Lumen: Antes de responder, tendríamos que distinguir
dos palabras que solemos utilizar como si significaran lo mismo: crear y
fabricar.
Psique: ¿No son lo mismo?
Lumen: No en el lenguaje del Curso. Crear pertenece a
Dios y a la realidad. Fabricar pertenece a la mente que cree haberse separado
de Él.
Psique: Entonces, ¿el mundo fue fabricado?
Psique: Explícamelo un poco más.
Lumen: Según el Curso, Dios crea extendiendo lo que Él
es. Si Dios es Amor, lo que procede verdaderamente de Él no puede ser contrario
al Amor. No puede crear separación, miedo, culpa, ataque o muerte porque eso
significaría que en Dios existen esas posibilidades.
Psique: Pero esas cosas existen en el mundo que veo.
Lumen: Y ahí aparece precisamente la pregunta que el
Curso quiere que hagas: si Dios es Amor perfecto, ¿cómo podría haber creado
aquello que parece negar Su naturaleza?
Psique: Esa pregunta ha acompañado a las religiones
durante siglos. Si Dios es bueno, ¿por qué existe el sufrimiento?
Lumen: Exactamente. Muchas respuestas intentan explicar
por qué Dios permite el sufrimiento, por qué lo utiliza, por qué lo envía o qué
propósito tiene dentro de Su plan. El Curso toma un camino mucho más radical.
Psique: ¿Cuál?
Lumen: Dice que Dios no creó el sufrimiento.
Psique: Eso parece resolver una parte del problema, pero
crea otro. Si Dios no lo creó, ¿de dónde salió?
Lumen: De una idea imposible que la mente creyó
posible: la idea de separación.
Psique: ¿La famosa "diminuta idea loca"?
Lumen: Sí. La idea de que el Hijo de Dios podía existir
separado de su Fuente, tener una voluntad independiente y convertirse en algo
distinto de lo que Dios creó.
Psique: Pero si esa separación ocurrió, entonces algo
cambió realmente en la creación.
Lumen: Y ahí está precisamente la clave: el Curso
sostiene que no ocurrió realmente.
Psique: Entonces vuelvo al principio. Si nunca ocurrió,
¿cómo puede existir este mundo?
Lumen: De la misma manera que puedes experimentar un
sueño sin que los acontecimientos del sueño estén ocurriendo realmente fuera de
la mente que sueña.
Psique: Entonces, ¿estamos soñando el mundo?
Lumen: Esa es una de las imágenes centrales que utiliza
el Curso. No porque debas levantarte mañana y decir: "Nada existe, así que
nada importa", sino porque quiere que cuestiones la certeza con la que
identificas percepción y realidad.
Psique: En un sueño nocturno también estoy convencido de
que lo que ocurre es real mientras sueño.
Lumen: Exactamente. Puedes correr, tener miedo,
enamorarte, perder algo, discutir o encontrarte en peligro. Tu corazón puede
acelerarse. Puedes experimentar angustia. Mientras sueñas, no dices: "Esto
no importa porque es un sueño." Lo experimentas como realidad.
Psique: Hasta que despierto.
Lumen: Y entonces comprendes algo sorprendente: todo
aquello que parecía estar ocurriendo fuera estaba sucediendo dentro de una
experiencia mental.
Psique: Entonces el Curso utiliza esa comparación para
explicar nuestro mundo.
Lumen: Sí. La mente que creyó separarse necesitó una
experiencia en la que esa separación pareciera real. El mundo se convierte así
en la representación de esa creencia.
Psique: ¿Por qué necesitaría fabricar un mundo?
Lumen: Porque una idea necesita un escenario donde
parecer verdadera. Si crees estar separado, necesitas percibir separación.
Entonces aparece un mundo de objetos separados, cuerpos separados, intereses
separados y vidas aparentemente independientes.
Psique: Entonces el mundo refleja la idea que lo
originó.
Lumen: Exactamente. Mira cómo está organizada nuestra
percepción: aquí estoy "yo" y allí estás "tú". Este es mi
cuerpo y ese es el tuyo. Yo puedo ganar mientras tú pierdes. Puedo poseer algo
que tú no tienes. Puedo protegerme de ti. Puedo atacarte. Puedo perderte. Todo
parece confirmar una idea fundamental: somos seres separados.
Psique: Entonces el mundo sería una especie de
demostración de la separación.
Lumen: Esa es la función que el ego le da. El ego dice:
"¿Quieres pruebas de que estás separado de Dios y de tus hermanos? Mira
alrededor."
Psique: Y el cuerpo parece ser la prueba más
convincente.
Lumen: Sí. Parece establecer una frontera muy clara:
"Yo termino aquí y tú comienzas allí." Por eso el Curso concede tanta
importancia a la identificación con el cuerpo. No porque el cuerpo sea malo,
sino porque puede utilizarse como argumento de separación.
Psique: Pero todavía hay algo que no entiendo. ¿Quién
fabricó exactamente el mundo? ¿Yo?
Lumen: Aquí conviene evitar una interpretación
demasiado individual. El Curso no está diciendo que tu personalidad actual, con
tu nombre y tu historia, se sentara un día a diseñar el universo.
Psique: Menos mal, porque no recuerdo haberlo hecho.
Lumen: Tu personalidad forma parte precisamente de la
experiencia fabricada. Cuando el Curso habla de la mente que proyecta el mundo,
está hablando de un nivel mucho más profundo que el yo individual con el que
actualmente te identificas.
Psique: Entonces no sería correcto decir: "Yo
personalmente he creado todo lo que ocurre."
Lumen: No. Y esa interpretación puede producir mucha
culpa y mucha confusión. Ante una enfermedad, una tragedia o una injusticia,
decirle a alguien "tú has creado esto" no solo puede ser cruel, sino
que además confunde los niveles de los que habla el Curso.
Psique: Entonces tampoco debería utilizar esta enseñanza
para culparme.
Lumen: Nunca. El propósito de devolver la causa a la
mente no es fabricar una nueva acusación. Es recuperar la posibilidad de
elegir.
Psique: Pero si la mente fabricó el mundo, ¿significa
que todo lo terrible que ocurre procede del ego?
Lumen: El mundo de separación contiene necesariamente
los opuestos que nacen de esa idea: unión y pérdida, nacimiento y muerte,
placer y dolor, posesión y carencia, ataque y defensa. El Curso no necesita
convertir cada acontecimiento en un castigo ni buscar una explicación moral
para cada tragedia. Mira más profundamente y pregunta qué sistema de
pensamiento hace posible una experiencia basada en separación y vulnerabilidad.
Psique: Entonces la pregunta deja de ser: "¿Por qué
Dios hizo esto?"
Lumen: Exactamente. Esa pregunta contiene una premisa
que el Curso rechaza: que Dios creó aquello que produce sufrimiento.
Psique: Pero ¿Dios conoce este mundo?
Lumen: Esa es otra idea difícil del Curso. Si
entendemos "conocer" en el sentido que él da al Conocimiento, Dios no
conoce la separación como una realidad porque conocerla significaría hacerla
real.
Psique: Eso puede sonar como si Dios no supiera que
sufrimos.
Lumen: Y ahí debemos ser especialmente cuidadosos.
Desde nuestra manera humana de pensar, inmediatamente imaginamos a un Dios
distante que permanece indiferente mientras nosotros sufrimos. Pero esa no es
la idea. El Curso no está describiendo a un Dios que observa una tragedia y
decide ignorarla. Está diciendo algo mucho más radical: aquello que contradice
completamente a Dios no puede entrar en Su realidad.
Psique: Entonces Dios no está contemplando el sueño
desde fuera.
Lumen: No como un espectador. El Curso introduce al
Espíritu Santo precisamente como la Respuesta a la creencia en la separación:
la memoria de la verdad que permanece disponible dentro de la mente que sueña.
Psique: Entonces, aunque el mundo no proceda de Dios,
puede utilizarse para volver a Él.
Lumen: Ahí ocurre el gran cambio de propósito.
Psique: ¿Cómo puede algo fabricado por la separación
servir para despertar de ella?
Lumen: Porque no necesitas destruir el aula para
aprender la lección. Necesitas cambiar el propósito que le das.
Psique: Entonces el mundo puede tener dos propósitos.
Lumen: Exactamente. Para el ego, demuestra separación.
Para el Espíritu Santo, se convierte en un aula de perdón.
Psique: La misma relación puede utilizarse para atacar o
para sanar.
Lumen: Sí. La misma situación puede utilizarse para
reforzar el miedo o para cuestionarlo. El mismo conflicto puede servir para
demostrar que tienes enemigos o para mostrarte un juicio que todavía necesita
ser entregado.
Psique: Entonces el Espíritu Santo no creó el mundo,
pero puede reinterpretarlo.
Lumen: Esa distinción es fundamental. No convierte el
error en verdad. Utiliza aquello que la mente fabricó para conducirla más allá
del error.
Psique: Como utilizar un sueño para aprender a
despertar.
Lumen: Exactamente.
Psique: Pero si el mundo es una fabricación, ¿debería
dejar de interesarme por él?
Lumen: No. Esa sería otra forma de confundir la
metafísica con la práctica. Mientras experimentas el mundo, tus relaciones, tus
decisiones y tus responsabilidades constituyen precisamente el aula en la que
estás aprendiendo.
Psique: Entonces decir "esto es una ilusión"
no me permite desentenderme de los demás.
Lumen: Al contrario. Si utilizas la idea de ilusión
para justificar indiferencia, estás utilizando una enseñanza de despertar al
servicio de la separación.
Psique: Por ejemplo, si alguien está sufriendo, no
tendría sentido decirle: "Tu sufrimiento no es real."
Lumen: Sería una utilización muy poco amorosa de la
metafísica. Si alguien necesita ayuda, ayudas. Si necesita compañía, acompañas.
Si puedes aliviar un dolor, lo haces. El Curso no te pide que demuestres que el
mundo es ilusorio mientras alguien necesita tu mano.
Psique: Entonces actúo dentro del sueño, aunque esté
aprendiendo que el sueño no es mi realidad.
Lumen: Exactamente. Puedes ser amable dentro de un
sueño sin convertir el sueño en verdad.
Psique: Esto también cambia la pregunta inicial.
Preguntaba quién creó el mundo como si tuviera que existir otro creador aparte
de Dios.
Lumen: Y eso produciría un problema enorme. Si
existiera otro verdadero creador capaz de producir algo contrario a Dios,
entonces Dios no sería Todo.
Psique: Habría dos poderes.
Lumen: Exactamente. Amor y miedo serían dos realidades
enfrentadas. Dios y ego serían dos fuerzas equivalentes.
Psique: Pero el Curso no considera al ego un poder
equivalente a Dios.
Lumen: No. El ego puede parecer enormemente poderoso
mientras crees en él, del mismo modo que una pesadilla puede parecer poderosa
mientras duermes. Pero no se convierte por ello en una segunda realidad.
Psique: Entonces el ego no crea.
Lumen: Fabrica. Y esa diferencia protege una idea
fundamental: solo lo que procede de Dios es verdaderamente real.
Psique: Entonces quizá el mundo que Dios no creó no sea
exactamente las montañas, los árboles o las estrellas tal como normalmente
pienso en ellos.
Lumen: Lo esencial para tu práctica no es resolver
intelectualmente la física del universo. El Curso dirige tu atención al mundo
tal como lo percibes: un mundo organizado alrededor de separación, culpa,
miedo, ataque, pérdida y muerte.
Psique: Porque ese es el mundo que experimento
psicológicamente.
Lumen: Exactamente. Y ese es el mundo que puede empezar
a cambiar cuando cambia tu manera de mirar.
Psique: ¿El mundo cambia o cambia mi percepción del
mundo?
Lumen: Para el propósito del Curso, lo esencial es la
corrección de la percepción. El ego quiere que preguntes constantemente qué
está ocurriendo fuera. El Espíritu Santo te enseña a preguntar: "¿Con
qué propósito estoy mirando esto?"
Psique: Entonces podría mirar a una persona y verla como
enemiga.
Lumen: O como alguien que, igual que tú, ha confundido
miedo con protección y está buscando paz por caminos que no sabe reconocer.
Psique: El hecho puede ser el mismo, pero el mundo que
experimento cambia.
Lumen: Exactamente. Porque el mundo que experimentas
nunca está separado de la interpretación con la que lo miras.
Psique: Entonces el Curso no pretende que me pase el día
repitiendo: "El mundo no existe."
Lumen: No. Eso puede convertirse fácilmente en otra
defensa intelectual. Lo importante es descubrir qué significa esa enseñanza en
tu vida. Cuando alguien te hiere, ¿vas a utilizar la situación para confirmar
separación o para practicar el perdón? Cuando tienes miedo, ¿vas a convertirlo
en prueba de que estás abandonado o en una oportunidad para elegir otro
maestro? Cuando aparece un conflicto, ¿vas a utilizarlo para fabricar un
enemigo o para descubrir qué necesita sanar en tu percepción?
Psique: Entonces la metafísica termina llevándome
nuevamente a algo muy práctico.
Lumen: Siempre debería hacerlo. Si una idea metafísica
no te ayuda a ser menos temeroso, menos culpabilizador y más dispuesto a
perdonar, quizá la estés utilizando solo para construir otra teoría.
Psique: Creo que ahora puedo formular la pregunta de
otra manera. En lugar de preguntar únicamente "¿quién creó este
mundo?", podría preguntar: "¿Qué pensamiento estoy utilizando para
verlo?"
Lumen: Y esa segunda pregunta puede transformar tu
experiencia.
Psique: Porque quizá no pueda comprender todavía cómo
surgió todo esto.
Lumen: No necesitas comprender completamente el origen
del sueño para comenzar a despertar de él.
Psique: Como cuando tengo una pesadilla. No necesito
analizar cómo fabriqué cada personaje antes de despertar.
Lumen: Exactamente. Necesitas reconocer que aquello que
parecía tener poder sobre ti no posee la realidad que le habías atribuido.
Psique: Entonces quizá la gran pregunta no sea quién
fabricó el mundo.
Lumen: Sino qué maestro quieres que te enseñe a mirarlo
ahora.
Conclusión de
Lumen:
El Curso distingue cuidadosamente entre crear
y fabricar. Dios crea extendiendo Su propia naturaleza y, si Dios es
Amor, aquello que procede verdaderamente de Él no puede contener separación,
culpa, miedo, sufrimiento ni muerte.
El ego dice: "Este mundo demuestra que la
separación es real." El Espíritu Santo responde: "Utilicemos
aquello que parece demostrar separación para aprender nuevamente la
unión."
Por eso el mundo no necesita convertirse en
objeto de rechazo. Mientras lo experimentamos, puede ser nuestra aula. Las
relaciones pueden enseñarnos perdón. Los conflictos pueden mostrarnos nuestros
juicios. Los miedos pueden revelar las creencias que todavía defendemos.
Y esto no significa que tú, como personalidad
individual, hayas creado conscientemente cada enfermedad, accidente, pérdida o
tragedia. Convertir la metafísica del Curso en una acusación contra quien sufre
sería añadir culpa precisamente allí donde estamos intentando deshacerla.
Si Dios no creó este mundo de separación, tampoco
necesitas responsabilizarlo de sus horrores. Y si el ego no es un segundo dios,
tampoco necesitas conceder al mundo un poder equivalente al Amor.
Quizá entonces la pregunta "¿Quién creó este mundo?" comience a conducirnos hacia otra todavía más útil: "¿Para qué quiero utilizar el mundo que estoy viendo?"
Porque puedes utilizarlo para demostrar que estás
separado, vulnerable y rodeado de amenazas.
O puedes permitir que cada relación, cada miedo y
cada conflicto se conviertan en oportunidades para aprender a mirar de otra
manera.
El mundo que el ego fabricó para demostrar la
separación puede recibir un propósito diferente.
Y entonces aquello que parecía alejarnos de Dios puede convertirse, mediante el perdón, en el aula donde comenzamos a recordar que nunca nos separamos de Él.

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