Si
continúo identificándome con el cuerpo y creyendo que ese envoltorio representa
mi identidad, mi realidad y mi verdad, permanezco dormido en la ilusión. Este
estado de conciencia me induce a creer que estoy separado de mi Creador y que
he actuado en contra de Su Voluntad. De esa falsa creencia surge la idea del
pecado, acompañada de la culpa, el miedo y el sufrimiento. El ego construye así
un sistema de pensamiento basado en el castigo y en la creencia de que Dios
juzga y condena. Sin embargo, el Curso nos recuerda con firmeza: «No soy un
cuerpo. Soy libre» (L-pI.199.). Esta verdad disuelve la ilusión del pecado
y restablece la inocencia que jamás se ha perdido.
El
error fundamental consiste en creer que la separación tuvo lugar. A partir de
esta creencia nacen todas las percepciones erróneas que sostienen el mundo del
miedo. Pero la realidad permanece inalterable. Como afirma el Curso: «Nada real
puede ser amenazado. Nada irreal existe» (T-In.2:2-3). Comprender esto nos
libera del peso de la culpa y nos permite aceptar que las ilusiones nunca han
afectado nuestra verdadera Identidad. En este reconocimiento se encuentra la
paz de Dios y la certeza de nuestra libertad.
Hoy
es un día dichoso, pues la conciencia despierta de su sueño y dirige su mirada
hacia la única y verdadera realidad. Este despertar nos permite reconocer lo
que somos: un Ser Espiritual, creado en la santidad y en la perfección. Al
renunciar a las ilusiones y ponerlas a los pies de la verdad, la mente queda
restaurada y se libera de toda confusión. Tal como enseña el Curso: «La
mentalidad recta escucha al Espíritu Santo, perdona al mundo, y en su lugar ve
el mundo real a través de la visión de Cristo» (C-1.5:2).
Este
instante santo es el punto de encuentro entre el tiempo y la eternidad. En él,
el pasado se desvanece, el futuro deja de ser temido y la mente descansa en la
certeza de la unidad. El Hijo de Dios abandona sus sueños de separación y
reconoce que nunca se ausentó del Cielo. Como declara el Curso: «Tú estás, por
lo tanto, a salvo, ya que el Hijo de Dios es inocente» (T-13.I.11:7). Esta
inocencia eterna confirma que jamás hemos sido expulsados del Amor divino.
Despertar
a esta verdad nos permite afirmar con plena certeza que somos el Santo Hijo de
Dios: inocentes, perfectos y eternamente unidos a nuestro Padre y a toda la
Filiación. Reconocemos nuestra abundancia y felicidad, y aceptamos nuestra
participación consciente en el Plan Divino de Salvación. Nuestra función es el
perdón, el medio mediante el cual la ilusión se disuelve y la verdad
resplandece. «El perdón es la llave de la felicidad» (L-pI.121.13:6).
Así,
en este día santo, aceptamos nuestra liberación. Reconocemos que nuestra
voluntad es una con la de Dios y que nunca hemos abandonado nuestro hogar. Este
instante sagrado nos devuelve a la paz eterna, donde descansamos en la certeza
de lo que somos y de lo que siempre hemos sido: el Hijo amado de Dios, libre
para siempre.
SENTIDO
GENERAL DE LA LECCIÓN:
La lección 227 enseña que:
• La voluntad del Hijo es una con
la Voluntad de Dios.
• La creencia en la separación fue un error de percepción.
• Las ilusiones no pueden alterar la realidad.
• La liberación ocurre cuando se abandona la creencia en la separación.
• El instante santo revela la verdad eterna.
No es un logro espiritual futuro. Es
un reconocimiento presente.
PROPÓSITO
DE LA LECCIÓN:
Practicar la
idea: “Este es el instante santo de mi liberación.”
La oración
invita a reconocer que la mente puede abandonar las ilusiones en cualquier
momento.
Cada práctica disuelve la sensación de conflicto interno, fortalece la confianza en la verdad,
libera la mente de la culpa y abre la experiencia de paz.
El instante
santo no se fabrica. Se acepta.
ASPECTOS
PSICOLÓGICOS:
Esta lección
aborda uno de los conflictos psicológicos más profundos: la sensación de
división interna.
Muchas
personas experimentan tensiones entre lo que desean, lo que creen que deberían
hacer y lo que temen perder.
El Curso
sugiere que este conflicto proviene de la creencia en una voluntad separada.
Cuando la
mente reconoce que su voluntad verdadera está alineada con la verdad y el amor,
disminuye el conflicto interno, aparece mayor claridad, se fortalece la paz
interior y se reduce la sensación de culpa.
ASPECTOS
ESPIRITUALES:
Espiritualmente,
la lección afirma que la voluntad del Hijo está unida a la Voluntad del Padre,
que la separación nunca ocurrió realmente, que la santidad del Hijo permanece
intacta y que el despertar es recordar esta verdad.
La liberación
no consiste en convertirse en algo nuevo. Consiste en reconocer lo que siempre
ha sido cierto.
INSTRUCCIONES
PRÁCTICAS:
Hoy puedes practicar así:
- Repite lentamente la idea de la lección.
- Observa cualquier pensamiento de conflicto
interno.
- Recuerda que tu voluntad verdadera es la de
Dios.
- Permite que los pensamientos se aquieten.
- Permanece unos momentos en silencio.
No intentes
forzar una experiencia especial. Simplemente abre la mente a la posibilidad de
que la liberación esté disponible ahora.
ADVERTENCIAS IMPORTANTES:
❌ No intentar producir artificialmente el “instante
santo”.
❌ No juzgarse
si la mente se distrae.
❌ No
interpretar la liberación como escape del mundo.
✔ Permitir que la mente se relaje.
✔ Practicar con
paciencia.
✔ Recordar que
la verdad siempre está presente.
La liberación ocurre cuando la
mente deja de creer en la separación.
RELACIÓN
CON EL PROCESO DEL CURSO:
Las lecciones recientes siguen una
progresión muy clara:
221 — Aquietar la mente.
222 — Reconocer que vivimos en Dios.
223 — Reconocer que nuestra vida es la de Dios.
224 — Recordar la identidad como Hijo de Dios.
225 — Reconocer el amor entre Padre e Hijo.
226 — Recordar el hogar verdadero.
227 — Aceptar la liberación en el instante presente.
La mente
comienza a comprender que el regreso a Dios no es un viaje en el tiempo, sino
un reconocimiento inmediato.
CONCLUSIÓN
FINAL:
La lección 227
nos recuerda que la liberación no es algo lejano. No es una meta que deba
alcanzarse después de un largo esfuerzo. Está disponible en el momento en que
la mente reconoce que nunca estuvo separada de Dios.
Las ilusiones
pueden parecer reales por un tiempo, pero no pueden alterar la verdad. Cuando
la mente abandona esas ilusiones, incluso por un instante, descubre algo
extraordinario: La libertad siempre estuvo presente. Y en ese instante santo,
el Hijo de Dios recuerda su hogar.
✨ FRASE INSPIRADORA: “La liberación no llega en el futuro; ocurre cuando la mente recuerda que siempre fue libre.”
Ejemplo-Guía: "Me pregunto, ¿habrá una señal que me indique cuál es el instante santo de mi liberación?
Esta podría ser una inquietud compartida por muchos estudiantes del Curso. ¿Cómo sabremos que estamos preparados para la liberación? ¿Habrá una señal inequívoca que nos anuncie la llegada del despertar? Estas preguntas nacen del anhelo profundo de regresar a la verdad de nuestro Ser y de recordar nuestra unión con Dios.
Con frecuencia, creemos que nuestra liberación depende de la guía de un maestro, de un gurú o de una persona santa. Sin embargo, aunque estos puedan orientarnos, no pueden otorgarnos la experiencia del despertar. No existe un único camino hacia el instante santo, pero sí una condición esencial que todos debemos alcanzar: la conciencia de la Unidad con nuestro Creador. Tal como enseña el Curso: «Soy un solo Ser, unido a mi Creador» (L-pI.95). Esta certeza constituye la verdadera liberación.
Los maestros y guías espirituales pueden compararse con señales de tráfico que orientan al viajero en su recorrido. Indican direcciones y advierten de posibles desvíos, pero no pueden recorrer el camino en nuestro lugar. Del mismo modo, no pueden vendernos ni concedernos el instante del despertar. Ese instante santo es una experiencia interior que nos conduce a la percepción verdadera y nos permite reconocer que siempre hemos sido el soñador de nuestros sueños.
Las enseñanzas espirituales desempeñan la misma función que estos guías. Nos proporcionan la información necesaria para despertar, pero corresponde a cada uno llevarla a la experiencia. La teoría no debe confundirse con la iluminación. Podemos dominar el lenguaje espiritual, reunir seguidores y exponer discursos brillantes, y aun así permanecer identificados con el mundo de la percepción. El conocimiento intelectual no sustituye a la transformación de la conciencia.
Reconocemos las señales del mundo del ego: se fundamentan en el miedo, la culpa y el dolor como supuestas vías de redención. Mientras nuestra mente rinda culto a estos falsos ídolos, permaneceremos atados a la ilusión. Sin embargo, cuando abandonamos estas creencias y permitimos que la paz ocupe su lugar, nos abrimos a la experiencia del instante santo. Como afirma el Curso: «El instante santo es este mismo instante y cada instante» (T-15.IV.1:3).
Cuando las viejas ataduras dejan de aprisionarnos, estamos preparados para recibir ese momento liberador que nos anuncia que hemos despertado. Aunque permanezcamos temporalmente en el mundo, ya no lo identificaremos como nuestro hogar, ni sus regalos lograrán satisfacernos. Comprendemos entonces la verdad de la lección: «Éste es el instante santo de mi liberación».
Te bendigo, hermano, si llegado este día has degustado las mieles de la iluminación. En ese instante de gracia, reconocemos que siempre hemos sido libres y que nuestra liberación no se encuentra en el futuro, sino en el eterno presente de Dios.
Reflexión: Respiro profundamente. Miro el mundo y no veo en él nada que tenga valor. La ilusión da paso a la verdad y me siento liberado. Gratitud.

Bendiciones y muchas gracias por estos cursos .
ResponderEliminar¡Buen día en el amor de Dios!
ResponderEliminarMuchas gracias por estas citas amorosas y clarificadoras.
Bendiciones!
Solo puedo agradecer.
ResponderEliminarBendiciones
Namaste
Todo es suma de partes que a su vez forma parte de una suma superior y esta forma Parte del TODO. TODOS SOMOS UNO.
ResponderEliminarAsí es.
EliminarJuam José en tu reflexión tu dices: Miro el mundo y no miro en él nada que tenga valor, y el amor, y la bomdad, y la solidaridad y todo lo que recibimos de nuestro creador para darlo en este mundo... eso no tiene valor'
ResponderEliminarEl mundo que percibimos es ilusorio e irreal, pues lo percibimos desde la mente errada fruto de la ausencia de amor. El verdadero valor se encuentra en la verdad, en lo que realmente somos, seres espirituales y eternos, y sobre todo, en la visión compartida por la Mente Una, de donde emana la fuente del amor. Cuando miremos este mundo desde la visión crística, lo percibiremos desde la mente recta. Esto quiere decir, que el mundo, al igual que el cuerpo, no tienen en sí mismos un valor duradero y por tanto real, es nuestra mente la que le aporta ese valor. El papel del mundo, así como el del cuerpo, es el de permitirnos despertar a lo que realmente tiene valor, que como tú bien dices, es el amor, la bondad, la solidaridad, pero estos valores forman parte de nuestra mente, de nuestra visión real. Gracias.
EliminarGRACIAS 🙏
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarCada instante es infinitamente bendecido🌻. Infinitas gracias🌻
ResponderEliminarEste Es el Momento....Gracias,Gracias,Gracias🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
ResponderEliminarCada instante en que pueda reconocer que no soy este cuerpo que soy realmente espíritu es un instante de liberación en que puedo vivir el cielo en la tierra pues la voluntad del padre es la mía y suya es mi voluntad, el mundo de caos que creamos cuándo nos identificamos con el cuerpo nunca es la voluntad de Dios, pues la voluntad de Dios es nuestra felicidad pura y perfecta..Padre que pueda mantenerme en mente correcta para crear el instante Santo de liberación.
ResponderEliminarSaludos Juan José Gracias.
Vivo el Instante Santo en mi Eterno Presente🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙💙💙💙
ResponderEliminarGracias
ResponderEliminarGratitud y bendiciones!!!
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