La Lección
228 de Un Curso de Milagros
me enseña que la condenación no proviene de Dios y, por lo tanto, tampoco puede
proceder de mí. «Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de
condenar» es una afirmación que restablece la verdad de mi inocencia eterna. Mi
Padre conoce mi santidad, y Su conocimiento no puede errar. Negarlo sería creer
en lo imposible y aceptar como verdadero aquello que Él ha declarado falso.
Aceptar Su Palabra acerca de lo que soy es reconocer que fui creado en la
pureza, el amor y la perfección, y que nada puede alterar esa realidad.
Esta lección
es una llamada amorosa al despertar. Me invita a dejar de castigarme, a
abandonar el temor al castigo divino y a renunciar a la creencia de que merezco
el dolor. El ego sostiene la ilusión del pecado, la culpa y el sufrimiento,
persuadiéndome de que he traicionado a mi Creador. Sin embargo, el Curso enseña
con claridad: «El pecado es una idea demente» (T-19.II.3:1). No he pecado, ni
he perdido la gracia de Dios. La separación nunca ocurrió, y mi aparente
alejamiento de Él no ha sido más que un sueño sin consecuencias reales.
Creer en la
culpa es olvidar la Fuente de la que procedo. Al identificarme con el cuerpo y
con el mundo de las ilusiones, he llegado a pensar que nací para sufrir y
morir. Pero la verdad permanece intacta. Tal como enseña el Curso: «No soy un
cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó» (W-pI.199.8:7-8). Mi
santidad sigue siendo parte de mí, así como yo soy parte de Dios. Mis errores
acerca de mí mismo no son más que sueños, y hoy elijo abandonarlos para recibir
únicamente la Palabra divina que afirma mi verdadera Identidad.
Aceptar la
Expiación es permitir que el Espíritu Santo corrija mis falsas creencias. Él me
guía con dulzura hacia la verdad y disuelve las ilusiones que oscurecen mi
mente. Como afirma el Curso: «La Expiación es la garantía de que el tiempo no
puede separar» (T-5.VI.1:1). Al poner mis errores en Sus manos, reconozco que
nunca he estado separado de Dios y que Su Amor permanece inmutable. Esta
aceptación restaura la paz interior y me libera del peso de la culpa.
Dios nunca me
ha condenado. Él sólo conoce a Su Hijo como santo e inocente. El Curso lo
declara con absoluta certeza: «El Hijo de Dios es inocente» (T-13.I.8:1).
Recordar esta verdad me permite abandonar el juicio y acoger la misericordia
divina. Dios permanece a mi lado, esperando pacientemente a que despierte del
sueño de la ilusión y reconozca mi unidad con Él.
Condenarme a
mí mismo sería privarme del amor. Toda condena es una invitación al miedo y un
rechazo de la paz. Cuando me juzgo, proyecto ese juicio sobre los demás y
percibo ataques donde sólo hay peticiones de amor. Así se perpetúa el ciclo del
sufrimiento. Pero el perdón disuelve esta dinámica, pues me enseña a ver con la
visión de Cristo. Como declara el Curso: «El perdón es la llave de la
felicidad» (W-pI.121.1:1).
Al aceptar mi
inocencia, libero también a mis hermanos, reconociendo en ellos la misma
santidad que Dios ve en mí. Hoy elijo no condenarme, pues deseo aceptar el Amor
que me fue dado desde la eternidad. Despierto a la verdad de lo que soy: el
santo y amado Hijo de Dios, eternamente unido a Su Fuente, libre de culpa y
pleno de paz.
SENTIDO
GENERAL DE LA LECCIÓN:
La lección 228
enseña que:
• Dios no condena a Su Hijo.
• La autocondenación es un error de percepción.
• Nuestra santidad permanece intacta.
• Los pensamientos de culpa son ilusiones.
• Aceptar la visión de Dios trae liberación.
La mente no
necesita castigarse para corregir errores. Necesita recordar su inocencia
original.
PROPÓSITO
DE LA LECCIÓN:
Practicar la
idea: “Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar”.
Esta
afirmación invita a soltar la culpa innecesaria y aceptar la verdad de nuestra
identidad.
Cada práctica debilita
la tendencia a la autoacusación, fortalece la confianza espiritual, abre la
mente al perdón y restablece la paz interior.
La liberación
comienza cuando dejamos de juzgarnos según criterios del ego.
ASPECTOS
PSICOLÓGICOS:
Esta lección
aborda un fenómeno psicológico muy común: la autocrítica constante.
Muchas
personas mantienen pensamientos recurrentes como:
- “No soy suficiente”.
- “He cometido errores
imperdonables”.
- “No merezco ser feliz”.
Estas
creencias generan ansiedad, culpa y vergüenza.
La práctica de
esta lección ayuda a reconocer que esas ideas no reflejan la verdad profunda
del ser.
Cuando la
mente deja de sostener la autocondenación disminuye la culpa innecesaria, aumenta
la autoestima esencial, aparece mayor compasión hacia uno mismo y se facilita
el perdón hacia los demás.
ASPECTOS
ESPIRITUALES:
Espiritualmente
la lección afirma:
• Dios conoce la santidad de Su
Hijo.
• La identidad espiritual no puede corromperse.
• Los errores de percepción no alteran la verdad.
• La mente puede abandonar los sueños de culpa.
Aceptar la
visión de Dios significa reconocer la inocencia esencial del ser. Ese
reconocimiento es profundamente liberador.
INSTRUCCIONES
PRÁCTICAS:
Hoy puedes practicar así:
- Repite lentamente la idea de la lección.
- Observa cualquier pensamiento de culpa o
autocondenación.
- Recuerda que Dios no te juzga.
- Permite que esos pensamientos se disuelvan.
- Permanece unos momentos en silencio.
No necesitas
convencerte a la fuerza. Simplemente abre la mente a la posibilidad de que la
verdad sobre ti es más luminosa de lo que el ego cree.
❌ No usar la idea para negar responsabilidades.
❌ No ignorar
los errores que necesitan corrección.
❌ No
interpretar la inocencia como perfección del ego.
✔ Reconocer que los errores pueden corregirse sin
culpa.
✔ Practicar el
perdón hacia uno mismo.
✔ Recordar que
la identidad verdadera permanece intacta.
La sanación surge cuando la mente abandona
la condena y acepta la verdad.
RELACIÓN
CON EL PROCESO DEL CURSO:
Las lecciones recientes siguen
profundizando en la identidad espiritual:
221 — aquietar la mente
222 — reconocer que vivimos en Dios
223 — reconocer que nuestra vida es la de Dios
224 — recordar la identidad como Hijo de Dios
225 — reconocer el amor entre Padre e Hijo
226 — recordar el hogar verdadero
227 — aceptar el instante de liberación
228 — abandonar la autocondenación
La mente
comienza a comprender que su verdadera naturaleza es inocente y libre.
CONCLUSIÓN
FINAL:
La lección 228
nos invita a abandonar una de las cargas más pesadas de la mente: la
autocondenación.
Durante mucho
tiempo hemos creído que nuestros errores definían lo que somos. Pero el Curso
enseña que nuestra identidad verdadera nunca fue dañada.
Dios conoce
nuestra santidad. Cuando aceptamos esa visión, la culpa pierde su fundamento. Y
en ese momento la mente descubre algo profundamente sanador: la libertad que
surge al recordar que nunca fue condenada.
✨ FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de juzgarme
con los ojos del ego, comienzo a verme con los ojos de Dios”.
Ejemplo-Guía: ¿Es necesario creer en Dios para tomar conciencia de nuestra inocencia y de nuestra impecabilidad?
Tal vez
pienses que esta pregunta está fuera de lugar y des por hecho que todos los
estudiantes de Un
Curso de Milagros son creyentes y participan de la existencia de
Dios. Sin embargo, plantearla constituye una valiosa oportunidad de reflexión.
¿Eres creyente? ¿Dios existe? Estas interrogantes no buscan generar
controversia, sino profundizar en la comprensión de la verdad espiritual que el
Curso nos invita a recordar.
Para hacer más interesante este debate,
compartiré una declaración con tintes polémicos: yo no “creo” en Dios y tampoco
“creo” que Dios exista tal y como solemos utilizar esos términos. A lo largo de
la historia, las creencias acerca de Dios han dado lugar a conflictos y
guerras, fruto de la confrontación entre quienes afirman creer y quienes niegan
hacerlo. Así, la dualidad se impone: “yo creo” frente a “yo no creo”. Desde la
perspectiva del Curso, esta división nace del ego y refuerza la ilusión de la
separación.
Las creencias pertenecen al sistema de
pensamiento del ego. En efecto, la creencia original en la separación dio
origen a todas las demás, generando un mundo basado en el miedo y la culpa.
Este pensamiento ilusorio sustenta la percepción de un universo fragmentado y
conflictivo. Un
Curso de Milagros nos recuerda que el error fundamental consiste en
percibirnos como seres separados de nuestra Fuente.
En este contexto, resulta iluminador considerar
la reflexión del autor Emilio Carrillo, quien sostiene que los verbos “creer” y
“existir” no son aplicables a Dios. “Creer” implica aceptar algo que no se
comprende plenamente, mientras que “existir” se refiere a aquello que posee una
realidad limitada y diferenciada. Sin embargo, Dios no puede ser reducido a
tales categorías, pues no es una entidad externa ni una “cosa” susceptible de
ser definida. Dios es Todo, y Su realidad trasciende las limitaciones del lenguaje
y del entendimiento humano.
Desde esta perspectiva, hablar de “creer” en Dios
supone establecer una distancia entre Él y nosotros. Pero el Curso enseña que
tal distancia es ilusoria. Dios no es ajeno a Su Creación, ni Su Hijo está
separado de Él. Como afirma: «No existo aparte de Dios» (L-pII.223.1:1). Por
ello, la verdadera espiritualidad no consiste en creer en Dios, sino en
reconocerlo como nuestra propia Esencia.
Creer en un Dios externo es, en última instancia,
una proyección del ego. Si somos Hijos de Dios y hemos sido emanados de Su
Mente como una expansión creadora, no podemos ser distintos de como Él nos
creó. No somos cuerpos separados de la Fuente, sino la expresión misma de Su
Amor. En palabras del Curso: «Soy tal como Dios me creó» (L-pI.94.1:1).
La Lección 228 nos ofrece una enseñanza esencial:
Dios no condena. Si Dios condenara a Su Hijo, se condenaría a Sí Mismo, lo cual
sería imposible. Por ello, la culpa carece de fundamento en la verdad divina.
El Curso lo expresa con claridad: «Dios no condena, y siendo Él Amor, no conoce
el castigo» (T-13.X.1:1). En consecuencia, toda condenación procede del ego y
no de Dios.
De igual manera, cada vez que juzgamos a un
hermano, nos juzgamos a nosotros mismos. La separación es una ilusión
compartida, y la condena refuerza esa falsa creencia. Reconocer la inocencia de
los demás es reconocer la nuestra, pues todos formamos parte de la misma
Filiación. Tal como enseña el Curso: «Cuando condenas a tu hermano, te condenas
a ti mismo» (T-31.VI.1:1).
Así, la verdadera comprensión de Dios trasciende
la fe entendida como creencia. No se trata de aceptar un dogma, sino de
despertar a la experiencia de la Unidad. Dios no es objeto de creencia ni de
demostración; es la Realidad misma en la que vivimos y somos. Su conocimiento
no se alcanza por la razón, sino por la revelación interior que disuelve toda
duda.
Desde esta visión, la pregunta inicial se
transforma. Ya no se trata de preguntarse si Dios existe, sino de reconocer que
no hay nada fuera de Él. Como afirma el Curso: «En Él vivimos, nos movemos y
existimos» (T-29.VII.2:6). La aparente separación entre Dios y Su Hijo es una
ficción mental que se desvanece al despertar.
Concluimos, por tanto, que la Lección 228 nos
invita a abandonar la culpa y la condenación para aceptar nuestra inocencia
eterna. Si Dios no nos ha condenado, nosotros tampoco debemos condenarnos ni
condenar a nuestros hermanos. En este reconocimiento reside la paz.
Más allá de las creencias, la verdad permanece
inmutable: Dios no es un concepto que deba ser creído ni una entidad cuya
existencia deba ser probada. Dios es nuestra Fuente, nuestra Vida y nuestra
Identidad. Y al recordar esto, comprendemos que jamás hemos estado separados de
Él.
En esa certeza
descansa nuestra liberación. En esa verdad se disuelve toda condena. Y en ese
Amor eterno reconocemos lo que siempre hemos sido: Uno con Dios.
Reflexión: ¿Puedo "ser" algo separado de Dios?

Si condeno a un hermano me condeno a mi mismo y condeno a DIOS.
ResponderEliminarSi condeno a un hermano me condeno a mi mismo y condeno a DIOS.
ResponderEliminarExcelente la cita de Emilio Carrillo
ResponderEliminarQue bello es tener presente esta practica,se suaviza n muchas asperesas
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarExcelente lección y reflexión. Solo teniendo la mente abierta se puede contemplar analizarlo desde ese punto de vista.
ResponderEliminarQué alivio,he sentido incomodidad y me autodiscriminaba x no poder vivenciar la existencia de Un Dios, externo a nosotros y muy poderoso.
ResponderEliminarNo....yo y Dios Somos Uno
ResponderEliminarExcelente explicación gracias!!!
ResponderEliminarFuimos creados a imagen y semejanza de Dios es decir somos Dioses en formación con todos los dones de Dios pues es la única herencia que podemos reclamar y ya nos es dada, somos uno con la fuente y con el todo, la creencia en la separación ha hecho que las personas creen un Dios a su imágen y semejanza he allí la creencia en un Dios castigador, la creencia en la ira de Dios y de que Dios nos pueda castigar por algo, esta lección nos recuerda que Dios no nos condena porque para Dios no existe ni el pecado ni la culpa, Dios no me condena porque soy inocente por lo cuál yo tampoco voy a condenarme y también libero de culpa a mí hermano pues también es inocente, Gracias Juan José.
ResponderEliminarSoy Uno con Dios y mis Hermanos🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙
ResponderEliminarGracias🙏❤️
ResponderEliminarHola 👋 Juan José! Hola a tod@s! Soy el santo hijo, de Dios mismo.YO SOY EL YO SOY. Gratitud!🙏
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