Cuando la espiritualidad hiere: una reflexión necesaria sobre el uso no violento de Un Curso de Milagros (Lección 38).
En ocasiones,
algunas frases del Libro de Ejercicios pueden provocar una reacción profunda de
rechazo, incomodidad o incluso indignación. Y no porque estén mal formuladas,
sino porque pueden ser usadas de manera peligrosa si se sacan de su contexto
interno.
Una de ellas
es esta afirmación de la Lección 38: “Tu santidad puede eliminar todo dolor,
acabar con todo pesar y resolver todo problema”.
Ante frases
así, alguien preguntaba con toda honestidad:
¿Quién es el
valiente que le dice esto a una persona con una enfermedad degenerativa y dolor
físico intenso? ¿Quién se lo dice a un niño víctima de la guerra que acaba de
presenciar la violación de su madre y el asesinato de su familia?
La pregunta no
es irreverente. Es imprescindible.
Las lecciones no
son consignas para corregir la experiencia ajena, ni herramientas para negar el
dolor del otro. Cuando se usan así, el Curso deja de sanar y empieza a herir.
Decirle a alguien que sufre: “Todo
es una ilusión”; “Si aceptaras tu santidad, no te dolería”; “Esto no es real” no
es enseñanza espiritual. Es violencia espiritual. Y el Curso no la avala.
El propio comentario del lector
introduce una distinción crucial:
- Dolor: experiencia física, neurológica, corporal.
El Curso no niega el dolor del cuerpo.
- Sufrimiento: interpretación mental, desesperación,
culpa, condena. Aquí es donde el Curso actúa.
Cuando el
Curso habla de “eliminar todo dolor”, no está negando la experiencia física, ni
prometiendo anestesia corporal mediante la santidad.
Está señalando algo mucho más
profundo y delicado, que el dolor no define lo que eres, que no puede destruir
tu valor y que no puede tocar tu Ser.
Eso no se predica al otro. Eso se aprende
internamente.
Uno de los
mayores riesgos en el estudio de UCDM es usar ideas absolutas para negar
experiencias relativas reales.
Cuando una
persona ha sido violada, ha perdido a su familia o vive con dolor crónico, no
necesita lecciones, no necesita correcciones, no necesita explicaciones
metafísicas.
Necesita presencia, protección, cuidado,
acompañamiento y ayuda concreta.
El Curso no
sustituye a la medicina, la justicia, la psicoterapia ni la acción humana
compasiva. El Curso las incluye.
¿Qué significa
entonces la Lección 38?
Significa esto —y solo esto— dicho
con extremo cuidado:
- Que incluso en el dolor
más extremo, la persona no ha perdido su valor.
- Que incluso en la
injusticia más brutal, la inocencia esencial no ha sido destruida.
- Que incluso cuando el
mundo es insoportable, hay algo en el Ser que no ha sido tocado.
Pero eso no se
exige, no se impone, no se verbaliza al que sufre. Se sostiene en silencio
mientras se acompaña.
El Curso no
pide valentía para hablar, sino humildad para callar.
La pregunta
del lector es certera cuando dice: ¿Quién es el valiente que se atreve a
decir esto?
Desde la
comprensión profunda del Curso, la respuesta sería: Nadie que lo haya entendido
de verdad.
El Curso no
enseña a hablar desde lo alto, enseña a descender a la compasión.
La santidad no
se proclama. Se reconoce silenciosamente mientras se ama.
Una regla sencilla y muy fiel al
espíritu del Curso:
Si una idea no
aumenta la compasión, no es del Curso, aunque use su lenguaje.
Si una
interpretación endurece el corazón, invalida el dolor, separa y juzga al que
sufre, entonces no es Espíritu Santo. Es ego disfrazado de espiritualidad.
La Lección 38
no niega el horror del mundo. Niega que el horror tenga poder sobre lo que
somos.
Pero eso no se
enseña con palabras elevadas, sino con presencia humana, ternura y
responsabilidad.
Un Curso de
Milagros no se usa para explicar el dolor del mundo. Se usa para no perder el
Amor mientras lo atravesamos.
Y si una enseñanza no sirve para amar mejor, entonces todavía no ha sido comprendida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario