viernes, 26 de septiembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 269

LECCIÓN 269

Mi vista va en busca de la faz de Cristo.

1. Te pido que hoy bendigas mi vista. 2Mi vista es el medio que Tú has elegido para mostrarme mis errores y para poder ver más allá de ellos. 3Se me ha concedido poder tener una nueva percepción a través del Guía que Tú me diste, y, mediante Sus lecciones, superar la percepción y regresar a la verdad. 4Pido la ilusión que trasciende todas las que yo inventé. 5Hoy elijo ver un mundo perdonado en el que todo lo que veo me muestra la faz de Cristo y me enseña que lo que contemplo es mío, y que nada existe, excepto Tu santo Hijo.

2. Hoy nuestra vista es bendecida. 2Compartimos una sola visión cuando contemplamos la faz de Aquel Cuyo Ser es el nuestro. 3Somos uno por razón de Aquel que es el Hijo de Dios, Aquel que es nuestra Identidad.


¿Qué me enseña esta lección?

La Lección 269 de Un Curso de Milagros, «Mi vista va en busca del rostro de Cristo», me enseña que la percepción puede ser transformada cuando se pone al servicio del Amor. Esta lección nos invita a utilizar la vista no para reforzar la ilusión de la separación, sino para reconocer la verdad de la Unidad. Al bendecir nuestra percepción, permitimos que la visión espiritual sustituya a la interpretación errónea del ego.

La vista, al igual que la mente, puede servir al Amor-Unidad o al miedo-separación. Este órgano de percepción ha sido dado al cuerpo como un medio de comunicación, y su propósito depende del maestro al que elijamos seguir. Cuando la ponemos bajo la guía del Espíritu Santo, se convierte en un instrumento de bendición que nos permite reconocer la santidad en todo lo que contemplamos.

El Hijo de Dios, al fabricar el mundo de la ilusión, otorgó a la vista un papel predominante. A través de ella recibía información sobre la realidad que percibía. Para el ego, esa percepción se convirtió en la única verdad, pues le llevó a creer únicamente en lo que podía ver y tocar, negando toda identidad espiritual. Sin embargo, el Curso nos recuerda: «No soy un cuerpo. Soy libre» (L-pI.199.8:7). La visión física no puede revelar la realidad eterna.

La vista, al igual que el resto de los sentidos, ha reforzado la conciencia de separación que sustenta la existencia del ego. Al percibir un mundo fragmentado, la mente le otorga validez y lo establece como verdad. No obstante, la vista por sí misma no tiene capacidad de decisión. Es la mente la que interpreta lo que percibe, pues sirve directamente al tomador de decisiones. El Curso lo afirma con claridad: «La percepción es un resultado y no una causa» (L-pII.304.1:3).

Cuando la vista es bendecida, la ponemos al servicio del Amor y de la Unidad. Entonces, nuestra visión cambia y comenzamos a ver de otra manera. Dejamos de percibir un mundo hostil y separado, y reconocemos en cada rostro la presencia de Cristo. Así, la percepción se transforma en visión, y la ilusión da paso a la verdad.

Hoy consagro mi vista al Amor. Permito que el Espíritu Santo guíe mi percepción y me enseñe a contemplar el rostro de Cristo en mis hermanos. De este modo, mente y vista servirán a la Unidad y reflejarán la luz de Dios. Amén.


SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 269 enseña que la percepción puede ser corregida.

La visión puede mostrar la verdad. El mundo puede ser visto como perdonado.

Todo refleja la misma Identidad. No hay nada separado de ti.

No es dejar de ver, es aprender a ver correctamente.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Mi vista va en busca de la faz de Cristo”.

Cada repetición limpia la percepción, reduce el juicio y abre una experiencia de unidad en todo lo que ves.

No se trata de imaginar, sino de permitir reconocer.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección trabaja directamente sobre la percepción fragmentada.

Cuando ves separación, clasificas, juzgas, reaccionas, y refuerzas la distancia.

Cuando esto se corrige, disminuye el juicio, se suaviza la interpretación, aparece una sensación de conexión, y se reduce la reactividad. No porque el mundo cambie, sino porque cambia tu manera de verlo.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección afirma que Cristo es la única realidad compartida,
la visión puede revelar la verdad, no hay múltiples identidades reales, y todo es expresión de una sola Mente.

Y revela algo profundamente transformador: No estás viendo un mundo externo, estás contemplando tu propia Identidad reflejada en todo.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

Observa lo que ves a tu alrededor.

Detecta juicios automáticos o interpretaciones.

Y entonces recuerda: “Mi vista va en busca de la faz de Cristo”.

Puedes acompañarlo con:

  • “Esto también refleja lo mismo”.
  • “No hay nada separado aquí”.

No fuerces la visión, permite que se revele.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No negar las formas del mundo.
No forzar una visión artificial.
No usar la idea para evitar emociones.

Aplicarla a nivel de percepción interna.
Permitir que suavice el juicio.
Usarla como apertura, no como imposición.

La visión verdadera no se fabrica, se recibe.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa profundizándose:

260 → Dios es mi origen.
261 → Dios es mi refugio.
262 → Somos uno en Él.
263 → Todo es puro en Él.
264 → Estoy rodeado por Su Amor.
265 → Todo es manso en Él.
266 → Me reconozco en todos.
267 → La paz vive en mí.
268 → Dejo que todo sea.
269 → Veo la verdad en todo.

Ahora no sólo aceptas la realidad, comienzas a reconocerla en cada forma.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 269 es profundamente reveladora:

Nada de lo que ves está separado.
Nada de lo que ves es ajeno a ti.
Nada de lo que ves carece de verdad.

Todo puede mostrarte lo mismo. Y cuando esto empieza a experimentarse, la percepción se unifica. Porque ya no ves fragmentos, ves una sola realidad reflejada en todo.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de ver separación, la faz de Cristo aparece en todo lo que contemplo”.



Ejemplo-Guía: "¿Percibimos correctamente?

El mundo en el que creemos estar viviendo es un mundo irreal e ilusorio que nuestra mente hace real al responder a su deseo de ser especial. Esta identificación con lo ilusorio nos conduce a interpretar la percepción como si fuera conocimiento, otorgando realidad a aquello que no la tiene.

La visión de este mundo, a través de la percepción, presenta una serie de características que se perpetúan en el tiempo: miedo, culpabilidad, dolor, sufrimiento, pérdida, necesidad, escasez, enfermedad y muerte. Es un mundo regido por las leyes del caos, que agota y consume, conduciéndonos a un estado de cansancio y desesperanza. Este es el escenario de la percepción errada o falsa, nacida de la creencia en la separación.

Sin embargo, el Curso nos recuerda que existe otra forma de ver:

“La percepción verdadera, o percepción inocente, significa que nunca percibes falsamente y que siempre ves correctamente. Dicho de una manera más llana, significa que nunca ves lo que no existe y siempre ves lo que sí existe” (T-3.II.2:5-6).

Esta enseñanza nos invita a cuestionar nuestra manera de interpretar la realidad. ¿Es posible corregir la percepción falsa? La respuesta es afirmativa, pues el error no tiene fundamento en la verdad.

El Curso nos ofrece la clave para esa corrección:

“La manera de corregir las distorsiones es dejando de tener fe en ellas y depositándola únicamente en lo que es verdad” (T-3.II.6:1-7).

Corregir la percepción implica retirar nuestra fe de la ilusión y dirigirla hacia la verdad. No podemos hacer que lo falso sea verdadero, pero sí podemos reconocer la verdad en todo lo que percibimos. Cuando elegimos ver correctamente, cancelamos simultáneamente nuestras percepciones erróneas y las de nuestros hermanos. Así, el milagro se convierte en un acto de curación que restaura la visión inocente.

No obstante, es importante comprender la naturaleza de la percepción:

“La percepción es temporal… La verdadera percepción es la base del conocimiento, pero gozar de conocimiento es la afirmación de la verdad y esto se encuentra allende cualquier percepción” (T-3.III.1:7-10).

La percepción, incluso cuando es correcta, pertenece al ámbito del tiempo y, por lo tanto, no es conocimiento. Sin embargo, constituye el puente que conduce a él. La percepción verdadera nos prepara para la experiencia del conocimiento divino, que se encuentra más allá de toda interpretación.

Del mismo modo, el Curso nos enseña que la visión espiritual, aunque sagrada, sigue siendo un medio de corrección:

“La verdadera visión es la percepción natural de la visión espiritual… un medio de percepción correcta, lo cual la sitúa dentro del propio ámbito del milagro” (T-3.III.4:1-6).

Por ello, la percepción correcta es necesaria antes de que Dios pueda comunicarse directamente con nosotros. Esta visión nos libera del error y nos prepara para la revelación de la verdad.

La percepción falsa nos lleva a ver a nuestros hermanos como extraños, separados de nosotros. En cambio, la percepción verdadera nos permite contemplarlos con la visión de la inocencia, reconociendo en ellos la misma esencia divina que habita en nosotros. Solo entonces podemos conocerlos realmente.

Ver con la visión de Cristo significa reconocer la santidad del Hijo de Dios en todos los seres. Al percibirlos correctamente, aceptamos su verdad y, al mismo tiempo, la nuestra.

La lección de hoy nos invita a reflexionar con sinceridad: ¿percibimos correctamente? Si elegimos ver con los ojos del Espíritu Santo, dejaremos atrás la ilusión y contemplaremos la realidad desde el amor.

Así, la percepción se purifica, el milagro se manifiesta y la mente despierta al conocimiento de la verdad, recordando que todos somos uno en la Mente de Dios.

Reflexión: Eligiendo ver las cosas de otra manera.

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