viernes, 7 de febrero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 38

LECCIÓN 38

No hay nada que mi santidad no pueda hacer.

1. Tu santidad invierte todas las leyes del mundo. 2Está más allá de cualquier restricción de tiempo, espacio, distancia, así como de cualquier clase de límite. 3El poder de tu santidad es ilimitado porque te establece a ti como Hijo de Dios, en unión con la Mente de su Creador.

2. Mediante tu santidad el poder de Dios se pone de manifiesto. 2Mediante tu santidad el poder de Dios se vuelve accesible. 3Y no hay nada que el poder de Dios no pueda hacer. 4Tu santidad, por lo tanto, puede eliminar todo dolor, acabar con todo pesar y resolver todo problema. 5Puede hacer eso en conexión contigo o con cualquier otra persona. 6Tiene el mismo poder para ayudar a cualquiera porque su poder para salvar a cualquiera es el mismo.

3. Si tú eres santo, también lo es todo lo que Dios creó. 2Tú eres santo porque todas las cosas que Él creó son santas. 3todas las cosas que Él creó son santas porque tú eres santo. 4En los ejercicios de hoy vamos a aplicar el poder de tu santidad a cualquier clase de problema, dificultad o sufrimiento que te venga a la mente tanto si tiene que ver contigo como con otro. 5No haremos distinciones porque no hay distinciones.

4. En las cuatro sesiones de práctica más largas, que preferiblemente han de tener una duración de cinco minutos completos cada una, repite la idea de hoy, cierra los ojos, y luego escudriña tu mente en busca de cualquier sensación de pérdida o de cualquier clase de infelicidad tal como la percibas. 2Trata, en la medida de lo posible, de no hacer distinciones entre las situaciones que son difíciles para ti y las que son difíciles para otro. 3Identifica la situación específicamente, así como el nombre de la persona en cuestión. 4Usa el siguiente modelo al aplicar la idea de hoy:

5En esta situación con respecto a _____ en la que me veo envuelto, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.
6En esta situación con respecto a _____ en la que se ve envuelto, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.

5. De vez en cuando puedes variar este procedimiento si así lo deseas y añadir algunos de tus propios pensamientos que vengan al caso. 2Podrías, por ejemplo, incluir pensamientos tales como:

3No hay nada que mi santidad no pueda hacer porque el poder de Dios reside en ella.

4Introduce cualquier variación que quieras, pero mantén los ejercicios centrados en el tema: "No hay nada que mi santidad no pueda hacer”. 5El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a inculcarte la sensación de que tienes dominio sobre todas las cosas por ser quien eres.

6. En las aplicaciones cortas y más frecuentes, aplica la idea en su forma original, a no ser que surja o te venga a la mente algún problema en particular que tenga que ver contigo o con otra persona2En ese caso, usa la forma más específica.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me recuerda que la santidad es mi verdadera condición, porque es la condición con la que Dios creó a Su Hijo. No es un logro ni un estado que deba alcanzar, sino un hecho que debo aceptar. Mi santidad no procede de mis acciones ni de mis méritos; procede de Dios, y por eso no puede perderse ni alterarse.

Reconocer mi santidad no me convierte en alguien especial ni me otorga un poder personal. Lo que hace es corregir la percepción que tengo de mí mismo. Al aceptar mi Identidad santa, dejo de identificarme con el ego y con sus limitaciones, y permito que la mente sea utilizada para un solo propósito: el recuerdo de la verdad.

El Curso no enseña que utilicemos la santidad para intervenir en el mundo de las formas, sino que nos muestra que la corrección ocurre en la mente. Cuando la mente acepta la santidad, el miedo, la culpa y la sensación de separación comienzan a deshacerse. Y al deshacerse en la mente, dejan de proyectarse como enfermedad, conflicto o dolor en la percepción.

A diferencia del ego, que ve intereses separados y amenazas constantes, la conciencia de la santidad permite reconocer la misma verdad en todos los hermanos. Desde esa visión, el juicio pierde sentido y con él se disuelven las bases del miedo y de la culpa. No porque el mundo cambie, sino porque la interpretación ha sido corregida.

La santidad es la expresión de la Unidad. No actúa como una fuerza que combate la oscuridad, sino como la luz que la hace innecesaria. Donde la santidad es aceptada, el error no puede sostenerse.

El Curso nos llama Maestros de Dios, no porque enseñemos desde el cuerpo o desde el esfuerzo personal, sino porque hemos aceptado aprender primero. Enseñamos únicamente lo que aceptamos para nosotros mismos. Cuando ponemos la mente al servicio del Espíritu Santo, la enseñanza se vuelve silenciosa y natural: es el testimonio de la paz.

La identificación con el cuerpo limita la conciencia a la percepción y refuerza la creencia en la supervivencia como meta principal. Desde ahí, la vida se experimenta como lucha, competencia y defensa. Este es el sistema de pensamiento del ego, que busca poseer, proteger y acumular, y que nunca encuentra descanso porque la carencia nunca se satisface.

La santidad, en cambio, no busca sobrevivir, sino recordar la Vida. No conoce escasez ni pérdida porque no se apoya en lo temporal. Mientras la supervivencia pertenece al tiempo y al miedo, la santidad es eterna y no está sujeta a las leyes del mundo.

Cada vez que acepto mi santidad, permito que ocurra un milagro. El milagro no cambia el mundo; deshace el error en la mente que daba lugar al sufrimiento. Cuando el error se corrige, el dolor deja de tener causa, y con ello se desvanece su efecto.

Dios conoce a Su Hijo como completamente inocente, incapaz de sufrir y pleno de dicha. El sufrimiento, la culpa y la tristeza no son verdades, sino interpretaciones erróneas que niegan la creación tal como es. Aprender a ver al Hijo de Dios como Dios lo ve —en mí y en mis hermanos— es aceptar la Expiación.

Esta lección me enseña, en definitiva, que no hay nada que mi santidad no pueda hacer, porque al aceptarla dejo de interferir en la corrección que ya ha sido dada. Y en ese reconocimiento, la paz se restablece como mi estado natural.

Cuán lejos están estas palabras de la realidad que percibimos. El mundo, ante la experiencia del sufrimiento, llega a pensar que Dios es cruel con Su Hijo.

UCDM nos revela sobre este particular:

“El mundo que ves es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido. Contempla detenidamente este mundo y te darás cuenta de que así es. Pues este mundo es el símbolo del castigo, y todas las leyes que parecen regirlo son las leyes de la muerte. Los niños vienen al mundo con dolor y a través del dolor. Su crecimiento va acompañado de sufrimiento y muy pronto aprenden lo que son las penas, la separación y la muerte. Sus mentes parecen estar atrapadas en sus cerebros, y sus fuerzas parecen decaer cuando sus cuerpos se lastiman. Parecen amar, sin embargo, abandonan y son abandonados. Parecen perder aquello que aman, la cual es quizá la más descabellada de todas las creencias. Y sus cuerpos se marchitan, exhalan el último suspiro, se les da sepultura y dejan de existir. Ni uno solo de ellos ha podido dejar de creer que Dios es cruel” (T-13.In.2:2-11).

“Si éste fuese el mundo real, Dios sería ciertamente cruel. Pues ningún Padre podría someter a Sus hijos a eso como pago por la salvación y al mismo tiempo ser amoroso. El amor no mata para salvar. Si lo hiciese, el ataque sería la salvación, y ésta es la interpretación del ego, no la de Dios. Sólo el mundo de la culpabilidad podría exigir eso, pues sólo los que se sienten culpables podrían concebirlo. El "pecado" de Adán no habría podido afectar a nadie, si él no hubiese creído que fue el Padre Quien le expulsó del paraíso. Pues a raíz de esa creencia se perdió el conocimiento del Padre, ya que sólo los que no le comprenden podían haber creído tal cosa” (T-13.In.3:1-7).

Cuánto dolor cargamos debido a nuestro sistema de creencias. Creo que es urgente acelerar el despertar de la conciencia, aunque este siempre debe darse dentro de uno mismo. Por más que queramos despertar a otros, debemos respetar su libre albedrío. Lo esencial es encender la llama de nuestra propia cerilla y mantenerla viva, para que quienes busquen encender la suya encuentren un lugar donde hacerlo.

Entonces, ¿cómo debemos actuar frente al sufrimiento del mundo? Es una pregunta que muchos nos hacemos al pensar en ayudar a los demás.

Quiero recurrir una vez más al Curso para extraer información que nos ayudará a dar respuesta a la cuestión planteada. En el Capítulo 16, punto I, nos habla del significado de la "verdadera empatía":

“Sentir empatía no significa que debas unirte al sufrimiento, pues el sufrimiento es precisamente lo que debes negarte a comprender. Unirse al sufrimiento de otro es la interpretación que el ego hace de la empatía, de la cual siempre se vale para entablar relaciones especiales en las que el sufrimiento se comparte. La capacidad de sentir empatía le es muy útil al Espíritu Santo, siempre que permitas que Él la use a Su manera. La manera en que Él la usa es muy diferente. Él no comprende el sufrimiento, y Su deseo es que enseñes que no es comprensible. Cuando se relaciona a través de ti, Él no se relaciona con otro ego a través del tuyo. No se une en el dolor, pues comprende que curar el dolor no se logra con intentos ilusorios de unirte a él y de aliviarlo compartiendo el desvarío” (T-16.I.1:1-7).

“La prueba más clara de que la empatía, tal como el ego la usa, es destructiva, reside en el hecho de que sólo se aplica a un determinado tipo de problemas y a ciertos individuos. Él mismo los selecciona y se une a ellos. Pero nunca se une a nada, excepto para fortalecerse a sí mismo. Al haberse identificado con lo que cree entender, el ego se ve a sí mismo y procura expandirse compartiendo lo que es como él. No dejes que esta maniobra te engañe, El ego siempre utiliza la empatía para debilitar, y debilitar es atacar. Tú no sabes lo que es la empatía. Pero de esto puedes estar seguro: sólo con que te sentases calmadamente y permitieses que el Espíritu Santo se relacionase a través de ti, sentirías empatía por la fortaleza, y, de este modo, tu fortaleza aumentaría, y no tu debilidad” (T-16.I.2:1-7).

Propósito y sentido de la lección:

Esta lección no introduce poder personal, sino que corrige radicalmente el concepto de poder.

En el Texto, el poder del ego siempre es descrito como: limitado, competitivo, dependiente del sacrificio, basado en la pérdida de otro.

Por eso la lección comienza con una afirmación fuerte y desestabilizadora: “Tu santidad invierte todas las leyes del mundo.”

Las “leyes del mundo” a las que se refiere el Curso son las leyes del ego:  tiempo, espacio, esfuerzo, mérito, causalidad lineal. La santidad no opera dentro de ese sistema, porque procede de la Mente de Dios.

El propósito central de la lección es desplazar la causa del cambio: del esfuerzo personal, a la identidad recordada. No se trata de “hacer más”, sino de reconocer lo que ya es.

Instrucciones prácticas:

El Curso insiste en que el entrenamiento mental debe aplicarse allí donde el ego cree que hay diferencia.

Por eso esta lección pide explícitamente: aplicar la idea a problemas propios y ajenos, usar nombres, no distinguir entre “lo mío” y “lo del otro”.

Esto se alinea con el principio del Texto: “No hay problemas privados.”

La forma de la práctica no busca resolver problemas concretos, sino deshacer la creencia de que el problema tiene una causa real.

La frase clave: “no hay nada que mi santidad no pueda hacer” no es una afirmación mágica, sino una corrección ontológica: la santidad no actúa sobre los problemas, sino que los deja sin fundamento.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección confronta directamente la creencia de impotencia.

El ego se define por: vulnerabilidad, dependencia, miedo a perder, creencia en fuerzas externas.

La santidad, tal como la presenta el Curso, no es una cualidad moral, sino la ausencia total de culpa. Y donde no hay culpa, no hay impotencia.

Cuando la lección dice:

“el propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a inculcarte la sensación de que tienes dominio sobre todas las cosas por ser quien eres” no está reforzando el yo, sino desmantelando la autoimagen de víctima.

Espiritualmente, esta lección afirma algo clave del Texto: la santidad es compartida, no individual

Por eso dice: “Si tú eres santo, también lo es todo lo que Dios creó.”

No hay jerarquía de santidad. No hay grados de poder. No hay diferencias reales.

La santidad no es algo que tienes, sino lo que eres junto con todo lo creado.

Por eso: “no haremos distinciones porque no hay distinciones.”

Relación con el Curso:

La progresión es muy clara:

  • 35 – Identidad: Soy santo.
  • 36 – Percepción: Mi santidad envuelve.
  • 37 – Extensión: Mi santidad bendice.
  • 38 – Poder: Mi santidad deshace.

Esta lección prepara directamente:

  • 39: Mi santidad es mi salvación.
  • 61–66: Mi función y mi felicidad son una.

Consejos para la práctica:

  • No usar la idea para controlar resultados.
  • No medir si “funciona”.
  • No seleccionar problemas “razonables”.

El Curso no pide creer en el poder, sino retirar la fe en la limitación.

Conclusión final:

La Lección 38 enseña que la santidad no es pasiva. Pero tampoco es acción del ego. Es presencia que deshace la ilusión.

No hay nada que la santidad tenga que hacer, porque no hay nada real que oponerse a ella.

Aquí el Curso da un paso decisivo: el poder que salva no se aprende,
se recuerda.

Ejemplo-Guía: "Sobre los atentados y las guerras"

No he creído necesario ponerles “nombre y apellidos” a los atentados. Lo importante aquí es reflexionar sobre sus efectos, es decir, sobre el dolor que provocan como consecuencia de un ataque o de una guerra.  

Desde la perspectiva del ego, nuestra reacción ante estos hechos puede abarcar un amplio rango de matices, desde la condena hasta el deseo de venganza. En realidad, el matiz importa poco, ya que todos parten del mismo error: mirarlo desde la separación. Con esa mirada, jamás encontraremos el sentido profundo de la experiencia; si estamos atrapados en emociones cargadas de ira y sufrimiento, no podremos ver la única realidad. No es el efecto lo que debemos sanar, sino la causa, y para ello debemos mirar hacia nuestro interior y descubrir dónde habitan en nosotros la ira, el odio y el miedo, esos mismos sentimientos que llevaron a otros a provocar esa experiencia.  

Desde la visión del Espíritu, la única respuesta posible ante estos hechos es ponerlos en manos del Espíritu Santo.  

“El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo. No importa cuál sea la forma del ataque, eso sigue siendo verdad. No importa quién desempeñe el papel de enemigo y quién el de agresor, eso sigue siendo verdad. No importa cuál parezca ser la causa de cualquier dolor o sufrimiento que sientas, eso sigue siendo verdad. Pues no reaccionarías en absoluto ante las figuras de un sueño si supieses que eres tú el que lo está soñando. No importa cuán odiosas y cuán depravadas sean, no podrían tener efectos sobre ti a no ser que no te dieses cuenta de que se trata tan sólo de tu propio sueño” (T-27.VIII.10:1-6).

“Basta con que aprendas esta lección para que te libres de todo sufrimiento, no importa la forma en que éste se manifieste. El Espíritu Santo repetirá esta lección inclusiva de liberación hasta que la aprendas, independientemente de la forma de sufrimiento que te esté ocasionando dolor. Esta simple verdad será Su respuesta, sea cual sea el dolor que lleves ante Él. Pues esta respuesta elimina la causa de cualquier forma de pesar o dolor. La forma no afecta Su respuesta en absoluto, pues Él quiere mostrarte la única causa de todo sufrimiento, no importa cuál sea su forma. Y comprenderás que los milagros reflejan esta simple afirmación: "Yo mismo fabriqué esto, y es esto lo que quiero deshacer" (T-27.VIII.11:1-6).

“Lleva, pues, toda forma de sufrimiento ante Aquel que sabe que cada una de ellas es como las demás. Él no ve diferencias donde no las hay, y te enseñará cuál es la causa de todas ellas. Ninguna tiene una causa diferente de las demás, y todas se deshacen fácilmente con una sola lección que realmente se haya aprendido. La salvación es un secreto que sólo tú has ocultado de ti mismo. Así lo proclama el universo. Pero haces caso omiso de sus testigos porque de lo que ellos dan testimonio es algo que prefieres no saber. Parecen mantenerla oculta de ti. Sin embargo, no necesitas sino darte cuenta de que fuiste tú quien eligió no escuchar ni ver” (T-27.VIII.12:1-9).

“¡Qué diferente te parecerá el mundo cuando reconozcas esto! Cuando le perdones al mundo tu culpabilidad, te liberarás de ella. Su inocencia no exige que tú seas culpable, ni tu inocencia se basa en sus pecados. Esto es obvio, y es un secreto que no le has ocultado a nadie salvo a ti mismo. Y es esto lo que te ha mantenido separado del mundo y lo que ha mantenido a tu hermano separado de ti. Ahora sólo necesitas reconocer que los dos sois o inocentes o culpables. Lo que es imposible es que seáis diferentes el uno del otro; o que seáis ambas cosas. Este es el único secreto que aún te queda por aprender. Mas no será un secreto que has sanado” (T.27.VIII.13:1-9).

A lo largo de esta lección hemos comentado que la santidad nos coloca más allá del espacio y el tiempo. Vivir la santidad en medio del sufrimiento y el dolor se convierte en una oportunidad para adelantar el final de los tiempos. La santidad se manifiesta en el perdón, la única puerta que nos lleva a la salvación.

“¿Cuán dispuesto estás a perdonar a tu hermano? ¿Hasta qué punto deseas la paz en lugar de los conflictos interminables, el sufrimiento y el dolor? Estas preguntas son en realidad la misma pregunta, aunque formuladas de manera diferente. En el perdón reside tu paz, pues en él radica el fin de la separación y del sueño de peligro y destrucción, de pecado y muerte, de locura y asesinato, así como de aflicción y pérdida. Éste es el "sacrificio" que pide la salvación, y, a cambio de todo ello, gustosamente ofrece paz” (T-29.VI.1:1-5).

Reflexión: Soy el Santo Hijo de Dios y mi Santidad me hace un Ser Ilimitado.

16 comentarios:

  1. Voy paso a paso. Gracias por tu ayuda. Bendiciones.

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    1. Pasito a pasito como un enanito.

      SANTIDAD= PRESENCIA= INOCENCIA

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  2. buen día.hay que meditar y reconocer que pensamos, y como lo sentimos..en nuestro, entorno a medida que vamos...comprendiendo nuestra libertad.de pensar creer y sentir..Gracias...

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  3. Buen día.
    Por favor, una explicación del perdón práctica.
    Gracias.

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  4. Maravilloso super explicado gracias

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  5. Ucdm dice textualmente: tu santidad,por lo tanto,puede eliminar todo dolor( no sufrimiento),acabar con todo pesar y resolver todo problema. Y yo me pregunto quien es el valiente q le dice esto a una persona q esta en una enfermedad degenerativa q le provoca gran dolor fisico. Quien le dice esto a un niño victima de la guerra q acaba de de ver con sus propios ojos como han violado a su madre,asesinado a su familia y destruido su casa. Quien es valiente q le dice q tu santidad...blablablablabla...

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  6. Decidle a ese enfermo o a ese niño q todo es un sueño,una proyeccion de su mente. Miradlos a los ojos y decidselo, hipocritas.

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  7. Soy un Santo y Impecable hijo de Dios y así veo a mis Hermanos,todos perfectos y perdonados el Amor♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️🙏🙏🙏🙏🙏

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  8. Gracias Padre,por utilizar me como un Santo Instrumento tuyo...soy tus Ojos,Soy tus Manos,Soy tu Espíritu en Acción 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙🤍🤍🤍🤍🤍✨✨✨✨✨✨✨

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  9. Gracias, Juan José. Amor y bendiciones. ❤❤❤

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Si cambio mis pensamientos acerca de una enfermedad del cuerpo, ¿cambiar el efecto significaría que el cuerpo se sana?

En UCDM, el “efecto” que cambia primero no es el cuerpo, sino la experiencia mental desde la cual el cuerpo es percibido . El Curso enseña q...