martes, 9 de junio de 2026

Capítulo 26. VII. Las leyes de la curación (10ª parte).

VII. Las leyes de la curación (10ª parte).

10.  La salvación, perfecta e íntegra, sólo pide que desees, aunque sea mínimamente, que la verdad sea verdad; que estés dispuesto, aunque no sea del todo, a pasar por alto lo que no existe; y que abrigues un leve anhelo por el Cielo como lo que prefieres a este mundo, donde la muerte y la desolación parecen reinar. 2Y la creación se alzará dentro de ti en jubilosa respuesta, para reem­plazar al mundo que ves por el Cielo, el cual es completamente perfecto e íntegro. 3¿Qué es el perdón, sino estar dispuesto a que la verdad sea verdad? 4¿Qué puede permanecer enfermo y sepa­rado de la Unidad que encierra dentro de Sí todas las cosas? 5El pecado no existe. 6Y cualquier milagro es posible en el instante en que el Hijo de Dios percibe que sus deseos y la Voluntad de Dios son uno.

Este párrafo tiene una ternura inmensa.

Porque no exige perfección inmediata. No exige una fe absoluta. Ni una comprensión total.

Solo pide algo muy pequeño: un mínimo deseo de que la verdad sea verdad.

Eso es todo.

Mensaje central del punto:

La salvación no exige perfección previa.

Basta una pequeña disposición hacia la verdad.

El perdón consiste en permitir que la verdad sea reconocida.

La creación responde naturalmente a esa apertura.

La Unidad disuelve toda sensación de enfermedad y separación.

El pecado no tiene existencia real.

El milagro ocurre cuando la voluntad humana se alinea con la divina.

Claves de comprensión:

La curación comienza con apertura, no con certeza total.

La resistencia puede aflojarse gradualmente.

La verdad no necesita imponerse violentamente.

El Cielo representa un estado de reconocimiento interno.

La separación desaparece en la experiencia de Unidad.

La Voluntad de Dios y el Ser verdadero no están enfrentados.

El milagro surge de la alineación interior.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

Cuando sientas miedo, duda o cansancio espiritual, no pienses que necesitas una transformación gigantesca.

Haz solo esto: → “Quiero, aunque sea un poco, ver esto de otra manera.”

Y también: → “Estoy dispuesto, aunque todavía me cueste, a que la verdad sea verdad.”

Esa pequeña apertura basta. No necesitas controlar cómo llegará la paz. Solo dejar de cerrarle completamente la puerta.

Preguntas para la reflexión personal:

¿Creo que necesito estar completamente preparado para sanar?

¿Puedo ofrecer aunque sea una pequeña disposición?

¿Estoy dispuesto a cuestionar lo que siempre creí real?

¿Deseo realmente la paz más que el conflicto?

¿Puedo aceptar que mis deseos profundos y la Voluntad de Dios no están separados?

Conclusión:

La salvación no te pide heroicidades. No exige que ya seas perfecto, iluminado o completamente libre de miedo.

Solo pide una pequeña rendija abierta hacia la verdad.

Porque cuando esa apertura aparece, aunque sea mínimamente,
algo comienza a responder desde lo más profundo de ti.

La creación misma se mueve hacia el reconocimiento. Y entonces comprendes que el perdón no era un sacrificio, sino una disposición a dejar de negar lo que siempre fue verdad.

La Unidad nunca desapareció. El Amor nunca se rompió. El pecado nunca tuvo realidad verdadera. Y en el instante en que tus deseos dejan de oponerse a la verdad… el milagro se vuelve inevitable.

Frase inspiradora: “No necesito una fe perfecta; basta un pequeño deseo de que la verdad sea verdad.”

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