martes, 19 de agosto de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 231

2. ¿Qué es la salvación? 

1. La salvación es la promesa que Dios te hizo de que finalmente encontrarás el camino que conduce a Él. 2Él no puede dejar de cumplirla. 3Garantiza que al tiempo le llegará su fin, al igual que a todos los pensamientos que se originaron en él. 4La Palabra de Dios se le concede a toda mente que cree tener pensamientos separados, a fin de reemplazar, esos pensamientos de conflicto con el Pensamiento de la paz. 

2. El Pensamiento de la paz le fue dado al Hijo en el mismo ins­tante en que su mente concibió el pensamiento de la guerra. 2Antes de eso no había necesidad de ese Pensamiento, pues la paz se había otorgado sin opuestos y simplemente era. 3Una mente dividida, no obstante, tiene necesidad de curación. 4Y así, el Pen­samiento que tiene el poder de subsanar la división pasó a formar parte de cada fragmento de la mente que seguía siendo una, pero no reconocía su unidad. 5Al no conocerse a sí misma, pensó que había perdido su Identidad. 

3. La salvación es un des-hacer en el sentido de que no hace nada, al no apoyar el mundo de sueños y de malicia. 2De esta manera, las ilusiones desaparecen. 3Al no prestarles apoyo, deja que sim­plemente se conviertan en polvo. 4lo que ocultaban queda ahora revelado: un altar al santo Nombre de Dios donde Su Palabra está escrita, con las ofrendas de tu perdón depositadas ante él, y tras ellas, no mucho más allá, el recuerdo de Dios. 

4. Acudamos diariamente a este santo lugar y pasemos un rato juntos. 2Ahí compartimos nuestro sueño final. 3Es éste un sueño en el que no hay pesares, pues contiene un atisbo de toda la glo­ria que Dios nos ha dado. 4En él se ve brotar la hierba, los árboles florecer y los pájaros hacer sus nidos en su ramaje. 5La tierra nace de nuevo desde una nueva perspectiva. 6La noche ya pasó, y ahora nos hemos unido en la luz. 

5. Desde ahí le extendemos la salvación al mundo, pues ahí fue donde la recibimos. 2El himno que llenos de júbilo entonamos le proclama al mundo que la libertad ha retornado, que al tiempo casi le ha llegado su fin y que el Hijo de Dios tan sólo tiene que esperar un instante antes de que su Padre sea recordado, los sue­ños hayan terminado, la eternidad haya disuelto al mundo con su luz y el Cielo sea lo único que exista.




LECCIÓN 231

Padre, mi voluntad es únicamente recordarte.

1.  ¿Qué puedo buscar, Padre, sino Tu Amor? 2Tal vez crea que lo que busco es otra cosa; algo a lo que le he dado muchos nombres. 3Mas lo único que busco, o jamás busqué, es Tu Amor. 4Pues no hay nada más que jamás quisiera realmente encontrar. 5Quiero recordarte. 6¿Qué otra cosa podría desear sino la verdad acerca de mí mismo?

2. Ésa es tu voluntad, hermano mío. 2compartes esa voluntad conmigo así como con Aquel que es nuestro Padre. 3Recordarlo a Él es el Cielo. 4Esto es lo que buscamos. 5esto es lo único que nos será dado hallar.


¿Qué me enseña esta lección?

La Lección 231 de Un Curso de Milagros me enseña que mi única voluntad es recordar a Dios y, al hacerlo, reconocer la verdad de lo que soy. Recordar a mi Padre es recordar el Amor, pues Él es la Fuente de toda Vida y de toda Creación. Al unificar mi voluntad con la Suya, descubro que no existe otro propósito para mí que amar. Como afirma el Curso: «No hay más voluntad que la de Dios» (L-pI.74.1:1). En esta certeza hallo la paz, la plenitud y el sentido de mi existencia.

Padre, mi única voluntad es hacer Tu Voluntad. ¿Acaso Tu Voluntad no es amar? Amar es extenderse, pues el Amor no puede permanecer contenido; su naturaleza es expandirse eternamente. Así fue creada la Filiación y así se perpetúa la Creación divina. Tal como enseña el Curso: «La creación es la suma de todos los Pensamientos de Dios, en número infinito y por doquier sin límite alguno» (T-3.V.6:1). Amar, por tanto, es participar en la extensión de la Vida misma y reconocer mi unidad con mi Creador.

Ésta es mi única misión en la Tierra: extender el amor a través de mis acciones creadoras. Cada uno de mis pensamientos y cada uno de mis sentimientos pueden ser inspirados por la Voluntad de mi Padre y por la Fuerza de Su Amor. De esa sagrada conjunción surge el acto de Amor, que me conduce a reconocer, en el rostro de cada uno de mis hermanos, el Rostro de mi Creador. Como nos recuerda el Curso: «Cuando te encuentras con alguien, te encuentras contigo mismo» (T-8.III.4:1). En esta comprensión se revela la unidad de toda la Filiación.

Cuando pensamientos y sentimientos hablan de Amor, visualizo la Unidad como el lazo eterno que vincula a todo lo creado. Amar es reconocer que no existe separación y que cada encuentro es una oportunidad para bendecir y sanar. El Curso lo expresa con claridad: «El amor no abriga resentimientos» (L-pI.68.1:1). Así, al elegir el Amor, libero mi mente del miedo y permito que la paz de Dios resplandezca en mí y en el mundo.

Hoy, Padre, mi voluntad es únicamente amar. En este santo propósito recuerdo quién soy y cumplo la función que me fue dada desde la eternidad. Al recordarte, me recuerdo a mí mismo, y al amar, regreso al Hogar del que jamás me he separado. Así, en la quietud del corazón, descanso en Ti, sabiendo que Tu Amor guía mis pasos y da sentido a toda mi existencia. Amén.


SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 231 enseña que:

• Todos los deseos apuntan al Amor de Dios.
• La salvación es recordar, no conseguir.
• La mente solo tiene una voluntad real.
• El Cielo es el recuerdo de Dios.
• La búsqueda externa termina en reconocimiento interno.

No hay múltiples caminos. Hay un solo regreso.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Padre, mi voluntad es únicamente recordarte”.

Esta práctica tiene un efecto muy profundo, simplifica la mente, unifica el deseo, reduce la ansiedad y orienta hacia la verdad.

Cada repetición es como decir: “Ya no quiero distraerme”. “Quiero ir directo a lo real”.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección tiene un impacto psicológico enorme. Porque ataca directamente la raíz de la inquietud: la multiplicidad de deseos.

Cuando creemos que necesitamos muchas cosas, aparece la ansiedad, aparece la presión y aparece la insatisfacción.

Pero cuando reconocemos que todo apunta a una sola cosa, la mente se simplifica, disminuye la tensión interna, aparece claridad y surge una sensación de dirección.

Es como pasar de ruido… a silencio.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente esta lección es central.

Afirma que la voluntad del Hijo es una con la de Dios, que recordar a Dios es el Cielo, que la salvación es el fin del olvido y que el Amor es el único objetivo real.

Esto conecta con el texto: La salvación no añade nada. Solo elimina lo que oculta la verdad. Y lo que queda es el recuerdo de Dios.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy puedes practicar así:

  1. Repite lentamente la idea.
  2. Observa lo que crees que deseas.
  3. Pregunta con honestidad: “¿Qué estoy buscando realmente?”
  4. Lleva todo deseo a su raíz: paz, amor, plenitud.
  5. Permanece en silencio.

No cambies tus deseos. Compréndelos.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No intentar eliminar deseos a la fuerza.
No juzgarse por seguir buscando en el mundo.
No convertir esto en disciplina rígida.

Observar con suavidad.
Reconocer el deseo profundo detrás de todo.
Permitir que la mente se unifique.

La transformación aquí es natural, no forzada.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión ahora es muy clara:

  • Has soltado la culpa.
  • Has recordado tu identidad.
  • Has reconocido que eres Amor.
  • Has recordado la paz.

Y ahora: Tu voluntad se vuelve una sola. Recordar a Dios.

Este es el punto donde el Curso empieza a volverse muy silencioso y muy directo.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 231 revela algo que cambia toda la perspectiva: Nunca has estado buscando muchas cosas. Siempre has estado buscando una sola. El Amor que te creó.

Cuando la mente reconoce esto, algo se relaja profundamente. La búsqueda deja de dispersarse. Y entonces, sin esfuerzo, ocurre algo muy sencillo: empiezas a recordar.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de buscar muchas cosas, descubro que siempre estuve buscando una sola: volver a Dios”.


Ejemplo-Guía: "¿Por qué nos hemos olvidado de Dios?

¿Por qué nos hemos olvidado de Dios? Esta pregunta surge del anhelo más profundo del alma y refleja la aparente separación entre la humanidad y su Fuente. Sin embargo, olvidar no es negar. El acto de olvidar encierra en sí una decisión, una elección. No es algo fortuito que ocurre por azar. Olvidamos un pensamiento cuando otro ocupa su lugar. Y, en realidad, ningún pensamiento muere, pues todo pensamiento sigue a su fuente.

A lo largo de nuestro camino espiritual hemos aprendido que la creencia en la separación tiene su origen en un pensamiento ilusorio que nunca ocurrió. No obstante, en nuestra mente ha adquirido forma y significado, y al otorgarle valor lo hemos hecho aparentemente real. Un Curso de Milagros recurre con frecuencia al símil del sueño para explicar este estado de conciencia. Durante el sueño, lo que experimentamos no ocurre verdaderamente, pero lo percibimos como real mientras dormimos. Así también, el olvido de Dios no es más que una ilusión nacida de la mente.

Si en los planes creadores de Dios hubiese estado contemplado que Su Hijo no pudiera cometer errores, nos habría creado sin Su capacidad creadora. Nuestra respuesta sería automática, como la de un robot. Sin embargo, Dios nos creó a Su semejanza, dotándonos de libertad. Como enseña el Curso: «Soy tal como Dios me creó» (L-pI.94.1:1). Esta libertad implica la posibilidad de elegir erróneamente, pero nunca la capacidad de alterar la verdad de lo que somos.

A menudo nos sentimos como si el destino dirigiera nuestra vida sin nuestra participación consciente. No obstante, esta percepción pierde su poder cuando comprendemos que todo lo que experimentamos responde a una causa mental. Esta certeza nos revela como seres creadores, responsables de nuestras percepciones y elecciones.

La identificación con un aspecto irreal de nosotros mismos nos ha llevado a creer que hemos perdido la conexión con nuestra Fuente. Así, hemos olvidado que formamos parte inseparable de la Mente de Dios. Pero el olvido no puede alterar la realidad. Tal como afirma el Curso: «No existo aparte de Dios» (L-pII.223.1:1). Recordar a Dios es, por tanto, recordar lo que somos.

El término recordar significa “volver a pasar por el corazón”. Y es a ese espacio interior donde debemos entregar nuestras decisiones. El corazón simboliza la unidad, mientras que la mente dividida selecciona y juzga. Cuando preguntamos desde lo más profundo de nuestro ser: “¿Quién soy?”, la respuesta no procede del razonamiento, sino de la inspiración. No dirá: “Eres un hombre o una mujer”, ni mencionará un nombre o una profesión. La respuesta será clara y eterna: “Eres un Ser Divino; eres la Vida”.

La Lección 231 nos invita a orientar nuestra voluntad hacia este recuerdo. No se trata de adquirir algo nuevo, sino de reconocer lo que nunca hemos perdido. El olvido fue una ilusión; el recuerdo es la verdad.

Padre, mi voluntad es únicamente recordarte. En ese recuerdo hallo mi paz, mi identidad y mi eterno hogar en Ti.


Reflexión: ¿Pueden las imágenes de este mundo recordarnos a Dios?

6 comentarios:

  1. Muchas gracias!! Un ejercicio para aplicar a diario.

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  2. Asi es juan hemos estado buscando el amor sin recordar que contenemos en nuestro ser el amor de Dios buscamos afuera lo que esta dentro! Recibo con mucha gratitud, todos sus mensajes reconfortantes!!! Gracias por Ser y Estar, la Luz Brillante del Creador te cubra en cada momento de tu Vida!!!!🙏🙏🙏🤗😘🥰

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  3. Linda reflexión. Gracias Juan; te leo todos los días.

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  4. Hola Juan José hoy de nuevo paso por tu blogs y encuentro cosas nuevas ¿Qué es recordar? dices que es Volver a pasar por el corazón, y realmente cuantos recuerdos vuelvo a pasar por mi corazón para sentir resentimiento sin darme cuenta que realmente me encuentro separada y no puedo sentir al Dios que habita en mi corazón, gran entrenamiento traer recuerdos y perdonar recordar en paz con la seguridad de que el corazón es unificador entre mi fuente y yo.

    Pará mí llevar las manos a mi corazón respirar en presencia aquí y ahora me hace sentir que soy una con Dios y puedo llenar de amor y de perdón cualquier vivencia con la consciencia de que todo ha sido perfecto para mi evolución y que en mi libre albedrío puedo renunciar al plan del ego para que se haga la voluntad de Dios, Padre mi voluntad es únicamente recordarte. Gratitud

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