martes, 17 de febrero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 48

LECCIÓN 48

No hay nada que temer.

1. La idea de hoy afirma simplemente un hecho. 2No es un hecho para los que creen en ilusiones, más las ilusiones no son hechos. 3En realidad no hay nada que temer. 4Esto es algo muy fácil de reconocer. 5Pero a los que quieren que las ilusiones sean verdad les es muy difícil reconocerlo.

2. Las sesiones de práctica de hoy serán muy cortas, muy simples y muy frecuentes. 2Repite sencillamente la idea tan a menudo como puedas. 3Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento o situación. 4Recomendamos enérgicamente, no obstante  que siempre que puedas cierres los ojos durante aproximadamente un minuto y repitas la idea lentamente para tus adentros varias veces. 5Es especialmente importante también que la uses de inmediato si observas que algo perturba tu paz mental.

3. La presencia del miedo es señal inequívoca de que estás confiando en tu propia fortaleza. 2La conciencia de que no hay nada que temer indica que en algún lugar de tu mente, aunque no necesariamente en un lugar que puedas reconocer, has recordado a Dios y has dejado que Su fortaleza ocupe el lugar de tu debilidad3En el instante en que estés dispuesto a hacer eso, ciertamente no habrá nada que temer.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección nos lleva directamente al corazón del miedo. Y lo hace sin rodeos: el miedo no procede del mundo, ni de las circunstancias, ni de los demás. Procede de la creencia en la separación de Dios.

En el sistema de pensamiento del ego, nos percibimos como seres aislados, vulnerables, expuestos a un universo incierto. Desde esa percepción, el miedo parece lógico. Si estoy solo, si soy un cuerpo frágil en un mundo impredecible, entonces debo defenderme. Debo anticiparme. Debo protegerme.

Pero la lección desmantela esa base: no estamos solos ni lo hemos estado jamás.

Somos una extensión de la Mente de Dios. No puede existir creación separada de su Fuente. Nada creado puede desconectarse de aquello que le dio origen. Pensar que estamos solos es como imaginar que un rayo de sol puede separarse del sol.

Si realmente supiéramos —no como concepto, sino como certeza— que Dios nos acompaña en todo momento, ¿cómo podríamos temer?

El miedo implica una sospecha, que estamos desprotegidos, que el Amor nos ha abandonado, que la Vida puede volverse contra nosotros. En el fondo, es creer que Dios puede ser injusto, vengativo o indiferente.

Pero eso es proyectar sobre Dios las características del ego.

Creemos que hemos transgredido Sus leyes. Creemos que hemos pecado. Creemos que merecemos castigo.

Y desde esa creencia fabricamos la imagen de un Dios que expulsa, condena y castiga. Así nace el mito del “Este del Edén”, la idea de que fuimos desterrados de la abundancia y arrojados a la escasez.

Sin embargo, el Curso es claro: Dios no castiga porque no percibe pecado. La separación nunca ocurrió en la realidad. El miedo es el efecto de haber creído en una ilusión.

Cuando nos identificamos con el ego, nos percibimos como individuos compitiendo en un mundo hostil. Los demás dejan de ser hermanos y se convierten en amenazas potenciales.

El ego vive en vigilancia constante. Ataca para no ser atacado. Se defiende incluso antes de que exista peligro. Ese estado continuo de alerta es lo que experimentamos como ansiedad, inseguridad o temor difuso. El ego se siente solo, y esa soledad le aterra. Pero la soledad es imposible en la Unidad.

La lección nos invita a una toma de conciencia profunda: el miedo pertenece al sueño.

Cuando despertamos —aunque sea por un instante— comprendemos que jamás estuvimos separados. Que la pesadilla de abandono fue solo eso, una pesadilla.

La consciencia de Unidad no es una idea reconfortante; es una experiencia transformadora. En ella, la escasez se disuelve en abundancia. La culpa se disuelve en inocencia. El ataque pierde sentido  el miedo es sustituido por Amor.

No se trata de negar que el miedo se experimente, sino de reconocer que no tiene fundamento real.

Mientras creemos que nuestra fortaleza depende de recursos externos —dinero, relaciones, reconocimiento, poder— seguiremos vulnerables.

Pero cuando reconocemos que nuestra fortaleza está en nuestra unión con Dios, descubrimos algo radical: no hay nada que defender.

La mente que sabe que es una con el Padre descansa. No necesita atacar. No necesita proteger una identidad frágil. Esa mente vive desde la confianza.

Esta lección no es solo contemplativa; es profundamente práctica. Cada vez que el miedo aparezca, podemos preguntarnos: ¿Qué estoy creyendo ahora acerca de mí? ¿Estoy actuando como si estuviera solo? ¿He olvidado que formo parte de la Mente de Dios?

El miedo no se vence luchando contra él, sino recordando la verdad que lo deshace.

La lección 48 nos conduce a una certeza sencilla pero revolucionaria: Nada puede amenazar la realidad. Nada irreal existe.

Cuando esta comprensión empieza a asentarse, el miedo pierde su raíz. Y el Amor —que siempre estuvo ahí— ocupa naturalmente su lugar.

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de esta lección es deshacer la creencia de que el miedo tiene una causa real.
Hasta aquí, el Curso ha ido retirando, una a una, las falsas fuentes de sostén del ego: la fortaleza personal, la mente privada, el control, el juicio y el perdón entendido como esfuerzo humano.

Ahora llega a una conclusión inevitable: si Dios es la Fuente, la Fortaleza, la Luz, la Mente y el Amor, entonces el miedo carece de fundamento.

Esta lección no intenta convencer a la mente de que “no debería tener miedo”, sino que corrige la premisa que lo sostiene. El miedo no es una reacción razonable ante algo real, sino el efecto de haber creído en la separación.

Decir “no hay nada que temer” no es una afirmación optimista, sino una afirmación ontológica: no hay nada fuera de Dios, y Dios no contiene miedo.

Instrucciones prácticas:

La práctica conserva la sencillez radical del Curso:

  • Aplicaciones breves y frecuentes a lo largo del día.
  • Uso inmediato cuando aparezcan:
    • ansiedad,
    • preocupación,
    • anticipación negativa,
    • sensación de amenaza,
    • inquietud sin causa clara.

La lección no pide analizar el origen del miedo, ni combatirlo, ni justificarlo.

La práctica consiste simplemente en reconocer que el miedo no tiene objeto real y permitir que la mente se aquiete en esa certeza.

No se nos pide que seamos valientes, sino que dejemos de otorgar realidad a lo que no la tiene.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección confronta una creencia profundamente arraigada: “Si siento miedo, debe haber una razón.”

Desde esta creencia, la mente busca causas, escenarios y explicaciones que refuercen el temor. El ego necesita justificar el miedo para sostener su identidad vulnerable.

Aceptar que no hay nada que temer produce un efecto psicológico inmediato: el miedo pierde urgencia, la mente deja de buscar amenazas, y aparece una sensación de alivio.

No porque las sensaciones desaparezcan de inmediato, sino porque ya no se les concede autoridad.

Espiritualmente, esta lección afirma una verdad central del Curso: El miedo no es una respuesta, es un error de pensamiento.

El miedo surge cuando la mente cree que puede estar separada de su Fuente. Pero si la separación nunca ocurrió, el miedo no puede tener causa real.

Aquí se consolida una enseñanza esencial del Texto: el miedo no se vence, se deshace al reconocer su irrealidad.

Cuando la mente deja de interpretar la percepción como amenaza, el miedo se disuelve sin esfuerzo, porque no tiene dónde sostenerse.

Relación con el Curso:

La progresión sigue siendo clara y perfectamente coherente:

  • 42 → Dios es mi fortaleza
  • 43 → Dios es mi Fuente
  • 44 → Dios es la Luz en la que veo
  • 45 → Dios es la Mente con la que pienso
  • 46 → Dios es el Amor en el que perdono
  • 47 → Dios es la fortaleza en la que confío
  • 48 → No hay nada que temer

Después de corregir desde dónde me sostengo, desde dónde veo, desde dónde pienso, desde dónde perdono, desde dónde confío, el Curso llega a una consecuencia natural: el miedo no puede existir.

Aquí se desmantela una de las columnas centrales del ego: la creencia en un mundo peligroso.

Consejos para la práctica:

  • No intentar eliminar el miedo.
  • No discutir con él.
  • No buscar causas externas.
  • No usar la idea como negación forzada.

Aplicar la idea especialmente cuando surjan pensamientos como:

  • “Algo malo puede pasar”.
  • “No estoy a salvo”.
  • “Y si pierdo…”.
  • “No sé qué va a ocurrir”.

La lección no pide control emocional, pide confianza en la ausencia de peligro real.

Conclusión final:

La Lección 48 enseña que el miedo no procede de lo que ocurre, sino de haber olvidado Quién nos sostiene.

Cuando acepto que no hay nada que temer, la mente deja de anticipar, el cuerpo se relaja, y la paz comienza a ser natural.

Aquí el Curso consolida una verdad profundamente liberadora: El miedo no es una señal de peligro, es una señal de que he olvidado la verdad.

Y al recordar la verdad, el miedo se desvanece sin lucha.

Frase inspiradora: “Cuando recuerdo que nada está fuera de Dios, descubro que nunca hubo nada que temer”.


Ejemplo-Guía: ¿cómo vencer nuestros miedos?

La pregunta no está formulada al azar. Decimos “nuestros” miedos porque el miedo parece íntimo, personal, casi intransferible. Lo que a uno le paraliza, a otro le resulta insignificante. Esto ya nos da una pista esencial, el miedo no es una realidad objetiva, sino una interpretación nacida de la conciencia individualizada.

El miedo surge de la creencia en la separación. Antes de que esa creencia pareciera instalarse en la mente, el miedo no existía:

“Antes de la separación la mente era invulnerable al miedo, ya que el miedo no existía” (T-2.III.2:2).

Por tanto, su origen no está en los acontecimientos del mundo ni en las circunstancias externas, sino en un pensamiento equivocado acerca de lo que somos. Cada vez que la mente sirve a la idea de que estamos separados de Dios, fabrica automáticamente la textura del miedo.

El Curso es claro:

“Tanto la separación como el miedo son creaciones falsas que tienen que deshacerse…” (T-2.III.2:3-4).

¿Qué hacemos cuando tenemos miedo? Cuando sentimos miedo, estamos otorgando poder a algo externo. Le estamos diciendo, consciente o inconscientemente: “Tú puedes dañarme”.

Pero ¿qué es lo que realmente valoramos cuando tememos perder algo? El miedo revela dónde hemos puesto nuestro tesoro. Si tememos la pérdida económica, el rechazo, la enfermedad o el fracaso, es porque hemos otorgado a esas cosas el poder de definir nuestra seguridad y nuestra identidad.

El Curso nos recuerda que el error no está en la situación, sino en la mente que la interpreta.

Pensemos en el ejemplo del Sr. M. No es su trabajo lo que le aprisiona; es su creencia en la pérdida. No es la empresa la que le roba la paz; es su identificación con la escasez. Vive atrapado entre el deseo de cambio y el miedo a perder seguridad económica. Esa división interior genera conflicto. Y el conflicto es siempre expresión de miedo.

“Sólo tu mente puede producir miedo. Hace eso cada vez que está en conflicto con respecto a lo que quiere…” (T-2.VI.6:6-7).

El problema no está en el empleo. Está en la mente dividida.

El ego intenta vencer el miedo luchando contra él en el nivel de los efectos: cambiando circunstancias, acumulando más seguridad, controlando más variables. Pero esa estrategia confirma su realidad. Cuanto más lo combate, más lo refuerza.

El Curso insiste en que la corrección debe hacerse en el nivel de la causa:

“Cambiar de mentalidad, no de comportamiento… La corrección debe llevarse a cabo únicamente en el nivel en que es posible el cambio” (T-2.VI.3:4-7).

No se trata de modificar primero la forma externa, sino de sanar la percepción.

El Curso nos ofrece una secuencia extraordinariamente clara:

“Reconoce en primer lugar que lo que estás experimentando es miedo.
El miedo procede de una falta de amor.
El único remedio para la falta de amor es el amor perfecto.
El amor perfecto es la Expiación” (T-2.VI.7:1-8).

Este esquema es radicalmente simple:

  1. Admito que estoy sintiendo miedo.

  2. Reconozco que, en ese instante, he decidido no amar.

  3. Acepto que el remedio no es control, ni defensa, ni ataque, sino volver al Amor.

Eso es permitir que el Espíritu Santo reinterprete la situación.

El miedo no se vence; se deshace. No es un enemigo real; es una ausencia de Amor.

El Curso lo resume de manera luminosa:

“El amor perfecto expulsa el miedo.
Si hay miedo, es que no hay amor perfecto.
Mas:
Sólo el amor perfecto existe.
Si hay miedo, éste produce un estado que no existe.
Cree esto y serás libre” (T-1.VI.5:4-10).

Aquí está la clave: el miedo no tiene sustancia propia. Es una fabricación de la mente dividida. Cuando la mente acepta la Expiación —es decir, acepta que la separación nunca ocurrió— el miedo pierde fundamento.

Entonces, ¿cómo “vencer” nuestros miedos? No luchando contra ellos. No intentando dominarlos. No negándolos. Sino reconociendo que son señales de que hemos olvidado quiénes somos.

Cada vez que el miedo aparezca, podemos decir internamente:

  • He elegido interpretar desde la separación.

  • Esto es una falta de amor.

  • Puedo elegir de nuevo.

Y en esa elección, volvemos a la Unidad.

La lección 48 no nos invita a ser valientes en el sentido humano, sino a ser conscientes. El verdadero valor nace cuando recordamos que nunca hemos estado separados de Dios.

En esa memoria, el miedo simplemente no tiene dónde sostenerse. 

Reflexión: Si tengo miedo, no estoy pensando con la Mente de Dios.

16 comentarios:

  1. Gracias por tu explicación de cada lección...es...tan claro...gracias

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  2. GRACIAS; HOY ES MI PRIMER DIA AQUÍ, Y PIENSO QUE SI DIOS ME HA PERMITIDO LLEGAR A ESTE HERMOSO SITIO, TAMBIÉN ME DARÁ LA MANERA DE COMPRENDER ESTE CURSO DE MILAGROS.

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  3. Gracias nuevamente .
    He estado un poco desconectada pero sigo el curso de milagros .
    Cómo puedo trabajar con el libro?
    No se cómo utilizarlo.
    Hace años que lo tengo pero no logró ver cómo trabajar con él.

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    1. Se debe leer el Prefacio (8 págs.),
      a continuación el Texto (751 págs.)
      y luego comenzar con los ejercicios (LECCIONES), uno por día, son 365.
      Hay personas que empiezan directamente con los ejercicios. Espero te ayude.

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  4. Excelente juan jose, desde que leo tus expublicaciones entiendo mejor el curso.
    Me gustaria poder contestar las reflexiones pero no tengo el entendimiento aun. Si tu tienes las conclusiones de tus reflexiones me serian de gran ayuda. Gracias.

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  5. Que explicación tan maravillosa, he encontrado un guía mas del curso. Infinitas gracias.

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  6. Gracias gracias gracias No hay nada que temer😍

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  7. Hola Juan José, buenas tardes, voy en el ejercicio 40, y estoy muy contenta de haber encontrado tu blog, y estar guiandome por este, Gracias; quiero comenzar a estudiar el libro, y quiero hacerlo con tu guía, pero no he podido encontrar tus lecciones, por favor me dices como buscarlas, te agradezco mucho,

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  8. Esta lección me encanta porque me lleva a reconocer que el miedo es de la mente que nadie me hace nada y que solo soy yo haciéndome daño con los pensamientos de ataque que inspiran temos, desde luego que el miedo es de una mente separada de la fuente, que volver a entrar en la frecuencia del Espíritu Santo hace que los miedos se disipen, tener la certeza de que Dios no creo el mundo de caos que vemos y que siempre podemos volver a decidir y decidir de nuevo es decidir por el plan de Dios que es nuestra felicidad, estamos a salvo y protegidos por nuestra fuente divina solo con invocar a Dios en meditación y entregar todos nuestros asuntos, ahh gran detalle tener fe del tamaño de un granito de mostaza como dice en las sagradas escrituras. Abrazos desde Venezuela Juan José, gracias, gracias, gracias. Dios es nuestra fortaleza.

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  9. Amén y Graciasssss♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏

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  10. Solo el Amor Es Real,y Yo Soy una Manifestación de El🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏✨✨✨✨✨✨✨🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙💙💙💙🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥

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