VII. La roca de la salvación (11ª parte).
11. La creencia de que es posible perder no es sino el reflejo de la premisa subyacente de que Dios está loco. 2Pues en este mundo parece que alguien tiene que perder porque otro ganó. 3Si esto fuese cierto, entonces Dios estaría loco. 4Mas ¿qué es esa creencia, sino una forma de la premisa más básica según la cual, "El pecado es real y es lo que rige al mundo"? 5Por cada pequeña ganancia que se obtenga alguien tiene que perder, y pagar el importe exacto con sangre y sufrimiento. 6Pues, de lo contrario, el mal triunfaría y la destrucción sería el costo total de cualquier ganancia. 7Tú que crees que Dios está loco, examina esto detenidamente y comprende que, o bien Dios es demente o bien es esto lo que lo es, pero no ambos.
Este párrafo expone con absoluta claridad la raíz
lógica de la creencia en la pérdida. No la trata como un hecho psicológico ni
como una experiencia humana inevitable, sino como una conclusión metafísica que
se deriva directamente de una premisa falsa: que Dios está loco.
En el mundo parece evidente que alguien debe
perder para que otro gane. Esta lógica competitiva se presenta como “realista”,
“natural” o “inevitable”. Pero el Curso muestra que, si esa lógica fuese
verdadera, Dios tendría que haberla establecido, lo cual implicaría que Su
Voluntad es contradictoria, cruel y destructiva.
El texto va más profundo aún: esta creencia no es
aislada, sino una forma concreta de la premisa más básica del ego: “El
pecado es real y es lo que rige al mundo.”
La idea de pérdida necesita necesariamente del
pecado como fundamento. Si el pecado es real, entonces la ganancia exige
sacrificio, y el progreso se paga con dolor. Por eso el texto describe el mundo
como un sistema en el que toda ganancia se cobra con “sangre y sufrimiento”. No
como denuncia moral, sino como consecuencia lógica del sistema de pensamiento.
El ego introduce entonces una falsa disyuntiva:
si alguien no paga el precio, “el mal triunfaría”. Así, la destrucción se
presenta como el costo obligatorio de cualquier beneficio, reforzando la
creencia de que la violencia y el sufrimiento son necesarios para sostener el
orden del mundo.
El párrafo culmina con una exigencia de
honestidad intelectual absoluta: o bien Dios es demente o bien lo es este
sistema de pensamiento
pero no ambos.
No hay conciliación posible. El Curso no deja
espacio a una tercera vía.
Mensaje central del punto:
- La
creencia en la pérdida implica creer que Dios está loco.
- El mundo
parece regirse por ganancia/pérdida.
- Si esto
fuese real, Dios habría creado un sistema cruel.
- La
creencia en la pérdida deriva de la idea de que el pecado es real.
- El
sacrificio y el sufrimiento sostienen esa creencia.
- El ego
justifica la violencia como necesaria.
- Solo una
de las dos cosas puede ser demente: Dios o el mundo.
Claves de comprensión:
- La pérdida no es una experiencia neutra, sino una conclusión teológica
inconsciente.
- El sistema de ganancia/pérdida necesita del pecado para sostenerse.
- El sufrimiento se justifica cuando se cree que es necesario.
- El ego protege su sistema presentándolo como moralmente obligatorio.
- La verdad no puede incluir destrucción como requisito.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Observa
cuándo das por hecho que alguien debe perder.
- Detecta
pensamientos del tipo “esto tiene un costo inevitable”.
- Pregúntate:
“¿Estoy aceptando que el sufrimiento es necesario?”
- Practica
cuestionar la lógica del sacrificio.
- Recuerda:
lo que procede de Dios no exige pago alguno.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿En qué
situaciones creo que perder es inevitable?
- ¿Qué
sacrificios sigo justificando como necesarios?
- ¿Confundo
justicia con castigo?
- ¿Puedo
concebir una ganancia sin costo?
- ¿Qué
sistema considero realmente demente: Dios o el mundo?
Conclusión / síntesis:
Este párrafo revela que la creencia en la pérdida no es inocente,
sino que sostiene la idea más extrema del ego: que Dios creó un mundo gobernado
por el sacrificio. Al exponer esta lógica sin suavizarla, el Curso obliga a la
mente a elegir entre dos interpretaciones incompatibles.
O Dios es Amor, o el mundo tiene razón.
Ambos no pueden ser verdaderos.
La salvación comienza cuando se cuestiona la necesidad de perder.
Frase inspiradora:
“Nada que provenga de Dios puede exigir pérdida.”
Invitación práctica:
Hoy, ante cualquier pensamiento de sacrificio o coste inevitable, repite:
“La Voluntad de Dios no exige que nadie pierda.”
Y permite que esa idea empiece a desmontar el sistema desde dentro.
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