Viviendo Un Curso de Milagros
¿Qué hacer cuando sentimos que no valemos
suficiente?
Hay momentos
en los que podemos sentir que, hagamos lo que hagamos, nunca es suficiente. No
somos lo bastante buenos, capaces, atractivos, queridos o valiosos. Quizá hemos
cometido un error, alguien nos ha rechazado, no hemos conseguido algo que
deseábamos o simplemente miramos nuestra vida y pensamos: “Debería haber
llegado más lejos.” Desde Un Curso de Milagros, podemos empezar observando algo
importante: “No valgo suficiente” no es un hecho. Es una interpretación que
nuestra mente ha aprendido a repetir.
Una pregunta
muy útil puede ser: “¿Suficiente para qué y según quién?” Muchas veces estamos
midiendo nuestro valor con criterios externos: éxito, reconocimiento, dinero,
relaciones, apariencia o productividad. Y cuando esas circunstancias cambian,
nuestra valoración de nosotros mismos cambia también. Hoy alguien nos felicita
y nos sentimos bien. Mañana nos critican y pensamos que hemos perdido valor.
Desde el Curso, esto puede verse como una forma de entregarle al mundo la
autoridad para decirnos quiénes somos.
Por eso puede
ayudarnos a distinguir entre lo que hacemos y lo que somos. Podemos equivocarnos
sin convertirnos en nuestro error. Podemos perder una oportunidad sin
convertirnos en un fracaso. Podemos atravesar una etapa difícil sin hacer de
ella nuestra identidad. Esta distinción conecta directamente con una idea
fundamental de UCDM: el error necesita corrección; la culpa necesita castigo.
Si confundimos ambos, pasamos de “me equivoqué” a “soy indigno”, y ahí el ego
ha conseguido convertir una conducta en una condena.
También
conviene observar cómo nos hablamos cuando algo sale mal. A veces utilizamos
con nosotros palabras que jamás emplearíamos con alguien a quien queremos:
“Eres inútil”, “Siempre haces lo mismo”, “No sirves para nada”. Podemos
preguntarnos: “¿Esta forma de hablarme corrige algo o solo me mantiene dentro
de la culpa?” El Curso no nos invita a negar los errores, sino a dejar de
utilizarlos como pruebas de que somos defectuosos en esencia.
La comparación
suele reforzar esta sensación. Vemos a otras personas y nuestra mente utiliza
sus logros, su cuerpo, sus relaciones o sus circunstancias como una prueba
contra nosotros. Pero desde UCDM podemos observar que el ego necesita
diferencias para mantener la idea de separación: mejor y peor, más y menos,
superior e inferior. Por eso una comparación nunca termina de darnos paz.
Incluso cuando salimos favorecidos, seguimos necesitando que alguien quede por
debajo.
Podemos
cambiar la pregunta. En lugar de “¿Por qué no soy como esa persona?”,
preguntarnos: “¿Qué está despertando en mí lo que veo?” Tal vez aparezca un
deseo, una necesidad o un camino que quisiéramos explorar. Entonces dejamos de
usar al otro como medida de nuestro valor y empezamos a utilizar lo que vemos
como una oportunidad de aprendizaje.
Otra raíz
frecuente está en la necesidad de aprobación. Podemos llevar años intentando
demostrar que valemos: siendo útiles, responsables, complacientes o exitosos.
Pero si dependemos constantemente de que alguien lo reconozca, nuestra paz será
muy frágil. Aquí el Curso puede ayudarnos a ver que estamos buscando fuera una
confirmación que nunca será estable. Podemos preguntarnos: “¿A quién sigo
intentando demostrarle que soy suficiente?” Tal vez a alguien de nuestro
pasado. Tal vez a nosotros mismos.
Desde UCDM, el
cambio profundo consiste en dejar de construir una identidad basada en el
juicio. El ego siempre necesita una evaluación: “¿Estoy bien o mal? ¿Soy mejor
o peor? ¿Estoy a la altura?” El Espíritu Santo, en cambio, no necesita
condenarnos para corregirnos. Podemos reconocer una dificultad y aprender sin
convertirla en una sentencia sobre nosotros.
Cuando
aparezca la sensación de insuficiencia, podemos detenernos y preguntar: “¿Qué
ha ocurrido realmente y qué estoy concluyendo sobre mí?” Quizá ocurrió una
crítica, un rechazo o un error. Después nuestra mente añadió una sentencia.
Separar ambas cosas es ya un cambio de percepción.
Una práctica
sencilla puede consistir en escribir tres frases:
Lo que ocurrió.
“Cometí un error.”
Lo que el ego dice sobre mí.
“Soy un desastre.”
Una manera más cercana a la mirada
del Espíritu Santo.
“Me equivoqué y puedo aprender sin condenarme.”
Podemos
repetirlo con cualquier situación. La intención no es pensar positivamente a la
fuerza, sino distinguir entre juicio y corrección.
Cuando vuelva
el pensamiento “no soy suficiente”, podemos reconocerlo sin convertirlo
inmediatamente en verdad: “Ésta es una interpretación del ego. No necesito
usarla para definirme.” Y después podemos pedir ayuda: “Ayúdame a ver esto sin
condenarme. Muéstrame qué puedo aprender sin convertir el error en mi
identidad.”
Tal vez
podamos terminar con algunas preguntas sencillas: ¿Qué estoy utilizando para
medir mi valor? ¿Estoy confundiendo un error con mi identidad? ¿Estoy dejando
que la opinión de otros decida quién soy? ¿Estoy usando la comparación para
confirmar carencia? ¿Puedo aceptar una corrección sin atacarme?
Y quizá
podamos decir interiormente:
“Puedo
equivocarme y seguir siendo digno de amor. Puedo aprender sin condenarme. Puedo
cambiar sin despreciarme. No necesito convertirme en otra persona para recordar
que mi valor no depende de mis logros, de mis errores ni de la mirada de los
demás.”
Y quizá ésa sea una de las formas más prácticas de aplicar Un Curso de Milagros cuando sentimos que no valemos suficiente: dejar de pedir al ego que nos diga cuánto valemos y empezar a recordar que nuestra verdadera identidad no se gana, no se compara y no se pierde.


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