lunes, 18 de agosto de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 230

LECCIÓN 230

Ahora buscaré y hallaré la paz de Dios.

1. Fui creado en la paz. 2Y en la paz permanezco. 3No me ha sido dado poder cambiar mi Ser. 4¡Cuán misericordioso es Dios mi Padre, que al crearme me dio la paz para siempre! 5Ahora sólo pido ser lo que soy. 6¿Y podría negárseme eso cuando es eterna­mente verdad?

2. Padre, busco la paz que Tú me diste al crearme. 2Lo que se me dio entonces tiene que encontrarse aquí ahora, pues mi creación fue algo aparte del tiempo y aún sigue siendo inmune a todo cambio. 3La paz en la que Tu Hijo nació en Tu Mente aún resplandece allí sin haber cam­biado. 4Soy tal como Tú me creaste. 5Sólo necesito invocarte para hallar la paz que Tú me diste. 6Es Tu Voluntad la que se la dio a Tu Hijo.


¿Qué me enseña esta lección?

La Lección 230 de Un Curso de Milagros me enseña que la paz de Dios es mi herencia eterna y mi estado natural. «Ahora buscaré y hallaré la paz de Dios» no es una aspiración incierta, sino una certeza basada en la verdad de mi Creación. Fui creado en la paz y en ella permanezco para siempre. No se me ha dado poder para alterar mi Ser, pues lo que Dios creó es inmutable. Por ello, buscar la paz no significa adquirir algo nuevo, sino recordar lo que siempre ha estado en mí.

Esta lección reafirma con claridad mi verdadera Identidad: soy tal como Dios me ha creado. Soy un Espíritu Divino, Uno con la Mente de Dios y Uno con el Hijo de Dios. En esta unidad perfecta reside la plenitud de mi existencia. Como enseña el Curso: «Soy tal como Dios me creó» (L-pI.94.1:1). Esta afirmación no es un ideal, sino la verdad eterna que define lo que soy. Reconocerla me libera de toda ilusión y me conduce al recuerdo de mi inocencia y de mi paz.

Para recordar quién soy, debo despertar del sueño de la ilusión. El mundo que percibo me induce a creer que soy un cuerpo y que me encuentro separado de Dios. Esta falsa identificación es la raíz del miedo, del sufrimiento y del conflicto. Sin embargo, el Curso me recuerda: «No soy un cuerpo. Soy libre» (W-pI.199.8:7). Al aceptar esta enseñanza, comprendo que mi realidad no se encuentra en lo temporal, sino en el espíritu. La verdad me revela que soy eterno y que mi verdadero Hogar es el Cielo, no la Tierra.

Dios, nuestro Padre, nos ha creado en la paz y en la armonía perfecta. Esa paz no depende de las circunstancias del mundo, pues fue establecida en la eternidad y permanece intacta en la Mente divina. Como declara el Curso: «La paz de Dios brilla en ti ahora» (L-pI.188.1:1). No necesito fabricarla ni buscarla fuera de mí; sólo debo aceptarla. Al invocar a mi Padre y recordar Su Amor, la paz resplandece en mi conciencia como la luz que disipa toda oscuridad.

El conflicto surge cuando la ilusión toma el timón de nuestras vidas y nos persuade de que estamos separados de nuestra Fuente. Es el desencuentro entre la verdad y la percepción errónea, entre el Amor y el miedo. Sin embargo, este conflicto carece de realidad, pues no puede alterar la perfección de lo que Dios creó. Tal como enseña el Curso: «Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe» (T-2.VI.2:2-3). Al aceptar esta verdad, el conflicto se disuelve y la paz vuelve a ocupar su lugar legítimo en mi mente.

Buscar la paz de Dios es, en esencia, aceptar Su Voluntad como la mía. No existe oposición entre ambas, ya que fui creado para vivir en perfecta comunión con Él. En la quietud de la oración y del perdón, recuerdo mi unión con la Filiación y experimento la serenidad que trasciende toda comprensión. La paz que Dios me dio al crearme permanece en mí, inmutable y eterna, más allá del tiempo y del cambio.

Hoy elijo reconocer la verdad de mi Ser. Despierto del sueño de la separación y acepto la herencia divina que me pertenece. Soy tal como Dios me creó: un Espíritu eterno, santo e inocente. Al invocar Su Nombre, hallo la paz que nunca he perdido y descanso en la certeza de que soy Uno con Él, ahora y por siempre. Amén.


SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 230 enseña que:

• La paz es nuestra condición original
• El Ser creado por Dios no puede cambiar
• Los conflictos pertenecen a la percepción, no a la esencia
• La paz existe más allá del tiempo
• Recordar esta paz es posible en el presente

La paz no necesita ser producida. Solo necesita ser reconocida.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la afirmación: “Ahora buscaré y hallaré la paz de Dios”.

La práctica consiste en dirigir la atención hacia la paz que ya forma parte de nuestra naturaleza.

Cada repetición:

• fortalece la orientación hacia la verdad
• reduce la identificación con el conflicto
• abre la mente a la serenidad interior
• recuerda la identidad creada por Dios

La búsqueda termina cuando la mente reconoce que la paz siempre estuvo presente.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección aborda un aspecto importante de la experiencia humana: la sensación de estar constantemente buscando paz externa.

Muchas veces intentamos encontrar tranquilidad mediante circunstancias favorables, control de situaciones y ausencia de problemas. Pero estas condiciones rara vez producen paz duradera.

El Curso propone un cambio de perspectiva: La paz no depende de las circunstancias.

Cuando la mente acepta esta idea, disminuye la ansiedad por el control, aumenta la estabilidad emocional, aparece una sensación profunda de seguridad y se fortalece la confianza interior.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente la lección afirma:

• Dios creó al Hijo en paz.
• La identidad divina permanece inmutable.
• El tiempo no afecta la realidad espiritual.
• La paz de Dios está siempre disponible.

Recordar esta paz es lo que el Curso describe como volver a la mente recta. Es el reconocimiento de la verdad eterna del ser.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy puedes practicar así:

  1. Repite lentamente la idea de la lección.
  2. Permite que la mente se aquiete.
  3. Observa cualquier pensamiento de conflicto.
  4. Recuerda que tu naturaleza permanece en paz.
  5. Permanece unos momentos en silencio.

No es necesario luchar contra los pensamientos. Basta con recordar la paz que siempre estuvo en ti.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES: 

No intentar forzar un estado emocional de paz.
No juzgar la mente cuando aparecen pensamientos.
No esperar resultados inmediatos.

Practicar con paciencia.
Permitir que la mente se relaje.
Confiar en que la paz ya está presente.

La paz surge cuando la mente deja de identificarse con el conflicto.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Las lecciones recientes continúan revelando la identidad espiritual del ser:

221 — aquietar la mente
222 — reconocer que vivimos en Dios
223 — reconocer que nuestra vida es la de Dios
224 — recordar que somos el Hijo de Dios
225 — reconocer el amor entre Padre e Hijo
226 — recordar el hogar verdadero
227 — aceptar el instante de liberación
228 — abandonar la autocondenación
229 — reconocer que somos Amor
230 — recordar que fuimos creados en paz

Cada paso acerca a la mente al reconocimiento de su naturaleza divina.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 230 nos recuerda que la paz no es algo distante ni difícil de alcanzar. Fue dada en el mismo instante en que fuimos creados. Aunque la mente haya experimentado conflicto durante mucho tiempo, la paz nunca se perdió. Permanece intacta en la realidad del ser.

Cuando la mente deja de buscarla en el mundo y vuelve hacia su Fuente, descubre algo extraordinario: La paz de Dios siempre estuvo presente. Y al reconocerla, el corazón descansa.

FRASE INSPIRADORA: “No necesito crear la paz; sólo necesito recordar que fui creado en ella”.


Ejemplo-Guía: ¿Cómo puedo hallar la paz de Dios en este mundo?

¿Acaso podemos conocer lo que significa la paz de Dios? Esta pregunta surge de lo más profundo del corazón humano y refleja el anhelo eterno de regresar a nuestro verdadero hogar. Si no fuese posible experimentar esa paz, no seríamos el Hijo de Dios. El pensamiento sigue a su Fuente, y si somos una emanación de la Mente divina, podemos tener la certeza de que somos tal y como Él nos creó. Si Dios es Paz, Su Hijo no puede sino participar de ese mismo estado, pues constituye su naturaleza esencial. Como enseña el Curso: «Soy tal como Dios me creó» (L-pI.94.1:1).

Sin embargo, para hallar lo que creemos estar buscando, debemos aprender a mirar de otra manera. No podemos encontrar la paz de Dios si seguimos viendo con los ojos del cuerpo, pues éstos nos muestran un mundo regido por el espacio y el tiempo, dimensiones sujetas al cambio y, por tanto, a la ilusión. Identificarnos con este mundo es alejarnos de la paz, ya que su fundamento se basa en la percepción errónea de la separación.

Si deseamos hallar la paz de Dios en este mundo, debemos sanar nuestra mente. La mente errada es la única causa del sufrimiento, mientras que la mente recta nos conduce de regreso a la verdad. Tal como enseña Un Curso de Milagros, el conflicto no se encuentra fuera de nosotros, sino en la interpretación que hacemos de la realidad. Elegir al Espíritu Santo como guía es aceptar la corrección de nuestros pensamientos y abrirnos a la experiencia de la verdadera paz.

Cuando alimentamos el miedo, nos alejamos de la paz, pues el miedo es la señal inequívoca de que hemos elegido al guía incorrecto. Servir al ego es perpetuar la ilusión de la vulnerabilidad; escuchar al Espíritu es recordar nuestra invulnerabilidad. Como afirma el Curso: «No hay nada que temer» (L-pI.48.1:1).

Surgen entonces reflexiones que nos invitan a profundizar en nuestra fe:

¿Cómo hallar la paz de Dios cuando creemos haber sido abandonados por Él?
¿Cómo hallarla cuando nos sentimos vulnerables e indefensos?
¿Cómo experimentarla cuando nuestros deseos no son complacidos?
¿Es posible sentirla en medio de la enfermedad, la escasez o el dolor?
¿Puede existir incluso cuando somos humillados, atacados o maltratados?

La respuesta es sí. La paz de Dios no depende de las circunstancias externas, sino de la elección interna de la mente. Nada en el mundo puede arrebatarla, pues es un don eterno que reside en nuestro interior. Como enseña el Curso: «La paz de Dios refulge en mí ahora» (L-pI.188.1:1).

Así, la Lección 230 nos invita a buscar y hallar esa paz en nuestro interior. Al hacerlo, reconocemos que jamás la hemos perdido. Más allá del miedo y de las ilusiones del mundo, la paz de Dios permanece inmutable, aguardando ser recordada.

Hoy elijo buscarla. Hoy elijo hallarla. Hoy descanso en la paz de Dios.


Reflexión: ¿Dónde se encuentra la paz de Dios?

5 comentarios:

  1. La gran tarea es estar atentos a nuestros pensamientos salir de la dualidad, sí nos encontramos en el miedo experimentando pensamientos de ataque de inmediato reconocerlos y explicarlos: Espíritu Santo Sana mí mente" allí empezamos a experimentar la paz de Dios.
    Sí lo dices y aún sigues angustiado revisa si lo estás diciendo desde la angustia entonces el pensamiento se fractura en mil pedazos y seguimos en el miedo. Cómo dice el curso cierro mis ojos me permito sentir el miedo lo reconozco respiro y digo Espíritu Santo estoy haciendo una percepción errada en mí vida te la entrego para que la santifiques. Gracias Juan José por esas interrogantes que nos hacen recordar que soy un ser unido a mí creador dotado se una paz y un poder infinitos.
    Soy tal cómo tú me creaste, sólo necesito invocarte para allar la paz que tú me diste!
    Abrazos desde Venezuela

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  2. Recordando quienes Somos y hallando la Presencia del Espíritu Santo en Nosotros todo vuelve a su lugar.

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