lunes, 25 de agosto de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 237

LECCIÓN 237

Ahora quiero ser tal como Dios me creó.

1. Hoy aceptaré la verdad acerca de mí mismo. 2Me alzaré glo­rioso, y dejaré que la luz que mora en mí irradie sobre el mundo durante todo el día. 3Le traigo al mundo las buenas nuevas de la salvación que oigo cuando Dios mi Padre me habla. 4contem­plo el mundo que Cristo quiere que yo vea, consciente de que pone fin al amargo sueño de la muerte; consciente de que es la llamada que mi Padre me hace.

2. Cristo se convierte hoy en mis ojos, y en los oídos que escuchan hoy la Voz que habla por Dios. 2Padre, vengo a Ti a través de Aquel que es Tu Hijo, así como mi verdadero Ser. 3Amén.


¿Qué me enseña esta lección?

La Lección 237 de Un Curso de Milagros, «Ahora quiero ser tal como Dios me creó», me enseña que la salvación consiste en elegir la verdad sobre la ilusión y recordar la pureza de mi verdadera Identidad. No se trata de convertirme en algo nuevo, sino de aceptar lo que siempre he sido: el santo e inocente Hijo de Dios. Esta lección me invita a reconocer el poder de mi elección y a despertar del sueño de la separación.

Soy consciente de mi dualidad. Reconozco que mi mente puede servir al ego si continúo identificándome con el cuerpo y con el mundo material. En ese estado, permanezco prisionero de la ilusión. Sin embargo, también puedo elegir servir a Dios, despertando del sueño que oscurece mi conciencia y recordando la verdad de mi Ser. Como afirma el Curso: «No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó» (L-pI.199.8:7-8). Esta elección marca el camino hacia la liberación.

Soy consciente de mi dualidad. Puedo seguir adorando el mundo que he fabricado, basado en la visión de la separación, donde imperan el miedo, la culpa, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte. O bien, puedo elegir ser tal como Dios me creó: Uno con Su Pensamiento y Uno con el resto de la Filiación. En esta visión de la Unidad, me reconozco como un ser creador que se expresa desde el Amor, la Gracia y la Abundancia. El Curso lo afirma con claridad: «Soy tal como Dios me creó» (L-pI.94.1:1). En esta verdad se encuentran la felicidad, la perfección, la salud y la vida eterna.

Soy consciente de mi dualidad. Puedo vivir en la temporalidad y en el temor a Dios, o recordar que soy eterno y que lo amo. El miedo surge de la ilusión de la separación, mientras que el amor nace del reconocimiento de la unidad. «No hay más voluntad que la de Dios» (L-pI.74.1:1). Al aceptar esta verdad, mi voluntad se une a la Suya y desaparece todo conflicto.

Hoy hago consciente mi verdadera condición de Hijo de Dios. Renuncio a las ilusiones y elijo la verdad. Permito que la luz del Espíritu Santo guíe mi mente y restaure en mí la memoria de mi santidad. En esta elección encuentro la paz y la certeza de mi origen divino.

Hoy acepto ser tal como Dios me creó: eterno, inocente y uno con Él. Amén.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 237 enseña que:

• La identidad verdadera ya es perfecta.
• Aceptar la verdad transforma la experiencia.
• La luz interior no se crea, se permite.
• La percepción puede alinearse con Cristo.
• Ver correctamente pone fin al sufrimiento.

No es transformación. Es revelación.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Ahora quiero ser tal como Dios me creó”.

Esto implica una elección consciente: dejar de identificarse con el ego y aceptar la identidad verdadera.

Cada repetición, refuerza la verdad, debilita la ilusión, abre la percepción y fortalece la paz.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección tiene un impacto directo en la autoimagen.

Normalmente la mente se define por errores, se juzga constantemente y se percibe incompleta.

Aquí se introduce una nueva referencia: la identidad no depende de la historia.

Cuando se practica, mejora la autoaceptación, disminuye la autocrítica, aumenta la coherencia interna y aparece mayor estabilidad emocional.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente la lección afirma que el Ser creado por Dios es perfecto, que la luz divina habita en la mente, que Cristo es la visión correcta y que la salvación es un cambio de percepción.

Esto revela algo esencial: ver con Cristo es recordar quién eres.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

  1. Repite la idea con calma.
  2. Observa pensamientos de juicio sobre ti mismo.
  3. Recuerda: “Eso no es lo que soy”.
  4. Permite sentir la luz interior.
  5. Intenta ver el mundo sin juicio.

No necesitas hacerlo perfecto. Solo abrirte a la experiencia.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No forzar una “imagen espiritual”.
No negar emociones humanas.
No usar la idea como perfeccionismo.

Practicar con suavidad.
Permitir el proceso.
Aceptar gradualmente.

La verdad no se impone. Se reconoce.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión sigue siendo precisa:

  • 233: Entrego mi vida.
  • 234: Nunca me separé.
  • 235: Ya estoy salvado.
  • 236: Elijo conscientemente.
  • 237: Ahora vivo como lo que soy.

Este es un punto clave: la identidad deja de ser teoría y comienza a ser experiencia.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 237 es una invitación directa a dejar de vivir desde la ilusión.

No se trata de mejorar la versión del ego. Se trata de abandonarla suavemente. Y permitir que emerja lo que siempre ha estado ahí: la luz, la inocencia, la verdad.

Cuando la mente acepta esto, aunque sea por momentos, ocurre algo muy claro: la percepción se suaviza. El juicio disminuye. Y aparece una sensación nueva: como si finalmente estuvieras siendo… quien siempre has sido.

FRASE INSPIRADORA: “No tengo que convertirme en lo que soy; solo tengo que dejar de negar lo que siempre he sido”.


Ejemplo-Guía: "Ser consciente de la dualidad"

Hoy quiero haceros llegar una propuesta que pueda servirnos como ejemplo-guía a nivel individual. Aplicar la lección de hoy es, bajo mi punto de vista, una invitación a tomar conciencia de lo que verdaderamente deseamos. Cada instante nos ofrece la oportunidad de elegir: podemos poner nuestra mente al servicio del ego y continuar con nuestro habitual sistema de pensamientos, o bien entregarla al Espíritu y decidir ver las cosas de otra manera.

Muchos de nosotros no tenemos claro qué debemos elegir. Esta incertidumbre nos lleva, de forma automática, a preguntarnos cómo debemos hacer las cosas. Sin embargo, ya hemos aprendido en lecciones anteriores que la búsqueda del “cómo” pertenece al ámbito de la percepción y, por tanto, al sistema de pensamiento del ego. El Curso nos invita a ir más allá de la forma y a centrarnos en la causa, es decir, en la elección de la mente.

La propuesta que deseo compartir es una experiencia íntima y transformadora. Consiste en reflexionar sobre un día cotidiano de nuestra vida. No se trata de realizar nada extraordinario, sino de observar con atención nuestros pensamientos, emociones, reacciones y actos. Esta observación debe realizarse sin juicio condenatorio. Por ejemplo: “Observo que el vecino me ha sacado de mis casillas y he perdido los nervios. Le he insultado y, al recordarlo, me siento culpable”. El propósito no es juzgar, sino comprender.

Se trata de contemplarnos con serenidad para tomar conciencia de la dirección de nuestra mente. Este ejercicio nos permitirá identificar cuándo estamos sirviendo al ego y cuándo estamos permitiendo que el Espíritu guíe nuestros pensamientos. Como enseña el Curso: «Podría ver paz en lugar de esto» (L-pI.34.1:1). En cada instante tenemos la libertad de elegir nuevamente.

No sucede nada si llegamos a la conclusión de que somos seres duales, de que nuestra mente oscila entre el ego y el Espíritu. Reconocer esta dualidad constituye un avance significativo, pues implica despertar a la verdad de nuestra condición. La toma de conciencia es el primer paso hacia la liberación. Comprendemos entonces que lo que hemos llamado realidad es, en verdad, un sueño, y que somos los soñadores del sueño.

A medida que elegimos con mayor frecuencia la guía del Espíritu Santo, nuestra percepción se transforma. La culpa da paso al perdón, el miedo a la paz y el juicio a la comprensión. Este proceso nos conduce gradualmente al instante santo, el momento del despertar en el que recordamos nuestra verdadera identidad.

La Lección 237 nos recuerda que nuestra única aspiración debe ser la de ser tal como Dios nos creó. No se trata de convertirnos en algo distinto, sino de reconocer lo que siempre hemos sido. Tal como afirma el Curso: «Soy tal como Dios me creó» (L-pI.94.1:1).

Cuando nuestra mente esté plenamente al servicio del Espíritu, habremos trascendido la ilusión de la dualidad. Dejaremos de ser ciudadanos de este mundo para reconocer que nuestro verdadero Hogar se encuentra en el Cielo. Y en ese recuerdo hallaremos la paz, la certeza y la plenitud que nos pertenecen por derecho divino.


Reflexión: ¿Qué buena nueva de salvación comparto con el mundo?

8 comentarios:

  1. Gracias por la forma de hacerme reflexionar. Es reconocer la dualidad y aceptarla. Gracias.

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  2. El Espíritu Es Vida🙏🙏🙏🙏🙏

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  3. Soy un Ser espiritual que sirve a Dios en un Mundo material🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙💙

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  4. Mientras estemos en este plano físico tendremos que hacernos conscientes de la mente dual en la que nos movemos, servimos a Dios y también servimos al ego, lo importante de conocer esta maravillosas enseñanzas de un curso de milagros es hacernos conscientes de que cada día será más fácil servir a Dios, cada día será más fácil salir del ego, darnos cuenta que tenemos el poder de volver a decidir a favor del pensamiento de Dios y volver a nuestro hogar vivir en el cielo aquí en la tierra!!

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