dejar de sufrir». Sin embargo, el Curso nos invita a mirar más profundamente y descubrir que, muchas veces, existe en nosotros una parte de la mente que se aferra al sufrimiento porque cree obtener algo de él.

El ego utiliza el dolor como una prueba de que la separación es real. Mientras me sienta herido, puedo pensar que alguien me ha hecho daño, que el mundo es injusto o que mi pasado explica mi presente. El sufrimiento se convierte así en una forma de preservar una identidad basada en la vulnerabilidad. Si dejo de sufrir, el ego siente que pierde la historia sobre la que ha construido su existencia.

Por eso el Curso afirma que, en el fondo, existe un extraño apego a la culpa. Incluso llega a decir que el primer obstáculo para la paz es el deseo de deshacerse de ella, pues el ego teme que, si la paz llega, él desaparecerá (T-19.IV.A.1:1-2). Esta idea puede parecer chocante, pero basta observar nuestra experiencia para reconocer cuántas veces preferimos tener razón antes que estar en paz.

El sufrimiento también puede convertirse en una forma de obtener amor o reconocimiento. A veces esperamos que los demás comprendan nuestro dolor, nos consuelen o justifiquen nuestras reacciones. Sin darnos cuenta, utilizamos el sufrimiento para reforzar la identidad personal. El ego susurra: «Si abandono esto, ¿quién seré?».

Sin embargo, el Espíritu Santo contempla la situación de otra manera. No nos pide que neguemos lo que sentimos, sino que cuestionemos el valor que le estamos otorgando. El dolor no es un castigo divino ni una prueba de nuestra pequeñez; es una interpretación nacida de una percepción equivocada. Y toda percepción puede corregirse.

Por eso el Curso nos recuerda que «Podría ver paz en lugar de esto» (L-34). No dice que debamos fabricar la paz, sino reconocer que siempre ha estado disponible. El problema no es el sufrimiento en sí, sino nuestra decisión inconsciente de seguir utilizándolo para demostrar que el ego tiene razón.

Muchas veces creemos que queremos sanar, pero en realidad sólo queremos sentirnos un poco mejor sin abandonar nuestras viejas interpretaciones. Queremos conservar el resentimiento, mantener el juicio o seguir culpando a alguien, esperando al mismo tiempo experimentar la paz. El Curso nos invita a reconocer que ambas cosas son incompatibles.

Soltar el sufrimiento no significa que el pasado desaparezca ni que el mundo cambie. Significa dejar de usar el pasado para definir quién soy. Significa aceptar que mi verdadera Identidad permanece intacta, más allá de cualquier experiencia que haya vivido.

Tal vez, entonces, la cuestión no sea si deseo dejar de sufrir, sino si estoy dispuesto a abandonar los beneficios ocultos que el ego cree obtener del sufrimiento.

Porque, al final, cada instante nos ofrece una elección silenciosa: ¿Quiero tener razón… o quiero recordar la paz de Dios?

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