La Lección 269 de Un Curso de
Milagros, «Mi vista va en busca del rostro de Cristo», me enseña que la
percepción puede ser transformada cuando se pone al servicio del Amor. Esta
lección nos invita a utilizar la vista no para reforzar la ilusión de la
separación, sino para reconocer la verdad de la Unidad. Al bendecir nuestra
percepción, permitimos que la visión espiritual sustituya a la interpretación
errónea del ego.
La vista, al igual que la mente,
puede servir al Amor-Unidad o al miedo-separación. Este órgano de percepción ha
sido dado al cuerpo como un medio de comunicación, y su propósito depende del
maestro al que elijamos seguir. Cuando la ponemos bajo la guía del Espíritu
Santo, se convierte en un instrumento de bendición que nos permite reconocer la
santidad en todo lo que contemplamos.
El Hijo de Dios, al fabricar el
mundo de la ilusión, otorgó a la vista un papel predominante. A través de ella
recibía información sobre la realidad que percibía. Para el ego, esa percepción
se convirtió en la única verdad, pues le llevó a creer únicamente en lo que
podía ver y tocar, negando toda identidad espiritual. Sin embargo, el Curso nos
recuerda: «No soy un cuerpo. Soy libre» (L-pI.199.8:7). La visión física no
puede revelar la realidad eterna.
La vista, al igual que el resto de
los sentidos, ha reforzado la conciencia de separación que sustenta la
existencia del ego. Al percibir un mundo fragmentado, la mente le otorga
validez y lo establece como verdad. No obstante, la vista por sí misma no tiene
capacidad de decisión. Es la mente la que interpreta lo que percibe, pues sirve
directamente al tomador de decisiones. El Curso lo afirma con claridad: «La
percepción es un resultado y no una causa» (L-pII.304.1:3).
Cuando la vista es bendecida, la
ponemos al servicio del Amor y de la Unidad. Entonces, nuestra visión cambia y
comenzamos a ver de otra manera. Dejamos de percibir un mundo hostil y
separado, y reconocemos en cada rostro la presencia de Cristo. Así, la percepción
se transforma en visión, y la ilusión da paso a la verdad.
Hoy consagro mi vista al Amor.
Permito que el Espíritu Santo guíe mi percepción y me enseñe a contemplar el
rostro de Cristo en mis hermanos. De este modo, mente y vista servirán a la
Unidad y reflejarán la luz de Dios. Amén.
SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:
La lección
269 enseña que la percepción puede ser corregida.
La visión
puede mostrar la verdad. El mundo puede ser visto como perdonado.
Todo
refleja la misma Identidad. No hay nada separado de ti.
No es
dejar de ver, es aprender a ver correctamente.
PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:
Practicar
la idea: “Mi vista va en busca de la faz de Cristo”.
Cada repetición limpia la percepción, reduce el
juicio y abre una experiencia de unidad en todo lo que ves.
No se
trata de imaginar, sino de permitir reconocer.
ASPECTOS PSICOLÓGICOS:
Esta
lección trabaja directamente sobre la percepción fragmentada.
Cuando ves
separación, clasificas, juzgas, reaccionas, y refuerzas la distancia.
Cuando esto se corrige, disminuye el juicio, se
suaviza la interpretación, aparece una sensación de conexión, y se reduce la
reactividad. No porque el mundo cambie, sino porque cambia tu manera de verlo.
ASPECTOS ESPIRITUALES:
Espiritualmente, esta lección afirma que Cristo
es la única realidad compartida,
la visión puede revelar la verdad, no hay múltiples identidades reales, y todo
es expresión de una sola Mente.
Y revela algo profundamente transformador: No
estás viendo un mundo externo, estás contemplando tu propia Identidad reflejada
en todo.
INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:
Hoy:
Observa lo
que ves a tu alrededor.
Detecta
juicios automáticos o interpretaciones.
Y entonces
recuerda: “Mi vista va en busca de la faz de Cristo”.
Puedes
acompañarlo con:
- “Esto también refleja lo mismo”.
- “No hay nada separado aquí”.
No fuerces
la visión, permite que se revele.
❌
No negar las formas del mundo.
❌ No forzar una
visión artificial.
❌ No usar la idea
para evitar emociones.
✔
Aplicarla a nivel de percepción interna.
✔ Permitir que
suavice el juicio.
✔ Usarla como
apertura, no como imposición.
La visión
verdadera no se fabrica, se recibe.
RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:
La
progresión continúa profundizándose:
260 → Dios
es mi origen.
261 → Dios es mi refugio.
262 → Somos uno en Él.
263 → Todo es puro en Él.
264 → Estoy rodeado por Su Amor.
265 → Todo es manso en Él.
266 → Me reconozco en todos.
267 → La paz vive en mí.
268 → Dejo que todo sea.
269 → Veo la verdad en todo.
Ahora no
sólo aceptas la realidad, comienzas a reconocerla en cada forma.
CONCLUSIÓN FINAL:
La Lección
269 es profundamente reveladora:
Nada de lo
que ves está separado.
Nada de lo que ves es ajeno a ti.
Nada de lo que ves carece de verdad.
Todo puede mostrarte lo mismo. Y cuando esto
empieza a experimentarse, la percepción se unifica. Porque ya no ves
fragmentos, ves una sola realidad reflejada en todo.
FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de ver separación, la faz de Cristo aparece en todo lo
que contemplo”.
Ejemplo-Guía: "¿Percibimos correctamente?
El mundo en el que creemos estar viviendo es un mundo
irreal e ilusorio que nuestra mente hace real al responder a su deseo de ser
especial. Esta identificación con lo ilusorio nos conduce a interpretar la
percepción como si fuera conocimiento, otorgando realidad a aquello que no la
tiene.
La visión de este mundo, a través de la percepción,
presenta una serie de características que se perpetúan en el tiempo: miedo,
culpabilidad, dolor, sufrimiento, pérdida, necesidad, escasez, enfermedad y
muerte. Es un mundo regido por las leyes del caos, que agota y consume,
conduciéndonos a un estado de cansancio y desesperanza. Este es el escenario de
la percepción errada o falsa, nacida de la creencia en la separación.
Sin embargo, el Curso nos recuerda que existe otra
forma de ver:
“La percepción verdadera, o percepción inocente,
significa que nunca percibes falsamente y que siempre ves correctamente. Dicho
de una manera más llana, significa que nunca ves lo que no existe y siempre ves
lo que sí existe” (T-3.II.2:5-6).
El Curso nos ofrece la clave para esa corrección:
“La manera de corregir las distorsiones es dejando de
tener fe en ellas y depositándola únicamente en lo que es verdad”
(T-3.II.6:1-7).
Corregir la percepción implica retirar nuestra fe de
la ilusión y dirigirla hacia la verdad. No podemos hacer que lo falso sea
verdadero, pero sí podemos reconocer la verdad en todo lo que percibimos.
Cuando elegimos ver correctamente, cancelamos simultáneamente nuestras
percepciones erróneas y las de nuestros hermanos. Así, el milagro se convierte
en un acto de curación que restaura la visión inocente.
No obstante, es importante comprender la naturaleza de
la percepción:
“La percepción es temporal… La verdadera percepción es
la base del conocimiento, pero gozar de conocimiento es la afirmación de la
verdad y esto se encuentra allende cualquier percepción” (T-3.III.1:7-10).
La percepción, incluso cuando es correcta, pertenece
al ámbito del tiempo y, por lo tanto, no es conocimiento. Sin embargo,
constituye el puente que conduce a él. La percepción verdadera nos prepara para
la experiencia del conocimiento divino, que se encuentra más allá de toda
interpretación.
Del mismo modo, el Curso nos enseña que la visión
espiritual, aunque sagrada, sigue siendo un medio de corrección:
“La verdadera visión es la percepción natural de la
visión espiritual… un medio de percepción correcta, lo cual la sitúa dentro del
propio ámbito del milagro” (T-3.III.4:1-6).
Por ello, la percepción correcta es necesaria antes de
que Dios pueda comunicarse directamente con nosotros. Esta visión nos libera
del error y nos prepara para la revelación de la verdad.
La percepción falsa nos lleva a ver a nuestros
hermanos como extraños, separados de nosotros. En cambio, la percepción
verdadera nos permite contemplarlos con la visión de la inocencia, reconociendo
en ellos la misma esencia divina que habita en nosotros. Solo entonces podemos
conocerlos realmente.
Ver con la visión de Cristo significa reconocer la
santidad del Hijo de Dios en todos los seres. Al percibirlos correctamente,
aceptamos su verdad y, al mismo tiempo, la nuestra.
La lección de hoy nos invita a reflexionar con
sinceridad: ¿percibimos correctamente? Si elegimos ver con los ojos del
Espíritu Santo, dejaremos atrás la ilusión y contemplaremos la realidad desde
el amor.
Así, la percepción se purifica, el milagro se
manifiesta y la mente despierta al conocimiento de la verdad, recordando que
todos somos uno en la Mente de Dios.


Buenos dias Juan José, precioso comentario. Gracias, gracias, gracias.
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarGraciassss🙏🙏🙏🙏🙏🙏
ResponderEliminar