VII. La roca de la salvación (10ª parte).
10. ¿En qué otra cosa se puede confiar, sino en el Amor de Dios? 2¿Y dónde mora la cordura, sino en Él? 3Aquel que habla por Dios puede mostrarte esto en la alternativa que eligió especialmente para ti. 4
Este párrafo funciona como coronación y síntesis
final de todo el apartado La roca de la salvación. Tras haber desmontado
progresivamente la locura del mundo, redefinido el pecado, aclarado la función
especial y mostrado el papel del Espíritu Santo, el Curso conduce la mente a
una conclusión inevitable expresada en forma de preguntas retóricas.
Aquí se afirma que toda otra forma de confianza
—en el mundo, en el juicio propio, en el pecado o en la percepción— es
inestable por definición. Solo el Amor de Dios es digno de confianza porque es inmutable,
y la inmutabilidad ha sido el criterio de realidad a lo largo de todo el
capítulo.
La segunda pregunta localiza la cordura: ¿Y
dónde mora la cordura, sino en Él?
La cordura no es un logro psicológico ni un
equilibrio personal, sino un estado natural de la Mente que comparte el
Pensamiento de Dios. Separarse de Dios es definirse como demente; regresar a Él
es recordar la cordura.
El texto señala entonces al Mediador: Aquel
que habla por Dios…
El Espíritu Santo muestra esta verdad en la forma
concreta de la alternativa especialmente elegida para ti. No se trata de una
verdad abstracta, sino de una experiencia personal que traduce el Amor a un
lenguaje que la mente puede aceptar.
La Voluntad de Dios se define aquí como un movimiento
emocional completo: pasar del más profundo desconsuelo al júbilo perfecto.
Esto subraya que la salvación no es neutralidad
ni desapego frío, sino alegría plena, resultado natural del recuerdo.
El párrafo culmina con una redefinición profunda
de la función especial:
mostrarle al Hijo de Dios que el infierno y el Cielo son diferentes. No se
trata de explicar conceptos metafísicos, sino de demostrar por experiencia que
la paz y el sufrimiento no son lo mismo.
Finalmente, se introduce una afirmación sutil y
decisiva: En el Cielo son lo mismo…
En el Cielo no hay opuestos porque no hay
diferencias. La diferencia es lo que habría hecho posible confundir el Cielo
con el infierno o viceversa. Como esa diferencia no existe, la confusión nunca
fue real. La demencia habría sido creer lo contrario.
Mensaje central del punto:
- Solo el
Amor de Dios es digno de confianza.
- La
cordura mora únicamente en Dios.
- El
Espíritu Santo traduce esta verdad en una forma personal.
- La
Voluntad de Dios es el paso del desconsuelo al júbilo.
- La
función especial demuestra que Cielo e infierno no son lo mismo.
- En el
Cielo no hay diferencias ni opuestos.
- La
confusión entre Cielo e infierno es imposible en la verdad.
Claves de comprensión:
- La
confianza define el fundamento de la percepción.
- La
cordura es una condición de unión, no de esfuerzo.
- La verdad
se acepta mejor cuando se presenta de forma personalizada.
- La
alegría es el criterio de que se ha recordado correctamente.
- Las
diferencias son la base de toda ilusión.
- La unidad
excluye toda posibilidad de confusión.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Observa
en qué depositas tu confianza cuando surge el miedo.
- Practica
volver al Amor como referencia inmediata.
- Permite
que la guía se exprese de la forma que te resulte más cercana.
- Reconoce
la paz como señal de cordura.
- Ante cualquier
comparación entre sufrimiento y paz, recuerda: no son lo mismo.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿En qué
confío cuando me siento inseguro?
- ¿Dónde
creo que reside mi cordura?
- ¿Reconozco
la alegría como guía fiable?
- ¿Qué
diferencias sigo creyendo reales?
- ¿Puedo
aceptar que la confusión nunca fue posible en Dios?
Conclusión / síntesis:
Este párrafo sella la roca de la salvación con una afirmación simple y
total:
solo el Amor de Dios es real, confiable y cuerdo. Todo el capítulo ha conducido
a este recuerdo. La función especial no añade nada a la verdad, solo la hace
evidente para una mente que había confundido el Cielo con el infierno.
La salvación culmina cuando se reconoce que la diferencia nunca existió, y
que el júbilo perfecto es el estado natural del Hijo de Dios.
Frase inspiradora:
“Solo el Amor de Dios es digno de mi confianza”.
Invitación práctica:
Hoy, ante cualquier duda o dolor, repite lentamente:
“Confío solo en el Amor de Dios.”
Y permite que la cordura repose donde siempre ha morado.
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