lunes, 31 de marzo de 2025

Capítulo 19. A-i. La atracción de la culpabilidad (2ª parte).

i. La atracción de la culpabilidad (2ª parte).

12. Las relaciones que se entablan en este mundo son el resultado de cómo se ve el mundo. 2Y esto depende de la emoción a la que se pidió que enviara sus mensajeros para que lo contemplasen y regresasen trayendo noticias de lo que vieron. 3A los mensajeros del miedo se les adiestra mediante el terror, y tiemblan cuando su amo los llama para que le sirvan. 4Pues el miedo no tiene compa­sión ni siquiera con sus amigos. 5Sus mensajeros saquean culpa­blemente todo cuanto pueden en su desesperada búsqueda de culpabilidad, pues su amo los deja hambrientos y a la intemperie, instigando en ellos la crueldad y permitiéndoles que se sacien únicamente de lo que le llevan. 6Ni el más leve atisbo de culpabi­lidad se escapa de sus ojos hambrientos. 7Y en su despiadada búsqueda de pecados se abalanzan sobre cualquier cosa viviente que vean, y dando chillidos se la llevan a su amo para que él la devore.

Jesús emplea el símil del mensajero para asistirnos en la comprensión del rol que desempeñan en nuestra mente nuestros pensamientos, que realmente cumplen su función como los portavoces de las creencias a las que damos refugio en nuestra mente.

Si la voluntad sirve a nuestra naturaleza espiritual, utilizaremos los servicios de mensajería a disposición de nuestra mente para que se expandan, llevando a nuestro mundo la visión y el mensaje del amor, de la unidad, de la paz y de la felicidad.

Si, en cambio, la voluntad sirve a nuestra falsa identidad, la corporal, utilizaremos los servicios de mensajería de nuestra mente para que multiplique la creencia en que la unidad no existe y que somos diferentes como diferentes son nuestros cuerpos.

La primera opción hará que la semilla del amor haga florecer la vida a nuestro alrededor. 

La segunda opción hará que la semilla del miedo, de la culpa, haga florecer la muerte en todo cuanto toquemos, pues lo ilusorio está regido por la fuerza de repulsión.

13. No envíes al mundo a esos crueles mensajeros para que lo devoren y se ceben en la realidad. 2Pues te traerán noticia de carne, pellejo y huesos. 3Se les ha enseñado a buscar lo corrupti­ble, y a retornar con los buches repletos de cosas podridas y des­compuestas. 4Para ellos tales cosas son bellas, ya que parecen mitigar las crueles punzadas del hambre. 5Pues el dolor del miedo los pone frenéticos, y para evitar el castigo de aquel que los envía, le ofrecen lo que tienen en gran estima.

Mientras que el alimento espiritual del amor nos sacia completamente, nos aporta compleción y plenitud, el alimento del ego, el miedo, al estar regido por la fuerza de repulsión, no nos saciará jamás, lo que nos provocará un apetito voraz e insaciable, llevándonos a agotar toda nuestra energía mental en la búsqueda de alimentos con los cuales poder satisfacer su apetencia. El deseo es inagotable en un mundo donde todo está regido por las leyes de la temporalidad.

14. El Espíritu Santo te ha dado los mensajeros del amor para que los envíes en lugar de aquellos que adiestraste mediante el terror. 2Están tan ansiosos de devolverte lo que tienen en gran estima como los otros. 3Si los envías, sólo verán lo bello y lo puro, lo tierno y lo bondadoso. 4Tendrán el mismo cuidado de que no se les escape ningún acto de caridad, ninguna ínfima expresión de perdón ni ningún hálito de amor. 5retornarán con todas las cosas bellas que encuentren para compartirlas amorosamente contigo. 6No tengas miedo de ellos. 7Te ofrecen la salvación. 8Sus mensajes son mensajes de seguridad, pues ven el mundo como un lugar bondadoso.

Utilizar la mente para expandir el amor es garantizar la expansión de la eternidad. El amor es la fuerza de atracción y cuando lo damos estamos compartiendo nuestra compleción. Damos y recibimos y de este modo la abundancia, la plenitud, se retroalimenta, garantizando el apetito espiritual que nos lleva a saborear las cosas bellas y hermosas de la creación.

Todas nuestras creaciones están inspiradas por el amor y se sienten atraídas por las creaciones de nuestros hermanos. Cuando todas estas creaciones se unen dando vida, la vida se expande por doquier y sirve a la verdad. Es el poder de la luz que se expande de forma inagotable.

viernes, 28 de marzo de 2025

Capítulo 19. A-i. La atracción de la culpabilidad (1ª parte).

i. La atracción de la culpabilidad (1ª parte).

10.  La atracción de la culpabilidad hace que se le tenga miedo al amor, pues el amor nunca se fijaría en la culpabilidad en absoluto. 2La naturaleza del amor es contemplar solamente la verdad ­-donde se ve a sí mismo- y fundirse con ella en santa unión y en compleción. 3De la misma forma en que el amor no puede sino mirar más allá del miedo, así el miedo no puede ver el amor. 4Pues en el amor reside el fin de la culpabilidad tan inequívocamente como que el miedo depende de ella. 5El amor sólo se siente atraí­do por el amor. 6Al pasar por alto completamente a la culpabili­dad, el amor no ve el miedo. 7Al estar totalmente desprovisto de ataque es imposible que pueda temer. 8El miedo se siente atraído por lo que el amor no ve, y ambos creen que lo que el otro ve, no existe. 9El miedo contempla la culpabilidad con la misma devo­ción con la que el amor se contempla a sí mismo. 10Y cada uno de ellos envía sus mensajeros, que retornan con mensajes escritos en el mismo lenguaje que se utilizó al enviarlos.

Una reflexión lógica es una reflexión sencilla de comprender por la claridad de su contenido. Compartiré con vosotros dicha reflexión.

Dios es Amor. De esta afirmación verdadera se deduce mucha información sobre la naturaleza de Dios-Amor: vida, inocencia, pureza, impecabilidad, unidad; compleción, abundancia, gracia, dicha, generosidad, paz, felicidad, alegría, etc.

Dios es Creación. De esta afirmación verdadera se deduce mucha información sobre la cualidad de los poderes de Dios-Creación: voluntad, sabiduría, conocimiento, inteligencia, expansión, eternidad, etc.

Dios crea expandiendo el Amor; luego, su creación, la Filiación, ha sido creada a su imagen y semejanza, es decir, todos sus Hijos son de naturaleza divina y portadores de sus mismas cualidades y atributos. 

Como os adelantaba, el contenido de la reflexión es sencillo de comprender, pues su lógica es evidente. Dicha evidencia nos lleva a plantear la siguiente cuestión: Si el Hijo de Dios es Hijo del Amor, ¿por qué se identifica con el miedo?

Este punto nos aporta la respuesta. Porque hemos elegido dejar de ver el mundo de Dios y en su lugar vemos un mundo diferente, donde la vibración de la verdad es más densa y da lugar a la ilusión, donde dicha visión sustituye el conocimiento por la percepción; donde dicha visión se identifica con el cuerpo denso y se desconecta de su verdadero ser espiritual.

11. El amor envía a sus mensajeros tiernamente, y éstos retornan con mensajes de amor y de ternura. 2A los mensajeros del miedo se les ordena con aspereza que vayan en busca de culpabilidad, que hagan acopio de cualquier retazo de maldad y de pecado que puedan encontrar sin que se les escape ninguno so pena de muerte, y que los depositen ante su señor y amo respetuosa­mente. 3La percepción no puede obedecer a dos amos que piden distintos mensajes en lenguajes diferentes. 4El amor pasa por alto aquello en lo que el miedo se cebaría. 5Lo que el miedo exige, el amor ni siquiera lo puede ver. 6La intensa atracción que la culpa­bilidad siente por el miedo está completamente ausente de la tierna percepción del amor. 7Lo que el amor contempla no signi­fica nada para el miedo y es completamente invisible.

Desde que la mente elige ver un mundo distinto al de Dios, está proclamando su deseo de ser diferente a su creador, erigiéndose como su propio hacedor. Esa visión le lleva a la creencia en la separación y, con base en esta creencia, fabrica un sistema de pensamiento que dé sentido y significado a su conciencia perceptiva. 

La separación es una idea errónea que se convierte en el origen de la creencia en el pecado y en su efecto más condicional, la culpabilidad. De este modo, la mente se habitúa a creer en lo que percibe y determina que la información que recibe desde sus sentidos físicos es lo que interpreta como real. El cuerpo se convierte en el argumento más importante para reforzar su sistema de pensamiento falso y lo eleva a la condición de su verdadera identidad. 

Dado que el cuerpo es el centro de donde emanan todos sus pensamientos, le otorga la facultad de ser el máximo responsable de todas sus creencias. De este modo, el cuerpo se convierte en el agente pecador, en el agente del miedo, en el representante de la individualidad y de la separación, en el principal causante de nuestras desgracias y alegrías. Todo en nuestra vida depende del estado del cuerpo y lo nombramos el rey de nuestro feudo.

Si utilizamos toda la información vertida anteriormente, diremos que el cuerpo no tiene la capacidad de amar, pues carece de la visión de unidad. No puede crear, dado que no es capaz de ver el amor. No es capaz de aportarnos vida, pues no visiona la eternidad. 

jueves, 27 de marzo de 2025

Capítulo 19. A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (3ª parte).

A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (3ª parte).

7. El insignificante y demente deseo de deshacerte de Aquel que invitaste y expulsarlo, no puede sino generar conflicto. 2medida que contemplas el mundo, ese insignificante deseo, desarraigado y flotando a la deriva, puede posarse brevemente sobre cualquier cosa, pues ahora no tiene ningún propósito. 3Antes de que el Espí­ritu Santo entrase a morar contigo parecía tener un magno propó­sito: la dedicación fija e inalterable al pecado y a sus resultados. 4Ahora deambula sin rumbo, vagando a la deriva, causando tan sólo mínimas interrupciones en la llamada del amor.

Podemos estar seguros, así lo habremos experimentado, que a pesar de haber recibido la teoría de un nuevo aprendizaje que nos invita a cambiar nuestra manera de pensar, a pesar de saber que no somos lo que creemos ser, necesitaremos de nuestra voluntad para hacernos fuertes ante los ataques que recibiremos procedentes del sistema de pensamiento del ego, el mismo que hemos decidido derrocar. Es bueno tener presente este hecho. El ego no nos dirá: "Sí, lo siento, me he dado cuenta de que soy una ilusión. Toma tú el timón de tu vida. Yo me retiro de tu mente". 

Fortalecer nuestra mente con pensamientos amorosos es fundamental en este proceso. Perdonar nuestros errores debe sustituir a cualquier deseo de atacarnos con las armas de la culpabilidad. Recordemos que lo que no es amor procede del mundo del sueño. Recordemos que podemos elegir tener sueños felices donde la culpa no tenga voz ni voto.

8Este minúsculo deseo, esta diminuta ilusión, este residuo microscópico de la creencia en el pecado, es todo lo que queda de lo que en un tiempo pareció ser el mundo. 2Ya no es una inexora­ble barrera a la paz. 3Su vano deambular hace que sus resultados parezcan ser más erráticos e impredecibles que antes. 4Sin embargo, ¿qué podría ser más inestable que un sistema ilusorio rígidamente organizado? 5Su aparente estabilidad no es otra cosa que la debilidad que lo envuelve, la cual lo abarca todo. 6La varia­bilidad que el pequeño residuo produce indica simplemente cuán limitados son sus resultados.

La creencia en el pecado se encuentra muy arraigada en la mente colectiva de la humanidad. Es el origen que ha dado lugar a la creencia en el castigo como vía redentora para poner fin a la culpa que sentimos por haber desobedecido el mandado de Dios. Ver un mundo separado de Dios nos lleva a pensar que somos merecedores del castigo divino y de cuantos males nos puedan visitar.

¿Quién puede gozar de paz manteniendo en su mente la creencia en la culpa?

Si conocemos el origen de la culpa, del miedo, ¿a qué esperamos para ponerle fin?

¿Por qué no elegimos amar en vez de odiar?

9. ¿Cuán poderosa puede ser una diminuta pluma ante las inmen­sas alas de la verdad? 2¿Podría acaso oponerse al vuelo de un águila o impedir el avance del verano? 3¿Podría interferir en los efectos que el sol veraniego produciría sobre un jardín cubierto de nieve? 4Ve con cuánta facilidad se puede levantar y transportar este pequeño vestigio para no volver jamás. 5Despídete de él con alegría, no con pesar, pues de por sí no es nada ni significaba nada cuando la fe que tenías en su protección era mayor. 6¿No preferirías darle la bienvenida al cálido sol veraniego en lugar de poner tu atención en un copo de nieve que está derritiéndose, y tiritar pensando en el frío invernal?

Que el sistema de pensamiento del ego es demente e irracional lo demuestra su resistencia a elegir el amor en vez del miedo; la paz en vez de la lucha; la unidad en vez de la separación; la abundancia en vez de la escasez; la vida en vez de la muerte; la eternidad en vez de la temporalidad.

Demos la bienvenida al nuevo pensamiento, el que hace que la creencia en el amor, en lo que realmente somos, sustituya y ponga fin al viejo sistema de pensamiento que nos ha mantenido prisioneros de la ilusión, hasta que hemos decidido despertar.

miércoles, 26 de marzo de 2025

Capítulo 19. A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (2ª parte).

 A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (2ª parte).

4. ¿Rechazarías la salvación que te ofrece el dador de la salvación? 2Pues en eso es en lo que te has convertido. 3De la misma manera en que la paz no podría alejarse de Dios, tampoco podría alejarse de ti. 4No tengas miedo de este pequeño obstáculo, 5pues no puede frenar la Voluntad de Dios. 6La paz fluirá a través de él, y se unirá a ti sin impedimentos. 7No se te puede negar la salvación. 8Es tu meta. 9Aparte de eso no hay nada más que elegir. 10No tie­nes ninguna meta aparte de la de unirte a tu hermano, ni ninguna aparte de aquella que le pediste al Espíritu Santo que compartiese contigo. 11El pequeño muro se derrumbará silenciosamente bajo las alas de la paz. 12Pues la paz enviará a sus mensajeros desde ti a todo el mundo, y las barreras se derrumbarán ante su llegada con la misma facilidad con la que superará aquellas que tú interpon­gas.

Al igual que yo, conoces las consecuencias de servir al sistema de pensamiento del ego. Tu percepción te muestra el dolor y el sufrimiento que acompañan a lo que llamamos vivir. Buscamos el amor y ser amados, pero nos negamos a darlo y cuando creemos darlo, lo que hacemos es condicionarlo a nuestros deseos: "Ámame, pero a mi manera". Lo que llamamos vida se ha convertido en el guión de nuestros sueños y de nuestras pesadillas. Nos ocupamos media vida en buscar acumular posesiones y tesoros y la otra media buscando el modo de protegernos de su pérdida. El resumen de una vida donde la ausencia de paz es notoria. En ocasiones creemos experimentar momentos de paz, pero incluso en esos momentos, el miedo a perder ese instante los priva de la verdadera paz.

Al igual que yo, conoces que ya es hora de dejar de servir al ego y a su sistema de pensamiento. Es hora de pensar al revés de como pensábamos antes, es decir, es el momento de dar amor y no de buscarlo; es el momento de amar desde la libertad, de manera incondicional. Es la hora de ser conscientes de que somos los soñadores de nuestros sueños y de elegir tener sueños felices. Es la hora de mirar a nuestros hermanos y ver su verdadera esencia, la que lo hace uno con nosotros. Es la hora de caminar juntos, pues juntos será como las puertas del Cielo se abrirán para que retornemos a nuestro verdadero Hogar.

5. Vencer al mundo no es más difícil que superar tu pequeño muro. 2Pues en el milagro de tu relación santa -una vez libre de esa barrera- se encuentran todos los milagros. 3No hay grados de dificultad en los milagros, pues todos ellos son lo mismo. 4Cada uno supone una dulce victoria de la atracción del amor sobre la atracción de la culpabilidad. 5¿Cómo no iba a poder lograrse esto dondequiera que se emprendiese? 6La culpabilidad no puede levantar barreras reales contra ello. 7Y todo lo que parece interponerse entre tu hermano y tú tiene que desaparecer por razón de la llamada que contestaste. 8Desde ti que respon­diste, Aquel que te contestó quisiera llamar a otros. 9Su hogar reside en tu relación santa. 10No trates de interponerte entre Él y Su santo propósito, pues es también el tuyo. 11Permítele, en cam­bio, que extienda dulcemente el milagro de vuestra relación a todos los que están incluidos en dicho milagro tal como fue con­cedido.

¿Me acompañas a crear un mundo real? Soy consciente de que solo no podré hacerlo, pues la verdadera realidad es la unidad que nos une. No puedo verte separado de mí y al mismo tiempo pensar que soy real, que te estoy amando, que formamos parte de la misma Filiación.

Cuando decidimos crear, lo que estamos haciendo es expandir el amor con el que hemos sido creados. Lo creado desde el amor es eterno y tiene el poder de contagiar todo cuanto toca. 

Si me acompañas, juntos podremos consagrar nuestra relación santa y convertirnos en fuentes de hacer milagros, pues nuestras mentes unidas serán como un faro que alumbrará a todos aquellos que estén buscando el camino de la salvación. 

6. Reina un silencio en el Cielo, una feliz expectativa, un pequeño respiro lleno de júbilo en reconocimiento del final de la jornada. 2Pues el Cielo te conoce bien, tal como tú lo conoces a él. 3Nin­guna ilusión se interpone entre tu hermano y tú ahora. 4No pon­gas tu atención en el pequeño muro de sombras. 5El sol se ha elevado por encima de él. 6¿Cómo iba a poder una sombra impe­dir que vieses el sol? 7De igual modo, las sombras tampoco pue­den ocultar de ti la luz en la que a las ilusiones les llega su fin. 8Todo milagro no es más que el final de una ilusión. 9Tal fue la jornada; tal su final. 10Y en la meta de verdad que aceptaste, a todas las ilusiones les llegará su fin.

El mundo que juntos hemos creado será contagioso y todos aquellos que estén buscando la senda de la salvación sabrán reconocer en él que tan solo con desear formar parte de su luz el milagro quedará consumado; la ilusión ha sido sustituida por la percepción verdadera. Ahora estamos despiertos. Ahora conocemos lo que somos y aceptamos nuestra condición como la única identidad verdadera.

martes, 25 de marzo de 2025

Capítulo 19. A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (1ª parte).

A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (1ª parte).

1. El primer obstáculo que la paz debe salvar es tu deseo de des­hacerte de ella. 2Pues no puede extenderse a menos que la conser­ves. 3Tú eres el centro desde donde ella irradia hacia afuera, para invitar a otros a entrar. 4Tú eres su hogar: su tranquila morada desde donde se extiende serenamente hacia el exterior, aunque sin abandonarte jamás. 5Si la dejases sin hogar, ¿cómo podría entonces morar dentro del Hijo de Dios? 6Si la paz se ha de dise­minar por toda la creación, tiene que empezar contigo, y desde ti extenderse a cada hermano que llame, y llevarle descanso por haberse unido a ti.

Estas enseñanzas nos llevan al aprendizaje de que no se puede dar lo que no se tiene. Desde esta perspectiva, no podremos extender la paz si no se encuentra en nuestro interior.

A diferencia del ego, que piensa que la paz es un logro condicionado por la percepción del mundo interno, la mente recta conoce que la paz no es un logro, sino un hecho de nuestra realidad verdadera, es decir, de nuestro ser espiritual en su calidad de Hijo de Dios.

Si somos la creación de Dios, a Su imagen y semejanza, no podemos tener la menor duda de que somos Hijos del Amor, Hijos de la Luz y por ello, Hijos de la Paz y portadores de la Paz.

Claro, para el ego aceptar lo que anteriormente hemos dicho es reconocer su fin, pues su origen es la creencia en la separación y en el pecado, las cuales no pueden dar como frutos la vivencia de la paz.

Negar nuestra identidad nos conduce a negar la paz.

2. ¿Por qué querrías dejar a la paz sin hogar? 2¿Qué es lo que crees que tendría que desalojar para poder morar contigo? 3¿Cuál parece ser el costo que tanto te resistes a pagar? 4La pequeña barrera de arena todavía se interpone entre tu hermano y tú. 5¿La reforzarías ahora? 6No se te pide que la abandones sólo para ti. 7Cristo te lo pide para Sí Mismo. 8El quiere llevar paz a todo el mundo, mas ¿cómo lo podría hacer, sino a través de ti? 9¿Dejarías que un pequeño banco de arena, un muro de polvo, una aparente y diminuta barrera se interpusiese entre tus hermanos y la salva­ción? 10Sin embargo, este diminuto residuo de ataque que toda­vía tienes en tanta estima para poder usarlo contra tu hermano, es el primer obstáculo con el que la paz que mora en ti se topa en su expansión. 11Este pequeño muro de odio todavía quiere opo­nerse a la Voluntad de Dios, y mantenerla limitada.

Buscamos la salvación como si fuese un logro personal, sin importarnos lo más mínimo el estado de los demás. La visión egoica nos muestra un mundo separado donde la presencia del verdadero amor brilla por su ausencia. Si estamos peleados con nuestra propia identidad espiritual a la que le imponemos ropajes pasajeros y temporales, no resultará extraño que estemos peleados con el mundo exterior y principalmente con aquellos a los que consideramos nuestros enemigos, por temor a que nos despojen de lo que consideramos nuestros tesoros.

En ocasiones hacemos gestos grandilocuentes para que los demás enardezcan nuestros méritos. Son meras estrategias del ego para sentir su valor. Pero si analizamos detenidamente la dimensión de esos gestos, no tardaremos en descubrir el poder que se oculta tras ello, ya que el miedo, aunque nadie lo quiere reconocer, siempre deja muestras de su evidencia.

Aceptemos de una vez por todas que aquello que nos separa de la salvación es la falta de amor hacia uno mismo y hacia los demás.

3. El propósito del Espíritu Santo se encuentra en paz dentro de ti. 2Mas aún no estás dispuesto a dejar que se una a ti completa­mente. 3Todavía te opones un poco a la Voluntad de Dios. 4Y esa pequeña oposición es un límite que quieres imponerle a toda ella. 5La Voluntad de Dios es una sola, no muchas. 6No tiene opuestos, pues aparte de ella no hay ninguna otra. 7Lo que todavía quieres conservar detrás de tu pequeña barrera y mantener separado de tu hermano parece ser más poderoso que el universo, pues da la impresión de restringir a éste y a su Creador. 8Y lo que este pequeño muro pretende es nublar el propósito del Cielo y mante­nerlo oculto de él.

Un Curso de Milagros, al igual que todas las enseñanzas espirituales que se fundamentan en la no dualidad, son herramientas docentes que nos ayudan a des-hacernos de las viejas creencias en la separación. Ya no se trata de que nos salvemos de forma individual haciendo grandes gestos externos. Se trata de que cambiemos de manera de pensar, de manera de ver el mundo, de manera de ver a los demás.

Todo cambio que se produzca en el nivel de la mente nos llevará a una visión. Esa visión nos mostrará la identidad del verdadero ser que somos. Nos mostrará la luz y esa luz nos permitirá comprender que hemos creído estar soñando y que el despertar nos llevará a conocer el lugar que ocupamos en el universo, siendo parte una de la Filiación.

lunes, 24 de marzo de 2025

Capítulo 19. IV. Los obstáculos a la paz.

IV. Los obstáculos a la paz.

1. A medida que la paz comience a extenderse desde lo más pro­fundo de tu ser para abarcar a toda la Filiación y ofrecerle des­canso, se topará con muchos obstáculos. 2Algunos de ellos los tratarás de imponer tú. 3Otros, parecerán provenir de otras par­tes: de tus hermanos, o de diversos aspectos del mundo externo. 4La paz, no obstante, los envolverá dulcemente a todos, exten­diéndose más allá de ellos sin obstrucción alguna. 5La extensión del propósito del Espíritu Santo desde tu relación a otras perso­nas para incluirlas amorosamente dentro de ella, es la manera en que Él armonizará medios y fin. 6La paz que Él ha depositado, muy hondo dentro de ti y tu hermano, se extenderá quedamente a cada aspecto de vuestras vidas, rodeándoos a ambos de radiante felicidad y con la sosegada certeza de que gozáis de absoluta protección. 7Y vosotros llevaréis su mensaje de amor, seguridad y libertad a todo aquel que se acerque a vuestro tem­plo, donde la curación le espera. 8No tendréis que esperar para darle esto, pues le llamaréis y él os responderá, reconociendo en vuestra llamada la Llamada a Dios. 9Y vosotros lo albergaréis y le daréis descanso tal como se os dio a vosotros.

Por mis vivencias y por el aprendizaje que he ido adquiriendo a lo largo de los años, puedo afirmar que la ausencia de paz es un obstáculo para alcanzar la felicidad. Da igual el objetivo que nos hayamos puesto lograr para sentir que somos felices. Hay dos aspectos que considero imprescindibles para que la felicidad sea real. Por un lado, que dicho camino lo recorramos en paz, y por otro, no menos importante, que dicho camino lo hagamos de la mano de nuestros hermanos.

La paz y la felicidad son el resultado de que en nuestros pensamientos expanda el amor incondicional. 

Si al mirar en nuestro interior descubrimos muestras de rencor, de odio, de ira, de miedo, no podremos gozar de la paz y de la felicidad, pues al mirar al exterior proyectaremos esos sentimientos en los demás, a los cuales los contagiaremos con ellos.

Conozco muchas voces que prefieren llevar la razón a la paz. Es más, creen que si no llevan la razón, no se sentirán en paz. Sin embargo, los que proclaman esa creencia como su máxima verdad no dejan de quejarse de que la vida les va mal, que padecen dolores, de molestias y de falta de libertad. Se sienten agotados por el permanente juicio al que someten a los demás y sobre todo se sienten agotados por el castigo que quieren aplicar.

El Espíritu Santo, que conoce nuestra relación con el resto de la humanidad, responde a nuestra llamada cuando en verdad tenemos la voluntad de encontrar la paz y la felicidad. En respuesta a nuestra llamada, nos guiará al encuentro con las personas con las que creemos tener lazos de culpabilidad y con aquellas que nos sirven de sparring para probar nuestros juicios. Ese encuentro se producirá y será el instante en el que podremos bendecir a nuestro hermano y establecer una relación santa con él, o negar el lazo que nos mantiene unidos a él y perpetuar la relación especial.

2. Todo esto es lo que harás. 2Para ello, no obstante, la paz que ya mora en lo más profundo de tu ser debe primero expandirse y transponer los obstáculos que situaste ante ella. 3Esto es lo que harás, pues nada que se emprenda con el Espíritu Santo queda inconcluso. 4No puedes estar seguro de nada de lo que ves fuera de ti, pero de esto sí puedes estar seguro: el Espíritu Santo te pide que le ofrezcas un lugar de reposo donde tú puedas descansar en Él. 5Él te contestó, y entró a formar parte de vuestra relación. 6¿No quieres corresponder a Su gracia, y entablar una relación con Él? 7Pues fue Él quien le confirió a tu relación el regalo de la santidad, sin la cual te habría resultado eternamente imposible apreciar a tu hermano.

No esperemos que el sistema de pensamiento del ego nos aporte medios y herramientas para salir airosos del encuentro sagrado con nuestros hermanos. No lo hará por la sencilla razón de que no percibe la unidad que te une a ellos, sino todo lo contrario; te dirá que su presencia pone en peligro todo cuanto crees poseer y, para defender tu feudo, planificará el mejor ataque posible para poner fin a su amenaza.

El Espíritu Santo es la Voz que habla por nuestro Padre. Simboliza la Mente Recta. Sería un error creer que el Espíritu Santo se encuentra separado de nuestra mente. Esa creencia nos llevará a percibirlo con aspecto tangible y evocará una imagen de Él en nuestros pensamientos. Dicha imagen adquirirá un aspecto externo, el cual se convertirá en el símbolo de lo que representa. Yo mismo he realizado este movimiento mental evocando la imagen de una paloma o de un águila para invocar su presencia en mí. La falta de fe del ego se inventa artimañas para llevarnos a negar la verdad. En su estrategia nos convence para que invoquemos al Espíritu Santo y que su presencia encarne en forma de paloma o de águila surcando el cielo ante nuestros ojos físicos. Desde nuestra mente, el ego pone las reglas y nos dice: si aparece volando en el cielo, es señal inequívoca de que tus deseos se cumplirán. Si no aparece, puedes tener por seguro que no lo conseguirás.

Son los entretenimientos que nos propone el ego en un intento de desviar nuestra atención de la verdadera realidad. 

El Espíritu Santo no está fuera de nosotros. Se encuentra en la Mente de Dios, la cual compartimos, Su creación, la Filiación. Siendo esto así, que lo es, el Espíritu Santo se encuentra en la mente de cada uno de nosotros. Lo único que tenemos que hacer es conectar con su frecuencia. Podemos llamarla frecuencia "unidad". Así todos la conoceremos y podremos sintonizarla para hablar el mismo idioma y compartir la misma verdad.

3. Él sólo te pide que aceptes por Él la gratitud que le debes. 2Y cuando contemplas a tu hermano con infinita benevolencia, lo estás contemplando a Él. 3Pues estás mirando allí donde Él está, y no donde no está. 4No puedes ver al Espíritu Santo, pero puedes ver a tus hermanos correctamente. 5Y la luz en ellos te mostrará todo lo que necesites ver. 6Cuando la paz que mora en ti se haya extendido hasta abarcar a todo el mundo, la función del Espíritu Santo aquí se habrá consumado. 7¿Qué necesidad habrá de ver entonces? 8Cuando Dios Mismo haya dado el paso final, el Espí­ritu Santo reunirá todas las gracias que le hayas dado y toda la gratitud que le hayas ofrecido, y las depositará dulcemente ante Su Creador en el nombre de Su santísimo Hijo. 9Y el Padre las aceptará en Su Nombre. 10¿Qué necesidad hay de ver, en presen­cia de Su gratitud?

En este punto, Jesús utiliza la capacidad de ver desde el punto de vista de la percepción física. Es la razón por la que nos dice que no podemos ver al Espíritu Santo. No lo podemos ver porque la percepción no pertenece a la realidad del Espíritu, sino al cuerpo.

No podemos creer que el Espíritu Santo será percibido en forma de paloma o águila, pues lo que Es no es de este mundo material. El Espíritu Santo, ya lo hemos dicho, es la Mente Recta, el pensamiento verdadero que nos llevará a la percepción correcta, a la visión de la unidad. 

Tenemos que estar agradecidos a la Mente Recta porque ello representa el reconocimiento de lo que realmente somos, el reconocimiento de nuestro despertar. En realidad, lo que estamos haciendo es agradecer a nuestro ser divino la luz que nos permite retornar a la verdad. 

La percepción verdadera nos lleva a "ver" al Espíritu Santo y lo hace reconociendo en los demás a nuestros hermanos con los cuales estamos unidos por un lazo de amor y de unidad. Cada vez que "nos vemos" en el otro y elegimos extender el amor hacia él, estamos "viendo" al Espíritu Santo en cada una de las mentes.

viernes, 21 de marzo de 2025

Capítulo 19. III. La irrealidad del pecado (4ª parte)

 III. La irrealidad del pecado (4ª parte).

9. Y sin embargo, lo contemplas con la sonrisa del Cielo en tus labios y con la bendición del Cielo en tu mirada. 2No seguirás viendo el pecado por mucho más tiempo. 3Pues en la nueva per­cepción, la mente lo corrige cuando parece presentarse y se vuel­ve invisible. 4Los errores se reconocen de inmediato y se llevan enseguida ante la corrección para que ésta los sane y no para que los oculte. 5Serás curado del pecado y de todas sus atrocidades en el instante en que dejes de conferirle poder sobre tu hermano. 6lo ayudarás a superar sus errores al liberarlo jubilosamente de la creencia en el pecado.

Al ego le resulta muy difícil reconocer sus errores, sus sombras. Sus pensamientos oscuros los oculta para que nadie pueda descubrir su falta de amor. Es su mayor temor, el hecho de que los demás lo juzguen como un indeseable. Por tal motivo, imagina una argucia para mantenerse protegido de la acechanza de los demás. Se inventa el pensamiento del juicio, o lo que es lo mismo, la proyección sobre los demás de sus oscuros deseos. De este modo, ataca para no ser atacado, sin darse cuenta de que para el sabio observador, sus juicios están hablando de él y no de su víctima.

El juicio es el testigo más fidedigno que habla a favor de cómo nos vemos interiormente. Cuando juzgamos en el otro sus actos pecaminosos, lo que estamos haciendo es ver los nuestros propios sin que los queramos reconocer. En nuestra demente y vanidosa osadía, nos erigimos como sus salvadores al descubrir sus debilidades y al ofrecerle la vía de redención que no es otra que el sufrimiento del castigo que lo llevará al arrepentimiento.

Pero la salvación no puede aprenderse a través del castigo y el dolor, pues ningún acto de castigo hace amigos; si no, todo lo contrario, fortalece el odio y el rencor.

La verdadera salvación no se encuentra en las acciones procedentes del miedo, sino en aquellas que son fruto de la visión del amor, la cual nos permitirá reconocer en nuestro hermano al acompañante idóneo para buscar la senda que ha de conducirnos, juntos, al Cielo.

10En el instante santo verás refulgir la sonrisa del Cielo sobre ti y sobre tu hermano. 2Y derramarás luz sobre él, en jubiloso recono­cimiento de la gracia que se te ha concedido. 3Pues el pecado no puede prevalecer contra una unión que el Cielo ve con beneplá­cito. 4Tu percepción sanó en el instante santo que el Cielo te dio. 5Olvídate de lo que has visto, y eleva tus ojos con fe hacia lo que ahora puedes ver. 6Las barreras que impiden el paso al Cielo de­saparecerán ante tu santa mirada, pues a ti que eras ciego se te ha concedido la visión y ahora puedes ver. 7No busques lo que ha sido eliminado, sino la gloria que ha sido restituida para que tú la veas.

La ausencia de miedo en nuestra mente dará paso a la expansión de la esencia con la que hemos sido creados, al amor. Una mente al servicio del amor no ve el pecado, el simbolo de la separación, pues su Visión tan solo ve la unicidad que mantiene a todas las mentes formando parte de la Mente Una del Creador.

En el instante santo, recibimos la bendición del Cielo, símbolo de la unidad, y nuestra consciencia se ilumina con la Visión Crística la que nos mostrará la grandeza de la que formamos parte como integrantes de la obra creadora de Dios, la Filiación.

¿Te imaginas un mundo donde todas las mentes se amen y expandan ese amor? 

Mejor que imaginarlo, es crearlo.


11. Mira a tu Redentor y contempla lo que Él quiere que tú veas en tu hermano, y no permitas que el pecado vuelva a cegar tus ojos. 2Pues el pecado te mantendría separado de él, pero tu Redentor quiere que veas a tu hermano como te ves a ti mismo. 3Vuestra relación es ahora un templo de curación, un lugar donde todos los que están fatigados pueden venir a descansar. 4En ella se encuentra el descanso que les espera a todos después de la jor­nada. 5Y gracias a vuestra relación todos se encuentran más cerca de ese descanso. 

Cuando nos miremos interiormente y amemos lo que vemos, es el momento de mirar al exterior y compartir con nuestros hermanos el valor de nuestra visión. Ya no juzgaremos al otro, pues no hemos visto motivos en nuestro interior para condenarnos. Ya no lo atacaremos, pues no nos sentiremos amenazados por ningún deseo oscuro. 

Un único deseo nos mueve. Compartir nuestra luz con la luz del otro, sabiendo con certeza que esa luz atraerá otras muchas luces y todas unidas se fundirán con la Fuente de donde emana la Luz de Dios. Nuestro Padre se sentirá complacido, pues su compleción se habrá consumado.

jueves, 20 de marzo de 2025

Capítulo 19. III. La irrealidad del pecado (3ª parte).

 III. La irrealidad del pecado (3ª parte).

6. Cuando te sientas tentado de pensar que el pecado es real, recuerda esto: si el pecado es real, ni tú ni Dios lo sois. 2Si la creación es extensión, el Creador tiene que haberse extendido a Sí Mismo, y es imposible que lo que forma parte de Él sea comple­tamente diferente del resto. 3Si el pecado es real, Dios no puede sino estar en pugna Consigo Mismo. 4Tiene que estar dividido, debatiéndose entre el bien y el mal; ser en parte cuerdo y en parte demente. 5Pues tiene que haber creado aquello que quiere des­truirlo y que tiene el poder de hacerlo. 6¿No sería más fácil creer que has estado equivocado que creer eso?

No se puede ser más claro y coherente. Jesús nos pone la verdad por delante y es tanta su belleza, su belleza y magnanimidad, que no podemos menos que quedar boquiabiertos ante su sencillez.

¿Cómo es posible crear desde el amor y que sus resultados sean el miedo? Estaríamos adulterando la ley de causa y efecto. Estaríamos afirmando lo que no es y negando lo que sí es. Estaríamos confundiendo la verdad con la ilusión. Estaríamos anteponiendo la temporalidad a la eternidad. Estaríamos eligiendo el dolor a la dicha; el sufrimiento a la felicidad. Estaríamos eligiendo el infierno en vez del cielo.

7. Mientras creas que tu realidad o la de tu hermano está limi­tada a un cuerpo, seguirás creyendo en el pecado. 8Mientras creas que los cuerpos se pueden unir, seguirás encontrando atractiva a la culpabilidad y considerando el pecado como algo de inestimable valor. 3Pues la creencia de que los cuerpos limitan a la mente conduce a una percepción del mundo en la que la prueba de la separación parece abundar por todas partes. 4Así Dios y Su creación parecen estar separados y haber sido derroca­dos. 5Pues el pecado demostraría que lo que Dios creó santo no puede prevalecer contra él, ni seguir siendo lo que es ante su poderío. 6Al pecado se le percibe como algo más poderoso que Dios, ante el cual Dios Mismo se tiene que postrar y ofrecer Su creación a su conquistador. 7¿Es esto humildad o demencia?

Sin duda alguna, es una creencia demente. ¿Qué padre enseña a su hijo que el mejor modo para alcanzar la pureza, la perfección, el amor es haciendo uso del castigo? Si como padre piensas que el castigo pondrá fin a los errores que pueda cometer tu hijo, estarás afirmando que careces del amor, pues, si creyeras en el amor, lo extenderías hasta tu hijo y lo perdonarías por el acto que has juzgado como pecaminoso.

¿No te resultaría más beneficioso pensar que todo acto errado requiere de su amorosa corrección, esto es, de perdón? No porque consideres que perdonando estás mostrando tu superioridad moral sobre el otro, sino porque el significado que das al perdón es no ver la culpa procedente de la creencia en el pecado.

Si tú, como padre, puedes aplicar ese pensamiento amoroso, ¿qué no sería capaz de hacer el Padre de Todo lo Creado por su creación?

8. Si el pecado es real, tiene que estar permanentemente excluido de cualquier esperanza de curación. 2Pues en ese caso habría un poder que transcendería al de Dios, un poder capaz de fabricar otra voluntad que puede atacar y derrotar Su Voluntad, así como conferirle a Su Hijo otra voluntad distinta de la Suya y más fuerte. 3cada parte fragmentada de la creación de Dios tendría una voluntad diferente, opuesta a la Suya, y en eterna oposición a Él y a las demás. 4Tu relación santa tiene ahora como propósito la meta de demostrar que eso es imposible. 5El Cielo le ha sonreído, y en su sonrisa de amor la creencia en el pecado ha sido erradicada. 6Todavía lo ves porque no te das cuenta de que sus cimientos han desaparecido. 7Su fuente ya ha sido eliminada, y sólo puedes abrigarlo por un breve período de tiempo antes de que desaparezca del todo. 8Lo único que queda es el hábito de buscarlo.

La mente que sirve al ego se fortalece con la repetición. El aprendizaje desde el punto de vista del ego utiliza la técnica basada en la repetición de las ideas, para que se convierta en un hábito. La siguiente frase da testimonio de la forma de pensar del ego:

"Siembra un pensamiento y cosecharás un acto. Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino".

Si sembramos el pensamiento de la separación, cosecharemos acciones que favorezcan la división y las luchas. De este modo, los actos de ataque se convertirán en nuestro pan de cada día. La repetición de esos actos, fruto de nuestra creencia en la separación, pasará a formar parte de nuestro carácter, de nuestra forma de ser, lo que dará lugar a experimentar un destino de dolor y sufrimiento.

Si el pensamiento de que somos pecadores forma parte de nuestras creencias, no podemos pedir a la vida que nos muestre un mundo de felicidad y paz. Nos mostrará un mundo sombrío donde nos sentiremos juzgados y condenados a experimentar el castigo de un destino cruel.

miércoles, 19 de marzo de 2025

Capítulo 19. III. La irrealidad del pecado (2ª parte).

 III. La irrealidad del pecado (2ª parte).

3. Un error, en cambio, no es algo atractivo. 2Lo que ves clara­mente como una equivocación deseas que se corrija. 3A veces un pecado se comete una y otra vez, con resultados obviamente angustiosos, pero sin perder su atractivo. 4Mas de pronto cambias su condición, de modo que de ser un pecado pasa a ser simple­mente un error. 5Ahora ya no lo seguirás cometiendo, simplemen­te no lo volverás a hacer y te desprenderás de él, a menos que todavía te sigas sintiendo culpable. 6Pues en ese caso no harás sino cambiar una forma de pecado por otra, reconociendo que era un error pero impidiendo su corrección. 7Eso no supone realmente un cambio en tu percepción, pues es el pecado y no el error el que exige castigo.

Las religiones se han ocupado de mantenernos informados de la identificación de las acciones que son consideradas como pecado. En algunos casos, lo han hecho aplicando reglas clasificadoras, como por ejemplo la Iglesia Católica que hace las siguientes distinciones: "El pecado se divide en el pecado que heredamos, llamado pecado original, y el pecado que cometemos nosotros mismos, llamado pecado actual. El pecado actual se subdivide en pecados mayores, llamados mortales, y pecados menores, llamados veniales".

Los Textos Sagrados, como la Biblia, recogen en sus escritos, como en el Antiguo Testamento, información que se vincula claramente al sistema de pensamiento del ego, pues nos describen cómo el castigo es la respuesta adecuada cuando hemos cometido una acción considerada pecado. La ley del Talión se basa en la aplicación de "ojo por ojo y diente por diente", dando muestras evidentes de una mentalidad carente de amor. Sería Jesús quien aportara una nueva visión sobre el tratamiento de la justicia aplicada en el Antiguo Testamento, enseñando que debemos poner la otra mejilla y no vengarnos por nosotros mismos.

4. El Espíritu Santo no puede castigar el pecado. 2Reconoce los errores y Su deseo es corregirlos todos tal como Dios le encargó que hiciese. 3Pero no conoce el pecado, ni tampoco puede ver errores que no puedan ser corregidos. 4Pues la idea de un error incorregible no tiene sentido para Él. 5Lo único que el error pide es corrección, y eso es todo. 6Lo que pide castigo no está real­mente pidiendo nada. 7Todo error es necesariamente una petición de amor. 8¿Qué es, entonces, el pecado? 9¿Qué otra cosa podría ser, sino una equivocación que quieres mantener oculta, una peti­ción de ayuda que no quieres que sea oída, y que, por lo tanto, se queda sin contestar?

El sistema de pensamiento del ego debe ser corregido, pues su origen responde a un error de la mente, a una falsa creencia basada en la separación. Si su causa hubiese sido un pecado, estaría haciendo real lo que fue un error y ello reafirmaría su falsa creencia.

Así es como lo ve el Espíritu Santo, como un error, y todo error puede ser corregido en el nivel de donde ha emanado, esto es, en el nivel de las ideas, de la mente. No es el cuerpo el que comete errores, sino la mente, llevándonos a creencias falsas e ilusorias. Todas estas creencias son fácilmente identificables, pues todas ellas son carentes de amor.

5. En el tiempo, el Espíritu Santo ve claramente que el Hijo de Dios puede cometer errores. 2En esto compartes Su visión. 3Mas no compartes Su criterio con respecto a la diferencia que existe entre el tiempo y la eternidad. 4cuando la corrección se com­pleta, el tiempo se convierte en eternidad. 5El Espíritu Santo puede enseñarte a ver el tiempo de manera diferente y a ver más allá de él, pero no podrá hacerlo mientras sigas creyendo en el pecado. 6En el error sí puedes creer, pues éste puede ser corregido por la mente. 7Pero el pecado es la creencia de que tu percepción es inalterable y de que la mente tiene que aceptar como verdadero lo que le dicta la percepción. 8Si la mente no obedece, se la juzga como desquiciada. 9De ese modo la mente, que es el único poder que podría cambiar la percepción, se mantiene en un estado de impotencia y restringida al cuerpo por miedo al cambio de per­cepción que su Maestro, que es uno con ella, le brindaría.

El ego, al otorgar al cuerpo la autoría del pecado, está dependiendo del tiempo para aplicar la acción correctiva que, según su sistema de pensamiento, lo llevará a la salvación. Nos estamos refiriendo al castigo. De este modo, se establece una relación demencial entre la creencia en la separación, el miedo, el pecado, la culpa, el castigo y el tiempo. Todos ellos aportan credibilidad a la idea de que podemos cambiar lo que Dios creó; de que lo que es perfecto puede volverse imperfecto o deficiente; de que podemos distorsionar las creaciones de Dios y que podemos ser nuestros propios creadores, estando a cargo de la dirección de nuestra propia creación. 

La visión del Espíritu Santo, al interpretar correctamente el acto del error y al aplicar su correctivo a través de la Expiación, nos aporta una nueva interpretación del tiempo, ya que esa corrección solo es posible en el instante santo, en el eterno presente. En ese instante, la impecabilidad emana en nuestra mente, llevándonos a la visión de la pureza que siempre ha formado parte de la Mente que compartimos con Dios.

martes, 18 de marzo de 2025

Capítulo 19. III. La irrealidad del pecado (1ª parte).

III. La irrealidad del pecado (1ª parte).

1. La atracción de la culpabilidad reside en el pecado, no en el error. 2El pecado volverá a repetirse por razón de esta atracción. 3El miedo puede hacerse tan agudo que al pecado se le ruega su expresión. 4Pero mientras la culpabilidad continúe siendo atrac­tiva, la mente sufrirá y no abandonará la idea del pecado. 5Pues la culpabilidad todavía la llama, y la mente la oye y la desea ardientemente, y se deja cautivar voluntariamente por su enfer­miza atracción. 6El pecado es una idea de perversidad que no puede ser corregida, pero que, sin embargo, será siempre desea­ble. 7AI ser parte esencial de lo que el ego cree que eres, siempre la desearás. 8Y sólo un vengador, con una mente diferente de la tuya, podría acabar con ella valiéndose del miedo.

Cuando la mente da cobijo al miedo, deja de ser una mente piadosa, deja de ser una mente amorosa. El tipo de pensamientos que emanan de una mente temerosa son oscuros y dementes, dando lugar a situaciones de dolor y sufrimiento. A pesar de ello, no permitimos que la luz penetre la mente para que nos permita comprender que tan solo el amor puede llevarnos a la felicidad, pues amor y felicidad proceden de la misma fuente.

Si nos preguntamos cuál es el motivo que nos impide sustituir los pensamientos temerosos y nocivos por pensamientos amorosos, tendremos que mirar detenidamente los intereses que alberga el sistema de pensamiento del ego. Descubriremos que su estrategia para defender su autoría, su credibilidad, su razón de ser, no es otra que potenciar y multiplicar su armamento, el cual encuentra su principal poder en la creencia en el miedo, donde su causa es creer en el pecado y donde su efecto da lugar a la culpabilidad.

El ego tiene miedo del amor porque sabe que el amor es luz y el miedo es oscuridad. Si elige la luz, su identidad desaparece, no se verá, pues lo que no es real, no es nada. El miedo, el pecado y la culpa son necesarios para el ego, pues esas falsas ideas siguen a su fuente, es decir, siguen la estela de la creencia en la separación que se alberga en la mente falsa.

2. El ego no cree que sea posible que lo que el pecado realmente invoca, y a lo que el amor siempre responde, es al amor y no al miedo. 2Pues el ego lleva el pecado ante el miedo, exigiendo cas­tigo. 3Mas el castigo no es sino otra forma de proteger la culpabi­lidad, pues lo que merece castigo tuvo que haber sucedido realmente. 4El castigo es siempre el gran protector del pecado, al que trata con respeto y a quien honra por su perversidad. 5Lo que clama por castigo, tiene que ser verdad. 6Y lo que es verdad no puede sino ser eterno, y se seguirá repitiendo sin cesar. 7Pues deseas lo que consideras real, y no lo abandonas.

El ego confunde el efecto con la causa, pues desconoce la fuente de donde procede toda causa. Para el ego, el cuerpo es el único causante de todo cuanto le ocurre. Es el cuerpo quien da lugar a sus actos de voluntad y deseos. Es el responsable de todos sus estados emocionales. Al cuerpo se le adjudica la capacidad para crear, para enfermar y sanar. Siendo el principal agente activo en su sistema de pensamiento, el cuerpo es la principal causa del miedo, de la separación, del pecado y de la culpa. Su percepción es tan real que nos reta con el siguiente planteamiento: A ver quién me demuestra que el cuerpo no es real.

Con estos argumentos, para el ego es fácil confundir el error con el pecado, lo que le lleva a interpretar que tanto el uno como el otro son motivadores de la culpabilidad.

Analiza cualquier experiencia personal en la que hayas sido consciente de cometer un error. De forma instintiva, de forma inmediata, se despierta en nuestra mente el sentimiento de culpa por haber cometido ese fallo. Dependiendo del rigor de nuestra consciencia, nos atormentaremos más o menor tiempo, pero lo que es evidente es que no aplicamos el amor en esa percepción; en su lugar elegimos aplicar el correctivo universal para todo, el castigo.

lunes, 17 de marzo de 2025

Capítulo 19. II. El pecado en contraposición al error (3ª parte).

II. El pecado en contraposición al error (3ª parte).

6. Puede ciertamente afirmarse que el ego edificó su mundo sobre el pecado. 2Únicamente en un mundo así podría todo ser a la inversa. 3Ésta es la extraña ilusión que hace que las nubes de la culpabilidad parezcan densas e impenetrables. 4La solidez que los cimientos de este mundo parecen tener descansa en ello. 5Pues el pecado ha hecho que la creación, de ser una Idea de Dios, pase a ser un ideal del ego: un mundo que él rige, compuesto de cuerpos inconscientes y capaces de caer presa de la corrupción y decaden­cia más absolutas. 6Si esto es un error, la verdad puede deshacerlo fácilmente, 7pues todo error puede ser corregido sólo con que se le permita a la verdad juzgarlo. 8Pero si al error se le otorga el rango de verdad, ¿ante qué se podría llevar? 9La "santidad" del pecado se mantiene intacta debido únicamente a este extraño mecanismo. 10En cuanto que verdad, el pecado es inviolable, y todo se lleva ante él para ser juzgado. 11Mas si es un error, es él el que tiene que ser llevado ante la verdad. 12Es imposible tener fe en el pecado, pues el pecado es falta de fe. 13Mas es posible tener fe en el hecho de que cualquier error puede ser corregido.

Como os compartía al principio, este apartado nos aportará mucha luz y entendimiento para ayudarnos a ver y conocer el significado de la causa que ha dado origen al sistema de pensamiento del ego, el cual se ha convertido en nuestro maestro principal y no lo sabíamos. 

Jesús nos está ofreciendo un nuevo sistema de pensamiento basado en la verdad y no en la ilusión. Nos enseña que el pecado no existe y que el significado que le hemos dado, en realidad, es un error. Nos enseña que es un error, pues la verdad es inalterable y eterna. De otro modo no sería verdad. Nos enseña que, si lo que creemos no es verdad, entonces tenemos que darle el significado de error, y si lo hacemos, lo que estamos haciendo es reconocer el error y corregirlo. Esta visión pone fin a la ilusoria invulnerabilidad que le habíamos otorgado al significado del pecado.

El sistema de pensamiento del ego es un error, no un pecado; por tal motivo se puede corregir cambiando nuestra manera de pensar, nuestra manera de verlo.

7. No hay un solo baluarte en toda la ciudadela fortificada del ego más celosamente defendido que la idea de que el pecado es real, y de que es la expresión natural de lo que el Hijo de Dios ha hecho de sí mismo y de lo que es. 2Para el ego eso no es un error. 3Pues ésa es su realidad: la "verdad" de la que nunca se podrá escapar. 4Ése es su pasado, su presente y su futuro. 5Pues de alguna manera se las ha arreglado para corromper a su Padre y hacerle cambiar de parecer por completo. 6¡Llora, pues, la muerte de Dios, a Quien el pecado asesinó! 7Este sería el deseo del ego, que en su demencia cree haberlo logrado.

La resistencia del ego se convierte en el principal obstáculo con el que nos vamos a encontrar cuando hayamos decidido cambiar nuestro sistema de pensamiento. Es lógico que esto sea así, pues se trata de deshacer las falsas creencias y sustituirlas por las verdaderas. Nos producirá temor el pensar que dejaremos de existir si nuestra mente visualiza el mundo real en sustitución del ilusorio. Es el principal argumento del ego el pensar de tal modo. Si creemos que vamos a dejar de existir con el cambio de pensamiento que ha fabricado al ego, estaremos reconociendo que somos lo que percibimos que somos, esto es un cuerpo. Pero estamos olvidando lo principal, estamos dando prioridad al cuerpo sobre nuestra mente, es decir, el error no es lo que somos, sino lo que creemos que somos. Si nos vemos separados del mundo que nos rodea, estaremos admitiendo que estamos separados de la Mente de nuestro Creador. Ese es el error que debemos corregir. Los pensamientos siguen a su fuente. Somos el Hijo de Dios. Somos su obra creadora y no podemos separarnos de Él.

8. ¿No preferirías que todo esto no fuese más que una equivoca­ción, completamente corregible, y de la que fuese tan fácil esca­par que rectificarla totalmente sería tan sencillo como atravesar la neblina y llegar hasta al sol? 2Pues eso es todo lo que es. 3Quizá te sientas tentado de coincidir con el ego en que es mucho mejor ser pecador que estar equivocado. 4Mas piensa detenidamente antes de permitirte a ti mismo tomar esa decisión. 5No la tomes a la ligera, pues es la elección entre el Cielo y el infierno.

Sí, me encuentro entre los que prefieren creer en el error, en la equivocación, pues, por encima de todo, creo en la felicidad, que es el estado de bienestar propio de la mente que comparte su procedencia con la del Creador.

Elijo el Cielo en lugar del infierno. Elijo el amor en lugar del miedo. Elijo la paz en lugar de la guerra. Elijo la unidad, en lugar de la separación. Elijo a mi hermano en Cristo en lugar del ego.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 98

LECCIÓN 98 Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación. 1. Hoy es un día de una consagración especial. 2 Hoy ...