martes, 25 de agosto de 2026

Capítulo 27. II. El temor a sanar (16ª parte).

II. El temor a sanar (16ª parte).

16. La corrección debe dejarse en manos de Uno que sabe que la corrección y el perdón son lo mismo. 2Cuando sólo se dispone de la mitad de la mente, esto es incomprensible. 3Deja, pues, la corrección en manos de la Mente que está unida y que opera como una sola porque su propósito es indiviso y únicamente puede con­cebir como suya una sola función. 4He aquí la función que se le dio, concebida para que fuese la suya propia y no algo aparte de aquello que su Dador todavía conserva precisamente porque es una función que se ha compartido. 5En el hecho de que Él acepte esta función residen los medios a través de los cuales tu mente se uni­fica. 6Este único propósito unifica las dos mitades de ti que tú percibes como separadas. 7Y cada uno perdona al otro, a fin de poder aceptar su otra mitad como parte de sí mismo.

Este punto culmina la idea que venimos trabajando: la corrección no puede quedar en manos de una mente dividida. Sólo puede dejarse en manos de Aquel que sabe que corregir y perdonar son lo mismo.

Para el ego, corregir significa señalar el error, acusar, demostrar quién tiene razón y quién está equivocado. Para el Espíritu Santo, corregir significa perdonar, porque la única corrección real consiste en deshacer la percepción de culpa. No corrige castigando. No corrige separando. No corrige haciendo que uno sea inocente y otro culpable. Corrige mostrando que la culpa no era verdad.

Cuando sólo entregamos “la mitad de la mente”, esto resulta incomprensible. Una parte de nosotros quiere perdonar, pero otra quiere seguir teniendo razón. Una parte desea paz, pero otra desea conservar el juicio. Una parte quiere sanar, pero otra quiere que el hermano reconozca su culpa. Por eso el Curso nos invita a dejar la corrección en manos de una Mente unida, una Mente cuyo propósito no está dividido.

Mensaje central del punto:

  • La corrección debe dejarse en manos del Espíritu Santo.
  • Sólo Él sabe que corregir y perdonar son lo mismo.
  • La mente dividida no puede comprender esto plenamente.
  • Cuando sólo se entrega media mente, la corrección parece conflicto.
  • El Espíritu Santo opera como una sola Mente porque Su propósito es indiviso.
  • Su función es compartida, no privada.
  • Al aceptar Él esta función, se abre el medio por el cual nuestra mente se unifica.
  • Un solo propósito une las dos mitades que percibimos separadas.
  • Cada hermano perdona al otro para aceptar en él la parte de sí mismo que había rechazado.
  • La curación llega cuando dejamos de vernos como dos intereses separados.

Claves de comprensión:

  • El ego no puede corregir porque no sabe perdonar.
  • El Espíritu Santo corrige perdonando.
  • La mente dividida intenta corregir desde una parte contra otra.
  • La Mente unida corrige desde un propósito indiviso.
  • Mientras quiero conservar una función propia separada, sigo percibiéndome dividido.
  • La función del Espíritu Santo no está aparte de Dios, porque sigue siendo compartida con su Dador.
  • Lo que se comparte no se pierde.
  • Lo que se intenta poseer por separado se divide y se distorsiona.
  • Aceptar la función del Espíritu Santo permite que la mente recuerde su unidad.
  • Perdonar al hermano es aceptar la parte de mí que yo había proyectado fuera.
  • Cada perdón verdadero reintegra lo que parecía separado.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

Observa cuándo una parte de tu mente quiere perdonar y otra quiere acusar:

  • “Quiero estar en paz, pero también quiero que reconozca su culpa”.
  • “Quiero sanar, pero no quiero soltar mi razón”.
  • “Quiero perdonar, pero antes necesito corregirlo”.
  • “Quiero entregarlo al Espíritu Santo, pero sólo hasta cierto punto”.
  • “Quiero verlo inocente, pero todavía necesito que pague”.
  • “Quiero unión, pero no quiero aceptar esa parte de mí que veo en él”.

Entonces pregúntate:

→ “¿Estoy intentando corregir desde una mente dividida?”
→ “¿Qué mitad de mi mente todavía no quiero entregar?”
→ “¿Estoy dispuesto a dejar la corrección en manos del Espíritu Santo?”
→ “¿Puedo aceptar que corregir y perdonar son lo mismo?”
→ “¿Qué parte de mí he proyectado en mi hermano y ahora necesito perdonar?”
→ “¿Estoy dispuesto a aceptar a mi hermano como parte de mí mismo?”

Este punto nos invita a una práctica muy sencilla y profunda: dejar de corregir por cuenta propia. No significa no hablar, no actuar o no poner límites cuando sea necesario. Significa no hacerlo desde una mente dividida, desde el deseo de acusar o desde la necesidad de tener razón.

La verdadera entrega sería decir: “Espíritu Santo, no sé corregir sin acusar.
Corrige Tú mi percepción. Enséñame a perdonar, para que mi mente recuerde que no está dividida.”

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Estoy dejando la corrección en manos del Espíritu Santo o sigo queriendo dirigirla yo?
  • ¿Creo que corregir significa acusar, señalar o demostrar culpa?
  • ¿Qué parte de mi mente todavía no quiere perdonar?
  • ¿Dónde siento que mi propósito está dividido?
  • ¿A qué hermano necesito perdonar para aceptar una parte de mí mismo?
  • ¿Estoy dispuesto a que mi función sea una sola y no dos?
  • ¿Puedo permitir que el propósito del Espíritu Santo unifique mi mente?
  • ¿Qué cambiaría si dejara de ver a mi hermano como externo a mí?

Conclusión:

La corrección debe dejarse en manos de una Mente unida.

Mientras la mente se perciba dividida, no podrá corregir sin atacar. Una parte querrá sanar y otra querrá conservar el juicio. Una parte querrá perdonar y otra querrá demostrar que el hermano sigue siendo culpable. Ésa es la división que el Curso nos invita a entregar.

El Espíritu Santo no tiene dos propósitos.
No corrige a uno contra otro.
No libera a uno dejando al otro excluido.
No ve una función separada.

Su corrección es perdón porque su propósito es uno: restaurar en nuestra mente la conciencia de la unidad.

Cuando aceptamos Su función, nuestra mente empieza a unificarse. Las dos mitades que parecían separadas dejan de estar en conflicto. El hermano que parecía fuera se reconoce como parte de la misma curación. Y cada uno perdona al otro para aceptar lo que había repudiado de sí mismo.

Así, el perdón no sólo libera una relación.
Reúne la mente.
Restaura la función.
Recuerda la Identidad.

Frase inspiradora: “Dejaré la corrección en manos del Espíritu Santo; al perdonar a mi hermano, acepto la parte de mí que creía separada y mi mente vuelve a unificarse.”

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